Rolando Astarita [Blog
Esta nota complementa a la anterior, en la que traté el trabajo potenciado y critiqué la tesis “transferencia de valor” para explicar la plusvalía extraordinaria En esta entrada planteo que no existe el valor individual de la mercancía y a partir de aquí profundizo en la relación entre tiempo de trabajo individual y social. Como resultado, se demuestra que es un sinsentido lógico postular que los productores que emplean, para producir una determinada mercancía, más tiempo de trabajo que los productores modales, generan más valor que estos últimos. Y si esto es así, no hay forma de sostener la "tesis de la transferencia". Empiezo con el pasaje en el que Marx habla de “valor individual”.
La referencia de Marx al valor individual
Marx habla del “valor individual” en el capítulo 10 del tomo 1 de El Capital, donde explica el mecanismo por el que se produce la plusvalía extraordinaria. Plantea que si el capitalista innovador logra incrementar la fuerza productiva del trabajo, y reduce el tiempo empleado para producir la mercancía, “(el) valor individual de esta mercancía se halla ahora por debajo de su valor social, esto es, cuesta menos tiempo de trabajo que la gran masa del mismo artículo producida en las condiciones sociales medias” (p. 385, edición Siglo XXI). Por ejemplo, si la mercancía A es producida por los productores, en condiciones medias, en 10 horas de trabajo, y el productor que mejora la fuerza productiva la produce en 8 horas, el “valor individual” de esta mercancía A (la producida por el innovador) sería, según este pasaje, 8 horas de trabajo. En varias frases que siguen a esta afirmación, Marx vuelve a referirse al valor individual. A partir de aquí se podría inferir que, según la teoría de Marx, el valor existe de manera individual, esto es, por fuera y previo a la realización de la venta.
El valor individual no existe
Contra la creencia que puede derivarse del pasaje de El Capital anteriormente citado, inmediatamente Marx afirma: “El valor real de una mercancía, sin embargo, no es su valor individual, sino su valor social, esto es, no se mide por el tiempo de trabajo que insume efectivamente cada productor en cada caso individual, sino por el tiempo de trabajo requerido socialmente para su producción” (énfasis agregado). ¿A qué se estaba refiriendo entonces con “valor individual”? Él mismo lo aclara: “valor individual” es una forma de referirse al tiempo de trabajo que emplea cada productor en su caso individual. Pero el valor no es tiempo de trabajo individual, sino el tiempo de trabajo socialmente necesario requerido para producir “la gran masa de mercancías en las condiciones sociales medias”. Por eso, Marx está comparando el tiempo de trabajo individual -al que identifica con el “valor individual”- con el trabajo socialmente necesario, que constituye el “valor real” de las mercancías.
Hablar entonces del “valor individual” aferrándose a una frase sacada de contexto (y el contexto en este caso es explícito acerca del significado del término), no parece entonces muy sólido en lo que respecta a comprensión del texto. Sin embargo, el problema central no pasa por interpretar algunas frases o expresiones, sino el conjunto de la teoría del valor. Y en este respecto, Marx enfatiza, una y otra vez, que el valor es necesariamente una categoría social o, mejor dicho, es una relación social objetivada. Por esto mismo no puede existir en tanto fenómeno aislado, individual. Lo desarrollamos con algún detalle en el siguiente apartado.
El valor es relación social objetivada
Indudablemente, la explicación más acabada de por qué el valor es una relación social la encontramos en la tercera sección del capítulo 1 de El Capital, dedicada a la forma del valor, o el valor de cambio. Más precisamente, en el apartado que lleva por título “Contenido de la forma relativa del valor”.
La cuestión es relativamente sencilla: las mercancías son objetos de uso y al mismo tiempo son portadoras de valor. Por lo tanto, tienen una forma natural (se puede ver en ellas mismas) y una forma de valor que es objetiva, esto es, pertenece a las mercancías (son las mercancías las que “valen x o y dólares”, etcétera), pero que no se manifiesta en alguna propiedad física. Si desarmo la mesa, no encuentro ningún “cuanto cosa” que sea valor (utilizo las palabras de Marx). Por supuesto, el análisis del estudioso puede decir que en tanto valor la mercancía es “mera gelatina de trabajo”, pero este análisis no le da a la mercancía una forma de valor por fuera de su forma natural.
