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EL CANTO DE CISNE DEL FOQUISMO

Bastaron dos períodos de ejercicio del gobierno –desde el triunfo electoral del 2004 a las elecciones nacionales últimas- para que el relato radical de la antigua ala “guerrillera” monopolizada por “los históricos” hicieran agua por todos lados.

Ahora, el nuevo libro de Jorge Zabalza – “La experiencia tupamara” 2015, 251 págs., sin pie editorial- le da a aquella interpretación “histórica” la estocada final.

Debe señalarse –desarrollaremos luego porqué- que el subtitulo del libro es:“Pensando en futuras insurgencias”

Empecemos por señalar que el autor del mismo, Jorge Zabalza, (Minas, 1943, apodado "el tambero”) no pertenece, específicamente, a la categoría de los “históricos” o “fundadores”. Pertenece a la “segunda línea” o más específicamente “la base militante primigenia” de aquellos. En la misma se integran varias “hermandades sanguíneas”: los Zabalza Waksman (tres hermanos), los De Lucia (dos hermanos), los Rivero Cedrés (dos hermanos), las Topolansky (dos hermanas), los Dubra Díaz (dos hermanos), los Basanta Romero (dos hermanos, el “Tono” y “el Tanqueta”) y los Martinez Platero (tres hermanos). Al lado de aquella “base” primigenia se adjuntaban varias personalidades sin hermandades: un Jorge Torres, un Dr. Naviliat (*), una Alicia Rey Morales y varios otros, un conjunto de personalidades particulares de perfiles fuertes, entre los cuales cabe incluir a un Leonel “negro” Vidal, Carlos Flores, Rivera Yic, un “pelado” Bassini Campiglia, un Falero “Beto” Montes de Oca, Alberto “el loco” Iglesias y, varias personalidades más, que ya sea por incidencias insignificantes, por vacilaciones o por “quebraduras” y/o traiciones abandonaron la empresa inicial o, quedaron reducidos a la categoría de “militantes ocasionales”, o colaboradores. Existía además “una periferia ligados a los primeros (los fundadores) o a la denominada “segunda línea”. Todos ellos los agrupamos en la categoría arbitraria (y posterior en el tiempo) de “referentes”. El ejemplo más interesante (y después, exitoso) de todos ellos es José “Pepe” Mujica, que nunca fue parte de la “dirección histórica”.

De esa “segunda línea” los testimonios son escasos, a veces epistolares, siendo su posible testimonio y el valor del mismo, eclipsado hasta el 2004, cuando dominaba el horizonte político la figura de un charlatán mentiroso e irresponsable, como lo fue el entonces proclamado “ideólogo”, EFH. Desde “la liberación” (jurídicamente una amnistía) de 1985 en adelante, éste antiguo miembro de la “dirección histórica” se autoproclamó -con alianzas circunstanciales- como “historiador, dirigente, ideólogo y estratega” un despliegue de megalomanía como pocas veces se ha visto en la historia de la izquierda uruguaya.

Lo hizo con tolerancias y aprobaciones varias (producto en general, todas, del terrible atraso político de la inmensa mayoría de la militancia), pero en su ejercicio (y consecuencias políticas) fue implacable: no toleraba que nadie lo contradijera y condenó al silencio obligatorio y disciplinario a muchos que “en la segunda línea” sabían que sus “historias” eran meras falsificaciones sin seriedad intelectual alguna. Jorge Torres el más importante intelectualmente de toda esta “segunda línea” por su producción (ver “La derrota en la mira” edit. Fin de Siglo, 402 págs., 2002 y, “Cuba y el Che, la ruta mágica” edit. Fin de Siglo, 207 págs., 2007) tuvo plena conciencia del problema y fue el hombre que señaló certeramente las incongruencias e “idas y venidas”, de éste verdadero fraude intelectual que es el actual ministro de Defensa, EFH.

El libro-testimonio, individual o colectivo, de esta “segunda línea” es absolutamente imprescindible, porque muchos de ellos aún viven y es de suma urgencia que sus testimonios sean recogidos. Arrojarían una luz reveladora sobre múltiples acontecimientos y episodios que han sido reiteradamente manipulados, falsificados y/o “manoseados” por la “historia oficial”.

