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AMODIO EN CARTA A EL PAÍS DICE QUE VINO POR DECISIÓN PROPIA

17/8/15

De Héctor Amodio Pérez

Ya desde el arranque plantea Ud. una interrogante que tengo sumo placer en responder: estoy aquí por decisión propia, largamente estudiada junto a mi compañera, la que no sólo me apoyó en estos últimos 25 años, sino que decidió acompañarme en esta oportunidad, pese a mi insistencia en lo contrario. Es esta una aventura personal, de alguien duramente atacado, acusado y condenado con pruebas falsas, mantenidas en el tiempo y que he ido desmontando una a una en cada careo que he mantenido con mis acusadores. Como ejemplo de que mi libro y mi presencia en Montevideo corresponde a una decisión personal, solicité al Banco con el que vengo trabajando desde hace más de una década, un crédito para financiar esta aventura. Nadie más que yo ha hecho frente a los gastos, si bien es cierto que he actuado a través de personas interpuestas, tratando de evitar que mi identidad española fuera conocida. Las autoridades uruguayas, mediante la aplicación de medidas de más que dudosa legalidad están impidiendo mi regreso a España, lo que me impide trabajar para atender la amortización del crédito, por lo que a menos que el Banco me concediera una moratoria, terminaré perjudicando a quienes me han avalado. En el 2° párrafo de su nota, hace mención a los motivos por los cuales se me proveyó de una identidad falsa y que en mi libro detallo extensamente. A continuación menciona usted la aparición pública de Jorge Batlle, “Denunciando el connubio militar-tupamaro para derribar las instituciones, señalando sin tapujos a Amodio Pérez como arquetipo de la indeseable entente”

De la lectura surge, a mi entender, que usted sigue manteniendo dicha opinión. Quien asumió el papel que la historia me adjudica, fue Fernández Huidobro, quien lo reconoció así en su libro “La tregua armada”; en circunstancias en que no pensó que el fantasma de Amodio Pérez le alteraría la digestión, años después. Como dice en esta misma edición el Mag. Álvaro Sánchez Balcewich, es bueno que yo hable. A eso vine. A reconocer mis culpas y errores, pero no a seguir cargando con los de los demás. Desde hace años se me impidió narrar la “otra historia” aplicándome la ley del silencio. Hoy, se me impide hacerlo utilizando denuncias que he demostrado falsas en cada uno de los careos que he estado realizando.

Yo no necesito, como dice Sánchez Balcewich, que se me “tire de la lengua”. Quiero hablar, dar mi versión de las cosas. Y otra vez se me está impidiendo hacerlo, tapando mi voz con denuncias falsas, obligándome a emplear el tiempo en desmontarlas, en vez de estar respondiendo a las interrogantes serias de fondo, para que se sepa realmente los sucedido en ese “período oscuro de nuestra historia” y así poder empezar a construir otro Uruguay, seguramente una ingenuidad solo comparable a la que me llevó a la lucha armada en aquel lejano 1963. Por lo visto, muchos han leído el libro, pero no el epílogo