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Guerra social y telaraña imperialista en Siria (2011-2015) VI

La lucha en Rojava/6d

Extensión de la lucha a Turquía

En Rojava el capital tuvo que desplegar procesos de encuadramiento diferentes al resto de Siria por el desarrollo particular del proletariado de origen kurdo. La amenaza que supuso la irrupción violenta del proletariado en todo el Kurdistán sirio preocupó al capitalismo mundial. La toma de tierras a punta de fusil por el proletariado armado o las expropiaciones de las primeras semanas tras la retirada de las tropas de Assad, la organización fuera y contra toda la oposición burguesa, la solidaridad entre todos los proletarios, independientemente de su origen, suponían un grave riesgo para la afirmación de la guerra imperialista en curso en todo el país. Los límites de nuestra clase permitieron que la ideología de la liberación nacional del PYD se impusiera y las contradicciones de clase que marcaron el inicio del conflicto en Rojava, cedieron ante la identidad nacional kurda. Sin embargo, el proceso no está cerrado. La ideología de liberación nacional, el comunalismo, el gestionismo y la afirmación de la guerra imperialista no se han impuesto sin convulsiones, y estamos seguros que las contradicciones seguirán desarrollándose. Las negociaciones interburguesas, los pactos y apaños se descosen o son repudiados en el terreno por la actitud y acción proletaria. Esto tiene su reflejo en las propias decisiones de los cuadros de los partidos guerrilleros leninistas (PKK, PYD) que se ven obligados a hacer pequeñas concesiones para seguir dominando la situación. La inestabilidad en el interior de Turquía, principal actor en la guerra imperialista siria junto a EEUU, puede ser uno de los factores que desestabilice la situación. Las contradicciones de clase no hicieron más que aumentar en todo el país con el progresivo recrudecimiento de las medidas explotadoras del gobierno islamistas en todos los ámbitos de la vida (el milagro económico turco) y la respuesta violenta del proletariado. Han sido varios frentes los que desde 2010 abrieron el camino de la revuelta proletaria en ese país. Las huelgas en la industria y la minería dejaron paso finalmente a la revuelta abierta en el del Parque Gezi que se extendió por muchas ciudades de Turquía y que se saldó con miles de arrestados, cientos de heridos y un puñado de muertos en todo el país. El episodio de la mina de Soma, donde murieron 300 mineros no sólo dio una muestra de la brutal determinación del Estado de Turquía para aplastar toda contestación, sino también del creciente descontento proletario que se abría paso. Las algaradas en Soma se extendieron a varias ciudades. A la par las manifestaciones en contra de la intervención en Siria por parte de Turquía fueron reprimidas pero no liquidadas. Y en este periodo, que parte de la intervención del Estado de Turquía en la guerra en Siria en 2011 y el ascenso del descontento, se ha empezado a romper la división instaurada con los proletarios «rebeldes de las montañas» o «los turcos de las montañas» según la terminología oficial del Estado de Turquía. La lucha contra Assad y contra los esbirros del gobierno turco por parte de los proletarios en Rojava no ha hecho sino acrecentar esta ruptura. La organización de expediciones a Rojava y de reparto de alimentos realizada por proletarios u otras organizaciones desde Turquía, mientras que el Estado facilitaba el paso de armas y soldados del EI,  para reprimir, agudizó aún más las contradicciones de clase. Esto último unido a la ofensiva del ELS a través de los Frentes Islámico y Al–Nusra, provocará que la contestación proletaria comience a realizar pequeños ataques y sabotajes. Pero será con el asedio a la ciudad fronteriza de Kobanê por parte de los tanques del Estado Islámico y de Turquía, y el asesinato a manos del ejército turco de decenas de proletarios en las vallas de Kobanê —intentando ayudar a sus hermanos de clase de esa región— cuando la contestación se generalice. En octubre de 2014 se desencadena la revuelta en todo el Kurdistán turco, y el día 6, en pleno asedio de Kobanê, los disturbios masivos se extendieron a las principales ciudades turcas durante varios días. Los saqueos, incendios de colegios, bancos, comisarias, ayuntamientos, ataques a esbirros, hicieron temblar la paz social en Turquía. El Estado reaccionó con todo: declaración del estado de emergencia, tanques del ejército en las calles, vía libre a los escuadrones de la muerte del Estado Islámico que están en Turquía… En tres días las autoridades “anunciaban” haber liquidado a 40 proletarios y detenido a más de un millar. Sin embargo, la revuelta proseguía. Como en Rojava, la única organización con capacidad para frenar los acontecimientos será el PKK. Desbordado por la situación y viendo peligrar su propia hegemonía en el proletariado de origen kurdo, pues la unidad con otros proletarios puede poner en riesgo la «unidad nacional kurda» y la ideología de liberación nacional, el PKK actuará como apagafuegos llamando al alto el fuego, al fin de los enfrentamientos

