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Compañeros HIJOS ? LA PLATA, CÁTEDRA CHE GUEVARA y MASCARÓ CINE:

Nos han hecho llegar una declaración que titulan: “Elecciones 2015: porqué votamos en blanco, impugnamos o no votamos”. Nos comparten su “punto de vista”.

Bien.

Saludamos lo muy saludable: el convite a compartir enfoques, a polemizar, a sembrar fraternidad militante, a fraguar urgentes unidades.

Muy saludable eso. Por eso insistimos: celebramos esa actitud.

Alentados por esa cualidad –tan escasa en estos tiempos-, y asumiendo la implicancia estratégica que concita la “batalla de ideas” para dirimir la crisis civilizatoria, multidimensional del capitalismo en favor de los pueblos, es que nos permitimos arrimarles nuestros modestos aportes.

Las reflexiones que Uds. expresan en dicha declaración nos han inspirado a cotejarlas con un cúmulo de definiciones, análisis y posturas que el colectivo de militantes de izquierda al que pertenecemos viene defendiendo –en paupérrima minoría- desde hace un período a esta parte. Mas precisamente, desde la crisis orgánica que estalló en el 2001.”

Tratar de entender qué pasa? e intentar bosquejar un qué hacer? nos obliga a cierto plus en el esfuerzo analítico. Esfuerzo que debe ser sistemático, colectivo e implacable con lo instituido.

Estamos interpelados por labores de análisis crítico sobre el acopiado histórico del bloque dominante en las últimas cuatro décadas, de desentrañamiento de las lógicas globales de la acumulación reinantes en el capitalismo de época y como éstas se expresan en las condiciones de la periferia capitalista.

Se trata de ejercer –más bien- cierta pedagogía militante y colectiva para un mejor conocimiento de los cambios operados en la base y la superestructura de nuestra sociedad y aportar a un mejor diseño de una estrategia de poder de las clases subalternas

Allá vamos

Con cierto acento de arbitrariedad metodológica hemos clasificado vuestros puntos de vistas en tres (3) premisas. Creemos que las mismas contienen los planteos centrales en el que fundamentan su postura.

PRIMERA PREMISA: “desde 1983 hasta hoy, EL PODER REAL NO SE DISCUTE. No está en disputa, ni siquiera figura en la agenda política como tema posible a futuro. El país que entre 1976 y 1983 remodelaron a sangre y fuego…….. sigue inmodificado”. “La SOBERANÍA ABSOLUTA del capital (local y extranjero) por sobre el pueblo argentino no está en cuestión”

Coincidiendo en general con esta formulación, nos resulta ineludible presentarles nuestras percepciones sobre los posibles porqué?

1/ En Argentina –según nuestro modesto entender- se deben repasar intensamente las condiciones en las que se moldeó el desarrollo capitalista en las últimas cuatro décadas, y se deben re-examinar los signos predominantes de dicho proceso: DERROTA y GENOCIDIO (crisis del factor subjetivo) - TRANSNACIONALIZACIÓN (neo-colonización)- NUEVAS BASES LEGITIMADORAS DE LA GOBERNABILIDAD BURGUESA (nueva institucionalidad legitimante del gran saqueo y depredación sustentada en una nueva relación entre el consenso pasivo electoral y el “vigilar y castigar” criminalizador).

-   El proceso reconoce una etapa fundacional: el terrorismo estatal y paraestatal preventivo. Este proyecto criminal obedeció a un modelo de reconversión regresivo y depredador decidido desde las entrañas mismas del poder imperialista mundial hacia Latinoamérica.

 Genocidio y Transnacionalizaciónfueron los “objetivos básicos” de los sectores oligárquicos, la burguesía financiera y los grupos  del poder económico concentrado (locales y extranjeros) para resolver a su favor la crisis de hegemonía que desde el año 1930 había sido el signo peculiar del inestable desarrollo político del capitalismo argentino (golpes - alternancia bipartidista)

 Una consecuencia inmediata de estos “objetivos” fue el sepelio y partida de defunción para el último proyecto burgués “reformista” intentado en nuestro país: el del gobierno de Perón-Perón. La ilusión del “fifty-fifty” sucumbió ante la brutal transnacionalización. El “Estado de Malestar Global” se impuso a futuro y ofició de sepulturero de su sujeto económico y social: la denominada “burguesía nacional”

 Y también fue el fin de la última ofensiva obrera, popular, revolucionaria iniciada en los 60’. El plan criminal se sustentó –esencialmente- en la derrota subjetiva: “nunca más” utopías rebeldes, sindicalismo clasista, experiencias guerrilleras, ideario humanista y solidario, un “nunca más” a la posibilidad de una “patria socialista”

 Este proceso implicó -no sólo- vertiginosos y calificados cambios de nuestra estructura socio-económica, sino también una profunda modificación de la subjetividad popular. Los valores, las vivencias y hasta la identidad de los actores y sujetos de la sociedad civil sufrieron una intensa reformulación y trastocaron su funcionalidad –trascendente durante la etapa  del capitalismo mal llamado   “distributivo”

En consecuencia, todo análisis que apunte a la profundidad del fenómeno en examen deberá -inevitablemente- fijar su atención en el estudio del acumulado global, histórico, estructuralque hoy detentan los actores y sujetos de clase dominantes favorecidos por el proceso de reconversión que construyó la ofensiva capitalista de las últimas cuatro décadas

O sea, proponemos indagar con atención en los hitos globales que explican la paulatina maduración de la actual lógica de acumulación capitalista,basada -en lo esencial- en:

1) Consolidación del credo del “libre mercado” como signo de benignidad conveniente para los pueblos (desregulación económica y financiera)

