EL PAÍS DE LA MENTIRA DESCONCERTANTE
– de ANTE CILIGA
NOTA PARA LA HISTORIA DE LA REPRESIÓN POLÍTICA EN URSS
En esta parte de la obra, Ciliga intenta hacer una exposición más general de la represión en la URSS explicando cómo comenzó y como se desarrolló hasta los años que le tocó sufrirla a él. En ella Ciliga afirma: La fecha decisiva en la historia de la represión política en la URSS, como ya he dicho, es la de la instauración de la N.E.P. en 1921. No hay dudas de que la represión contra los revolucionarios especialmente contra los socialistas revolucionarios internacionalistas de izquierda, los anarquistas y en general las organizaciones que consideraban que la revolución no estaba realizada sino que la misma implicaba destruir el capital, nunca cesó. Los bolcheviques fueron en ese sentido continuadores perfectos del zarismo: ¡Imponente: muchos presos constataban que Lenin los hizo encerrar en las mismas celdas y calabozos que los habían encerrado los represores del zarismo (en muchos casos los represores directos eran también los mismos: Lenin mantuvo a varios comisarios en sus puestos (1)
Sin embargo es absolutamente cierto que la represión se hace mucho más masiva y generalizada en las ciudades y los campos luego de la derrota de Kronstadt en 1921. Esta constatación de Ciliga es sumamente importante tanto por situar dicha fecha en la época Lenin/Trotsky (y no en la época estalinista, como se hizo creer después), como por la relación entre el gran impulso del capitalismo privado y la represión política abierta. La libertad de comercio y la represión de los proletarios en su lucha contra los capitalistas se desarrollaron al unísono y simbióticamente. Lenin/Trotsky y la dirección bolchevique denominaron a esa política general del Estado: “nueva política económica” y sin dudas, fue un salto cualitativo indispensable en la contrarrevolución y el desarrollo capitalista de la Unión Soviética. Dicha política se basa en la idea “genial de Lenin”, de que el capitalismo privado junto al capitalismo estatal, son los mejores aliados del gobierno bolchevique en su lucha por la realización de las tareas democráticas burguesas y la industrialización.
Algunos compañeros, que estuvieron presos en los cuarteles y también en libertad, subrayaban el paralelismo histórico entre esa “genialidad” de Lenin (¡los bolcheviques la defendieron durante décadas como genialidad!) de utilizar el capitalismo para ir al socialismo; con la “genialidad” del Ñato Huidobro de utilizar a los oficiales progresistas para servir a la Orga y supuestamente a la revolución. Salvando las distancias claro está (¡porque no fue Lenin que se creyó que era tan inteligente como Huidobro!) el resultado fue el mismo: pusieron su organización al servicio de la contrarrevolución, el desarrollo capitalista y la represión estatal. Como los bolcheviques, muchos militantes de “la Orga” siguieron creyendo que utilizaban a los otros (a los compañeros, a los milicos, al Estado…) para ir hacia lo que llamaban “socialismo”, cuando lo que hacían en realidad era ser los mejores agentes de la contrarrevolución y el desarrollo del capital. ¡Ni cuando estaban a los besos con el jefe del Imperio se dieron cuenta que el asunto era al revés! ¡No solo se habían transformado, ellos mismos, en los más importantes agentes del capital y la contrarrevolución, sino que había cooptado todo el aparato para ello!