De la “historia oficial” y sus corrientes bibliográficas hemos hecho un intento de reseña en algún artículo hace pocos años. Señalemos, en un intento de resumen forzado, que se divide en dos o tres grandes líneas: “la historia oficial” que continúa la tradición establecida por EFH, y que continúa su línea apologética y mistificadora (Rolando Sasso, Sergio Márquez Zacchino, Gustavo Guerrero Palermo y otros); la corriente de los militantes independientes (periodistas u historiadores) entre los cuales descuellan Samuel Blixen y Clara Aldrighi; la corriente de los investigadores independientes, no militantes, entre los cuales cabe señalar a Rodrigo Vescovi , Eduardo Rey Tristán y otros; y las corrientes de interpretación burguesa y crítica entre los cuales se cuentan Alfonso Lessa, Adolfo Garcé y varios otros, menores, pertenecientes al campo del periodismo y de variada y variopinta evolución posterior a los libros en los que trataron el tema tupamaros.

El testimonio de Jorge Zabalza –integrante destacado de esta “segunda línea- está precedida de varios acercamientos anteriores en forma escrita (mimeográfica) y de una biografía sobre Raul Sendic y, el último, “La experiencia tupamara”. Es valioso por varios y diferentes motivos.

En primer lugar por una larga vida dedicada a la tarea revolucionaria orgánica, vida que en consecuencia vivió -la mayor parte del tiempo-  en prisiones, con escasos momentos de libertad y actividad. Una revisión de su vida –militancia, actividades, prisiones, dos fugas, lo ilustra cabalmente hasta la liberación general del año 85. Durante esos periodos fue un representante típico del verticalismo, del aparatismo y del militarismo, con todas las consecuencia (y eventuales daños a terceros militantes, inclusive a la figura señera de Raul Sendic Antonaccio) que todo esto implicó. Continuó siéndolo desde 1985 hasta 1994, cuando comienza a perfilar sus serias discrepancias con la línea mayoritaria, “oficial” de la cual fue parte siempre.

Todo esto es parte de la “actividad negativa” de Jorge Zabalza, pero su vida no se agota solamente en esto. Es también el dirigente, que desde 1994 en adelante se opondrá con mayor tesón y consecuencia al “viraje” protagonizado a partir de 1994. Romperá claramente con sus antiguos cofrades “de la oficial” al mismo tiempo que paralelamente acompañará su actividad política con una reflexión política muy seria, sobre todo el pasado de la organización político-militar que fue el viejo MLN-Tupamaros. Es, posiblemente, entre “la segunda línea”, el individuo que más ha reflexionado sobre las consecuencias prácticas del verticalismo, el militarismo y el aparatismo, sin lograr –a pesar de todas esas reflexiones críticas- superarlo.

 Lo superaba, de “la boca para afuera”, lo reconocía públicamente en círculos militantes donde realizaba su actividad, para volver a reincidir, en la práctica, con el mismo aparatismo y sus vicios que parecía comprender y entender como pocos dirigentes. Desde ese punto de vista puede señalarse, sin exageración, que nunca rompió con el cordón umbilical al cual está atado como un forzado. En esa ambivalencia han transcurrido todos los años de su vida hasta el presente.

No es del caso, ahora, examinar esta ambivalencia psicológica del personaje, pero debe señalársele como un rasgo particular y propio que, además, lo honra. Fue por esa actitud rebelde, contestataria, que Zabalza se convirtió en un referente para muchos militantes, que por muchos motivos diferentes, habían llegado también a posiciones críticas, pero que solos no podían avanzar, ni aún sostener sus posiciones más allá de pequeños círculos de la amistad y de la confianza militante. Zabalza, desde este punto de vista, se convertía en un “referente nuevo” de la protesta. No solo para la vieja militancia, lo era también para las nuevas generaciones que crecieron y llegaron a la vida política activa durante los denominados “años de plomo”.

Una pequeña extensión aclaratoria es pertinente. Cambiar el punto de vista, en un medio político asfixiante, como lo es el uruguayo, no es un proceso lineal, puro y transparente. Los pensadores políticos, imbuidos en la acción permanente, (el caso de Zabalza) no están en torre alguna “de marfil”, ni piensan en el gabinete, rodeado de papeles y libros. Piensan y reflexionan en medio de contactos sociales, actividades prácticas de militancia, con el peso de todos los viejos vínculos, con la carga subjetiva que esto implica. Y que pesa como un lastre que dificulta todo. Mucho más sencillo lo tienen “todos los veletas” militantes que hemos conocido, que como tienen bisagras en la columna vertebral, van de una posición a otra sin ruborizarse, siguiendo –en la mayor parte de los casos- sus conveniencias personales, que en general son económicas, de pesos, carguitos y otros “rebusques” y verdaderos “curros”.