2) Naturalización cultural de la tendencia regresiva en la relación CAPITAL-TRABAJO (precariedad e inseguridad laboral, porciones de la fuerza de trabajo en situación de desempleo crónico, caída constante del salario real, baja sindicalización, nuevas estrategias de vigilancia, persecución y represión)

3) Vigorización de un modo de producción de base primarizador-extractivo asentado en el despojo de los pueblos sobre los bienes comunes + contrarreforma agraria + neo-colonización agro-tecnológica + grave daño ambiental + exportación a gran escala + fuga de divisas

4) En las últimas dos décadas, el arraigo de la cultura sembrada por la denominada “economía narco-criminal”

5) Afianzamiento del encierro tecnotrónico, verdadero “ego sistema” de la “personalidad electrónica” (“ciber hombre” - “e-personalidad”). Encierro egoísta al interior de un hardware bajo la ilusión de hiperconexión (virtual)

6) La cartelización mediática y sus estrategias de control a través de los medios masivos. Mensaje único, imagen única, información manipuladora, publicidad consumista y falso entretenimiento. Deformar la realidad para beneficio de las élites. Manufactura simbólica para imponer imaginarios colectivos y una opinión pública funcionales al statu quo capitalista. Artera defensa de la “libertad de prensa” al servicio de la impunidad para sus empresarios y sus negociados, y de los intereses imperiales.

7) “Importación” por parte de ciertas castas gobernantes de las estrategias imperiales de “guerras asimétricas” (guerras contra enemigos difusos), destinadas ainstalar el terror como excusa para militarizar y criminalizar las rebeldías populares, para favorecer el control del sujeto popular y sus territorios, y para facilitar la penetración del capital y la preservación de su tasa de ganancia.

8) Viraje doctrinario ante las “repatriaciones democráticas” post-dictatoriales: de la Doctrina de la Seguridad Nacional al nuevo esquema de las “Democracias Restringidas-Controladas” y las teorías de la “Baja Intensidad” para Latinoamérica (el modelo imperial de la “transición democrática”):

- formato políticode “democracia” amparado en la elitización, la degradación ideológica y la “ingeniería de la imagen” en manos de una estructura auxiliar de consultoras especializadas en técnicas de marketing político-electoral;

- reemplazo del modelo tradicional de partidocracia burguesa por el de una nueva casta burocrática del Estado conformada por colectivos de intelectuales orgánicos, expertos y consejeros (“hay equipo”), productores de una nueva narrativa hegemónica (discurso político de época);

- un plan de “reformismo posible”, que rápidamente oscila de las promesas “progresistas” iniciales a la claudicación ante las necesidades de la acumulación capitalista (lo que O’Donell y Torre califican como características “decisionistas” y “delegativas” de estas “democracias”)

- el reaseguro del esquema de gobernabilidad a través de “opciones de castigo” contra gobiernos con desgaste

Que se vayan todos?

Luego de ser sacudidas y cuestionadas en el 2001 por un impetuoso vendaval de protagonismo popular, las clases dominantes y sus representaciones lograron organizar un plan integral de rearme

El esmero estratégico se planificó sobre las metas de “poner en caja”, de “cauterizar” las revueltas y rebeldías callejeras.Conservando el control y dirección del aparato del Estado, se lo ha utilizado para paralizar u obturar cualquier desarrollo alternativo. El poder y sus intelectuales producentoda una reestructuración de sus programas y compromisos ante las clases populares.Universalizan variadas “reformas” institucionales combinadas con mecanismos asistencial-clientelares, de control social y de creciente criminalización

Lo que no reformulan – y si galvanizan-  es el proyecto de impunidad pergeñado durante cuatro décadas en favor del tándem de empresas y empresarios “vencedores”, cómplices-artífices del terror genocida y beneficiarios de la reconversión capitalista operada en el país

Resulta imperioso valorar toda la energía y esfuerzos puestos por la militancia popular en las resistencias y luchas en la crisis de 2001, pero también resulta justo verificar las limitaciones que permitieron que el establishment hallara escape político a su laberinto, y  que el alto  consenso conquistado por el gobierno “progresista” no solo lograra  el salvataje a la “normalidad” de la institucionalidad burguesa, sino también que la coloquen en el actual estado defensivo.

La coyuntura actual muestra con obscena claridad cómo el bloque de poder perfeccionó y vigorizó la dominación capitalista logrando extrema funcionalidad y continuidad del modo de producción imperante y ha conseguido centralizar las expectativas populares sobre tres variantes electorales que se definen como fervientes defensoras del “modelo” y representarán la captura del 90% del caudal electoral

Creemos que allí residen las razones y los objetos de estudio para una acción política renovada de los marxistas argentinos. Analizar las causas y las consecuencias de la derrota, estudiar las nuevas bases y lógicas de la dominación, imaginar una nueva ofensiva que ponga en crisis las pautas inmorales de la gobernabilidad burguesa

SEGUNDA PREMISA:  “El aniquilamiento físico de la insurgencia en los 70 y la extrema debilidad de la izquierda extraparlamentaria y extra institucional, principalmente de inspiración guevarista (actualmente todavía dispersa) aunque también de otras tradiciones revolucionarias, impide hasta nuestros días volver a poner sobre la mesa de debate y la agenda política el tema central del poder”

También expresamos aquí nuestra coincidencia general con esta formulación, y también nos vemos obligados a presentarles nuestras percepciones sobre los posibles porqué?

Para el abordaje de este fenómeno nos parece elemental inspeccionar debidamente:

1) como llega la cultura de izquierda a la desembocadura de la “transición democrática” luego del genocidio dictatorial.

