Envíopostaporteñ@ 1624

Precisiones Necesarias

Desde que fuera concebido como tal el 8 de enero de 1967, el MLN fue un proyecto colectivo, pero cuyas raíces se remontan al antiguo Coordinador de 1962. Durante esos cinco años, signados por marchas y contramarchas, adelantos y retrocesos a la búsqueda de su propia identidad, el heterogéneo grupo de hombres y mujeres que nos nucleamos alrededor de UTAA y su mentor político Raúl Sendic, resolvimos, de común acuerdo, dejar de lado nuestras banderías políticas que nos separaban en vez de unirnos y trabajar juntos por lo que teníamos en común: hacer la revolución en el Uruguay por el único camino que se presentaba ante nosotros: la lucha armada.

No es este el momento ni es mi intención analizar lo acertado o no de aquella decisión. La voluntad de trabajar por un proyecto colectivo permitió superar las distintas crisis que por imprevisión, inexperiencia e incluso desidia organizativa, se fueron planteando en diferentes etapas: 22 de diciembre de 1966, la crisis provocada por la detención de José Luis Nell Tacci en julio de 1967, la provocada por las renuncias de Raúl Sendic como miembro del Ejecutivo y de Alicia Rey de sus responsabilidades en setiembre de 1968, la detención de Marenales y la pérdida de Marquetalia en octubre de ese mismo año, las pérdidas humanas y de infraestructura sufridas tras la acción de Pando, hasta llegar al descalabro total tras la caída de Almería y sus consecuencias, como son la muerte de Mitrione y el plan Cacao.

Seis grandes crisis en cuatro años. De todas ellas, el MLN, su estructura, su aparato, la Orga, como la llamábamos con cierto retintín de orgullo, salió fortalecida y creció, lo que nos llevó a pensar que éramos indestructibles.

No fuimos conscientes de que el desarrollo era tremendamente irregular, que el funcionamiento de los organismos intermedios dependía de la capacidad organizativa del miembro del Ejecutivo que estaba al cargo y que incluso dentro del propio comité Ejecutivo la falta de control entre sus miembros y la disparidad de criterios en lo organizativo fueran la causa y la razón de las discrepancias que se pondrán de manifiesto de forma clara tras El Abuso, pero que de forma larvada se venían manifestando tras la caída de Almería y la necesidad de la “dirección compartida” entre setiembre y diciembre de 1970.

Desde los inicios de 1971, la novel dirección posterior a Almería decidió romper la dependencia que hasta esos momentos mantenía con Punta Carretas, lo que llevó a una división que pasó inadvertida: Montevideo por un lado y el interior por otro.

Considerando que a partir de esa fecha la columna 15 pasó a monopolizar el accionar del MLN puede decirse que la división fue vista como el enfrentamiento entre la columna 15 y el interior. Máxime si se tiene en cuenta que tres de los cuatro miembros del Ejecutivo, Wassen, Engler y Marrero provenían de la 15.

Esta división quedó patente tras la detención de Wassen en julio de 1971 y la inminencia de la concreción de la fuga. La puntilla la puso el informe Wassen, una larga semana de discusiones en que los militantes del interior y algunos incondicionales de Fernández Huidobro pretendieron demostrar que la etapa de la propaganda armada había llegado a su fin y que era necesario elevar el nivel de los enfrentamientos, para lo que había que desarrollar el segundo frente en el interior mediante el plan Tatú y llevar adelante el plan del 72 para concluir con el plan Hipopótamo y rendir Montevideo.

Lo encontrado de las posiciones llevó al acuerdo de volver a discutir dichos planes y la formación de la nueva dirección tras la fuga. Realizada esta, Fernández Huidobro y Sendic manifestaron su deseo de ser enviados a grupos de base, para conocer la nueva organización y su realidad.

Por las propias declaraciones de Fernández Huidobro sabemos que en realidad fueron a la base para intentar demostrar que los planes por ellos elaborados eran los correctos y para intentar recuperar el “prestigio perdido”. Ver Memorias de insurgencia,páginas 76-80.

El trabajo de acoso sobre la dirección orquestado desde el Collar –Fernández Huidobro- y el interior –Sendic- apoyados por el trabajo de “convencimiento” sobre la mayoría de los fugados fue dejando huérfano de apoyos al ejecutivo, quien dando muestras de su debilidad transó con las acciones de Soca y los ataques a las comisarías. Simultáneamente, Sendic declara la guerra a los ricos, poniendo en marcha el segundo frente.

A partir de ese momento, no habrá marcha atrás. El 16 de marzo de 1972 se consuma el dislate organizativo que termina de romper la organización, el aparato tan denostado, sin el cual nada puede ser posible.  Y lo que es peor, como quien no quiere la cosa, se pone en marcha el plan Hipólito, otro dislate del que nadie ha querido hacerse responsable.

La tortura, la pérdida de los valores organizativos y el coladero que significó el reclutamiento a través de la columna 70, unidos al obcecamiento de quienes se negaron a oír las voces de quienes entonces aconsejamos el repliegue, hicieron el resto.

Producida la debacle se hizo necesario encontrar responsables. Así, en medio de una tregua para discutir la rendición incondicional asumida como derrota a los seis meses de declarada la guerra a los ricos y luego del reconocimiento de Wassen de haber sido él el entregador de la cárcel del pueblo, Sendic, Marenales y Fernández Huidobro acordaron mantener la acusación contra Amodio y la condena a muerte consiguiente.

Para lograrlo, fue necesario el apoyo de quienes eran, en teoría, enemigos del MLN, como Jorge Batlle y Wilson Ferreira Aldunate, quienes no vacilaron en sumarse al coro de mis acusadores, al tiempo que se fraguaba la falsificación de mi manuscrito de entonces.

Como poco a poco se fue conociendo la versión real de la caída de la cárcel, fue necesario adjudicarme otras deslealtades, y nada mejor que hacerme aparecer vestido de soldado y de capitán comandando operativos a la búsqueda de compañeros, incluso de miembros de otras organizaciones.

Larga es la lista de quienes lo han hecho, lo han aceptado y han sido perdonados, con el único fin de que se mantengan en silencio y no se destruya el mito del Amodio el más traidor de todos los traidores.

En el intercambio epistolar con c.e.r. y la aparición de las notas de Tato López creo entender que parte de las complicidades que fueron necesarias después de 1985 para mantener abierto el horizonte insurreccional y toda la parafernalia que lo rodeó, como el comité de los 17, los sucesos del filtro, las operetas para financiar Mate Amargo y Panamericana, los arrebatos a cobradores y otras minucias referidas a tráfico de drogas y muertes nunca aclaradas, ya no es tan hermética.

Me parece bien. Muy bien. Pero esa es otra etapa, que en este momento, para mí, es secundaria. Lo primero, para mí, es que se sepa que la acusación de traidor es un embuste para salvarles el culo a los causantes de la debacle. Y que hay causantes y secuaces, algunos de los cuales ahora se hacen los arrepentidos, porque no les han agradecido bastante los favores hechos.

Es por ahí que va mi camino. Si alguien quiere acompañarme bienvenido será. Luego ya veremos…

Así que dejarse de darle vueltas a las cosas y entrar derecho a los temas. No se puede corregir el presente y menos incidir en el futuro si se ignora el pasado.

Hace unos días un destacado articulista me reprochaba, en tono cordial, haber aparecido públicamente en 2013 y no en 2009, ya que según él, de haberlo hecho en 2009 quizás nos habríamos ahorrado la presidencia de Mujica. Porque tu diario me lo impidió, fue mi respuesta.

Ustedes van a hacer lo mismo? Espero que no.