"todo debe esperarse de la energía de los orientales y de su denuedo por el sostén de la libertad"
"Con esta propuesta sólo pretendemos abrir un debate, que nuestro pueblo oriental se debe y que siempre se le ha negado, porque los cambios profundos, radicales sólo pueden surgir de un pueblo cívicamente consciente de sus derechos y obligaciones"
JUSTICIA EN DEMOCRACIA
Como legos en materia de justicia, parecería un atrevimiento hablar de ella; pero como ciudadano estoy habilitado a hacerlo. El propio estado de democracia me habilita, amén de los hechos a diario podemos observar y preguntarnos por qué esto sí y esto otro no, porque unos tienen más privilegios que otros, porque si usted roba una gallina va preso y otros que roban millones no van, entre otras, preguntas éstas que el común de nuestra gente se hace en la calle. Pero dejemos las preguntas, que si bien importan, vayamos al hueso para saber dónde está el problema del porqué una cosa y porqué de la otra.
José Enrique Rodríguez Torres, jurista y presidente de la Asociación de Jueces para la Democracia, señala que el Poder Judicial “en los países latinoamericanos presenta vestigios de las dictaduras militares”, y que nuestros gobiernos democráticos no lograron aúnsuperar, y “mientras no se produzca una democratización plena del Poder Judicial, no será posible que exista una verdadera democratización social” (1)
A estas afirmaciones súmele lo que dice el doctor en derecho y maestro en ciencias penales, Rubens Casara “en el imaginario de nuestra sociedad el Poder Judicial ocupa un lugar de relieve, aunque también ambiguo” (2)
Por un lado se deposita en él una expectativa, capaz de hacer bien las cosas como guardianes de la democracia y de los derechos y por otro lado se ve inmediatamente frustrada debido al fracaso de la justicia.
El poder Judicial como verdadero servicio público, y los jueces como servidores públicos, tienen que romper definitivamente con los paradigmas tradicionales de la justicia y entregarse a la defensa de los derechos humanos para que también los excluidos y oprimidos del poder económico y político puedan confiar en la justicia.
Como dice nuestro desaparecido jurista Sarthou: “si bien los jueces actúan con independencia, el régimen de designación conspira contra esa base esencial de la imparcialidad y objetividad en el funcionamiento del Poder Judicial. Los miembros de la Suprema Corte, que deberían ser un colectivo, son designados por un órgano político, como lo es la Asamblea General…Debería por lo tanto suprimirse la intervención de los órganos políticos en la designación o venia y ascenso. El Poder Judicial tiene que tener autonomía” (3); es decir es necesario que se asegure la independencia de los jueces del poder político, para que de esa manera se le puedan asegurar garantías, no ya a los jueces, sino al pueblo soberano y para que haya una independencia efectiva y real se necesita que exista un control social.
Muchos son los ejemplos que nos golpean, como caso PLUNA, Montes del Plata, la Hidrovía para no remontarnos mucho tiempo atrás, lo que pasó con los Casinos, actualmente con ANCAP, la Regasificadora, el Puerto de aguas profundas y Aratirí…
En este proceso de consolidación del estado constitucional de derecho, el órgano judicial debe y tiene que cumplir un papel de vital importancia, pues asume la responsabilidad de consolidar y fortalecer el estado constitucional de derecho y el régimen democrático racionalizando el ejercicio del poder político y no éste al poder de la justicia.
Ahora bien, no es posible un cambio de esta realidad sin una toma de conciencia en los movimientos sociales de dicha necesidad y se esmeren en conseguirlo, para no dejar el poder político sólo en manos de nuestra élite política.
Este cambio implica la propia reconfiguración del estado, y para ello, como propone el colectivo de Punto a Punto, no es posible sin el cambio de nuestra Constitución burguesa
Para terminar nos hacemos eco de las palabras de Fernando Pessoa: “hay un tiempo para abandonar las ropas usadas que conservan la forma de nuestro cuerpo y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares. Es tiempo de travesía, y si no osamos emprenderla quedaremos para siempre al margen de nosotros mismos” (4), dicho de otra manera esto sólo puede lograrse con una efectiva participación ciudadana.
1, 2 y 4) Ver Justicia y Democracia en Nueva América. La Revista de la Patria Grande, n.133, enero-marzo 2012 y
3) texto extraído de un documento de Sarthou