2) que balances políticos se promueven desde la izquierda radical sobreviviente y desde la izquierda relativamente indemne sobre el atroz anticlímax que provoca la sangrienta derrota.

3)  los moldes ideológicos e instrumentales de la izquierda en una época de “estancamientos” en el “socialismo real”, de ascenso de la Internacional Socialista y el “eurocomunismo” y de apogeo de Reagan, Thatcher, Pinochet, Juan Pablo II

No es objetivo dar respuesta acabada a estos tres interrogantes, ya que intentar dicha tarea requeriría no solo un hermoso tiempo sino todo un esfuerzo riguroso, sistemático. Solo intentaremos someras líneas de reflexión

-   En un breve plazo de 15 años la izquierda radicalizada experimentó –trágicamente- la dialéctica entre auge y fracaso. Sufrió el corte generacional que supone la aniquilación física de sus principales intelectuales. También, el otro corte: la discontinuidad de la experiencia revolucionaria, abortada por el terrorismo estatal. Desde el 83’ a esta parte la pléyade de sus sobrevivientes –salvo escasas excepcionalidades- ha mostrado patéticos “transformismos”, “crisis de fe” y claudicaciones teórico-políticas

 Existió una primera camada de intelectuales empeñados en profesar frenéticas condenas a toda idea de poder y violencia en razón de “la catástrofe del exterminio”. El otro costado de esta operación trasuntó en fervientes convocatorias de conversión al “paradigma democrático”. Provenían de la autodenominada “nueva izquierda”, nacida a principio de los 60’.  Poseían alto reconocimiento por sus filosos, audaces y renovados experimentos teórico-editoriales (Editorial Lautaro, Pasado y Presente, Contorno, Controversia, “Marx y América Latina”)

- En sus inicios auspiciaron la necesidad teórica de un “cambio copernicano en la percepción de la realidad” en contra de los yacentes manuales y anaqueles de la ortodoxia soviética.Fueron decididos traductores de la obra gramsciana junto a Héctor Agosti y apuntalaron sus esfuerzos analíticos “en la ineludible labor de suturar el abismo entre peronismo-antiperonismo”. Los peronistas y su experiencia fueron un desvelo histórico para esta corriente, fenómeno al que caracterizaron como “nacionalización de masas” y como “una forma, un pasaje transitorio hacia una nueva conciencia clasista, socialista”. Coherentes con esa visión alentaban una fusión entre las masas peronistas y los intelectuales desde una identidad socialista autónoma al pejotismo.

 Su adherencia al “oasis democrático” del ’83 la ejercen desde categóricas “reflexiones” del exilio. Resulta de vital trascendencia tomar debido apunte sobre la naturaleza y proyección de estas “reflexiones” :    Se parte de la crisis del marxismo y de los marxistas “porque sus ideas fueron derrotadas con sangre”.

Qué ideas?:

1) La de vanguardia (“elite iluminada” a la que se compara con la “armata” del joven aristocrático Brancaleone);

2) La del rol de la violencia como “partera de la historia” (los “horrores” de la lucha armada como reductores de la reflexión crítica, como primitivismo testimonial, como contrasentidos ciegos, irreflexivos);

3) La del relato utópico (la utopía revolucionaria considerada como “recurso de los débiles”, los que desorientados en cuanto a que hacer o para donde ir incurren en “exceso de discurso utópico”).

4) La de “opción revolucionaria” (ya no tiene razón de ser, el fracaso revolucionario –de manera drástica- implica el fin de la modernidad, porque el leitmotiv de la modernidad era la revolución. La revolución -entonces- representa pasado y fracaso).

5) La del pensamiento crítico (el fracaso revolucionario obliga a repensar el sentido de la crítica y centrarla en el campo de la crisis entre socialismo y democracia. Para tal cometido resultaba imperioso despojarse teóricamente de las categorías “vanguardia”, “violencia”, “asalto”, “nuevo poder”, “revolución”, “socialismo” y perpetuar un pensamiento “crítico” “que ponga en valor el paradigma democrático, el de la transición democrática”.)

 Estas posturas coadyuvaron a entronizar la “narrativa de la democracia” alfonsista que se consolidaba en el seno de la UCR como intelectual hegemónico, comprendiendo más acabadamente la esencia de la época y los cambios operados en la cultura política. El “Ahora Alfonsín” fluyó avasallante favorecido no solo por la inestimable ausencia de la izquierda radicalizada inmolada por el proyecto de aniquilamiento dictatorial, sino también por la crueldad de la derrota y por estas lecturas penitentes. Así, un sustancial sector de almas rebeldes, antidictatoriales, de izquierda, pasaron a integrarse, sumisamente, al ancho paraguas del “progresismo posibilista”

 Los traductores de Gramsci, los teóricos del “marxismo latinoamericano” retractaban su pasado y consolidaban su presente como escribas del paradigma alfonsinista bajo el concepto de “modernización de la democracia” (discurso pronunciado por el presidente Alfonsín en Parque Norte el 1° de Diciembre de 1985).

 “La izquierda, o al menos una gran parte de ella, se liberó lentamente, en los últimos decenios, del mito de la revolución y descubrió poco a poco el valor que tienen las reglas de juego” (“La izquierda en la era del karaoke” – N. Bobbio – G. Bossetti – G. Váttimo – 1997 – pág. 28)

¿Y la otra izquierda?

  La “tendencia revolucionaria” peronista también exteriorizó las huellas de la crueldad del terrorismo estatal. Sumando yerros analíticos y fragmentaciones canibalescas culminó en el sendero del transformismo incorporándose a las filas del menemismo.