¿Dónde se pone en evidencia la forma de valor? Marx responde: en la relación de la mercancía con otra mercancía. Y esta relación es esencial para que el valor pase a ser una propiedad de la mercancía. ¿Por qué? Pues porque el trabajo –la actividad de trabajar- no es valor; genera el valor, pero no es valor. Solo “se convierte en valor al solidificarse, al pasar a la forma objetiva” (p. 63); por esta razón, la mercancía debe compararse con otra mercancía, que frente a ella encarne el valor (la teoría monetaria de Marx arranca de la comprensión de este hecho). De esta manera se satisfacen los dos requisitos del valor: es una propiedad objetiva, y es una propiedad social.
Por lo tanto, el valor no existe sin esta relación entre “cosas”. En consecuencia, no basta con que haya trabajo para que haya valor. El trabajo invertido en la mercancía se objetiva en tanto valor cuando la mercancía se cambia por el equivalente (que en su forma desarrollada será el dinero). Por eso, si se trabajó pero la venta no se pudo realizar (por las razones que sea), el trabajo no se objetivó en tanto valor; lo cual remite a la importancia de la validación social de los trabajos privados (lo ampliamos enseguida). En consecuencia, sostener que el valor puede ser individual es, desde el punto de vista de la teoría de Marx, una contradicción en los términos. Por eso en el capítulo 10, luego de hablar del “valor individual” para referirse al trabajo empleado en la producción de una mercancía, aclara que el valor “real” de la mercancía siempre es social y que el valor individual en realidad no existe.
Trabajo privado, trabajo social y valor
Una cuestión que a veces se pasa por alto es que la explicación anterior encierra una crítica social. Para entender por qué, debemos partir del hecho de que, a través del intercambio de las mercancías, esto es, a través del lenguaje de los precios, los seres humanos están comparando tiempos de trabajo. Tengamos presente que una de las premisas del análisis de Marx es que los humanos siempre trabajaron de manera asociada, y en consecuencia, siempre tuvieron que comparar y distribuir los tiempos de trabajo.
Pero en tanto en las sociedades no mercantiles esa comparación y distribución se hacía de manera directa, en la sociedad productora de mercancías se hace a través del mercado, a través de “cosas que valen”. ¿Por qué? Pues porque los trabajos son privados –hay propiedad privada de los medios de producción- pero al mismo tiempo deben validarse en tanto partes integrantes del trabajo social total; o sea, son interdependientes. Y esta validación ocurre ex post, esto es, cuando el producto llega al mercado. Por eso, la venta es “el salto mortal de la mercancía”; es el “momento de la verdad”, la instancia en la que se sancionan (o no) como sociales los trabajos privados. Por eso también, Marx critica esta regulación anárquica de la distribución de los tiempos de trabajo: el tiempo de trabajo socialmente necesario (esto es, el promedio que rige al momento de determinar el valor de la mercancía) “se impone de modo irresistible como ley reguladora” en el intercambio (p. 92).
Lo más importante, para lo que nos ocupa, es que en el intercambio los trabajos privados, ejercidos independientemente unos de otros, pero sujetos a interdependencia, son reducidos “a su medida de proporción social” (ídem). Tal vez de manera más clara, y siempre en palabras de Marx: “… los trabajos privados no alcanzan realidad como partes del trabajo social en su conjunto, sino por medio de las relaciones que el intercambio establece entre los productos del trabajo y, a través de los mismos, entre los productores” (p. 89; énfasis añadido). Puede verse entonces que no hay forma de sostener que el valor, en la concepción de Marx, es un fenómeno individual; el valor es relación social objetivada. No entender esto es no entender el ABC de la cuestión.
Incoherencia lógica de la “tesis transferencia”
Debido a que en el mercado se validan -o no- los tiempos de trabajo privados en tanto tiempos de trabajo sociales, la suma de los tiempos de trabajo individuales no tiene por qué coincidir (y generalmente, no lo hace) con la suma de los tiempos de trabajo sociales empleados en la producción de las mercancías. Pero por eso mismo, si el tiempo de trabajo individual no es validado en el acto de intercambio, no hay manera de que un productor que emplea más tiempo de trabajo que el promedio pueda generar valor, o este pueda ser transferido, a algún otro productor. Plantear algo por el estilo es un sinsentido. Enfatizo: en el mercado los trabajos privados se reducen a “medidas de proporción social”. En consecuencia, no pueden promediarse, en tanto trabajo social, los trabajos privados que no son validados por el intercambio.
