Estimado José López Mercao:
Creo recordar que caíste en los pagos de Treinta y Tres, un poco antes que yo, aunque no tuve el gusto de conocerte. Pero ahora, primero leyendo un artículo tuyo en VOCES y al poco rato, vía correo electrónico, ese CHAMUYO CON EL FUTBOL QUE SIEMPRE VA CONMIGO, he tenido el gustazo de leerte.
Yo no era tan futbolero, pero mis buenos partidos jugué en el Penal, y hasta recuerdo que una vez hice un gol (aprovechando un momento en que el arquero no se encontraba en su lugar). Por supuesto, era un partido entre Roperos versus Troncos, en Barracas, y no recuerdo muy bien en que categoría me habían incluido. Creo que tenía méritos suficientes para funcionar en cualquiera de las dos.
Como en los lugares por los que transité en el Penal la cosa no estaba tan apretada como en el segundo piso, nunca se dio una disputa futbolística (que yo supiera, al menos) entre onanistas y abstencionistas y si se hubiera planteado la cuestión, no estoy muy seguro de que no hubiera faltado a la verdad jugando en el cuadro de los abstencionistas (ya que hacerse la del mono estaba rigurosamente considerado como poco revolucionario y más bien se lo veía como una tara burguesa sumamente vergonzante).
Dicho sea de paso, creo que el pecado de Onán no fue, justamente, ése. Mire si Jehová se iba a andar fijando en esos pecadillos. El problema de Onán es que, por la ley hebrea, tenía que casarse con su cuñada al fallecer su marido. Y como Onán no quería engendrar hijos en la viuda de su hermano, derramó su simiente en la tierra. O sea, que incurrió en lo que se conoce como coitus interruptus. Es decir, algo que viene a quedar entre la paja y el trigo, y que no es ni una cosa ni otra.
Pero lo que te quería decir es que tus relatos carcelario-futbolísticos me parecieron excelentes.
Un saludo cordial
(NdR: el titulo del relato de José se llama -A Propósito de "Mundialito"-, nosotros al envío le pusimos eso de Chamuyos... gracias compa Bolívar, por tu aporte)