Pablo Stefanoni
Periodista, columnista, jefe de redacción de Nueva Sociedad. Autor de Los inconformistas del Centenario (Plural, La Paz, 2015)
Panamá revista 7/12/15
El tono entrecortado con el que la presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, anunció los resultados pasada la medianoche del domingo no era más que una expresión corporal de lo que significaban esos números. Aunque ya se descontaba un triunfo de la oposición agrupada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), los guarismos superaron cualquier pronóstico previo sobre un posible –pero al fin más estrecho– triunfo de la oposición que quizás no se tradujera en una mayoría significativa en la Asamblea Nacional, que el chavismo venía controlando cómodamente. Ignacio Ramonet, de hecho, decía desde el plató de TELESUR que una cosa eran los votos y otra la cantidad de diputados. Pero todo eso estalló por los aires cuando Tibisay resumió la nueva composición parlamentaria: la MUD 99 diputados, y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) 46 (aún falta asignar 22 escaños). Eso es lo que el bloque oficialista tenía hasta ahora.
Maduro apareció sombrío en la pantalla de televisión, los aplausos a sus intentos de reafirmar la moral se vieron bastante forzados y su discurso tuvo un núcleo contradictorio que posiblemente él mismo no llegó a percibir: a la vez que mencionaba que “triunfó la democracia” –en efecto, votó un impresionante 74,25% en un país marcado por la abstención– señalaba que los resultados evidenciaban el éxito de la “guerra económica” y de la contrarrevolución y llamaba a resistir desde las catacumbas (como si ya estuviera fuera del Palacio de Miraflores).
Frente a esto surgen varias lecturas: desde los sectores nacional-populares se suele achacar (casi) todo al enemigo externo, sin poder explicar por qué, por ejemplo, Evo Morales tiene una economía estable desde hace diez años –con el mismo ministro de economía desde que puso un pie en el Palacio Quemado– y Venezuela tiene una economía en crisis permanente: desabastecimiento, tipos de cambio que van desde los 7 a los 700 Bolívares, corrupción masiva y descontrol inflacionario. Si el término “tecnopopulismo” –que usa Carlos de la Torre para el caso ecuatoriano– es válido para describir los esfuerzos meritocráticos de Rafael Correa, en Venezuela hay una suerte de “caos-populismo”, en el que la guerra económica es solo una variable –en parte derivada de los propios incentivos de economía política a la especulación– de la que participan también los militares y la boliburguesía, además de infinidad de “bachaqueros” pertenecientes a los sectores populares.
La columna de Ronald Denis en Aporrea el 28/9/2015 (“Adiós al chavismo”), más allá de que las posiciones de este ex ministro de Chávez sean a veces políticamente algo ingenuas, introduce un elemento fundamental: además del análisis ideológico sobre el carácter de la revolución de viejo cuño, es necesario introducir las tonalidades gansteriles de una gran parte de la dirección chavista. El oscuro y aun poco claro affaire de los “narcosobrinos” (sobrinos de la Primera Dama, llamada Primera Combatiente) es la última expresión de la opacidad de la elite bolivariana.
Desde los sectores nacional-populares situados más a la izquierda, la lectura es algo diferente: el problema sería que no se profundizó en la revolución y no se creó más “poder popular” contra la “derecha endógena”. Pero a menudo estos análisis pecan de voluntarismo y carecen de las dimensiones de sociología (y economía) política que permitan discutir su viabilidad y las razones por las que no se produjo esa profundización de la revolución bolivariana, predominó siempre el voluntarismo de Hugo Chávez y dejan en segundo plano los obstáculos severos que la construcción de un “hombre nuevo” -imagen poco feliz del guevarismo- enfrenta en estas tierras de mega-shoppings, consumismo real o aspiracional e imaginarios que combinan bolivarianismo con fuertes sintonías culturales con Miami. Es esta izquierda la que criticaba al kirchnerismo por ser demasiado poco chavista
Finalmente, desde la izquierda trotskista, se apela a la infalible receta tradicional: como el chavismo no hizo una verdadera revolución, y se quedó en un tibio nacionalismo burgués, es responsable de “haber entregado el poder a la derecha” y cosas por el estilo. Como habría ocurrido con el kirchnerismo con Macri.
