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Contra el [llamado] ?mal menor?

El "mal menor" siempre reaparece, como las cucarachas

Quien haya leído el texto “Importante para tener en cuenta...”* habrá percibido que está escrito por una persona de muy bajo nivel cultural, o sea que un abogado promedio encajaría muy bien en ese perfil.

Tan embrollado es lo que dice que, para el incauto, deja la sensación de que lo que vota en la primera vuelta de las PASO nacionales ya determina irreversiblemente la composición de los cuerpos colegiados, sean Senado, Diputados o concejos deliberantes. No es así, por supuesto: solo resuelve qué lista —si en ese lema se presentó más de una— llevará cada partido en la boleta electoral de octubre.

Y, aunque la elección del 9/8 fuera definitiva en el sentido que insinúa el abogado, ello no significaría que los votos se perdieran si no fueran a los partidos que supuestamente llegarán al balotaje presidencial, porque las bancas se asignan por representación proporcional y solo no las obtienen los que no superan un piso mínimo de votos.

Por lo tanto, la nota de referencia expone el sistema electoral en forma errónea o deliberadamente confusa, pero lo que es aún más necesario refutar es el mandato del final (al cual apunta toda la fundamentación previa): «Creo que es necesario elegir “el mal menor”».

Digámoslo claro y de una buena vez: nos pide que elijamos —que avalemos— algo que nos va a causar un daño. Que nos hagamos cómplices de ese estrago, que nos autolesionemos.

—¡Eh, eh, no es para tanto, es tratar de no perder el voto! —se oye decir a los vivarachos que después de años de no perder el voto gracias al “mal menor”, están acabando con el país, con sus instituciones, con su ética, con su hábitat.

Esto es política de vencidos, de resignados (y, ¿por qué no?, de cómplices vergonzantes); de los que no osan luchar por el bien con todas las letras, los que no tienen coraje para crear, alimentar e imponer alternativas buenas y nuevas, y oponerlas a las viejas, conformistas y claudicantes.

El “mal menor” es, cada vez, peor que la vez anterior. Pero eso apenas se nota, como no lo notan las ranas en la olla puesta a hervir, porque es gradual.

“El concepto de mal menor es uno de los más relativos. Enfrentados a un peligro mayor que el que antes era mayor, hay siempre un mal que es todavía menor aunque sea mayor que el que antes era menor.  Todo mal mayor se hace menor en relación con otro que es aún mayor, y así hasta el infinito. No se trata, pues, de otra cosa que de la forma que asume el proceso de adaptación a un movimiento regresivo, cuya evolución está dirigida por una fuerza eficiente, mientras que la fuerza antitética está resuelta a capitular progresivamente, a trechos cortos, y no de golpe, lo que contribuiría, por efecto psicológico condensado, a dar a luz a una fuerza contracorriente activa o, si esta ya existiese, a reforzarla.” [Gramsci, Quaderno, 16 (XXII)]

¡Rechacemos, hoy y siempre, la complicidad del “mal menor”!

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