Envíopostaporteñ@ 1488

A 500 AÑOS DE LA MUERTE DE SOLÍS

Simular otra invasión para tomar conciencia

Venían por un paso interoceánico, por oro y plata; venían a secuestrar personas, adueñarse de la tierra y esclavizar a sus habitantes, pero acabaron en una parrilla.

Para recordar cinco siglos de invasión europea a nuestro continente, alumnos del colegio  Belgrano de calle Artigas, en Paraná, realizaron una muestra excepcional sobre los pueblos originarios.

En verdad tomaron el 12 de octubre en homenaje a la diversidad, pero cualquiera sabe que esa fecha nos lleva al atropello europeo, si el propio Cristóbal Colón al tiempo que exaltaba la bondad y generosidad de los indios en su primer viaje, los ofrecía de súbditos.

Los docentes del colegio paranaense invitaron a vecinos allegados a la lucha por la recuperación de las culturas antiguas y vigentes, y mostraron obras audiovisuales sobre el estado actual de pueblos sometidos.

Notables las ilustraciones en las paredes, las armas, las comidas, las obras de arte que trabajaron los estudiantes, y la buena onda de esos alumnos a la hora de explicar las culturas, exhibir los mapas, convidar con masas.

Los organizadores no quisieron quedarse con la idea de un mundo aborigen del pasado sino que convocaron a artistas, y a personas de la región que son descendientes de los sobrevivientes del genocidio del Abyayala (América)

Fecha clave

En ese ámbito bien logrado esbozamos algunos interrogantes para colocar a los estudiantes ante una hipotética invasión y preguntarnos cómo nos encontraría, con qué capacidad de resistencia.

En febrero o marzo de 2016 se cumplirán 500 años del primer acto de resistencia de nuestros pueblos del Litoral a la invasión europea. No hay fecha exacta, y el lugar es más o menos amplio, en un punto que linda con la república Oriental del Uruguay, las provincias de Entre Ríos y Buenos Aires y el Paraná Guazú.

A propósito de la suerte aciaga de Juan Díaz de Solís, el arqueólogo Carlos Natalio Ceruti ha reunido e interpretado testimonios interesantes que permiten suponer que, si el relato sobre los caníbales fuera cierto, pudo referirse a comunidades guaraníes

Acaparar tierras

El historiador Juan José Rossi difunde, en su obra sobre los guaraníes, expresiones del antropólogo W. Arens en torno de los relatos de época: “las imágenes de desnudez, relaciones sexuales indiscriminadas y canibalismo están destinadas a comunicar la idea  de que los indios son más semejantes a animales que a seres humanos portadores de cultura”, y de ese modo, continúa Rossi, sentirse  con el derecho de destruirlos y despojarlos.

Ya es sabido que los viajeros buscaban rutas al Pacífico, y caminos hacia las riquezas naturales, oro y plata, para luego repartirse tierras y esclavizar a habitantes del Abyayala y África. Que es lo que hicieron.

Hay mapas de la actual provincia de Entre Ríos repartida, por ejemplo, en cinco partes con trazos horizontales que dividen  las propiedades de los jesuitas, Vera y Mujica, José Frías, los herederos de Hernandarias y las tierras realengas. En algunos casos y en distintas épocas con lonjas adjudicadas a los Ramires, González, Osuna, Rodríguez, Larramendi, Barrenechea o Crespo… Mayoría por herencias.

De hecho, la lucha principal de Tomás de Rocamora al organizar las villas fue contra esa avidez de los terratenientes, que no dejaba lugar a los campesinos.

Y bien: de un principio y para hacer buena letra con los reyes europeos, los invasores solían secuestrar personas en el Abyayala y embarcarlas hacia el otro mundo.

En eso andaba Juan Díaz de Solís con sus marineros, ingresando por el río Uruguay, cuando tuvo la poco feliz idea de bajar a tierra en el extremo suroeste de la República Oriental del Uruguay, zona de Martín Chico, o el extremo sudeste de Entre Ríos en el departamento Islas del Ibicuy. Ignoramos el punto exacto

Caníbales

Allí recibieron como bienvenida un aluvión de flechas y lanzas. Luego contarían los sobrevivientes que vieron, desde las embarcaciones, cómo los descuartizaban y asaban para comérselos.

Eso dio a un debate interminable sobre quiénes fueron los que comieron a Solís, si los charrúas o los guaraníes. Ambas naciones vivían en la zona (con los beguá, chaná, chaná beguá), y los que tenían más inclinación a la antropofagia eran los guaraníes.