Se podría decir, como dice un rumano en la excelente película Bucarest 12.08, respecto a la caída de la dictadura de Ceausescu, que “se hace la revolución que se puede” y posiblemente los venezolanos hicieron la que pudieron en un país petrolero y rentista, donde “sembrar petróleo” es la utopía permanente –y como tal inalcanzable– desde que apareciera el oro negro. Pero en todo caso, el tema es cómo (re)pensar la experiencia chavista de manera honesta, sin negacionismo ni evasión, sin hacer leña (hoy) del árbol caído y con una perspectiva productiva hacia el futuro de la región.
Uno de los problemas a enfrentar es que en el giro a la izquierda se incrustó demasiada cultura nacional-stalinista extemporánea: una suerte de mezcla de populismo sentimental y marcos interpretativos de la vieja izquierda antipluralista: a menudo el adjetivo “burgués” colocado junto a la palabra democracia suele servir para caer en visiones plebiscitarias y épico/emotivas de la política que desprecian las formas institucionales –incluso, hay que insistir, las creadas bajo este ciclo político, por ejemplo mediante reformas constitucionales– y habilitan cierto infantilismo que recrea con cierto tono de red social las luchas de los 70. Precisamente, para evitar triunfos de la derecha parece más necesario que nunca poder expresar los proyectos de cambio en una clave que los vuelva compatibles con la democracia –radicalizada pero no debilitada–. No es menor que hoy muchos de los discursos nacional-populares declinados en terminologías setentistas y playagironescas suenen algo ridículos y puedan ser crecientemente “refutados” por los nuevos discursos post-ideológicos y post-políticos de las nuevas derechas, que más que restaurar a secas el viejo orden son también actoras de una disputa por el devenir latinoamericano.
Hasta ahora, pese a esta situación, entre el “pueblo chavista” y la oposición de la MUD existía una fuerte barrera de clase. Los chavistas, más allá de sus críticas, no votaban por los “enemigos”, pero todo tiene un límite. Y eso se quebró por varias razones: la crisis llegó a niveles excepcionales (a la economía se suma la inseguridad que altera cualquier vida normal en Caracas, además de la corrupción impune y generalizada) y la oposición ha ido sabiendo debilitar sus aristas más clasistas y derechistas (en línea con la “nueva derecha” regional, como el macrismo argentino). La MUD, que articula de manera no muy ordenada a una treintena de partidos no se cansa de repetir que su proyecto es “socialdemócrata”. Freddy Guevara, 29 años, parte de la generación de estudiantes que se movilizaron en 2007 y uno de los líderes del partido Voluntad Popular de Leopoldo López, llegó a ubicar entre sus influencias “la socialdemocracia, el socialismo liberal, el anarquismo de Kropotkin y la democracia liberal”. Todo eso puede convivir con vínculos con el uribismo o el Partido Popular español.
Por otro lado, la condena a López a trece años de prisión, en un proceso difícil de defender como tal, volvió a ese “niño rico”, ex alcalde del Chacao y carilindo, un mártir preso en una cárcel militar en condiciones mucho más duras que el propio Hugo Chávez tras el golpe de 1992. Sin duda, López lideró la llamada “La Salida” en 2014, que derivó en unos 40 muertos en diferentes contextos, pero no obstante, eso no excluye el carácter político de su condena. Uno de los problemas de los gobiernos nacional-populares es que mientras consideran que sus procesos revolucionarios pueden tensar las instituciones heredadas (e incluso las nuevas) por su carácter conservador, exigen a los opositores un respeto sueco a la legalidad, y en ese hiato se cocinan diversas tensiones entre democracia y revolución, que en el caso venezolano se agravan por el carácter militar y militarizado del socialismo bolivariano (que Chávez recordara con admiración al dictador Pérez Jiménez no asimila al chavismo a una dictadura pero pone de relieve algunas de sus aristas ideológicas).