 Jorge Zabalza, en ese contexto del “viejo aparato” es, en parte, excepcional. Baste consignar, para resaltar lo que queremos señalar, las “metamorfosis” de todos los “dirigentes fundacionales” o “históricos”, el caso de EFH, el caso “del picapedrero” Marenales, el caso de Lucía Topolansky “la Tronca”, el caso del payaso José “Pepe” Mujica y varios otros “pro-hombres” más, que-en materia de volteretas- más se parecen a los acróbatas del circo, que a cualquier otra cosa.

Y les ahorramos, a los sufridos lectores, todos los “epígonos” que de cualquier manera cabe consignar para referencia: el “bicho” Bonomi, su cónyuge, ahora devenida en matrona y diputada, “el flaco” Agazzi, “el ratón” Rosadilla, cierto viejo compañero de celda (en el Penal de Punta Rieles) con cartel de dramaturgo y escritor  y, tantos, tantos otros, de ambos sexos.

Hay que agregar algo más, para redondear el tema. El cambio de posición personal, particular, se ve además obstruido por otro factor importante: pensar y cambiar en medio de actividades conlleva otro riesgo, las deformaciones momentáneas que imponen las circunstancias. Es como meterse en “un tubo flexible” donde se ejercen presión por los lados y, el producto final “que sale”, está sometido a esas presiones múltiples. No es “libre” sino que esta “deformado”, cargado de impurezas, es producto de las circunstancias, del medio, de las diferentes presiones, convenciones, modos de pensar y “condiciones” que fija el debate. Zabalza en algún artículo ha pretendido eludir el tema señalando que “fue un hombre político” como perífrasis y síntesis aclaratoria, a más de una posición contradictoria de su pasado reciente.

Los que analizamos –y criticamos- esos “frutos” debemos tener la honestidad intelectual de no olvidarlos. Aquí no se trata “de dar leña” y de cualquier manera, se trata –antes que nada- de comprender. Lo señalamos, porque “el rollo es largo”.

Hay finalmente, algo más. La presentación del libro se hizo el 22 de diciembre del año que acaba de terminar. En el evento, Jorge Zabalza, leyó, expresamente, su parte de la intervención lo cual coloca al reseñador y crítico ante un nuevo problema: Por un lado está el libro, por otro aquella síntesis escrita. Se aparta –en mucho- de los intentos de presentación de sus dos prologuistas: Samuel Blixen y Néstor Cohan, argentino, y es una pieza por demás interesante para los iniciados. En esa pieza escrita Jorge Zabalza quiso señalar su gratitud intelectual con Jorge Torres, Andrés Cultelli y Clara Aldrighi así como otros.

Es por eso que hemos señalado expresamente en esta nota las dos obras últimas de Jorge Torres tanto el libro del 2002, como el del 2007. Como todos saben, tanto Jorge Torres como Cultelli, son antiguos militantes que están en la lista negra, en el “índex” por así decirlo de la literatura “oficial” del aparato, en sus dos polos, tanto lo que queda del MLN que hasta hace poco dirigía “marmolito" Marenales, como el actual EME-Pepismo. Clara Aldrighi ni, aunque asestó en sus obras –particularmente haciendo hablar a la militancia- un golpe mortal a las veleidades de EFH de ser el “único” historiador de la vieja epopeya y de paso apuntarse algún “porotito” más en su lista de méritos (táctico genial, estratega insigne, pensador original y otras pretensiones no menos descabelladas). Cuando “habló la militancia” no meramente “las vacas sagradas” todo el basamento y más de un ladrillo fundamental de la pretensión se fue al carajo.

Y por esas grietas empezó a asomar el pensamiento crítico que hasta ese momento había estado bajo siete candados (inclusive los “disciplinarios”), porque en aquellos momentos EFH, la jugaba “del Pepe Stalin” y después cuando perdió en “la interna”, la jugó de refractario, casi de “ trotskista” armando “su fracción”, el CAP-“libertario”, que duró electoralmente hablando lo que dura un lirio, como todas las “empresas” de este verdadero “fundidor” de quimeras e insigne “pianta votos”.

Zabalza agradeció esos aportes como una ayuda invalorable a su nueva obra, y sin embargo, o los leyó parcialmente, o francamente, los leyó mal. Particularmente a Jorge Torres (“alfil” que era su pseudónimo en “la interna”). Porque Jorge Torres que junto con el Dr. Mario Naviliat fueron a discutir con el “enviado cubano” que entonces fue el inefable intelectual francés Regis Debray, en el proyecto “oficial y cubano” del foco en Bolivia, que se llevó la vida del Che, EFH, se autoexcluyó del intercambio, simplemente porque al ahora “ideólogo” no “le daba la nafta” para meterse en ese tipo de debates. Para eso había que tener nivel ideológico y lecturas variadas y múltiples y el “ideólogo” estaba, todavía, en la etapa de “andar juntando elementitos” de las conversaciones y exposiciones de otros. Gorrión voraz –lo fue siempre- de las migajas de otros.

