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El Mensaje Está En El Contenido

"Y al llegar el final, tendrán su premio, nadie los nombrará, serán lo 'anónimo', pero ninguna tumba guardará su canto". Atahualpa Yupanqui

A José Luis (Pepe) Ruival, le da por 'los huevos' las personas que no firman con nombre y apellido los artículos que escriben. Agrega que los anónimos o seudónimos le quitan valor a lo escrito y supone una falta de valor de quien lo escribe

Respeto todas las opiniones, pero no tolero que con nombre, anónimo o seudónimo alguien me trate de cobarde o lo que pueda decir o no tenga valor.

Tú das tu nombre, es realmente el tuyo?, quién me lo garantiza?, puede que en realidad te llames Juan Pérez, puede que no seas hombre, puede seas mujer. Por lo demás no me interesa tu nombre sino lo que dices.

Yo, firmo con Pelusa, es que siempre lo fui , soy y me siento más cómoda y más real

Qué es lo que tú pretendes al pedir el nombre, buscar por internet algo más de mi persona (o de las personas a quienes te refieres), o pretendes buscar por filiación política, partidos, movimientos, etc. algo que satisfaga y avalué la confianza y credibilidad de quienes escribimos?. O piensas consultar al Ñato para garantizar que no somos agentes de la CIA?

No creo haber leído en La Posta, agravios, insultos o injurias personales desde el anonimato ni seudónimos, ni creo que se publicarían. Eso sí no es tolerable.

Si te da por los huevos, problema tuyo. Pero José Luis, a lo largo de mi vida muchas veces tuve ovarios para defender lo que pienso y mi actuar en política y en la vida.

No sé si tuviste los huevos para en difíciles circunstancias defender lo que piensas, tus derechos y los de la sociedad.

Por propia experiencia espero que en tu vida no lo hayas necesitado ni lo necesites, no es una experiencia heroica. Pero hay que tener cojones y ovarios.

Lo que sigue es una forma de ejemplos de muchos que por diferentes razones han optado por los seudónimos, y no por ello menos valorables, y dependiendo los temas menos creíbles.

José Luis, hasta el día de hoy existen prejuicios en la famosa izquierda cuando escribe o actúa una mujer se le valora menos, no se encumbran sus hechos o palabras

Un caso muy actual es el de Berta Cáceres la líder indígena hondureña, defensora del medio ambiente asesinada vilmente. Si hubiese sido hombre, hubiera resonado mucho más. Pero su lucha y asesinato, para la izquierda no vale lo mismo. Mujer y no confiable, para aquellos que tienen sus huevos colgando en algún lugar.

Como ves José Luis, no depende del anonimato para creer o no creer. Ni tú ni yo estamos a la altura de personas como Berta, que se las han jugado hasta la muerte, incluso arriesgando la vida de su propia familia.

Por último no existe el anonimato en los tiempos que corren, con la tecnología te rastrean si les interesa. Si pones en duda lo que los no firmantes escriben siempre podrás pedir ayuda a El Guardián frenteamplista. Ellos velan por la seguridad. O bien puedes leer a José Pepe Mujica que firma y reafirma todas las boludeces, engaños que dice o escribe.

Lo importante es lo que se dice o se quiere ocultar, el 'envase' (en este caso el nombre), no es lo fundamental.

Son muchos los autores que han publicado bajo seudónimos, de George Orwell a Mark TWAIN, y algunos grandes escritores, famosos por su nombre de nacimiento, que escribieron algún libro con seudónimo por la razón que fuera, política, personal, promocional...

Stephen King - Richard Backman.

Francois Marie Aruet - Voltaire.

Samuel Langhorne Clemens- Mark Twain.

Eric Blair - George Orwell.

Muchas mujeres utilizaban seudónimos como forma de escapar los prejuicios en la sociedad y editoriales como es el caso de las hermanas Bronte.

Las talentosas hermanas comenzaron sus creaciones bajo el seudónimo de los hermanos Bell en 1845 cuando decidieron publicar un libro de poesías con el título de Poemas por Currer, Ellis y Acton Bell.

Siempre se ha pensado en los seudónimos como medio para escapar de la censura, como forma de ser más libres a la hora de escribir y huir del ojo de la crítica, o como herramienta para que una mujer pudiera escapar de las limitaciones de la sociedad... Pero existen otras razones, por ejemplo el no querer saturar el mercado con libros escritos bajo un mismo nombre por miedo a que el público no lo pudiera similar. Este es el caso de Stephen King, que en los años 70 y bajo indicación de su editor decidió publicar seis novelas bajo el nombre de Richard Backman

Cuestión de credibilidad

A García Márquez le endilgaron el más célebre y el más altisonante de los tres poemas apócrifos. En Internet y en redes sociales podemos encontrar con el que Gabo se despedía de sus amigos tras enterarse de que estaba enfermo de cáncer,

"Si por un instante Dios se olvidara que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen sino porque lo que significan. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz", etc.

Al principio García Márquez intentó ignorar el asunto, diciendo que el texto era tan malo que no valía la pena desmentirlo, pero al constatar que por Internet crecía la bola de nieve y se empezaba a colar en la prensa, emisoras de radio, televisión, desde Los Ángeles, donde se encontraba escribiendo sus memorias, emitió un comunicado en el que explicaba que todavía no se estaba muriendo y que 'lo que me puede matar es que alguien crea que escribí una cosa tan cursi. Esto es lo único que me preocupa'

El autor, Johnny Welch, un ventrículo mexicano, se sintió "profundamente dolido", con la alusión peyorativa de Gabo. Al fin de cuentas, él no tenía la culpa de nada: no había pretendido plagiar a nadie y mucho menos a un Premio Nobel de Literatura. Tan solo había escrito esas palabras para su muñeco de Trapo Don Mofles, estrella del espectáculo cómico por aquel entonces en México. Qué culpa tenía él de que le hubieran atribuido su texto al más célebre de los escritores vivos y que tanta gente se lo creyera?

Aquí se entrelazan la credibilidad de aquellos que dieron por ciertas las frases adjudicadas a García Márquez y la vanidad del Premio Nobel de Literatura.

Hasta los más grandes se pueden equivocar.

Pelusa la auténtica, real. La otra, que nació bajo un nombre y apellido circunstancial, la sigue no tiene otra