Por otro lado, que socialismo vuelva a rimar con mercado negro, colas, autoritarismo, desorden económico, “inventos” de diversa naturaleza para sobrevivir (“matar tigritos”) reactualiza los problemas del Estado, la gestión de la economía y la burocracia cuando se busca sustituir al mercado. El propio Chávez definió al modelo como un “socialismo petrolero muy diferente del que imaginó Marx” y ese socialismo hereda y potencia diversos problemas del rentismo, del “Estado mágico” (F. Coronil) y de la incapacidad para producir (¿acaso la “guerra económica” y el desabastecimiento no están asociados a la importación de casi todo lo que se consume en el país?).
El cierre de la frontera con Colombia en el estado de Táchira se vincula con el mismo problema: la corrupción y el contrabando, sobre todo de combustible, que en Venezuela es casi gratis (corrupción en la que están también involucrados los funcionarios de oposición que gobiernan estados fronterizos). Llenar un tanque de un automóvil promedio cuesta unos 4 bolívares, mientras que una cajita de chicles llega a 60. Pero a esto se suman los cuatro tipos de cambio, que van desde 6,30 (el que se usa para importar medicinas y alimentos) hasta 700 bolívares (el dólar paralelo), pasando por uno de 13,50 (que se utiliza para bolivarizar los gastos de los viajeros que consiguen permisos) y otro de unos 200 bolívares.
En este marco, que la dirigente chavista Jacqueline Faría haya dicho en una jornada de reparto de alimentos que las colas le parecían “sabrosas” y llamara a disfrutar de ellas, puede ser leído como un ejemplo de la desconexión entre la elite y el pueblo bolivariano, además de una provocación bastante infame. Y su visión de la revolución también resulta significativa: “salen de su casa, vienen con su bolsita, compran y se van para su casa… eso es la revolución, lo que nuestro presidente Maduro ha ordenado, así que vamos a disfrutar de estas colas sabrosas para el vivir viviendo” (al menos Perón decía del trabajo a casa y de casa al trabajo, no de la cola)
Mientras estaba Chávez, su carisma irrefrenable podía domar en parte al león, pero eso ya no es posible con el liderazgo mediocre de Maduro y su doble comando con Diosdado Cabello, representante de sectores militares y boliburgueses. Maduro intentó, durante la campaña, resucitar a Chávez, pero claramente eso ya no fue suficiente. Más grave que la propia crisis, es la incapacidad de la dirección bolivariana de mostrar alguna luz al final del túnel. Si la política, como dijo una vez Néstor Kirchner, es “cash más expectativas”, el madurismo no tiene suficiente cash, debido a la baja de los precios petroleros, y ya es incapaz de generar expectativas de un futuro diferente. Y como ocurre en otros países, “lo conseguido” no puede ser una bandera eterna para conquistar el voto, especialmente cuando “lo ganado” ya es puesto en riesgo por la propia realidad.
Más que al Chile del 73, la situación venezolana tiene aires de familia con la derrota sandinista de 1990, en medio de una crisis moral del proyecto, que sucedió a una (en ese casi sí) guerra sin cuartel del reaganismo imperial. Que Maduro haya “reconocido” los resultados y abandonado la resistencia anunciada al triunfo de la derecha posiblemente fuera la única opción en la noche del domingo pero no deja de ser un sano reflejo hacia cierta normalidad.
