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El asesinato de Nuevarusia

Boris Kagarlitsky

04 de junio 2015 – Links - Revista Internacional de Renovación Socialista

El 23 de mayo de 2015, Aleksey Mozgovoy, el más popular, respaldado e independiente de los comandantes de las milicias Nueva Rusia, fue asesinado. Con la “Brigada Fantasma" que dirigía, Mozgovoy había participado unos días antes en un Foro Antifascista con organizaciones de izquierda de varios países europeos.

Mozgovoy fue muerto por un grupo de asesinos desconocidos, pero es obvio que su retirada de la escena difiere poco de la venganza infligida recientemente a otro comandante de campo de Nuevarusia, conocido con el nombre de guerra Batman. En este caso, la responsabilidad de la muerte fue asumida abiertamente por las autoridades oficiales Lugansk

El asesinato de Mozgovoy fue, por supuesto atribuido a un escuadrón de la muerte de Ucrania - una excusa perfecta para que los líderes en Moscú y Lugansk para evitar asumir la responsabilidad.

El problema es que si el ataque fue realmente llevado a cabo por los ucranianos que actúan en nombre del Presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, fue un acto de guerra que no solo convierte en una burla las negociaciones en curso, sino también los propios acuerdos de Minsk. Las conversaciones, sin embargo, continuaron, y Moscú, que se está poniendo obedientemente al día con el bloqueo que ahora se centra en el enclave de Transnistria (1), no va a mover un dedo en respuesta a un solo asesinato llevado a cabo en la República Lugansk. Estos argumentos no tienen ningún sentido si queremos sostener en serio la versión de la "autoría de Ucrania" en estos hechos.

Mientras Mozgovoy estaba en la ciudad de Alchevsk reuniendo izquierdistas radicales y anti-fascistas, otros, en otros lugares, estaban decidiendo el destino de Nuevarusia y del mismo Mozgovoy. Por esto fue que la canciller alemana Angela Merkel voló a Moscú el día posterior al desfile triunfal en la Plaza Roja, y también coincidió que John Kerry apareciese un momento en Sochi (2). Fue allí que encontró un clima amigable en Rusia, y pronto se llegó a un acuerdo con el Kremlin.

Las razones detrás de esta disposición para el acuerdo fueron reveladas a los pocos días por el ex diputado ucraniano Oleg Tsarev, que a lo largo de este período había actuado como un conducto para la línea adoptada por la administración del Kremlin en el sudeste de Ucrania. Tsarev siempre había sido impecable en "ajustar su posición a la del partido"(3). Empezó declarándose a él y sus amigos como “Parlamento de Nuevarusia”, un estado que aún no existía, y luego, después que la separación de Donetsk y Lugansk de Kiev se hubiese convertido en realidad impuesta a través de victorias en el campo de batalla, declaró "terminado el proyecto Nuevarusia".

Pero es una cosa para poner fin a un proyecto, y algo muy diferente para poner fin a los cambios en los que ya han trabajado cientos de miles, incluso millones, de personas.

Parece que los especialistas en relaciones públicas que reclaman los tiros en los centros de poder de Rusia no entienden esto, aunque presientan que algo anda mal. Para las personas que votaron en un referéndum y luego fueron a la batalla tratando de construir un nuevo estado, así como los millones de personas en Rusia que apoyaron su lucha, Nuevarusia no es un proyecto sino un movimiento, un sueño y una meta social. Sin duda, un movimiento puede ser aplastado, un sueño puede ser disipado y un objetivo puede resultar inalcanzable. Pero nada de esto se puede lograr con una simple declaración de que un proyecto haya sido liquidado. El objetivo es el mismo, aplastar y reprimir la resistencia de la gente, desmoralizarlos y romper su organización. Esto no es tan sencillo.

La entrega de Nueva Rusia se está convirtiendo en una realidad. Son funcionarios de aduanas de Ucrania los que ahora controlan la frontera del territorio con Rusia. Queda pendiente el retorno de los soldados rusos que están luchando como voluntarios o contratistas, cerrar la frontera, y dar instrucciones a las autoridades de Lugansk y Donetsk de aceptar cualquier condición elaborada por Kiev y refrendada por Moscú. El acuerdo ya ha sido concluido.