  El PC prolongaba su  derrotero reformista: sin crítica a su postura benevolente con la dictadura justificaba otro oportunismo: “votar junto al pueblo peronista” (junto al “popular” Herminio y al “aniquilador-amnistiador” Luder).

-   El morenismo (MAS) haciendo gala de una obtusa negación de la derrota, de una falsa valoración de las causas del retiro dictatorial, transformaba a Alfonsín en el Kerensky argentino y proponía un socialismo eurocomunista “como en Francia y España”

¿Fue todo “derrota”?

  Creemos que no. Que ha habido intentos, esfuerzos y búsquedas significativas de las izquierdas. La lucha contra la impunidad de los 80’, contra la avanzada neoliberal y los indultos en los 90’, la formación del Frente del Pueblo, de Izquierda Unida, el proceso de “viraje” del Partido Comunista en su XVI Congreso (hoy desertado por el neo-oportunismo etapista), las cátedras del Che, la Revista América Libre y el protagonismo en las puebladas rebeldes del 2001, muestran la contradictoria existencia de la izquierda

TERCERA PREMISA:  “En la vida política argentina siempre hubo, desde fines del XIX y a lo largo de todo el siglo XX, un espacio para la izquierda institucional. La protesta tolerada dentro del sistema y que cumple a rajatabla las reglas del orden establecido, garantía de que el sistema de dominación pueda presentarse como pluralista. Flamear de bandera roja, abundante cita doctrinaria apelando a diversos “clásicos”, pacifismo a ultranza, armado de listas sindicales y la principal y gran aspiración a….. cargos electorales….”

¿En que “clímax” cultural hegemónico ha desarrollado su experiencia la izquierda (incluida la “institucional”?

-   El proceso político abierto desde el ’83  a nuestros días lejos de significar un clima de ruptura se transformó en un cauce de continuidadde las “ideas fuerza” del curso neoliberal (“terrorismo de estado + terrorismo del mercado”). Esto ha configurado un contexto degenocidio perpetuado bajo una gobernabilidad plenamente identificada con “pactos” de defensa y compromiso entre variantes políticas que conforman un verdadero Partido Único del Sistema (PUS)

 De un lado quienes cultivaron la cultura de “lo posible” ante la “pesada herencia” de la dictadura. Hicieron apología sobre la imposibilidad de cambiar la “desfavorable correlación de fuerzas”. Chantajearon al movimiento popular en sus luchas bajo la amenaza de “esta democracia o el caos”  e impulsaron la versión de “los dos demonios” por la que pretendieron igualar las responsabilidades por la violencia política de los ’70. Esta concepción ideó y ejecutó un primer capítulo de impunidad vergonzante (Punto Final y Obediencia Debida) y claudicó ante el Pacto de Olivos, verdadero instrumento de galvanización de la transnacionalización económica ( Deuda Externa, ajustes anti-populares, privatizaciones, flexibilización laboral), de la consagración institucional de la impunidad para los “vencedores” del modelo, y de la recreación de los mecanismos para el aseguramiento de la gobernabilidad del sistema en instancias de crisis económicas, sociales y político-institucionales (decretos de necesidad y urgencia, súper-poderes, gastos reservados, etc.)

  Desde otro estilo, se practicó la apología y el fundamentalismo de la victoria de la “modernidad”, del libre mercado, la “muerte de las ideas” y el “fin de la historia”. Institucionalizaron la cultura de “lo imposible”, esto es, la no visualización –en el imaginario popular- de otro camino que no sea el de eternización de este presente de sojuzgamiento. A puro cinismo y demagogia contestaron a las esperanzas populares con “cirugía mayor sin anestesia”, “relaciones carnales” e “indultos pacificadores”. Vanguardizaron un vertiginoso proceso de reconversión antinacional y antipopular, que los ha erigido en hacedores de la década más infame de nuestra historia

 Con la huida política de la Alianza se derrumbaron, estrepitosamente, el cúmulo de esperanzas populares generadas ante el “progresismo de los consensos”, que se auto-limita a la ilusión de “compatibilizar” los rasgos voraces y represivos del “Estado-Penitencia” y del “Dios Mercado”. La cultura pragmática y posibilista de “administrar” la miseria congénita del capitalismo esclerosado con “buenos modales” acudió a los Machinea, los Cavallo, los Sturzenegger. El auge del frepasismo de 'buen aspecto', aspirante a gestionar el capitalismo “de modo decente” bajo ropaje de “izquierda democrática y reformista” vivió el cataclismo de una estrella nova. La misión política de “moderar” los violentos ajustes, de luchar contra la corrupción y la politiquería, la pretensión (ficción) de recuperar “simetrías perdidas” y la plañidera socialdemócrata de compensar a los pobres con alguna cuotita extra de la inmensa masa de ganancias monopólicas mostró sus límites históricos. La “renovación y modernización” de la política que solo se propone negociar límites dentro de un "capitalismo regulado" sucumbió con estrépito y se acreditó que estos partidos no tienen siquiera un programa reformista: se limitan a negociar modalidades menos duras de vehiculización de los proyectos e intereses del capital transnacional

¿2001, Crisis orgánica?