Jorge Torres, después de aquella velada –en el viejo departamento de la calle Rivera, de Violeta Setelich, aguantadero provisional de Raul Sendic Antonaccio, frente al banco donde cayeron los “peludos” Vique, Santana y Castillo- escribió su librito “Cuba y el Che” con el subtítulo de “la ruta mágica” del 2007. El opúsculo más demoledor que concebirse pueda, a todos los jueguitos de la dirección cubana y su máxima exponente: Fidel Castro. Fueron aquellas páginas –que más de un “guevarista” juvenil de ahora y muchos que pintan canas con sus viejos amores- deberían leer con provecho.

Más de 13 “focos” revolucionarios, en diferentes países, todos, sin excepción fracasados, hasta el final de la triste teoría, que fue la aventura boliviana. 13 o más, para después de ésta última, constatar que “algo andaba mal” en la supuesta teoría “del foco”. Cuestión que más de un “guevarista” de ahora (entre ellos el intelectual  Néstor Cohan,-1967-) silencian, a pesar de que puede acceder a la excelente crítica argentina a la misma que significó la teoría y la acción del ERP argentino y su principal exponente teórico “el  Roby” Santucho.

Jorge Torres, quería señalar que levantar unilateralmente la figura del “guerrillero heroico” era una excelente tapadera para no publicar los informes de la guerrilla con “Manila” y, tantos otros diarios de los participantes que se guardaban siempre en una misma mochila al llegar la noche, no fuera que sus contenidos cayeran en manos enemigas por una sorpresa enemiga que proporcionara motivo para una apresurada fuga. Todo eso nos está debiendo “la dirección cubana” que después censuró las obras “completas” del Che, persiguió a ciertos militantes destacados como Benigno, y hasta el día de hoy, la jugadita les ha salida redonda, convocando a martirologios innecesarios, de hombres y mujeres jóvenes y valiosos, una sangría absolutamente innecesaria y, en algunos aspectos francamente criminal de ciertos círculos políticos de la burocracia política cubana y de su misma inteligencia.

Con estos señalamientos previos, creemos que muy necesarios, estamos ahora en condiciones de introducirnos en el examen mismo del libro último de Jorge Zabalza, y ya hemos adelantado que “el rollo es largo”.

c.e.r.

*NdeR: Sobre el Tordo  “el loco” NAVILIAT  y Precisiones sobre el Tiro Suizo

En el libro “Historia de una pasión política”,ARIEL COLLAZO - ex legislador en la página 61, explica sobre el rol del mencionado  Mario en el Coordinador y sobre la acción del Tiro Suizo; el asalto al Tiro Suizo, el 1º de agosto de 1963, que el que organizó esa acción fue el doctor Mario Naviliat Odriozola, médico traumatólogo alumno del doctor Bado, que ya en 1945 participó desde la FEUU en la lucha contra el Servicio Militar, cuando se logró que no fuera obligatorio ser voluntario. Y agrega “Mario era también de Nueva Helvecia, primo de mi madre, y su padre Alfredo era en ese tiempo presidente del Tiro Suizo”

En 1963, en nuestro Estudio Jurídico de la Plaza Zabala, se reunía un Comité Coordinador de varios grupos de izquierda, que discutía sobre la lucha armada y sobre Cuba, hasta que un día, cansado de las discusiones, Mario llegó a la reunión y dijo: “Vamos a dejarnos de joder, que aquí ya se ha hablado demasiado, así que les traigo el siguiente plan”. Mario contaba que no precisaban llaves para entrar, porque él sabía que con una ligera patada la puerta se abría. El inconveniente fue que desde la guerra mundial, como en Colonia Suiza había simpatizantes nazis, los cerrojos de los máuseres se llevaban a la comisaría, pero después se admitió que en fechas especiales como el 1º de agosto, que es la fecha de Suiza, se devolvieran los cerrojos, y por eso el asalto fue el 31 de julio.

Pero como no se podía encender la luz, se creyó que no los habían traído, y estaban en un rincón. Mario me decía que no todos fueron para Paysandú, y él se llevó algunos y con un herrero les volvió a poner cerrojos. Y estos, decía, no cayeron en manos de la Policía. Desde 1963, vaya a saber dónde habrán ido a dar, después