EL PAIS DE LA MENTIRA DESCONCERTANTE – de ANTE CILIGA
LENIN TAMBIÉN 2
Aquí Ciliga trata de dos cuestiones de importancia decisiva. En la primera nos revela el contenido programático de varias oposiciones importantes y particularmente los análisis sociales del porqué de la contrarrevolución.
En la segunda su propia ruptura, expuesta en forma breve y contundente, con el sacrosanto mundo del leninismo. ¡No tiene desperdicio!
Mientras el mundo entero solo conocía como “socialista” proveniente de Rusia la inmundicia de los materiales de los propios terroristas de Estado, las apologías a Stalin o a Trotsky, los materiales de los verdaderos revolucionarios eran escritos en los campos y nunca llegaron, ni llegarán (¿o se publicarán algún día los documentos internos a los campos de concentración en la URSS?) hasta nosotros. Como lejano homenaje a estos héroes (y materiales) anonimizados por la contrarrevolución, subrayemos el contenido de algunos de ellos mencionados por Ciliga. Los textos siguen tan desaparecidos como los propios compañeros que los escribieron y de algunos no tenemos los títulos sino solo los conceptos:
- Serge Tiyunov: ensayo dedicado a las diferencias históricas entre la organización burocrática y la socialista de la producción, crítica a las medidas militaristas adoptadas por Trotsky para organizar la economía en el periodo del comunismo de guerra.
-Jacques Kosman escribió un brillante estudio histórico sobre lo que se llamaba “la cuestión sindical” la forma en la que Lenin organizó la industria dejaba a ésta completamente en manos de la burocracia. El autor describía entonces como la burocracia se apropió de las fábricas y liquidó la revolución proletaria.
- Micha Shapiro, redactó una refutación en la que sostenía la postura tradicional de los decistas: las diferencias entre los diversos sistemas de organización de la producción no eran de principio, exponiendo que la “Oposición Obrera” no representaba los intereses del proletariado, sino los de la burocracia sindical. Es remarcable la tesis de que si se transfiriera la dirección de las empresas a los sindicatos, la única diferencia sería que las fábricas las dirigiría la burocracia sindical (1)
-Volodia Smirnov (deceista) sostuvo la tesis de que “Jamás hubo en Rusia revolución proletaria ni dictadura del proletariado y desarrollará la posición de que la burocracia y el capitalismo de Estado en Rusia corresponde a una necesidad general del capitalismo en el mundo y que en ese sentido se asimila el estalinismo se asimila al fascismo. Aunque sean muchas las divergencias que podamos tener con esta posición, no podemos dudar que en esos oscuros años de contrarrevolución generalizada había una clara consciencia de que Rusia evolucionaba hacia el mismo tipo de capitalismo que Italia, Estados Unidos, Turquía, Alemania…, lo que se confirmaría algo después en la barbarie generalizada del capitalismo de guerra y lo que se llama la “Segunda” Guerra Mundial.
¡La única vida política del proletariado revolucionario capaz de situarse en la trayectoria del derrotismo revolucionario, frente a todas las guerras imperialistas, estaba en los campos de concentración leninistas!