Con el paso de los días, y a duras penas, los proletarios fueron abandonando las calles ante la acción conjunta de la burguesía (metralla del Estado turco y llamados a la paz del PKK) y ciertas concesiones hacia Rojava. El PKK demostró en ese episodio a toda la burguesía internacional la importancia que tiene en el mantenimiento de la paz social en la región. Sin su papel fundamental como freno de las protestas la situación podía haber puesto en riesgo la paz social en Turquía, con lo que eso supone. Sin embargo, la situación sigue siendo explosiva. El asociacionismo proletario se ha hecho fuerte en Turquía estos últimos años y no tenemos dudas que la situación volverá a estallar. Ya antes de octubre de 2014 se produjeron una oleada de ataques en Estambul contra hipermercados, comisarias y la fiscalía, algunos reivindicados como respuesta a la represión en Suruc /41

En este contexto de ascenso del asociacionismo proletario tiene lugar el atentado suicida de Suruc en julio de 2015 donde murieron 32 personas relacionadas con organizaciones de izquierda y ONGS. Los disturbios volvieron a generalizarse, esta vez con ajusticiamiento de policías y soldados. Estambul tembló con los disturbios y el barrio de Gazi fue puesto bajo estado de excepción. El Estado turco incrementó la represión justificada por el atentado que él mismo facilitó /42

Bajo la cobertura del antiterrorismo se lanzó contra las estructuras del proletariado. Sustituyó su política de «guerra sucia» ejercida a través del Estado Islámico, por una guerra abierta. Si oficialmente el Estado turco declaraba que es un proceso contra «el PKK, organizaciones de extrema izquierda y el Estado Islámico» nosotros no tenemos dudas que es una operación contra el proletariado, contra su lucha, contra su asociacionismo creciente. Lo que está claro es que estos acontecimientos están llevando las contradicciones de clase al interior de uno de los países que dirigen la guerra imperialista en Siria y podemos estar ante una desestabilización importante en toda la región. Ante la guerra imperialista nuestra clase sólo puede volver a su terreno de clase, enfrentarse a todos los Estados, luchar contra su propia burguesía, sea en Rojava, el resto de Siria, Turquía, Irak…

La ruptura con el PKK será fundamental en todo este proceso.

 La influencia que tiene este partido socialdemócrata se ha incrementado con su giro oportunista hacia el confederalismo democrático, es decir hacia el gestionismo libertario, hacia el comunalismo. Sin embargo, su margen de maniobra es estrecho. En ese sentido, es curioso percibir el prestigio que tiene Abdullah Öcalan entre gran parte de ese proletariado y, sin embargo, comprobar que al mismo tiempo, el propio interés de clase empuja al proletariado a contraponerse tanto a sus “consejos” como a las directrices de su partido. Si bien ese culto y la reproducción de sus imágenes por doquier roza la comedia y a la vez nos recuerda episodios trágicos como el stalinismo, podemos comprobar por otra parte las dificultades que él y los líderes del PKK tienen para encuadrar y pacificar al proletariado de la región. Hay que decir que Öcalan y cuadros del PKK llevan reivindicando desde 1998, cuando Öcalan fue capturado por los milicos israelíes, el pacifismo, el fin de la lucha armada y la búsqueda de una «nueva vía». Ante la imposibilidad de imponer esta vía hicieron todo tipo de malabares para finalmente hablar de lucha armada sólo en legítima defensa.

Defienden el pacifismo siempre que sea posible y en su contrario como última opción la «autodefensa». Es evidente que esta vía, en el contexto internacional de utilización del yihadismo como ariete oculto de las necesidades de la economía, lleva al proletariado al matadero. Durante el 2015 Öcalan reclamó y escribió cartas llamando a la paz, a la negociación con el Estado de Turquía, incluso a entregar las armas. Pero los proletarios respondían luchando por todos los medios contra ese Estado, generalizando su lucha, cortando carreteras, apedreando e incendiando diversas instituciones de ese Estado, disparando a sus esbirros. Se trata que esta contraposición de intereses y necesidades se cristalice organizativamente, que el proletariado se organice fuera y contra el PKK y todas las fuerzas y estructuras del enemigo. Para nosotros no hay otro camino que el de la lucha por la autonomía de clase, por la constitución del proletariado en fuerza autónoma. Es en ese terreno donde el proletariado puede recomponer sus órganos de clase, su programa y desarrollar el contenido revolucionario que contiene.

41Una de la reivindicaciones será realizada por proletarios influenciados por la ideología maoísta. Evidentemente nuestra identificación es con los intereses y necesidades del proletariado que impulsa la lucha y las acciones, y no con la ideología de algunos de sus protagonistas a la que nos contraponemos y denunciamos.

42 Nuestros hermanos en Turquía en lucha no dudan en denunciar a ese Estado en su implicación con el atentado.

Proletarios Internacionalistas