Pero es la dimensión de la derrota la que la vuelve cualitativa y pone en cuestión la propia supervivencia del chavismo tal como lo conocemos y sus posibles reconfiguraciones. También la mayoría opositora obligará a la MUD a pensar salidas pactadas a la crisis. Con 100 diputados se posee mayoría de 3/5 para, por ejemplo, imponer voto de censura y destitución contra vicepresidente y ministros. Con 111 diputados se cuenta con mayoría calificada de 2/3 y se puede convocar a una Asamblea Constituyente (golpe parlamentario) que obliga a elecciones generales para renovar a los representantes máximos de los 5 poderes públicos- recuerda un artículo de Jesús Silva –que se define como un “chavista sin enchufe”– en la página Aporrea. Por ahora la MUD tiene 99 pero falta asignar varios curules.
En este marco, hablar de “fin de ciclo” no parece aportar nada significativo, el problema ya no es el “ciclo” sino cómo se posicionan y reposicionan las fuerzas favorables al cambio social progresista frente a una multiplicidad de problemas políticos, económicos e ideológicos en los que se está disputando el devenir de la región. De hecho, el nuevo “ciclo” venezolano será un espacio de disputa entre un chavismo debilitado –y quizás a partir de ahora más dividido– y una oposición que deberá unificar criterios entre las múltiples fuerzas. Posiblemente ni el Ejército Blanco a las puertas de Miraflores, ni la Liberación del yugo chavista que Vargas Llosa o el lobista Felipe González ya están barruntando.
La amnistía de López y otros presos será posiblemente una de las primeras batallas. Sin duda, comenzará una etapa en la que el chavismo, por primera vez, deberá compartir el poder. Y la oposición, con poder parlamentario, comenzar a actuar, también en el terreno institucional que algunos de sus miembros más radicales habían desahuciado. El desafío, entonces, para las izquierdas es poder pasar a dar la pelea en escenarios menos épicos y más normales, con menos certezas de victorias finales y más energías puestas en el “movimiento” (me tomo esta licencia bernsteinana entre tanta retórica épica descontrolada y a menudo desconectada de la realidad real de parte de la izquierda latinoamericana; quizás en ese movimiento más allá de las intenciones del socialdemócrata alemán encontremos algunas claves para un reformismo radical capaz de interactuar con la democracia y la “posmodernidad”, en un mundo “hostil” que suele torturar demasiado las almas de las izquierdas, a veces más catárticas que propositivas). Así evitamos un tipo de populismo que sostiene que el pueblo siempre tiene razón, salvo cuando vota contra nosotros
ESCOLASO
La debacle del chavismo:
Es largo el análisis porque son muchas cosas. Pero sencillito
Ya se ha escrito mucho y en poco tiempo. Y veo honestos militantes “ideólogos” y fariseos dando explicaciones más o menos complejas de las causas de la derrota de la “izquierda” en Venezuela. Seremos breves en esta primera entrega, para en un segundo escrito dar ejemplos concretos de cada razón.
La guerra económica librada contra el pueblo venezolano por la corruptocracia del PSUV, la oligarquía local y en mínimo grado el imperialismo yanki dieron al traste con el “Proyecto Bolivariano”
La derrota la propina una tremenda “guerra económica” librada por la corruptocracia encabezada por la Dirección Nacional del PSUV y el gobierno, ayudados por la neo burguesía local que se enriqueció brutalmente en tres años frente a los ojos de un pueblo sin comida, medicinas, detergentes, repuestos para vehículos, simples tornillos o gomitas para sujetar lapiceros. Inflación declarada del 200% (es mucho más) merma de los ingresos brutal, una burocracia monstruosa que impide la mínima gestión como la de presentar a los hijos en la jefatura, sacar un certificado de salud o defunción, algún permiso sanitario ´para vender tortillas, sin pagar coimas al más infeliz de los empleados en todos los ministerios e instituciones locales.
¿Por qué votar por el chavismo?