Fuimos -en su momento- partidarios de abrir una discusión que fortaleciera la salud del movimiento de izquierdas y aportar -desde una lectura propia- al debate abierto por los datos y realidades de aquella coyuntura. No pretendimos enumerar verdades reveladas, sino intentar respuestas a las interpelaciones que el escenario de crisis no resuelta nos presentaba, y conformar un cuadro  de previsiones sobre  los contextos posibles en los que ésta podía desenvolverse

-    Partíamos de la noción básica de que toda crisis en el bloque de poder no necesariamente representa una “crisis orgánica”. En el caso, afirmábamos que la inestabilidad en el sistema no era repentina sino producto de un prolongado proceso de maduración, pero que todavía no manifestaba un rasgo inherente y fundamental a ella: la coexistencia de una “crisis de hegemonía” en las clases dirigentes, por un lado, y por otro la aparición de un “nuevo sistema hegemónico” que lograra direccionar el proceso de la lucha de clases hacia una ruptura con el orden capitalista.

-    Como consecuencia de ello, postulábamos que resulta necesario asumir que en todo este prolongado período los ciclos de crisis no han sido provocados por la iniciativa política organizada de las clases populares, sino que se han desatado como consecuencia de estridentes fracasos políticos de las clases dominantes y sus diversas representaciones.

-    Otro dato que proponíamos registrar es que las luchas, las movilizaciones y “puebladas” protagonizadas exhibían, en general, rasgos de espontaneidad inorgánica y carencia de autonomía en relación a los mecanismos de cooptación y control que resguardan al sistema. De esta manera, a las clases dominantes les resultaba todavía posible recrear todo tipo de manipulaciones y maniobras para “cauterizar” los caminos abiertos por la rebeldía popular, bloquear las posibilidades políticas de una alternativa popular y empujar otra vez a las clases subalternas a la pasividad política.

 Las perturbaciones y desobediencias instauradas por la revuelta popular del 2001 pudieron ser, transitoriamente, acotadas, contenidas y castradas de toda perspectiva de cambio político real. Los temas de la agenda popular orientados por el “que se vayan todos” fueron paulatinamente desmontados y conducidos a la reinstalación de la “normalidad institucional” que concluyó con el “nos quedamos todos”. Para ello el poder echó mano a variados mecanismos de control y disciplinamiento combinados:

1) Un dato no menor que debe necesariamente puntualizarse es el que refiere a la conservación del control y dirección del aparato del Estado, cuya utilización fue dirigida a impedir toda posibilidad de desarrollo alternativo. Un componente inicial de esta operación fue el empleo del método históricamente preferido por el poder en nuestro país: el terror preventivo.Los asesinatos del Puente Pueyrredón son fundacionales del nuevo clímax político pretendido por el bloque dominante. Se ejecutan con carácter anticipatorio, buscando caladura en el chantaje represivo sobre la protesta y movilización popular y en restablecer –paulatinamente- la “estabilidad y el orden” del sistema. El proyecto de represión estatal siguió desplegando un discurso de “disciplinamiento autoritario” e incrementó la descalificación de las posturas de lucha bajo la compulsión de “gobernabilidad o caos”. Se profundizó el plan de persecución y hostigamiento hacia los luchadores mediante métodos de intimidación, amenazas y hasta la reedición de torturas y vejámenes. La judicialización del conflicto  y el impulso parlamentario para la sanción de las leyes regresivas de la “propuesta Blumberg” fueron la política estatal excluyente.Con esta ideología se promovía la manufactura del miedo en la población, se justificaba el control policial que garantiza al sistema y se criminaliza a los oprimidos y no de los causantes del genocidio político y social

2)  Se produjo toda una reestructuración de sus programas y compromisos con las clases populares,acorde con la debilidad congénita que la profunda crisis de representación política había generado y a la descomunal carestía y hambruna que azotaba a los excluidos. Por este camino se institucionalizan y nacionalizan mecanismos de asistencia clientelar y de control social, cuyas consecuencias y dimensión siguen siendo un tema de polémica actualidad

3)  Se ddepuró y recreó las bases de la dominación política mediante la renovación de consenso electoral pasivo, procurando reinstalar estados temporales de “gobernabilidad”  funcionales a la continuidad de sus recetas ajustadoras y represivas. Para ello, el bloque de poder propagandizó hasta el hartazgo una “única idea”: ubicar la disputa política central por la superación de la crisis en el terreno que éste ha utilizado de manera principalísima en los últimos 20 años. La “metamorfosis” operada en las fuerzas políticas tradicionales representaba la táctica elegida para dilucidar cuál de sus intelectuales aseguraba mejor el sostenimiento del nuevo consenso. Entre los tres candidatos del PJ y los tres de la UCR se condensaba el “corralito de crisis” con todo tipo de ofertas e ilusiones: derecha autoritaria y dolarizadora, proyectos “nacionales y populares”, “progresismo decente”, “capitalismo serio” con “gobernabilidad alternativa”. En todas sus fórmulas y adhesiones se verificaba una confluencia activa con el partido militar, los sindicalistas “gordos”, el frepasismo residual y la derecha vernácula

 Un acertado análisis del actual escenario requiere registrar y analizar críticamente: 1) El esmero estratégico puesto por las clases dominantes y sus representaciones para “poner en caja”, “cauterizar” las revueltas y rebeldías callejeras del 2001 y organizar hasta nuestros días su propio plan integral de rearme. 2) El modelo de democracia reinante, verdadera ingeniería cultural-hegemónica (“ingeniería de la desideologización y la mentira”) que le permite al establishment hallar escape político a sus laberintos, encubrir o distorsionar los debates estructurales y recrear un alto consenso pasivo electoral para el salvataje de la “gobernabilidad” burguesa. 3) Los límites teóricos, políticos, sociales y culturales que aún condicionan el desarrollo alternativo-revolucionario (“crisis de alternativa”).

