7. Perspectivas
Aunque los últimos acontecimientos en Turquía pueden abrir una brecha en la guerra imperialista en Siria, no podemos ser en absoluto optimistas. Es evidente que en Siria, salvo contradicciones efímeras, ya nada queda de las viejas reivindicaciones de la revuelta, las contradicciones burguesas masacran a nuestra clase, el proletariado revienta en el festín del capital. Ya sea mediante las debilitadas y desmoralizadas fuerzas del ELS, o de su relevo el Frente Islámico y Al–Nusra, mediante las fuerzas de al–Assad, el Estado Islámico, o el PYD, el proletariado es destruido, canalizado y masacrado. Más allá de los intereses en juego de cada burguesía en particular, la victoria global del capital sobre la tumba del proletariado es una evidencia absoluta. Por encima de los intereses fraccionales de tal o cual burguesía está la liquidación de la lucha proletaria, la destrucción del sujeto de la revolución
La guerra imperialista es ante todo una guerra contra el proletariado
Liquidar la amenaza revolucionaria y conducir al proletariado a masacrarse entre sí en distintos bandos burgueses enfrentados es la victoria fundamental del capitalismo mundial. Lo demás pasa a un segundo plano. Cuando las pujas entre fracciones del capital adquieren una relevancia de primer orden, cuando los burgueses se consagran única y exclusivamente a sus rivalidades, significa que nuestra clase ha dejado de estar presente como fuerza social relevante para convertirse en un dócil siervo de sus amos. Claro que eso no quiere decir que esa situación sea definitiva, que no existan expresiones que escapen al encuadramiento, que el proletariado no pueda dar la vuelta a la situación, que en plena guerra imperialista el desarrollo de los acontecimientos y las insoportables condiciones de esa guerra no puedan volver a poner sobre la mesa la cuestión social girando las armas contra su propio ejército, contra su propia burguesía. Sobran ejemplos históricos al respecto
Como decíamos no podemos ser optimistas a corto plazo cuando atrapados en la telaraña interburguesa /43 estamos siendo masacrados en Siria. En toda la historia nunca hubo una desproporción tan brutal entre la necesidad urgente de la revolución social que hay hoy en día en todo el mundo, y la ultra–limitada consciencia y actuación consecuente que se tiene de esa necesidad. Nunca en momentos de crisis y agitación como los que actualmente vivimos fueron tan pocos los revolucionarios que a contracorriente defendieron las tareas que exige la revolución social contra todas las medidas reformistas y las prácticas sin perspectivas. El proletariado en Siria no escapa de esa dinámica. Fue capaz de desencadenar una tormenta el 15 de marzo de 2011 o en Rojava poco después, como lo pudo hacer nuestra clase en toda una serie de países estos últimos años.
Porque son las condiciones brutales de existencia bajo el capitalismo las que lanzan al proletariado a la batalla
Pero nuestra clase fue incapaz de dar un salto de calidad que le hiciera pasar a una fase más determinante, en la que levante abiertamente la bandera de la revolución social y conducida por su gigantesca experiencia histórica logre delimitarse de las trampas de su enemigo. La causa de esta incapacidad hay que buscarla en la debilidad programática y organizativa del proletariado. Y pese a todo, como siempre, la única alternativa que tenemos es abrir un agujero en toda esa telaraña, delimitar la frontera de clase frente a todas las alternativas burguesas, romper los frentes burgueses impulsando el derrotismo revolucionario, denunciar el mal menor, la democracia, el frentismo y todas las ideologías politicistas y gestionistas que nos encadenan en nuestra condición de esclavos. Asumir la lucha contra el capitalismo en toda su profundidad y totalidad. No hay otro camino para afrontar la guerra social desde la óptica revolucionaria. Así nos lo recuerda y señala toda una inmensa y rica acumulación de experiencias históricas. Pero no es sólo una tarea del proletariado en Siria, es una tarea del proletariado mundial.
Los problemas de nuestra clase en Siria son un reflejo local de la situación mundial.
En ese sentido, la acción proletaria en los países de los Estados que comandan la represión y encuadramiento de los proletarios en Siria se presenta vital para desestructurar la operación internacional de la burguesía y sus cuerpos de choque. Los episodios de las luchas en Egipto y en Turquía dan muestras del efecto de la lucha de nuestra clase en los Estados que participan en esa guerra imperialista. La oposición burguesa en Siria tuvo una primera crisis ante las convulsiones en Egipto y el consecuente debilitamiento de la organización de los Hermanos Musulmanes. Por otro lado, la intervención directa con sus propios ejércitos por medio de Turquía, e incluso por EEUU, que parecía inminente e imparable en 2013 se paralizó, y sin duda la lucha de nuestra clase en Turquía tuvo mucho que ver en ello, al obligar al Estado turco a volver sus ojos a su propio país. Un Estado no puede lanzarse a la ofensiva militar fácilmente si en su propio país el proletariado se lanza a la batalla pues puede ser barrido en la retaguardia /44
Es evidente que todo esto que afirmamos, todas estas tareas de nuestra lucha, tanto en Siria como en todo el mundo, no sólo asustan por su inmensidad, sino porque hoy parece más difícil que nunca abordarlas por la debilidad general en la que se encuentra nuestra clase. Lejos de desanimarnos o llevarnos a cuestionar y “actualizar” a la moda el programa de la revolución y sus tareas, estamos más convencidos que nunca que para la humanidad no existe otra salida que la revolución comunista
No será con parlamentos “revolucionarios”, con purificaciones democráticas, con alternativas gestionistas, con “cambios” en la vida cotidiana bajo el capital, ni con “concienciadores” como se avance hacia esa revolución. Tampoco con la simple voluntad de un puñado de revolucionarios que se creen que con su práctica (se exprese ésta a nivel teórico o en acciones) pueden cambiar el mundo. Será el proletariado con sus luchas el que se verá impulsado a romper con todas las falsas salidas que ofrece el capital: reapropiándose de su propia experiencia, denunciando y luchando contra todos los obstáculos y frenos que se lanzan contra su movimiento, consolidando un asociacionismo proletario cada vez más experimentado, secretando minorías revolucionarias que impulsen el enfrentamiento hasta sus últimas consecuencias revolucionarias… No hay otro camino para la revolución social
Nunca lo hubo y nunca lo habrá. Los atajos, las «maniobras tácticas», el «realismo», los caminos intermedios, el etapismo, el inmediatismo… siempre han sido callejones sin salida a la revolución. La revolución emana única y exclusivamente del proletariado, de los explotados de todo el planeta que luchan por dejar de serlo para siempre, que luchan por abolir esta sociedad de clases. Como decía Marx, las revoluciones proletarias se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la inmensidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás
En esas líneas se resume la historia de nuestra lucha por abolir la condición proletaria y con ella las clases sociales, los Estados y la larga serie de condiciones creadas por una sociedad que se contrapone a la vida.
notas
43- Aunque nos referimos a Siria es evidente que esta telaraña es internacional
44- En ese sentido, los acontecimientos de los últimos meses en Turquía, que siguen desarrollándose mientras terminamos este texto, pueden abrir un nuevo escenario.
Proletarios Internacionalistas