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ALIANZA DEL PACÍFICO: CONVERGENCIA PARA LA DISCORDIA

El tablero político de América Latina se sacudió en estos últimos años con la aparición de la Alianza del Pacífico, bloque regional constituido por México, Colombia, Perú y Chile. No es casual: se trata de cuatro países que tienen Tratados de Libre Comercio con EE.UU., y cuyos últimos gobiernos han sido mayormente conservadores: Peña Nieto en México, Santos en Colombia, Humala en Perú y Bachelet en Chile. 

Esta Alianza  que se presenta con fines de libre comercio, en los hechos es una figura específica de control territorial, de los recursos naturales y de carácter geopolítico. Lo que el imperialismo no logró concretar con el fracasado ALCA hace 15 años, ahora se propone conformar un corredor de seguridad que constituye una amenaza para los procesos de carácter autonómico y anti neoliberal que se desarrollan en Nuestra América.

En Uruguay las tendencias neoliberales en el actual gobierno del Frente Amplio que encabezan el ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori  y de Relaciones Exteriores Rodolfo Nin Novoa, se proponen que nuestro país sea miembro pleno de la Alianza del Pacífico.

 Aunque las normas del MERCOSUR ya de por sí impiden el ingreso en forma unilateral, confiamos en que la mayor parte de los sectores de nuestro Frente, así como el PIT-CNT, presenten una lucha decidida para frenar cualquier pretensión de integrar como miembro pleno la Alianza del Pacífico, lo que significaría una afrenta a nuestra soberanía y un duro golpe a los países hermanos que están empeñados en el desarrollo de un proceso autonómico y anti neoliberal.

Con la finalidad de ampliar el conocimiento y de comprender el significado de la Alianza del Pacífico, difundimos el siguiente artículo de análisis elaborado por nuestro compañero Ruben Montedónico.

GRUPO DE FRENTEAMPLISTAS EN MÉXICO POR LA IZQUIERDA

Convergencia para la discordia


Por Ruben Montedónico        Semanario "Voces"  6 - Agosto-2015


La perspectiva de las dos primeras décadas del siglo XXI en América Latina -según el curso actual de sus desarrollos- abonan un terreno fértil en el que pueden ocurrir potenciales cambios al colonialismo residual sin bandera que asuela la región hace más de siglo y medio: "América para los americanos" fue un pasajero eslogan que ahuyentó al colonizador europeo para dar paso a una latinidad atada a pretensiones y facultades de yugo -de centralidad anglosajona- del norte continental.

En un contexto temporal, el traslado del eje político-económico internacional del Atlántico al Pacífico, dio lugar a posicionamientos diversos dependiendo de las geografías: las acciones emprendidas desde los centros de poder -también por China- tuvieron correlatos en ellas, entre las cuales cuentan las de América Latina.

Luego del intento fracasado de imponer el ALCA -una suerte de "doctrina Monroe adaptada a América Latina", como la caracterizan- los gobernantes estadunidenses mantienen interés por la hegemonía en lo que identifican como su "patio trasero", promoviendo la vigencia trasnacional del capitalismo mediante la expansión y consolidación en el curso de la crisis abierta en 2008, que no acaba de superarse, e intentando nutrir sus empresas con una alta tasa de ganancia. En ese punto encontraron en la región estados que no estuvieron dispuestos a ceder ante la embestida neoliberal que esencialmente buscaba ampliar redes en beneficio de la concen?tración de sus riquezas.

Mientras Alan García Pérez en Perú se prestó a hacer suya la inciativa en 2011, ésta cobró fuerza y hechura al ser retomada en Colombia por el presidente Juan Manuel Santos, que empujó la creación de la Alianza del Pacífico en junio de 2012. Como es sabido, no es un simple bloque comercial sino que permanentemente genera convenios comerciales; en lo financiero avanza hacia la unificación de los mercados bursátiles, en tanto que la producción -mercantilizada en extremo- remite sus dividendos a las matrices trasnacionales, al tiempo que va destruyendo por el camino todo vestigio de sindicalismo clasista y conculca garantías laborales, empezando por el salario.
El brasileño José Luiz Fiori, con referencia a los intentos de incriminar a dirigentes políticos e impulsar el dominio que entrañan estas acciones, escribía: "No puede ignorarse que el proyecto del capital, en un contexto de recomposición general del capitalismo, continúa adelante y no ha sido afectado en lo esencial por los cambios ocurridos en la región. De todas formas, la existencia misma de gobiernos progresistas en América del Sur es una manifestación de importantes cambios en la correlación de fuerzas aunque sus impactos sean disímiles".