 La actual coyuntura muestra que a pesar de la maduración de un nuevo período de crisis cíclica, insumo inherente del desarrollo capitalista en Argentina, el bloque de poder perfeccionó y vigorizó su dominación, logrando mediante el sentido general del voto plebiscitar la continuidad del modo de producción imperante: primarización biorentista, narcotráfico, imperio inmobiliario, renta financiera, precariedad e inseguridad laboral, criminalización. Logró concentrar, centralizar las expectativas electorales sobre tres variantes que no ocultan ser fervientes defensoras del “modelo”,  y que se muestran homogéneas culturalmente y definidas políticamente dentro de la tendencia principalde creciente derechización conservadora y “manodurista”

-   Tampoco deberíamos perder de vista del rol estratégico que juegan los medios de comunicación y las “consultoras” colonizando a la sociedad con falsos debates, operaciones multicolores y con la “dictadura de la imagen”. Un dato negativo  es que las opciones “alternativas” de la izquierda no antagonizan con esta estética del no contenido y proyectan su propaganda bajo el formato del “candidato sonriente”, imagen que se sobrepone sobre otras mas identificatorias de la izquierda (resistencia, grito, rebeldía, arte, marcha, bronca, etc.) y que suple la referencia a la problemática cotidiana, estructural de nuestro pueblo.

 Junto a esta tendencia predominante, empieza a desenvolverse una tendencia minoritaria representada por el despunte de la izquierda como un actor presente y legitimado en la disputa social, cultural y político-electoral. En medio de un proceso eleccionario caracterizado por el propósito de transformar la contienda en el campo del “reality” televisivo y el “voto consumo”, por la descomunal inversión de dineros y recursos por parte de las representaciones del sistema y por una preocupante tendencia derechizante, la izquierda ha alcanzado el no despreciable objetivo de mantenerse como un dato de la política nacional

-    No le ha sido gratuito a la izquierda (desde el 83 hasta hoy) enfrentar el inusitado chantaje de aparatos y usinas del sistema que pretende presentarla como “anacrónica”, como “ghetto testimonial” o como una extravagancia propia de la museología. No le ha resultado placentero hacer frente al plan que intenta desautorizarla en aras de corroer su proyección y desarrollo, de legitimar la continuidad capitalista. No ha resultado fácil cuestionar los parámetros reaccionarios que alientan la “inviabilidad” del paradigma solidario y humanista, aquellos que auguran la muerte de los ideales revolucionarios y la pérdida del rumbo de las izquierdas políticas. No han sido pocas las ocasiones en que hemos tenido que plantarnos ante una extensa variedad de profetas a sueldo que pronostican que el proyecto de un mundo radicalmente distinto ha entrado en una crisis sin retorno. Ha defendido la izquierda -hasta la sangre- su derecho a resistir el intento neoliberal de naturalizar la expansión del modelo de “democracia” de los explotadores como forma de “modernización” a costa de la liquidación del ideal revolucionario.

 Tomar debida cuenta de esta perspectiva (despunte de la izquierda) no implica que consideremos que esté resuelto de ahora y para siempre lo que consideramos un espacio político vacante: la de una real alternativa anticapitalista. La izquierda trotskista tradicional –que es la que mas impulso y desarrollo político ha logrado tras el fracaso de las dos opciones políticas emergentes por (centro)izquierda frente a la hegemonía K: Proyecto Sur y la Constituyente Social- expresa una gastada cultura vanguardista, sectaria, que rechaza todo concepto de“izquierda plural”. Las actitudes ambivalentes de De Genaro, su adhesión a los “modelos progresistas” de la región (PS uruguayo – PT brasilero – Concertación Chilena), su concepción de construcción de fuerza política basada en la “referencia personalista” (propia del “chachismo”, “lilismo”, “pinismo”) y su política de alianzas expresan los límites y  los viejos vicios del denominado “centro-izquierdismo”

Es en el marco de esta historicidad en la que queremos debatir el rol de la izquierda en la lucha de clases y las instituciones. Nos consideramos parte de una tradición que siempre ha señalado los límites del parlamentarismo y los peligros de aletargamiento en la izquierda si se aceptan como inmutables y sacras “las reglas de juego democráticas”

En otras palabras, no es nuestro sentido ni objetivo principal la galvanización de dichas reglas de juego. Todo lo contrario, somos partidarios de la opción revolucionaria. Nos resulta inaceptable la propiedad privada sobre los medios de producción y la democracia parlamentaria como componentes inmodificables

Ello no implica que nos desliguemos del imperativo de presentar ante nuestro pueblo un nuevo proyecto de representación, un modelo transicional de elección popular que modifique sustancialmente la relación entre dirigentes y dirigidos, entre gobernantes y gobernados.

Tampoco consideramos que pueda enjuiciarse la “pureza”, “abnegación” u “honestidad” revolucionaria por participar de los procesos eleccionarios. No nos animamos a calificar -apriorísticamente- bajo el par “acierto-yerro” una determinada actitud táctica. La verdad a dilucidar es si ese comportamiento coyuntural aporta -calificadamente o no- a una perspectiva estratégica (se trate de una postura abstencionista o de participación efectiva)

Tenemos claro que esa verdad no la esclareceremos en un estéril contrapunto de “cita contra cita” de nuestros “clásicos” (en el derrotero de las “dos bibliotecas”, de los “usos” o de las “traducciones”)

“Quien tenga patria, que la honre; y quien no tenga patria, que la conquiste”.