Ricardo
Extractos
La fecha decisiva en la historia de la represión política en la URSS, como ya he dicho, es la de la instauración de la N.E.P. en 1921. A partir de esta fecha ya no se toleró en principio ninguna oposición y el régimen de los presos fue empeorando. Antes, la intensidad de la represión variaba constantemente y se toleraba la existencia de ciertos partidos. Los socialistas y los anarquistas participaban en los congresos de los Soviets y publicaban algunos libros y periódicos. Es interesante señalar cuáles fueron las fechas en las que esta tolerancia hacia socialistas y anarquistas fue más destacada: noviembre de 1918, cuando la revolución alemana parecía que anunciaba una próxima revolución en Europa; octubre de 1919, cuando el general Denikin acampaba bajo la muralla de Oriol; verano de 1920, guerra polaco-soviética. Cuando Denikin se acercó a Moscú el gobierno bolchevique concedió completa libertad a los socialistas y anarquistas, se alió con las tropas irregulares de Makhno y permitió que los mencheviques se alistaran en el Ejército Rojo. Pero ya en abril de 1921 se violó la promesa de liberar, de cara a las elecciones del Soviet de Moscú, a los socialdemócratas encarcelados en Butyrka (2); tras recibir un trato inhumano se les transfirió a las prisiones de las provincias. En este momento fue cuando se produjeron los primeros casos de ultrajes a las mujeres encarceladas por motivos políticos: un año después se empezó a golpear a los socialistas en la prisión de Iaroslav(3) Ese mismo año, 1922, se formó el primer campo de concentración en Jolmogory, a orillas del Mar Blanco, donde se envió a un grupo de anarquistas. A principios de 1923 este campo se traslada a Pertominsk (4) y se encierra allí a varios grupos de socialistas. El régimen de este campo era humillante. La G.P.U. prometió su liberación, transfiriéndoles a las islas de Solovkí y habilitando allí una especie de “paraíso nórdico” para los presos políticos. Cumplieron su promesa en julio, pero este “paraíso” resultó ser una auténtica Guyana. Tras las protestas de los presos, el 19 de diciembre de 1923 el director del campo envió a guardias armados que abatieron a siete prisioneros. En otoño de 1924 se abolió provisionalmente el campo de concentración de Solovkí, tras una nueva huelga de hambre y principalmente tras una gran campaña de protesta de la II Internacional en Europa occidental. Los presos fueron trasladados a las prisiones o al exilio en el continente. Tras el drama de Solovkí, se organizaron cinco “aisladores políticos”: en Suzdal, Iaroslav, Tobolsk, Chelíabinsk y Verkhne Uralsk. Los miembros de la oposición comunista trasladados a Verkhne Uralsk en 1929 tuvieron todo tipo de altercados con la administración. La G.P.U., para meterles en la cabeza la idea de que no eran más que vulgares “contrarrevolucionarios”, respondió a sus reclamaciones con golpes y duchas con mangueras de incendios. Luego ataron a estos desgraciados, golpeados y empapados, y les dejaron acostados durante tres días sobre el cemento glacial, sin ni siquiera alimentarles ni permitirles ir al lavabo. En febrero de 1930 –es decir, en pleno invierno– se repitió el caso; varios detenidos cayeron enfermos, uno de ellos –André Graïev– perdió completamente la vista. En 1932 los comunistas de la oposición que habían cumplido su pena en prisión fueron recompensados con dos años más de cárcel. Nadie sabía cuando terminaría este jueguecito; en efecto, la legislación soviética permitía a la G.P.U. renovar a voluntad propia las penas de cárcel y exilio, sin ninguna justificación. Cuesta creer que semejantes cosas ocurran. Sin embargo son ciertas, y además es sobre estos procedimientos sobre los que se levanta el sistema represivo que existe en Rusia desde hace ya dieciséis años. Los detenidos, agotados, no recurrieron inmediatamente a la huelga de hambre. Pero en mayo de 1933 se hizo evidente que nadie se libraría a estas renovaciones de la condena: los detenidos decidieron advertir a la GPU que empezarían con la huelga si no se liberaba a los presos que ya habían cumplido su condena. A guisa de respuesta, la G.P.U. trasladó a cerca de la mitad de los prisioneros de Verkhne Uralsk a los aisladores de Suzdal y Iaroslav. El objetivo de este traslado era romper la resistencia, pero antes de despedirse, los detenidos acordaron comenzar la huelga en la fecha prevista, fuera cual fuera el lugar en el que les encerraran.
Así fue, la huelga estalló en las tres prisiones al mismo tiempo. Pero el decimotercer día se paró a la fuerza: se alimentó artificialmente a los huelguistas y a una treintena de ellos se les volvió a trasladar a otros aisladores o campos de concentración. Al Comité de huelga, compuesto por Dingelstedt, Kraskin, Slitinski y otros camaradas, lo transfirieron a Solovkí. Allí se encontraron con varios centenares de presos políticos: socialdemócratas georgianos, musulmanes de Azerbaiyán, comunistas uzbekos y kirguisos que habían defendido a sus compatriotas campesinos durante el Plan Quinquenal, socialistas revolucionarios, sionistas, anarquistas y trotskistas. Todos estaban dispersos en pequeños grupos entre los presos comunes y no disfrutaban del régimen de los presos políticos. A los comunistas de Asia central, culpables de hacer oposición nacional, se les trataba especialmente mal. Los comunistas recién llegados de Verkhne Uralsk no tardaron en tomar la iniciativa de la lucha por la reagrupación de los presos políticos y para que les otorgaran el régimen que les correspondía. Y efectivamente, se lograron algunos resultados. A otro grupo lo trasladaron de Verkhne Uralsk al campo de concentración de Ukht-Petchersk. Este campo abarcaba un enorme territorio situado en el noreste de Rusia, tan grande como la mitad de Francia. La población de este territorio era escasa: no superaba las 150.000 almas, y la mayoría eran presos. Empezaron a hacerse grandes obras, buscando carbón, oro, petróleo y la explotación de las minas, se abrieron caminos y se deforestó. El campo de concentración de Ukht-Petchersk dispone de automóviles y de una flotilla fluvial cuya propiedad le pertenece. Es un Estado dentro del Estado. La población esclava se da perfectamente cuenta de ello: los detenidos en esa región, así como la población libre de la región vecina de Zyrián, llaman al “comandante” del campo de concentración con el mote de “rey del norte”. El campo de Ukht-Petchersk tiene incluso sus propios periódicos y un órgano central dirigido por un periodista ucraniano muy conocido. La organización del trabajo está muy desarrollada. Cada grupo está sometido a un “brigadier”. Los brigadier son además los antiguos jefes de los bandidos y dirigen estos grupos exactamente igual que como hacían antes con sus bandas. A la G.P.U. sólo le preocupa una cosa: que le suministren todo el trabajo que exige, y deja completa libertad a los brigadieres para que organicen la “disciplina del trabajo” como mejor les parezca. La famosa “reeducación” de los presos es una completa hipocresía.