No hay certezas sobre lo que en verdad vieron los europeos, lo que en verdad ocurrió, lo que convinieron en contar a sus jefes al regreso, y los motivos de la acción de los pueblos nativos si fuera cierto que se almorzaron a Solís, ya que el canibalismo no se explica en la alimentación

Lejos y alejándonos

Los pueblos de hoy permanecemos lejos de las raíces de nuestra identidad y nos vamos alejando. No sería difícil, para una nueva invasión, enemistarnos y someternos.

Eso puede demostrarse con solo ver que en las escuelas, los colegios, la universidad, los medios masivos, la familia, las instituciones en general, no hay ámbitos donde conocernos. Allí no están el monte, el río, los humedales, los árboles, los peces, las tradiciones, las culturas, la toponimia, las luchas sociales, los nombres de nuestros guerreros, y sí pululan en cambio los espacios para el entretenimiento banal.

En algunos casos, los mismos informativos son servicios meteorológicos ampliados con noticias sobre la inseguridad de las metrópolis.

Lo que en verdad podemos preguntarnos es si esa hipotética invasión no es ya un hecho. Si el entretenimiento no está preparado precisamente para anestesiarnos.

¿Preparado por quién? Muy sencillo: por el poder, por la propaganda.

Ahora, nos preguntaremos ¿qué haría un supuesto invasor sino manejarnos el dinero? ¿Y qué hacen las multinacionales y sus súbditos locales del capital financiero?

¿Qué haría un invasor sino patentar las semillas? ¿Y qué hace Monsanto? ¿Qué haría sino controlar el comercio exterior? ¿Y qué hacer Cargill?

Sin campesinos

Un invasor buscaría apropiarse de la tierra. ¿Y qué hacen los inversores extranjeros (y nacionales) que acaparan hoy 30.000 hectáreas, 500.000 hectáreas, 1 millón de  hectáreas? ¿Qué han hecho por varios lustros los pooles de capitales espurios expulsando a los campesinos y arrendando cientos de miles de hectáreas para embolsarse los buenos precios internacionales, y dejar el suelo arrasado cuando los precios ya no convengan y vayan con sus capitales al otro tipo de especulación que es la banca?

Haber naturalizado, por caso, que cualquier futbolista, cualquier profesional, cualquier militar o político, acapare tierras en la Argentina y ni los obreros ni los campesinos puedan acceder a un predio, es una muestra más de colonialidad.

Lo mismo podríamos decir de la distancia de los urbanos no sólo con la biodiversidad sino con la producción de alimentos milenarios de este suelo. ¿Cuántas de las 260 razas de maíz conocemos? ¿Cuántas de las 100 variedades de papas? Y ya entre los exóticos, ¿cuántas de las 100 variedades de citrus que se cultivan incluso en Entre Ríos?

Estamos acá

Hace algunos siglos, los africanos y habitantes del Abyayala eran usados para el trabajo a destajo y luego descartados. Hoy se necesita a las personas para que consuman.

Eso no es nuevo. Los ingleses, principales con los portugueses en el comercio de esclavos, fueron primeros en cuestionar y abolir ese comercio cuando vieron que necesitaban peones consumidores para abrir mercados a sus productos.

Nadie en su sano juicio esclavizaría a las familias al punto de llevarlas a la ruina cuando el sistema exige consumidores.

Sí parece que estamos dispuestos a abandonar y oprimir a aquellos que no entran en la rueda del consumo, como los pueblos originarios. Véase la situación de los qom, wichí, pilagá, nivaclé, por nombrar algunos.

La modernidad capitalista, consumista, individualista, nos mantiene lejos del sumakkawsay, el vivir bien en armonía con la naturaleza y en comunidad. Así, dispersos, desarraigados y entusiasmados con las cosas, ¿no quedamos expuestos al primer viento, víctimas de la colonialidad? ¿No nos hemos resignado a la invasión?

Frente a una modernidad que nos aleja de nuestras raíces, nos uniforma en el molde europeo, la gran entrerriana Rosa Albariño supo sembrar conciencia sobre las raíces vivas de las culturas antiguas del suelo. “‘Tape bruto, achinado’. ‘Negro tape nomás’…/ ¡Qué alegría que siento! Soy de tierra de tapes, / color de tierra somos… y aún estamos acá”.

Daniel Tirso Fiorotto 

Publicado por UNO Entre Ríos. Domingo 18 de octubre de 2015