Este pueblo no tenía ninguna razón para votar por el gobierno y sus impuestos candidatos a dedo y sin consulta. Pero es bueno aclarar que aunque el gobierno de Maduro y la DN del PSUV han sido lo más corrupto que ha pasado por el poder en los últimos 100 años de historia, este proceso ya venía gestándose ante los ojos del propio comandante muerto que supo y cabroneó las corruptelas por mantener una corte de aduladores que aplaudieron sus discursos populistas enmascarado en el “socialismo” y el heroísmo de un profeta salvador
Al expresidente Carlos Andres Pérez lo sacaron del poder por “mal uso” de 250 millones de dólares. En 2012 la agencia de control de cambios venezolana (CADIVI) dirigida por un militar muy cercano a Chávez, entregó 220 mil millones de los verdines a empresas fantasmas que Maduro prometió denunciar y procesar hasta que se dio cuenta de que sus colegas PSUVISTAS, muchos militares y hasta sus familiares estaban en la jugada.
Lo más grave
Lo que hicimos en todos estos años, desde una presunta “izquierda” en fin de cuentas fue entregarle a los militares por siempre corruptos todo el poder y las instituciones sin disparar un tiro, sin cometer un genocidio, los legitimamos con 19 elecciones y lo más grave: les dimos discurso. Uno oye hablar a militares asesinos que participaron en torturas y asesinatos de revolucionarios en las décadas de los 60,70 y 80 y hoy son gobernadores o ministros y parece que está hablando el Che. Manosean la palabrería socialista como si de Martha Harnecker se tratará y en un tono jacobino que deja perplejo al más connotado orador de los cielos nirvanados de la ideología comunista.
Los contrabandistas
Es bueno releer a José Ignacio Cabrujas (ya fallecido): EL Estado del Disimulo y otros escritos porque él describe el origen improvisado de esta nación donde todo se disimula al punto que hemos simulado ante los ojos del mundo haber hecho una Revolución Socialista cuando en realidad convertimos -con la regaladera de casas y artefactos electrónicos en busca de votos- a este inocente pueblo en una inmensa masa de consumistas, que por razones de necesidad ahora se transmutó en lumpen pedigüeño y contrabandista que quiere todo sin ningún vínculo con el trabajo ¿porqué no hacerlo si los grandes lo hacen por transferencias bancarias, gandolas (inmensos trucks) cargados de gasolina y alimentos hacia Colombia con sellos aduanales legales y custodiados por la corruptícima Guardia Nacional y pare de contar?
Continuará…
Comandante Aniceto
Ex ministros Giordani y Navarro fueron
asediados durante rueda de prensa
Thiany Rodríguez / Redacción Web de Panorama y periódico el venezolano-10/12
Los exministros Héctor Navarro y Jorge Giordani fueron interrumpidos este miércoles cuando ofrecían una rueda de prensa en Caracas para fijar posición ante los resultados electorales que le dieron una mayoría calificada a la Mesa de la Unidad Democrática con 112 curules, en contraste con los 55 logrados por los candidatos del Gran Polo Patriótico.
Grupos que se identificaron como “poder popular” llegaron hasta al salón del Hotel El Conde, ubicado en el centro de la capital, donde se desarrollaba la conferencia de prensa. El incidente causó pánico entre los presentes.
Giordani y Navarro caminaron hasta la avenida Baralt donde pidieron ayuda a la Guardia del Pueblo. Para salir, los exministros fueron ayudados por los reporteros, quienes los protegieron y evitaron que resultaran agredidos.
“Hay 200 y pico mil millones de dólares en Estados Unidos, en cuentas de venezolanos”, dijo Navarro luego del incidente ocurrido en la rueda de prensa que ofrecían los exministros.
“No se puede desaprovechar este mes de diciembre, hay que tomar medidas económicas”, expresó el exministro de Planificación en las declaraciones que fueron interrumpidas por este grupo, provocando una estampida de los periodistas que acudieron a la convocatoria
“Hay que tomar decisiones, las advertencias que hicimos algunos no fueron escuchadas después del golpe de timón, después de la enfermedad de Chávez, ha habido una falta de liderazgo”, dijo.“Entre la agudización de la crisis y la enfermedad del presidente se perdió el golpe de timón”, recalcó.
