La cara de María Delia tiene pintada una enorme mariposa. Cuando la descubro detrás de esas alas coloridas que cubren gran parte de su rostro, me da gusto reencontrarme en el punto de partida, con una compañera de ruta que hace tiempo no veía. Coincidimos en que el tema del agua convoca y en que seguramente esta marcha será multitudinaria.
Ella no es la única que se ha pintado la cara, son numerosos los rostros que lucen dibujos brillantes a todo color
Luego llama mi atención lo que parece ser parte de la tapa de un inodoro convertida en marco para un cartel que dice FUERA MONSANTO.
Quien lo porta me explica que originalmente la tapa de inodoro tenía un mensaje dirigido a Mujica: PEPE, CUANDO TERMINES TIRÁ LA CADENA.
La gente es ingeniosa. En pocas palabras logra decir muchas cosas, como los que llevan otro cartel que dice QUIERO VOLVER A TOMAR AGUA DE LA CANILLA.
La marcha comienza poco después de las 17:30 y la avenida 18 de julio otra vez recibe un torrente de pueblo. Tras varios años repitiendo este ritual, puedo reconocer la procedencia de cada compañero que veo: Rocha, Paysandú, Lavalleja, Treinta y Tres, Colonia, San José, Canelones, Maldonado, Rivera.. y por supuesto, la gente de Montevideo, que es la mayoría.
Observo que enfundada en un chaleco naranja que dice ?yo si firmo contra la megaminería?, una entusiasta marchante que camina por el centro de la calzada, le va entregando volantes a los ocupantes de los vehículos que pasan en sentido contrario. Todos aceptan el mensaje impreso, y varios le dan una primera ojeada. Lo que más me gusta y me sorprende, es que hay quienes bajan el vidrio de la ventanilla y sacan la mano para agarrar esa hoja que contiene un breve resumen del motivo de esta movilización.
No me sorprende sin embargo, escuchar palabras de aliento y bocinazos de aprobación a medida que la marcha avanza. Ya estamos acostumbrados a recibir ese tipo de expresiones de parte de gente que no está marchando con nosotros pero que comparte la preocupación que nos mueve.
En el trayecto, a medida que nos vamos encontrando con amigos y conocidos que integran las filas de caminantes, siguen los reencuentros que motivan abrazos y afectuosos apretones de manos. Qué bueno es ver que pasan los años y el ánimo no decae entre los más viejos. Pero aún mejor es ver cómo crece el número de jóvenes que participa de esta pueblada. Un grupo bochinchero de ellos baten bombo, redoblante y platillos entonando un cántico que dice ESTAMOS EN LA CALLE NUEVAMENTE, PORQUE EL AGUA ES DEL PUEBLO Y NO SE VENDE ?
Como ya es habitual la nación charrúa marca presencia haciendo sonar lonjas y caracoles. El cemento se estremece al son de los tamboriles africanos y por momentos aparece, como destapada, la dulce melodía de una armónica. Muy cerca de mí viene alguien con un clarinete con el que ejecuta el característico llamado militar a formar filas. En la otra mano lleva un cartel reclamando que el acceso al agua es un derecho consagrado en la constitución y por tanto una de las obligaciones del estado.
El nombre del inolvidable payador Calos Molina flamea en la bandera del Ateneo Popular del Cerro, cuyos integrantes portan un gran cartel contra el IRSA. La enorme pancarta de la confederación de pueblos costeros es llevada con cierta dificultad por unas muchachas que luchan con todas sus fuerzas cuando pasamos por las esquinas donde sopla un poco más fuerte el viento.
Desde las ventanillas de los buses asoman muchas miradas inexpresivas de gente que parece aburrida y apática. Se destacan entre esa masa de compatriotas que parecen sonámbulos, algunos ojos que brillan y se interesan en la escena que presenta 18 de julio a última hora de la tarde. En las puertas de los hoteles, pequeños grupos de asiáticos y europeos registran con sus cámaras lo que está sucediendo.
Cuando llegamos a la Plaza Independencia todos coreamos de nuevo una frase que ya habíamos repetido durante la marcha: NO SE VENDE, EL AGUA SE DEFIENDE. La lectura de la proclama es interrumpida por aplausos y gritos. Retumban en las ventanas del emblemático Palacio Salvo las voces de los lectores y de esa masa de gente que aprueba sus palabras.
Es lindo ver el pueblo uruguayo así, de pie, movilizado, convencido, bien plantado.
Terminado el acto nos volvemos a casa repasando mentalmente las imágenes recién incorporadas a nuestra memoria. Una tenue llovizna se deja caer sobre Montevideo mientras con las pantorrillas doloridas por la caminata nos vamos dispersando. La sensación que experimento podría compararse a la del encargado de hacer sonar el gong con el pesado martillo. Espero que la conciencia de muchos uruguayos despierte del sueño plácido al que los induce la maquinaria del sistema que los anestesia mientras destruye el planeta en nombre del desarrollo y la prosperidad.
Fue un golpe más de campana. ¿Cuántos reaccionarán al escucharla?
Tal vez lo podamos ver en la próxima marcha.