José Martí

Algunas de nuestras premisas:

-   El movimiento popular y las izquierdas deben asumir el gran reto de probar que son capaces de articular las rebeldías de los pueblos y de fundar un nuevo proyecto hegemónico: organizar la esperanza de millones de oprimidos y transformar en deseable una nueva tesis civilizatoria: el socialismo

 Para ello se impone modificar esencialmente una variedad de moldes analíticos, de esquemas de construcción del pensamiento, de relación con el sujeto popular, de la instrumentalidad de la acción.Solo así se podrá tomar debido apunte de como la dominación burguesa se ha complejizado, universalizando sus credos e instituciones. Es en el plano subjetivo, fundamentalmente, donde el capitalismo muestra su vigor de época y allí reside el desenlace estratégico. Su fortaleza radica en la “manufactura simbólica”, en la imposición de su totalitarismo ideológico y de sus mecanismos de consenso-represión. Ha logrado segmentar al sujeto popular, ha universalizado el “individualismo de masas” como cultura predominante y ha naturalizado como inmodificable y eterna la división entre gobernantes y gobernados

-   Habrá que indagar profundamente –también- sobre los obstáculos, los inconvenientes, las dificultades actuales del proyecto socialista. En el movimiento popular y en ciertas “oposiciones” políticas que invocan rebeldías y sueños emancipatorios, se evidencian variados síntomas de “crisis de fe”, de inercia militante, de deterioros en la voluntad, de ausencia de “alma colectiva”, de renuncias a los temas del poder

-   En las izquierdas se expresa, en general, una marcada descomposición de éticas e ideales. Algunos se resignan o vacilan ante la posibilidad/necesidad de retar al sistema rearmando alternativas radicalizadas al dominio imperante. Otros, rellenan sus formularios con la gastada cultura aparatista y la banalidad dogmática. Esa es la verdadera dicotomía que hoy esteriliza al progresismo y las izquierdas: vegetar dentro de la institucionalidad burguesa por la vía del pragmatismo posibilista, o reproducir como autómatas órdenes emanadas de un aparato todopoderoso y cerrado, ajeno a la dinámica popular

-   Tomemos debida nota de estas letales limitaciones y de toda la gama de resabios dogmáticos, aparatistas y autoproclamatorios que siguen constituyendo los rasgos predominantes que identifican a las izquierdas  y que nos apartan de una relación orgánica con el universo popular. Otro elemento negativo es el marcado “estatalismo” de sus camarillas dirigentes, el culto acrítico hacia estos líderes augustos, sempiternos y  eternizados en sus cargos. Por esta senda las izquierdas reproducirán las aberraciones históricas conocidas en los modelos de transición a una nueva sociedad en el que un partido omnipotente establecía la “felicidad” y la “solidaridad” por decreto. No resignemos el rol de potenciar y de estimular la espontaneidad, la creatividad y la irreverencia popular, y no asumamos el gesto autoritario de decretar su muerte.Desde la izquierda, y bajo nuevas premisas y métodos, aportemos a dar respuesta a la grave crisis de representatividad construyendo una identidad política común de los desposeídos bajo una clara pertenencia revolucionaria.

 Debe ser materia de análisis –también- la experiencia del “autonomismo”, como corriente que ha crecido e instalado como opción política desde la crisis del 2001 –fundamentalmente entre la militancia juvenil- y se ha proyectado ante el fracaso de la Constituyente Social y el desbarrancado Proyecto Sur. Esta nueva identidad proponeun dinamismo diferente en el desarrollo de las luchas y la organización popular: “La nueva política se hace en el territorio”. Por lo tanto -en sus inicios- para esta corriente asumir la lucha política presuponía un rechazo sustancial a la política institucional y su retórica electoral-parlamentaria. Este “formato” teórico-político del denominado “autonomismo” es presentado por sus cultores como atributo de una “nueva política” revolucionaria cuando en realidad denotaba –inicialmente- impotencia y renuncia a la disputa real por otro poder. Al amparo de estas ideas se justificaron las mas patéticas prácticas del reformismo asistencialista “entre los explotados”, y se promovió la peligrosa fractura del movimiento social con la necesaria labor política, ideológica y cultural. Con este campo de teoría y prácticas políticas se impone polemizar sobre sus propuestas de “revisar críticamente” todo el cúmulo de errores políticos transitados por los marxistas y de cumplir con una 'relectura del marxismo'. Estas posturas de la “nueva izquierda” pronostican el ocaso de los presupuestos teóricos de base que dieron nacimiento y entidad a la izquierda y aseveran estar elaborando su propia “crítica no marxista” de la sociedad capitalista. Desde estos ataques al “dogma marxista”  y a los actuales fracasos de la “tercera vía”  fantasean con la idea de perfilar un mundo nuevo “sin repetir las estructuras de poder de siempre”. El proyecto de “horizontalizar los poderes” es presentado por “la nueva izquierda” como “la nueva utopía del pensamiento y la práctica política contemporánea”, que permitirá la emergencia del nuevo sujeto político y social empeñado en superar y trascender todas las fórmulas ya conocidas de explotación, opresión y de alienación de las sociedades capitalistas y socialistas. En la actual etapa manifiestan un giro copernicano respecto de sus posturas de origen y han decidido participar en los procesos eleccionarios. Su propaganda, discurso y estrategia central se ubican dentro del concepto de la “Democracia Radical”. La nueva “izquierda popular” se autolimita a gestiones de modernización y democratización de las estructuras e instituciones capitalistas, labor que realizarán en y desde la institucionalidad vigente para el rediseño asociativo de la sociedad. Con esta visión, las luchas corporativas y democráticas anticapitalistas dejan de asumir sus características de inmediatez y parcialidad paliativa y se tornan finalidad principal de su proyecto. Los cambios políticos de fondo son considerados “imposibles de una vez” y el proceso de lucha de clases queda confinado a “pequeños pasos de hormiga” que, evolutiva y progresivamente, completarán la innovación del sistema capitalista. Planteamos que una cosa es nuestro deber de reconsiderar, de revisar críticamente nuestros postulados y nuestra práctica en el complejo marco de la lucha por la emancipación humana, pero otra cosa muy distinta es claudicar y desechar las ideas de revolución para un nuevo poder.