“¿Qué vamos a seguir esperando?, ya el pueblo habló (…) Antes de que surja un Pinochet a nombre de Bolívar”, exclamó Giordani.
Giordani llamó a la movilización revolucionaria, “a la rebelión de la base”, y pidió al gobierno “dejar de ser autista”. “Hay responsabilidades políticas. Es momento de tomar medidas y no de hacer como el avestruz y esperar a que ‘Dios proveerá’”.
“Hay que empezar de nuevo, pero no desde cero. El gobierno, el partido, consolidar al pueblo con la unidad de la FANB. Hay que refundar la república sin perder tiempo”, recomendó Giordani, quien poco después de su salida del gobierno escribió una carta pública el pasado 18 de junio de 2014 en la que expuso señalamientos y habló de la corrupción en sistemas como CADIVI (hoy CENCOEX).
“A Chávez le dijimos que tenía que salir de varias personas y al final el que salió fui yo… Llegó la hora de refundar la República porque esta es una sociedad que está colapsada por el modelo rentista”, insistió. Dijo también que por ser “críticos a la revolución” los llamaron traidores “por decir las cosas que iban a pasar antes de que pasaran”.
Héctor Navarro expresó que los ministros deben poner sus cargos a la orden y afirmó que el presidente debe convocar a un verdadero congreso del partido para que los militantes puedan expresarse abiertamente para una reestructuración. “En el campo político hay funcionarios que deben asumir responsabilidades y sus errores”, subrayó Navarro. El exministro de Educación Superior dijo que el vicepresidente Jorge Arreaza debe renunciar.
“No es posible que la mujer, la querida, sean las que estén trabajando con los funcionarios y administrando los despachos… El burocratismo es uno de los mayores errores de la revolución (…) eso hace ingobernable al país y hay que tener la disposición para arreglarlo. Muchos familiares y amigos ocupan puestos importantes en organismos públicos, eso no es normal”, cuestionó en ex funcionario.
Expresó además que ley Anticorrupción está engavetada y que en una oportunidad lo conversó con el presidente Chávez para decirle que estaba lista y tenía que aprobarse, “pero no me hicieron caso”. La ley plantea los conflictos de intereses.
“En su oportunidad le dijo a Chávez que ciertas personas debieron salir, pero no me hicieron caso, quien salí fue yo”.
“Hay una crisis en el país que debe ser atendida de inmediato. Maduro debe convocar a ese congreso de manera inmediata y debe preguntar al PSUV cómo convocarlo”, insistieron ambos exministros.
Los exministros Héctor Navarro y Jorge Giordani fueron interrumpidos este miércoles cuando ofrecían una rueda de prensa en Caracas para fijar posición ante los resultados electorales que le dieron una mayoría calificada a la Mesa de la Unidad Democrática con 112 curules, en contraste con los 55 logrados por los candidatos del Gran Polo Patriótico.
Grupos que se identificaron como “poder popular” llegaron hasta al salón del Hotel El Conde, ubicado en el centro de la capital, donde se desarrollaba la conferencia de prensa. El incidente causó pánico entre los presentes.
No había pasado una hora de haber comenzado el encuentro con los periodistas de medios nacionales e internacionales cuando un grupo de hombres llegaron al lugar con un megáfono que tenía activado el sonido de sirena para callar las declaraciones, denuncias y hasta críticas que ambos ex funcionarios comunicaron.
En el sitio, de escasos 30 metros cuadrados promedio, sucumbió el pánico; sin embargo, el grupo de supuestos colectivos aseguró que estaban “sin armas”, pero que venían en “defensa” de Maduro
“Saquénse de la cabeza que nosotros estamos armados, somos un movimiento social, del pueblo, pedimos respeto a nuestro presidente Maduro, carajo”, exclamó uno de los hombres, del supuesto grupo 23 de enero en Vanguardia.
