Por José P. Varela
Ian Fleming (el autor de los novelas protagonizadas por ‘James Bond’) solía decir que hay dos grandes formas de cometer robos: (i) invisibles (también silenciosas y carentes de huellas) y (ii) visibles –realizadas a plena luz del día y abundantes en rastros y pruebas incriminatorias. Según Fleming, la versión invisible (por ejemplo, cavar un túnel que termina debajo de la bóveda de un banco, la que es robada un domingo –sin testigos) es la que menos ganancias produce a los criminales. En cambio, la versión pública y visible, es la más ventajosa para los criminales. ¿No debería ser al revés?
En contra de lo que el sentido común indica, Fleming aducía que la versión visible y plena de pruebas incriminatorias es mejor para los criminales, siempre y cuando promueva y utilice la ingenuidad y/o ignorancia de las víctimas. Esto es, ‘realice desinformación primero (auto-atribuyéndose el rol de ‘salvador’), y robe después.’
Estos conceptos aplican a un proceso archí-conocido en el Río de la Plata –donde, desde hace más de seis décadas, más de una docena de veces ha ocurrido exactamente el mismo mega-robo, tanto en Uruguay como en Argentina (aunque, en cada instancia, presentando diferentes formatos). Nos referimos a crisis socio-económicas, las que siempre (parecen) comenzar de igual forma: con una mega-devaluación.
Cuando una nación devalúa su moneda –especialmente cuando la devaluación implica porcentajes de dos o más dígitos– los más (o los únicos) afectados son los asalariados (o sea, más del 90% de la ciudadanía).
Cuando una nación devalúa su moneda, inmediatamente ocurre una concentración de la riqueza: aumenta el desempleo, la pobreza, y la emigración de los más calificados. Eso es así porque los asalariados quedan obligados a venden su trabajo a precio de liquidación (o esclavitud); mientras quienes poseen monedas extranjeras pueden adquirir recursos valiosos a una fracción de su verdadero valor.
De donde la pregunta fundamental es: ¿cómo se generan las mega-devaluaciones? ¿Son accidentes que nadie puede predecir (como un terremoto o un tsunami) o son predecibles –y, por lo tanto, prevenibles?
Por lo menos algunas mega-devaluaciones son claramente predecibles. Por ejemplo, cuando las reservas monetarias de una nación (típicamente expresadas como las reservas monetarias de su banco central) desaparecen, la mega-devaluación es inevitable.
Es por ello que todas las naciones interesadas en su supervivencia monitorean sus reservas monetarias permanentemente. Al igual que las finanzas de una persona, familia, o empresa, las naciones necesitan saber si los ahorros o reservas superan o son insuficientes para cubrir las necesidades inmediatas de supervivencia.
Eso no ocurre en Uruguay. Por lo menos en los últimos 17 meses, las reservas del Banco Central del Uruguay (BCU) no parecen ser monitoreadas. Las gráficas aquí mostradas indican cuatro fenómenos: (i) luego de una década de progresivos aumentos, más de la mitad de las reservas del BCU (52%) colapsaron en apenas 17 meses; (ii) la caída de las reservas se ha acelerado: más del 86% de las pérdidas ocurrieron en los últimos cuatro meses; (iii) ese proceso es constante y lineal (no tiene fluctuaciones, esto es, no ocurre al azar --no ha habido un accidente); y (iv) no es un proceso invisible o ignorado – es reportado y actualizado diariamente, en la Página Web del BCU (alcanza con apretar el botón ‘Activos de Reserva’, link:
http://www.bcu.gub.uy/Paginas/Default.aspx, para encontrar los datos)
· VER GRAFICOS
http://overpic.net/viewer.php?file=xyte0pkmksoue947g6e4.jpg
http://overpic.net/viewer.php?file=xovgdtzpy3wlteov9gjbq.jpg
Por lo tanto, la presunción de ignorancia, incompetencia, accidente o fenómeno estacional o breve no se aplica(n) a esta situación. ¿Qué otra hipótesis o persona explica esta situación? Fleming, sin dudas.