Además, de vez en cuando, escandalosos incidentes terminan revelando qué significa en realidad esta reeducación. He aquí uno que acabó mal para estos héroes: uno de los jefes del campo se fijó en una joven campesina deportada junto a su familia y la obligó a ir a su casa con la excusa de que la tenía que limpiar. Una vez sólo con ella, quiso tomarla sin más. La joven, completamente asustada, armó tal escándalo que acudió todo el mundo. Al jefe del campo le cayeron tres años en un campo de concentración. Los intentos de fuga son frecuentes pero rara vez tienen éxito. La región es desértica y salvaje, las primeras aglomeraciones libres están demasiado lejos. Generalmente los fugados, vencidos por el hambre, terminan volviendo al campo. Esta población esclavizada vive además completamente aislada. La gente sabe que la vida en libertad es dura, que allí reina la represión y el hambre, que la clase dirigente está dividida por mil intrigas, que los huéspedes del Kremlin a veces terminan en un campo de concentración. Pero ignoran el sentido que tienen estos acontecimientos, no saben qué esperar de ellos y a veces dan pábulo crédulamente a las fábulas más fantásticas. He aquí un ejemplo: uno de nuestros camaradas al que estaban trasladando al campo de Ukht-Petchersk fue recibido al hacer la primera parada por una multitud de presos que le anunciaron una gran noticia: “Los miembros del gobierno Ienukidze, Ordjonikidze y Bielov, comandante de la región militar de Leningrado, acababan de llegar al campo; a estos notables presos les llevan acompañados de una fuerte escolta al centro del campo.” Naturalmente, nuestro camarada se quedó aturullado: ¿qué sucede en Moscú?, ¿los amigos íntimos de Stalin han sido condenados? Al día siguiente, en la segunda parada, encontró a un camarada de Verkhne Uralsk, un tal Shemes, que había llegado poco antes. Se precipitó sobre Shemes: “¿sabes algo de la llegada de los miembros del gobierno Ienukidze, Ordjonikidze y Bielov?” El otro empezó a reír: “¿Ienukidze?, Pero si es de los nuestros, es el trotskista; y Bielov igual, ¡es el economista de Járkov y no el militar de Leningrado!” –¿Y qué hay de Ordjonikidze? –¡Ordjonikidze al parecer soy yo! La cuestión era sencilla. La población del campo, al ver llegar a tres condenados escoltados por una docena de guardias, lo cual era algo excepcional, y al oír los nombres de Ordjonikidze y Bielov, se había montado una novela y se imaginaba que en Moscú se había producido una revuelta palaciega.
***
A partir de 1933, es decir, a partir del segundo Plan Quinquenal, empezaron a mandar cada vez a más presos políticos, sobre todo comunistas de la oposición, a los campos de concentración de Rusia, Siberia y Asia central. Cuanto más avanzaba el “socialismo” de Stalin, más prisiones había en Rusia y más sufrían los presos políticos…
1- No sé si sería por si perdía pero en la Jefatura de Policía de Montevideo el Comisario Otero comenzaba a menudo sus “amables” interrogatorios explicando esa proeza de Lenin. Pero tenía mucha más memoria que todos sus interrogados (no recuerdo ni uno solo) se jactaba en repetir sus complicados nombres rusos (nota de Ricardo)
2- Prisión moscovita.
3- La ciudad de Iaroslav es la capital de la provincia homónima, al este de Moscú.
4- Pequeña ciudad a orillas del mar Blanco.