Giordani y Navarro caminaron hasta la avenida Baralt donde pidieron ayuda a la Guardia del Pueblo. Para salir, los exministros fueron ayudados por los reporteros, quienes los protegieron y evitaron que resultaran agredidos.
Giordani explicó la situación a los funcionarios y se identificó como “el ex ministro que trabajó 20 años con Chávez y pido protección”. “Soy un ciudadano, estamos es pidiendo colaboración”, le seguía explicando a la GN. Giordani intentó entrar a uno de los comercios chinos de “la baralt” para protegerse, pero no pudo, había gente echando agua desde los edificios.
“No se puede desaprovechar este mes de diciembre, hay que tomar medidas económicas”, expresó el exministro de Planificación en las declaraciones que fueron interrumpidas por este grupo, provocando una estampida de los periodistas que acudieron a la convocatoria
“Hay que tomar decisiones, las advertencias que hicimos algunos no fueron escuchadas después del golpe de timón, después de la enfermedad de Chávez, ha habido una falta de liderazgo”, dijo.
“Entre la agudización de la crisis y la enfermedad del presidente se perdió el golpe de timón”, recalcó.
“¿Qué vamos a seguir esperando?, ya el pueblo habló (...) Antes de que surja un Pinochet a nombre de Bolívar”, exclamó Giordani.
Giordani llamó a la movilización revolucionaria, “a la rebelión de la base”, y pidió al gobierno “dejar de ser autista”. “Hay responsabilidades políticas. Es momento de tomar medidas y no de hacer como el avestruz y esperar a que ‘Dios proveerá’”.
Navarro señaló que el asedio vivido “era una expresión del sectarismo y de la intolerancia”. Aseguró a este rotativo que no habrá denuncia alguna por eso, “no le daremos importancia”, subrayó.
En la actividad de prensa, los ex ministros exhortaron a Maduro a convocar un verdadero congreso del partido en el que “los militantes puedan libremente discutir las cosas que han pasado y dar proposiciones concretas”.
Navarro: “Tenemos que asumir nuestras responsabilidades (...) Se debe convocar de inmediato un congreso extraordinario del partido para dar un debate verdadero y no una asamblea en la que al final se termina votando por aclamación (...)”.
“En el campo político hay funcionarios que deben asumir responsabilidades y sus errores”, subrayó Navarro.
El exministro de Educación Superior dijo que el vicepresidente Jorge Arreaza debe renunciar.
“No es posible que la mujer, la querida, sean las que estén trabajando con los funcionarios y administrando los despachos… El burocratismo es uno de los mayores errores de la revolución (…) eso hace ingobernable al país y hay que tener la disposición para arreglarlo. Muchos familiares y amigos ocupan puestos importantes en organismos públicos, eso no es normal”, cuestionó en ex funcionario.
Expresó además que ley Anticorrupción está engavetada y que en una oportunidad lo conversó con el presidente Chávez para decirle que estaba lista y tenía que aprobarse, “pero no me hicieron caso”. La ley plantea los conflictos de intereses.
“En su oportunidad le dijo a Chávez que ciertas personas debieron salir, pero no me hicieron caso, quien salí fue yo”.
“Hay una crisis en el país que debe ser atendida de inmediato. Maduro debe convocar a ese congreso de manera inmediata y debe preguntar al PSUV cómo convocarlo”, insistieron ambos exministros.
Palabras de la poeta MARTA DOUDIER:
"Voy hacer una nueva catarsis desde mis trincheras, no desde mi cama luche, no de que papa gobierno me diera nada, soy de una de los tantos venezolanos que lucha por mejor calidad de vida. Ahora!