En estas circunstancias, el destino de las Repúblicas Populares de Nuevarusia será la misma que la de la República Española en 1939 (4)

En Lugansk y Donetsk, se está llevando a cabo una purga de los que no aceptan que el proyecto Nuevarusia haya llegado a su fin. Ya advertimos que esto comenzaría inmediatamente después de las suntuosas celebraciones del Día de la Victoria en Moscú. Por desgracia, parece que una vez más estábamos en lo cierto. Pero incluso después de la caída de las repúblicas populares la lucha va a continuar, y en la próxima ola del movimiento, Mozgovoy tendrá la misma aura legendaria que Sandino y el Che Guevara han tenido en América Latina.

La propaganda oficial presenta el acuerdo de Sochi entre los EE.UU. y las élites rusas como una victoria de la diplomacia rusa, como medio de evitar la guerra, y para resolver el conflicto. Sin embargo, hay una analogía más que evidente con el pacto de Múnich. La única diferencia es que Neville Chamberlain recibió al menos una hoja de papel que podía agitar ante los periodistas. El acuerdo en Sochi fue informal, y no hay acuerdo que se presente al público. A los periodistas contratados se les dio la oportunidad de presentar la última concesión como una nueva victoria, no tanto en interpretar los resultados de las conversaciones como en ocultarlos. Pero con cada día que pasa el contenido real del acuerdo se hace más evidente.

Casi desde el comienzo del conflicto, las autoridades rusas se limitaron a luchar por condiciones de rendición honorables, que Occidente se negó a conceder. Esta vez, la parte rusa, obviamente, obtuvo lo que pidió. Inevitablemente, sin embargo, el resultado será una vergüenza, sobre todo porque los negociadores rusos, temerosos de reconocer abierta y públicamente la situación real que surgía, tomaron el camino del acuerdo informal. Los acuerdos resultantes serán inevitablemente rotos por los verdadero vencedores, sobre todo porque formalmente no existen.

Parece ser que las personas al frente del proceso no eran confiables. Contrariamente a lo que se diga, no ocurre que estas figuras políticas resultasen asesinadas porque la gente les tenía miedo, sino porque no había tiempo y oportunidad para resolver el problema de alguna otra forma, menos grosera. Ahora, los acontecimientos se desarrollan a un ritmo acerado.

Mientras Mozgovoy era asesinado en la República Popular de Lugansk, la Suprema Rada de Kiev estaba preparando abiertamente una ley en el sentido de proporcionar un estatus especial a varias regiones no especificadas de Ucrania. El único propósito de esta ley era crear una coartada para la dirigencia rusa que actuó como cómplice en el asesinato de Nuevarusia.

Los funcionarios del Kremlin han lamentado durante mucho tiempo el día en que tomaron la decisión de apoyar la primavera de Crimea, después de lo cual se hizo imposible para ellos abstenerse de apoyar el levantamiento en Donetsk y Lugansk. Fueron arrastrados al conflicto a través de esa falta de precaución, después de sobrestimar su fuerza y no comprender las posibilidades reales que enfrentaban.

En Moscú, en el invierno de 2014, en un contexto de altos precios del petróleo y una economía rusa relativamente estable que sufría la crisis mundial menos que muchos otros, se esperaba claramente que Occidente mostraría respeto y comprensión.

También se pusieron esperanzas en el creciente peso de los países BRICS, que en conjunto se creían capaces de llegar a un acuerdo con los países occidentales, en condiciones de mayor igualdad. Pero como siempre sucede en estos casos, un conflicto entre el centro y la periferia capitalista se resolvió a favor del centro. Esto no se debió a que Rusia o a que los países del BRICS en general fuesen en demasiado débiles. No hay nada débil en estos países como tales, pero sus élites están atadas por una multitud de hilos a sus socios-rivales de Occidente. Estas élites son incapaces de montar una lucha seria contra los líderes del orden mundial neoliberal, sin provocar golpes graves contra sí mismos y sus propios intereses.