Para ilustrar lo que afirmamos, pongamos un sencillo ejemplo numérico. Supongamos que en la producción de la mercancía A se emplean, normalmente, 10 horas de trabajo, que se expresan en $100; el valor de A -el tiempo de trabajo socialmente necesario- es 10 horas. Supongamos ahora que entra un nuevo productor, Juan, quien emplea 15 horas de trabajo para fabricar A. Juan trabaja, y luego concurre al mercado donde se encuentra con que le pagan $100 por su A. Por lo tanto, vende a $100. ¿Qué ha sucedido desde el punto de vista de la ley del valor? La respuesta es sencilla: el “valor individual” de la mercancía A que produjo Juan es 15 horas, pero su valor “real” es 10 horas. En otros términos, las 15 horas de trabajo privado de Juan equivalen a 10 horas de trabajo social. Por eso Juan recibe solo $100 por sus 15 horas de trabajo. Y aquí viene la pregunta más importante para la discusión con la “tesis transferencia”: ¿ha generado Juan algún valor “extra” de 5 horas, o $50, que pueda apropiarse algún otro productor? La respuesta es, naturalmente, negativa. No hay forma de que haya generado $50 extra de valor, ya que su trabajo individual de 15 horas fue reducido a promedio social, a 10 horas.
Por lo tanto, si de las 15 horas de trabajo privado, 5 no son validadas en la venta, no se puede sostener, como hace la “tesis de la transferencia”, que hayan generado 15 horas de valor. El planteo es lógicamente incoherente con la teoría del valor de Marx, que pone el acento en que los trabajos privados solo pasan a ser sociales a través del intercambio. No hay manera de que Juan haya generado un valor “extra” de 5 horas ($50), que pueda apropiarse alguien. Si el trabajo privado no se valida, no se genera valor. Esta es la razón por la cual no hay forma de sostener que las empresas con tecnologías atrasadas generen más valor que las empresas con tecnologías modales. No es casual que los defensores de la “tesis de la transferencia” nunca expliquen cómo es que se produce esa bendita transferencia. No lo hacen porque no hay manera de que pueda ocurrir. Por eso mismo, la cuestión no se arregla calculando promedios.
Al no comprender la cuestión de la validación (o no) de los trabajos privados, la “tesis de la transferencia” termina en disparates. Por caso, si suponemos (rayando en lo absurdo) que alguien empleó 100 horas de trabajo para producir la mercancía A de nuestro ejemplo, el defensor de la “tesis de la transferencia” nos dirá que esas 100 horas deben promediarse para calcular el tiempo de trabajo socialmente necesario. Pero no hay forma de que algo así ocurra, ya que al venderse el producto en $100, se han validado como socialessolo 10 de las 100 horas de trabajo individual. Si se afirma, como hace la “tesis de la transferencia”, que las 100 horas de trabajo individual produjeron 100 horas de valor social, se está sosteniendo que el trabajo privado es parte del trabajo social antes e independientemente del intercambio. Estamos en un esquema ricardiano. Se está suponiendo la validación, con prescindencia de lo que ocurre en el intercambio. Y los defensores de la "tesis de la transferencia" promedian tiempos de trabajo individuales como si fueran todos generadores de valor, pasando por alto quelos tiempos individuales no generan valor social de manera directa. Borran así la contradicción entre el carácter privado y social del trabajo, que está en la raíz de la contradicción entre valor y valor de uso, entre trabajo abstracto y concreto, entre mercancía y dinero
No hay manera de compatibilizar la “tesis de la transferencia” con lo más elemental de la teoría del valor de Marx. La idea de los defensores de la “tesis de la transferencia”, de que una hora de trabajo privado siempre genera una hora de trabajo social (nunca 5/4 o media hora, siempre una hora) está orgánicamente vinculada con su incomprensión del valor como relación social objetivada, y de la especificidad de esa objetivación, a través del mercado. La tesis aboca, así, a una naturalización “a lo Ricardo” del mercado