Muchas preguntas deben hacerse y apenas comienzan los primeros análisis de los acontecimientos del 6D, que al contrario de otros procesos parlamentarios, este pareció uno presidencial con más del 70% de la participación de la gente. Y la primera conclusión está a la vista: la participación fue para matar al chavismo
Y de inmediato surge la segunda conclusión que niega la tesis de que el chavismo si no salía a votar, tampoco votaría por la oposición. Pues el chavismo fue a votar y voto por la oposición. Se cayeron todos los pronósticos. Y una tercera conclusión de este primer análisis es que la gente se cansó del discurso de la guerra económica, que es cierta, pero que igual los problemas no se resuelven.
Por años hemos dicho que falta el puente que conecte al gobierno con el pueblo y es la razón de esta columna: nunca hemos tenido un partido, sino una poderosa maquinaria que acaba de perder su poder con esa arrastrada que sufrió de un rival que no existe.
No hay oposición en la militancia política del país. No está en ninguna parte. No es capaz de hacer una concentración, ni siquiera una movilización importante. La oposición es un cascarón vacío. Un escuadrón de tipos que con ayuda del imperio y los medios de comunicación se apropiaron de todo un parlamento y van por el presidente. ¿O ustedes piensan que no pedirán la cabeza de Maduro ya?
Están ensoberbecidos y además convencidos de que esos millones de votos les pertenece, desconociendo que fue un voto en contra de las colas, de los anaqueles vacíos, de la corrupción, de la incompetencia, de la prepotencia y de la soberbia de quienes manejan el gobierno. Es decir, las consecuencias de un gobierno sordo y ciego que no escuchó y se rodeó de aduladores y militares.
Es por ello que vengo diciendo que el PSUV no es un partido sino un estado de ánimo. Y que además no iba a construir nada porque sencillamente no cree en el pueblo ni en el poder popular
Es tarea del partido enfrentar las colas y a los bachaqueros. Es tarea del partido monitorear la concentración de alimentos en los puertos venezolanos. Es tarea del partido revisar la entrega de taxis, carros, autobuses y motos. Es tarea del partido saber porqué Agropatria no funciona, porqué el Fondas es un antro y porqué Fundacomunal es una concentración del delito. Y es tarea del partido saber qué hace su militancia, si se forma o no, si estudia o no, si tiene contacto con las masas o no y si tiene la condición para ser dirigente o no
¿Dónde están los ocho millones de patrulleros censados de los que habló Jorge Rodríguez y los seis millones de los que habló Diosdado?
La conclusión indefectible es que los patrulleros votaron contra el proceso, como lo hicieron los 900 mil venezolanos a los que les dieron vivienda y los tres millones de pensionados y los militares que se ha robado todo, y los 500 mil estudiantes a los que le dieron tablets y los cuatro millones de trabajadores de los ministerios. También los campesinos y los pescadores. Y el pueblo, que como dice Alí, es sabio y paciente. Claro que se iba a cobrar el que llegaban los productos y mientras la gente hacía colas de horas, aparecían los guardias nacionales y los policías a llevarse todo. El pueblo esperó y lo cobró.
Hay que recomponer todo el chavismo y rápido. No me puedo imaginar a Leopoldo López en libertad, Ledezma o Rosales, saldrán como héroes a cobrar venganza. Con qué poder saldrá Lorent Saleh o José Pérez Venta a seguir en sus andadas. No me imagino a Henry Ramos Allup diciéndole a Cabello “se le acabó el tiempo diputado, siéntese”. El enemigo viene por todo, y es por todo. Y si Nicolás pierde la presidencia en un revocatorio, en menos de un año habrá cien mil muertos en el país. Descabezarán todo el movimiento popular y revolucionario tal como lo hicieron en Honduras. El PSUV tiene que ser un nuevo partido, con nuevas ideas, con gente nueva, con nuevos criterios. Un partido que le diga al gobierno que no puede darle cinco cargos a una misma persona. Con toda seguridad lo hará mal. Un partido que censure a un ministro, un partido que opine sobre lo que hace el gobierno. Y sobre todo un partido que se conecte con el pueblo. Y eso es ya, urgente. Tiene que ser el nuevo comienzo del chavismo."