 Un nuevo concepto de socialismo debe romper con la superstición, con la religiosidad.   El “socialismo del siglo XXI” no puede ser un talismán. Sí debe ser resultado de una prolongada y profunda lucha política e ideológica donde lo trascendente sea la “revolucionarización” delas conductas, de la moral, del compromiso, de la coherencia. Una verdadera gesta humana que exprese voluntad y compromiso por anticipar, por predecir esa nueva mañana poblada de hombres y mujeres nuevas

-   Se requiere de una nueva mística que conquiste adhesión por su capacidad de crear realidades y hábitos antagónicos a las del capitalismo. Que construya identidad por sus posturas de cuestionamiento integral a las pautas inmorales y degradantes de este presente de genocidio, miseria y sumisión a escala planetaria. Que se atreva a enfrentar, en todos los terrenos posibles, los mecanismos y pautas ideológicas en la que basa su sometimiento la dominación capitalista. Su aporte militante sustancial será el de contribuir a un nuevo paradigma popular y revolucionario bajo premisas de ruptura con el orden capitalista imperante. Un nuevo poder, el del pueblo, sin explotadores ni explotados, con dignidad liberadora y auténtica soberanía.

 La identidad y las formas organizativas (unidad popular/movimiento de izquierda) deben reconocer como punto de partida la existencia de disputas sobre un amplio y riquísimo proceso de creaciones, rupturas, reagrupamientos y nuevas formas de organización popular que no poseen, todavía, definida direccionalidad política unitaria. Por lo tanto la creación de una alternativa revolucionaria debe definirse a partir de lo que el pueblo está creando, y no al margen ni detrás de él. Lo nuevo y superador implica constituir nuestra identidad y acción militante como un componente orgánico de este proceso de reformulación a partir de un nexo con las masas absolutamente inédito: el poder popular construido por el pueblo y para el pueblo, en el que confluya la experiencia actual y el vastísimo historial de la clase obrera y el movimiento popular.

 Debemos replantear la práctica militante. Su orientación esencial debe ser puesta al servicio del real protagonismo popular,  clausurando toda banalidad hegemónica o dogmática. Se debe cuestionar toda propuesta “prefabricada” o contaminada de “paternalismo” que en definitiva no hace más que contribuir a potenciar la “vieja cultura” de deformaciones aparatistas y clientelares tan predominantes en el campo de la política argentina. Se hace necesario que el proyecto apunte, esencialmente, a que todo lo contestatario, rebelde, combativo tenga un cauce organizativo y dirección política común, que sea “creación heroica” del pueblo desde una clara definición de izquierda.

 También nuestro esfuerzo pretende aportar a la generación de un polo unitario de acumulación social y política, que exprese una articulación amplia y abarcadora de la diversidad de pertenencias, identidades y experiencias de sus actores, tanto en el campo de la lucha social y política, como en el ideológico. No acotamos nuestra propuesta de articulación unitaria y movimientista  solo a los sectores proclamados marxistas. No exigimos un mismo y único punto de partida ideológico, si apostamos a reagrupar el activismo y los luchadores populares desde un sistema de convicciones y planteos políticos basados en la necesidad de superar el capitalismo. Hace falta en el campo de la izquierda una ruptura con enfoques y prácticas conservadoras que observan con prejuicio y subestimación toda práctica que no se inspira en sus luchas en las fuentes del “marxismo-leninismo”. La historia de la lucha de clases en nuestro país y en Latinoamérica abonan seriamente la tesis de que fuera del marxismo existen identidades y pertenencias para abonar una propuesta revolucionaria.

-   Apostamos a una práctica política  que ubique al militante como sujeto creador de iniciativas y no como simple reproductor de órdenes emanadas de un aparato todopoderoso y cerrado, ajeno a la dinámica popular. Pretendemos poner en correspondencia el rol dirigente de nuestros militantes con su reconocimiento popular, aportando a una nueva dialéctica entre “gobernantes y gobernados”, entre “dirigentes y dirigidos”. La izquierda no debe proclamar sino encarnar los ideales y anhelos populares, despojándose de todo resabio eurocentrista y de toda soberbia ilustrada que en general la colocan como una fuerza ajena a las vivencias populares

¿Podremos imaginar un futuro ciclo de crisis provocado por la iniciativa organizada y planificada por las clases subalternas? ¿Podrá la estrategia de unidad de las fuerzas populares y las izquierdas dejar de ser una consigna y un redundante discurso para constituirse en una nueva referencia e identidad política de masas? ¿Acertaremos en los planes y métodos de organización del sujeto popular que mejor contribuyan a la acumulación política alternativa? ¿Seremos capaces de lograr en nuestra militancia las transformaciones subjetivas necesarias para una práctica y pensamiento político basados en valores antagónicos a los instalados por la cultura capitalista? ¿Seremos capaces de superar el estado de vejez conceptual y metodológica que nos aqueja como izquierda? El establecimiento de los posibles caminos (y atajos) que elegiremos para responder a estos interrogantes deberá presidir cada instancia de debate y práctica militante. No apostamos a fórmulas abstractas y blindadas, si a creaciones heroicas y apasionadas que demuestren en la práctica su capacidad de conmover y convocar a cientos de mujeres y hombres a conquistar una nueva patria a pura utopía.

Gran Rosario – Julio de 2015

M.a.iz. (Movimiento Amplio de Izquierda)