Ricardo
EXTRACTOS
LENIN TAMBIÉN 2
A medida que el Plan Quinquenal se iba completando, la cuestión de las formas organizativas, políticas y económicas, volvió a primer plano. Problemas que se creían resueltos hacía mucho tiempo por la historia volvieron inopinadamente sobre el tapete, con fuerza renovada. La supresión de la pequeña burguesía y del capitalismo privado llevaba a la constatación de que en la arena social ya no estaban más que la burocracia y el proletariado. Y ahora era en el terreno de las formas organizativas donde había que tratar de solucionar problemas tales como sus mutuas relaciones o “¿qué es el socialismo y cómo alcanzarlo?”. Las cuestiones técnicas organizativas se revelaron como cuestiones sociales. La lucha de las masas laboriosas contra la tiranía burocrática no era, pues, sino una lucha contra las formas organizativas que la burocracia había impuesto a la economía. Pero estas fórmulas no se las había inventado Stalin. Las había heredado de Lenin. La revolución rusa, a pesar de sus contradicciones y sus luchas intestinas, es un todo orgánico. Y a Lenin no se le podía dejar al margen. Entregado al estudio de estas nuevas cuestiones, el miasnikovista Tiyunov redactó un ensayo dedicado a las diferencias históricas entre la organización burocrática y la socialista de la producción. Su trabajo se basaba en la crítica a las medidas militaristas adoptadas por Trotsky para organizar la economía en el periodo del comunismo de guerra. El joven decista Jacques Kosman escribió un brillante estudio histórico sobre lo que se llamaba “la cuestión sindical”. Llegaba a esta conclusión: la forma en la que Lenin organizó la industria dejaba a ésta completamente en manos de la burocracia
Y la consecuencia directa de esto fue que cuando al proletariado le reconquistaron las fábricas éste perdió la revolución. Otro decista, Micha Shapiro, redactó una refutación en la que sostenía la postura tradicional de los decistas: las diferencias entre los diversos sistemas de organización de la producción no eran de principio. Según Shapiro, la “Oposición Obrera” no representaba los intereses del proletariado, sino los de la burocracia sindical. Y si la reivindicación de que se transfiriera la dirección de las empresas a los sindicatos fuera satisfecha, la única diferencia sería que las fábricas las dirigiría la burocracia sindical en lugar de la burocracia de partido. Para que el proletariado pudiera combatir a la burocracia necesitaba libertad: libertad organizativa, de prensa, de reunión. Pero esto llevaba a la tesis de la libertad de elegir partido, defendida por Miasnikov y condenada por Lenin, Trotsky y los decistas. Aún por aquella época la mayor parte de los decistas y casi todos los trotskistas seguían pensando que “la libertad de partido” sería “el fin de la revolución”. “La libertad de elección de partido es menchevismo”, proclamaban inapelablemente los trotskistas. “El proletariado es socialmente homogéneo, por eso sus intereses los representa un solo partido”, escribía el decista Davidov. “¿Por qué no conjugar la democracia interna en el partido con su dictadura externa?” se preguntaba la decista Niura Iankovskaia. “La Comuna de París sucumbió porque en ella había varios partidos, pero nosotros sólo tenemos uno. ¿Cómo es que entonces nuestra revolución también ha sucumbido?”, replicaba Dora Zak a Davidov.
El joven decista Volodia Smirnov incluso llegó a decir: “Jamás hubo en Rusia revolución proletaria ni dictadura del proletariado. Se trató simplemente de una ‘revolución popular’ por abajo y una dictadura burocrática por arriba. Lenin jamás fue un ideólogo del proletariado. Desde el principio hasta el fin fue un ideólogo de la intelligentsia.” Estas ideas de Smirnov se ligaban al concepto general de que, por varios caminos, el mundo se dirige hacia una nueva forma social: el capitalismo de Estado, con la burocracia como nueva clase dirigente. Situaba en un mismo plano a la Rusia soviética, la Turquía kemalista, la Italia fascista, la Alemania que marchaba hacia el hitlerismo y la Norteamérica de Hoover-Roosevelt. “El comunismo es un fascismo extremo, el fascismo es un comunismo moderado”, decía en su artículo “El Com-fascismo”. Este concepto dejaba un poco en segundo plano las fuerzas y la perspectiva del socialismo. La mayoría de la fracción decista, Davidov, Shapiro, etc., pensaba que la herejía del joven Smirnov se pasaba de la raya, y fue expulsado estrepitosamente del grupo.
* * *
Sabiendo lo importante que eran estos antiguos problemas para comprender los nuevos, así como para conocer bien las tareas futuras, me puse a estudiar seriamente. Los matices que existían a la hora de interpretar estas cuestiones en los medios de extrema izquierda predisponían a un examen crítico y a la autodeterminación.
Y al estudiarlos tras una experiencia revolucionaria viva, los abordé con un estado de ánimo evidentemente diferente al de los camaradas que hallaron en ellos motivos para la escisión hace diez años. Tenía detrás de mí quince años de historia de la revolución y podía juzgar el pasado con un espíritu más despierto y más firme.
