Cuando Postaportenia aceptó mi participación, dije que estaba dispuesto a polemizar con todos, que para eso vine a Uruguay. A esta altura del partido, creo que está demostrado que no vine formando parte de ninguna operación de los Servicios ni formando parte de una maquinación de la derecha política y mediática y si he cumplido el rol mediático, sensacionalista y bombástico, no se debe a la intención de quienes me trajeron, sino a la enorme manipulación producida desde el gobierno, utilizando a un reducido sector del poder judicial y a su prensa afín.
Quiero dejar claro una vez más que vine porque quise venir, a presentar un libro que desmiente la historia oficial y que llama a las cosas, a los hechos y los personajes que las protagonizaron por su nombre y apellido, sin eufemismos de ninguna clase.
¿Qué he sido un incauto por creer en la Justicia y el Estado de derecho? En parte sí, porque estoy pagando las consecuencias de un procesamiento con el final anunciado, pero estoy convencido de que será la misma Justicia que hará prevalecer el Estado de Derecho, una vez que el tribunal de apelaciones estudie mi expediente que, sospechosamente, el juzgado que tardó 38 días en procesarme ha tardado seis meses en fotocopiarlo y otros dos para enviar una parte del expediente que el tribunal le solicitó.
Pero pienso que más incautos han sido quienes creyeron que con una denuncia falsa, unos testigos también falsos, de esos que se presentaron a declarar de “manera voluntaria”, con los “testimonios” de ocho ex compañeros de los que solo dos aceptaron carearse conmigo y la declaración de dos ex militares acusados por torturas, uno con Alzheimer y el otro buscando mejorar su situación penal, me iban a poder acusar de participar en las torturas.
Como de frutilla pa’la torta, la señora fiscal le indicó a uno de mis acusadores que tenía que cambiar su respuesta porque la que daba era imposible de creer. Vamos, que no se la creía ni ella, tan dispuesta a creerse todo lo que se dijera y a Píriz Budes nunca fueron a verlo ni le preguntaron si ya estaba mejor y se podía dar una vuelta por el juzgado, para ver si algunas cosas que se dicen acerca de él son ciertas y por qué el MLN nunca se las reclamó.
Con esto creo que se entienda que estoy dispuesto a discutir de todo y con todos, que para eso estamos, para encontrar la verdad, esa que algunos llevan décadas buscando, de boquilla, mientras van acomodando el cuerpo –y el alma- para que los palos, en lo posible, lo alcancen de refilón. Estoy hablando de Zabalza, que ahora descubre que el Ñato es un megalómano y que el Pepe es un mentiroso y un fullero, pero no dice nada de la parte que al Bebe le corresponde en la debacle y a él mismo, que como todos saben y callan, hizo de comparsa para que el “viejo Vizcacha” y el del “fifty fifty” no les faltara el sustento y así alcanzar los altos designios que la historia les tenía reservados.
El tono que empleo es polémico, porque creo que de nada sirve bajar el tono, máxime cuando lo que estoy defendiendo es, como bien decís, una causa justa. Una causa justa que me implica a mí, pero no solo a mí. Implica a tantos que fueron engañados y enviados al matadero por quienes se apropiaron del MLN, conscientemente, porque nada les importó la vida de los compañeros, para demostrar que “sus planes eran los correctos”, como le dijo el Ñato a Clara Aldrighi, para después mentir y decir que ”yo no fui”.
Lo que me asombra es que quienes vivieron y sufrieron aquellos años, que saben que lo que digo es una verdad de cabo a rabo, porque ellos mismos lo han reconocido así –Aníbal de Lucía (Domingo) en Memorias de insurgencia y a Haberkorn en Historias Tupamaras- me nieguen el derecho que tengo a decir la verdad tal como yo la conozco. Porque la “historia oficial” empezó hace 45 años, y fue posible por la complicidad de la mayoría. Mayoría de propios y ajenos, porque en ella participaron Wilson y Jorge Batlle.
Pasó hace muchos años, pero la mentira sigue. Y sigue no solo por la mentira consciente de algunos que hoy son referentes de la “marca Uruguay”, no solo porque haya historiadores, comentadores y memorialistas que les hagan eco, sino por el silencio cómplice de quienes callan sabiendo la verdad.
A mí no me importa si el Eleuterio, el Pepe, Lucía, Marenales, Rosencof, Zabalza y ainda mais van en cana o no. Lo que me interesa es que podamos bajarlos del pedestal en que se han subido, escalando sobre los muertos, a los que respeto hoy como los respeté hace 50 años, y que dejen de contar mentiras y dejen de pontificar sobre lo pasado, el presente y el futuro.
Yo no te reprocho que les escribas necrológicas a tus muertos, que son un poco los muertos de todos los que una vez creímos que era posible cambiar el mundo. Mi reproche va dirigido a todos los que conociendo la historia verdadera, callan, dejando que sea solo yo el que me bata el parche.
Quizás haya sido injusto y te haya exigido demasiado, pero me pareció necesario darte un toque de atención y a través tuyo, al resto de los que saben que lo que digo es cierto.
Entiendo tu situación, aunque no la comparta ciento por ciento. Espero que comprendas la mía. Pero de aquellos polvos vienen estos lodos. Y hace unos años el lodo llegaba a los tobillos, y alcanzaba con limpiarse los zapatos. Pero hoy llega a las rodillas, y como la crisis, subiendo.