No hay espacio para declamaciones sobre la "fuerza espiritual" de Rusia frente a la decadencia occidental, en momentos en que propia clase gobernante de Rusia y las élites políticas están, ellas mismas, podridas hasta la médula. Así como carece de sentido la esperanza de que Rusia pueda ser capaz de ofrecer al mundo algo nuevo si nuestro país en sí no experimenta cambios radicales. Mientras tanto, nuestros círculos gobernantes temen estos cambios mil veces más que cualquier amenaza proveniente de Estados Unidos o la Unión Europea.

Huelga decir que la fe en "astuto plan de Putin", como cualquier fe religiosa, resistirá todas las pruebas de la realidad y se mantendrá inalterable incluso si nuestros líderes entregan las llaves del Kremlin a los norteamericanos. El problema, sin embargo, es que una serie de concesiones, capitulaciones y traiciones destruirá el estado mucho más rápida e inevitablemente de lo que cualquier enemigo sea capaz de hacer.

Si es así como se desarrollan los acontecimientos, las personas que quieren seguir creyendo no continuarán siendo conversos. Simplemente dejarán de creer en nada ni nadie

[Boris Kagarlitsky es historiador y sociólogo ruso, jefe de redacción de la revista en Internet rabkor.ru y director del Instituto de Globalización y Movimientos Sociales (IGSO).]

Notas del traductor:

1. Transnistria. : También «Transdniéster», es un territorio separatista, (de Moldavia, al oeste de Ucrania), franja entre el río Dniéster y la frontera entre Moldavia y Ucrania, declarado independiente en 1990, hubo una guerra en 1992, y queda establecida como República Moldava Pridnestroviana (“adjunta” al Dniéster), un Estado “sin reconocimiento pleno”, como otros casos conflictivos cuando la disolución de la URSS (Moldavia formaba parte de la URSS): Nagorno-Karabaj (ex provincia armenia de Azerbaiyán), y Abjasia y Osetia del Sur (que formaban parte de Georgia, que hoy tiene un gobierno pro-occidental), todas “zonas post-soviéticas congeladas”. Lo que el autor sugiere en esta nota es que el actual gobierno ruso está usando posibles concesiones en el caso de Ucrania del Este como moneda de canje para desbloquear la situación de Transnistria. Recordemos su tesis de que la anexión de Crimea no era intención del gobierno ruso sino que fue precipitada por la pequeña oligarquía de Crimea en su propio beneficio. Otros materiales que hemos ido aportando en este tiempo demuestran que la gran diferencia salarial de los trabajadores del Estado entre Rusia y Ucrania ha hecho que este cambio fuese un impacto tan favorable para la población de Crimea que ha tornado irreversible esa situación, por más que no la acepten el gobierno de Kiev, la Unión Europea y Estados Unidos, Sin embargo Rusia no está en condiciones de absorber de esa forma estos otros territorios de su “zona de influencia”, y le interesa más que se mantengan en esa condición degradada.

2  Los Juegos Olímpicos de Invierno esta vez se hicieron en la ciudad balnearia rusa de Sochi. El Secretario de Estado estadounidense John Kerry apareció brevemente allí y se entrevistó con Putin, el 12 de mayo.

3  Oleg Tsarev. Ex diputado ucraniano del Partido de las Regiones del ex presidente Yanukovich y otros oligarcas. Empresario de la rama de electrónica y computación. Se auto-proclamó candidato a presidente en las elecciones de 2014 y fue expulsado del partido.

4  Subrayado por mí. En mayo 2014, recién comenzada la guerra civil en Ucrania, escribí una nota en que afirmé que allí se estaba llevando adelante “la mayor revolución obrera por la base desde la revolución española”. Es una muy triste paradoja que termine igual, con Putin en vez de Stalin, en el mismo papel de verdugo de la revolución como moneda de canje para lograr la paz con las potencias imperialistas. Un hecho, agrego, que la “izquierda antiimperialista” actual (también de fe religiosa) es incapaz de comprender.