Dicha Alianza del Pacífico, como bloque comercial competidor del Mercosur, fue definido por el congresista peruano Víctor García Belaúnde: "Es básicamente de libre comercio (...) Mañana puede ser un acuerdo que puede estar revestido de algún objetivo o tinte político. El acuerdo ha permitido destrabar medidas que han hecho que fluya el comercio. Medidas que están un poco trabadas dentro del Mercosur".

Ciertas respuestas de América Latina se exponen en sus proyectos, prioridades y modelos de desarrollo. Por ejemplo, el Alba (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), crítica de quienes promueven la apertura de las economías, induce a una mayor intervención estatal, a los intercambios de bienes y servicios entre naciones suscriptoras y a privilegiar la atención en temas político-económicos regionales.

De su lado, los integrantes del Mercosur presentan en la agenda el tratamiento de temáticas político-sociales, el papel del Estado como gestor económico, el establecimiento de preferencias en cuestiones Sur Sur -en su relacionamiento con el exterior- y sobre desarrollo social, lo cual se sustenta en un tipo de regionalismo continental.

Las tendencias a aplicar formas de entendimiento entre estos dos grupos de naciones sudamericanas se ven reflejados en documentos de CEPAL como el titulado “Alianza Pacífico y el Mercosur. Hacia la convergencia en la diversidad”.

Ese aliento tiene eco, entre otros posibles, en Carlos Pérez del Castillo -ex embajador de Uruguay ante Naciones Unidas- al asegurar que su país podría operar de “bisagra” entre el bloque regional y la Alianza del Pacífico, en un camino para que el Mercosur -sin abandonarlo- le permita extender su comercio internacional.

Al continuar con tal prédica, el actual consultor internacional independiente aconseja al gobierno uruguayo: “Se trata de volver a plantearse las etapas de instrumentación del Tratado de Asunción para atender necesidades de desarrollo que el Mercosur está bloqueando actualmente". Agrega que "sin abandonar su condición de miembro pleno del Mercosur, el país asumiría unilateralmente una estrategia de inserción externa sin requerir aprobación previa de los demás componentes del bloque". Y subraya: "Eso sí, el país deberá estar preparado, como sucede actualmente, a 'seguir sufriendo' las decisiones de los grandes socios [léase Argentina y Brasil] que no contemplan los intereses de las naciones chicas”.
Consejos, tentaciones e inclinaciones consecuentes anidan en las intenciones y se trasmiten en las propuestas de algunos dirigentes y grupos económicos dispuestos a transitar por ellos -declamando acerca de que las ventajas comerciales redundan en el “goteo económico hacia abajo” benéfico para los trabajadores, dicen- aunque sus pasos atenten contra la consolidación de la región, la entorpezcan o la dividan, lo que puede ocurrir, por ejemplo, con la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) o en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

El canciller argentino, Héctor Timerman, consultado sobre estos aspectos declaró que "La estrategia de inserción externa de cada uno de nosotros responde, como no puede ser de otra manera, a modelos nacionales. En ese sentido puede haber diferencias", mientras su homólogo brasileño, Luiz Alberto Figueiredo, afirmó que "esto es un intento de ver de manera objetiva y concreta la posibilidad de convergencia entre los países de la región", y se extendió: "No estamos conversando para poner presiones sino para comprender mucho mejor los caminos y maneras de hacer marchar esa idea de todos nosotros de una integración regional".

El llamado “cisma del Pacífico” tiene más relieve político que económico-comercial y su importancia deviene de ser un elemento constitutivo del proyecto de Acuerdo Trans-Pacífico de Asociación Económica (en inglés, TPP), pilar de la confirmación del poder regional, económico y militar estadunidense. Barack Obama destacó -en toda instancia que pudo- que EE.UU. era “nación del Pacífico”, con poderes metageográficos para el control geopolítico y económico de ese espacio, el Índico y el sudeste asiático. De acuerdo con Foreing Affairs, "si las negociaciones del TPP fructifican sumarán miles de millones a la economía de EE.UU. y consolidarán por décadas el compromiso político, financiero y militar de Washington en el Pacífico".

Si se pudiera desagregar y calcular sólo el poderío emblemático de la adhesión de una nación del Mercosur a esta política; que, además, con “distintas velocidades” respecto a otros integrantes de ese acuerdo, suscribiese un tratado de libre comercio con la Unión Europea y, encima, adhiriese al TiSA -por ejemplo-, puede estimarse anticipadamente el alcance de los círculos concéntricos que una acción explosiva de esa naturaleza tendría en el resquebrajamiento de una eventual integración regional