Pero al someter a un análisis crítico “la época de Lenin”, entraba en el Sancta Sanctorum del comunismo y de mi propia ideología. Someter a crítica a Lenin, al jefe y profeta, coronado por la inmortal gloria de la revolución y aún más por la leyenda y la mistificación del mito post-revolucionario. Y a pesar del espíritu crítico del medio en el que vivía, entré de puntillas en ese santuario, pues me sentía culpable por escuchar una voz interior que me decía: “Para comprender la experiencia y las lecciones de la revolución no se puede retroceder ante nada, hay que mostrarse tan implacable como la propia revolución, que tampoco retrocede ante nada.”
Y cuanto más me adentraba en el santuario, día tras día, semana tras semana, mes tras mes, más se me planteaba esta cuestión fundamental: “¿A caso, por azar, tú también, Lenin?” “¿No habrá durado tu grandeza lo que duró la de las masas y la revolución?
Cuando la fuerza de las masas declinó, ¿no hizo otro tanto tu espíritu revolucionario, declinando incluso más? ¿Es posible que para conservar el poder hayas traicionado tú también los intereses sociales de las masas? ¿Fue tu decisión de conservar el poder lo que nos sedujo a nosotros, los ingenuos? ¿Preferiste la burocracia victoriosa a las masas vencidas? ¿Ayudaste a esta nueva burocracia a partir el espinazo a las masas soviéticas? ¿Es posible que aplastaras a esas masas cuando éstas no se acomodaron al nuevo orden de cosas?, ¿Que las difamaras y desnaturalizaras el sentido de sus legítimas aspiraciones? Lenin, Lenin, ¿qué cuenta más?, ¿tus méritos o tus crímenes?
“No hago mucho caso a los móviles que te inspiraron: más valía, pensabas, que los burócratas partieran el espinazo a las masas a que volvieran los viejos explotadores, los burgueses y los terratenientes. Es posible que los burócratas consideren que esto es importante; pero para las masas que agachan la cabeza no es mucho…”
“Tampoco hago mucho caso, Lenin, a los argumentos de tus abogados: subjetivamente tus intenciones eran las mejores del mundo. Pero fuiste tú, Lenin, quien nos enseñaste a no juzgar a las personas según sus intenciones subjetivas, sino por el significado objetivo de éstas, por los grupos sociales a los que favorece su actividad y a favor de los cuales se pronuncian las palabras. Además, tus propias justificaciones, tan prudentes, hay que decirlo, me demuestran que tú mismo aprobabas subjetivamente el régimen que ejecutabas objetivamente. Y lo que es peor: cuando la dictadura de la burocracia se afirmaba, difamaste conscientemente a las masas obreras (las pruebas están ahí) que se resistían a la burocracia triunfante. Aunque esta resistencia, por débil que fuera, por más aplastada que estuviera por la burocracia, fue el supremo testamento de la revolución. Y no surgirá una nueva revolución, real y socialmente liberadora para las capas inferiores, en Rusia y en el resto de mundo, más que partiendo del programa de la oposición obrera aniquilada. En esta reanudación, en esta continuidad de la historia humana, se formarán efectivamente las tendencias progresistas… (2)”
A. CILIGA
(1) Me parece decisivo subrayar la importancia programática de esa ruptura con el sindicalismo que refleja la ruptura decisiva del proletariado revolucionario con el sindicalismo, la misma que expresarán los proletarios del KAPD o de las Uniones obreras comunistas en Alemania, las de IWW y Regeneración en Estados Unidos y México y sobre todo las que se darán en el Rio de la Plata en la FORA comunista (Federación Obrera Regional Argentina) y el FORU (Federación Obrera Regional Uruguaya) que desarrollarán la importantísima tesis de que el sindicalismo es sinónimo de burocratismo y camaleonismo (oportunismo) y que, también gracias a su práctica internacionalista (rechazo total del patriotismo) influenciará a todo el movimiento revolucionario de América en sus mejores años.
(2) Esta positivización del progresismo es típica de la socialdemocracia: el verdadero progreso del capital se basó en realidad en encerrar los revolucionarios en los campos y en exterminarlos. Al mismo tiempo que se puede comprender que Ciliga quiere decir justamente lo opuesto a todo esto, muestra los límites mismos de Ciliga en su ruptura con el leninismo y la socialdemocracia que estamos obligados a ver más claramente en la nota siguiente (nota de Ricardo)