La ausencia de discusión pública, así como la ausencia de planes o medidas que intentan resolver esta situación sugieren un mega-delito. No sólo una pérdida que hoy excede los cuatro mil trescientos millones de dólares sino algo mayor, ya que deben sumarse (a) unos 1500 millones de dólares recientemente convertidos en nueva deuda (que futuras generaciones, aun no nacidas, deberán pagar, los que no son reportados por el BCU); y (b) la pérdida aun mayor (imposible de ser calculada, al presente) generada por la mega-devaluación (y subsiguiente crisis social) que esta situación inevitablemente crea.
Los mega-robos ‘invisibles’ de que habla Fleming no son perpetrados por una persona, sino por grupos (no necesariamente grandes en número, pero siempre incluyendo más de una persona), Tales grupos producen desinformación (propaganda falsa), a efectos de distraer o confundir a las víctimas. La falsa información siempre posee formatos ‘positivos’ o ‘deseables’ (‘estamos protegiendo el valor de nuestra moneda’, o ‘estamos frenando la inflación’) cuando, en realidad, el efecto realmente buscado es exactamente el opuesto.
¿Es posible determinar que el propósito de un proceso constante, lineal, y acelerado de pérdida de reservas monetarias es la mega-devaluación de la moneda nacional (la que inmediatamente genera pérdida del valor adquisitivo de los salarios y concentración de la riqueza)? Sin duda: se determina no por lo que vemos, sino por lo que no vemos. Cuando hay un sincero interés en proteger la economía nacional (y el salario del que vive más del 90% de la población), apenas se observa una pequeña caída de las reservas, inmediatamente se encienden todas las ‘luces rojas’ y se busca una solución. Las decenas de mega-devaluaciones experimentadas por Uruguay y Argentina, en más de medio siglo, indican claramente que, cuando comienza un proceso acelerado de pérdidas de reservas monetarias, éste debe ser detenido y revertido inmediatamente –o una gran crisis será inevitable.
Si hubiera honestidad, así como dudas respecto a la capacidad técnica de los recursos humanos disponibles para resolver la emergencia, inmediatamente se habrían invitado los mejores economistas del planeta, pidiendo su colaboración para solucionar el problema.
Nada de ello ha ocurrido. Tampoco ha sido respondida la pregunta obvia: ¿quiénes compraron, a precio de regalo, lo que mañana valdrá el triple? ¿O es que las demandas monetarias mayúsculas tampoco son monitoreadas? ¿Casualidad o…complicidad?
Cuando no hay ningún plan que busque resolver una crisis de larga duración (que ni siquiera es reconocida, pese a medio siglo de múltiples experiencias en las consecuencias generadas por una mega-devaluación), la presunción de intencionalidad queda establecida: la mega-devaluación no es prevenida –es promovida.
¿Por qué? Simplemente porque es mediante una mega-crisis cuando muy pocos ganan muchísimo, muy rápidamente.
Para generar una mega-ganancia, en beneficio de muy pocos, es necesaria una mega-crisis. Para generar una mega-crisis, es necesaria una devaluación. Para generar una mega-devaluación, es necesaria una abrupta pérdida de las reservas monetarias. Para generar un mega-robo y no ser culpado, es necesario inculpar a otro.
¿Cómo termina esta película? El epílogo es obvio: ‘la culpa la tuvo el Otro.’
Por ejemplo, ‘no tuvimos más remedio que devaluar, por culpa de la devaluación argentina’ o ‘por culpa de la caída de las exportaciones.’ Estas excusas son falsas porque (i) el colapso de las reservas del BCU ya lleva más de 4 meses (más de 4300 millones desaparecidos en ausencia de una devaluación argentina), y (ii) la caída de las exportaciones es nimia: las exportaciones sólo representan el 15-16% de la economía uruguaya y, en 2015, disminuyeron un 12% respecto a 2014; en tanto, las pérdidas ya superan el 52 % de las reservas.
¿Tendrá razón Ian Fleming? ¿Es más fácil robar a todos, en magnitudes estratosféricas, a plena luz del día, si primero se realiza una simple acción desinformativa –la que termina con una falsa explicación (‘la culpa la tuvo el Otro’)?