En la posta 1625, Tato López ha publicado una extensa nota titulada La historia de la mentira.
Ya desde el título se adelanta una conclusión a la que el autor llega luego de atender mis dichos, considerándolos como lo que son: mis aportaciones al conocimiento de la verdad, dejando de lado las descalificaciones de tipo personal de las que se han valido quienes carecen de argumentos para refutarlas: no tengo dudas que HAP se estuvo "comiendo un garrón" bastante difícil de digerir durante más de tres décadas
Más allá de que las consecuencias del “garrón” se arrastran hasta el día de hoy y que su duración se extiende casi una década y media más, lo que sigue sin explicarse es cómo la condena y las sucesivas acusaciones se fueron dando una vez que se conoció que la acusación inicial –haber entregado la cárcel del pueblo- era falsa.
Aprovechando la cita de Jacques Derrida que Tato López trae a colación, yo creo que en mi caso personal, lo relevante son la mentira en sí, la que se alimentó tergiversando hechos supuestamente ocurridos desde 1963-64 y la intencionalidad de la propia mentira: encontrar el chivo expiatorio que justificara la debacle producida a partir del 14 de abril de 1972.
Los tejedores de la historia de la traición: Sendic, Marenales, Fernández Huidobro, Fasano, Wilson Ferreira Aldunate y Jorge Batlle contaron con el apoyo y la complacencia de la mayoría de los militantes y simpatizantes del MLN, porque a ellos también les era necesaria la existencia del chivo expiatorio. El chivo expiatorio, “el cabeza de turco”, en palabras de Wassen, explicaba el fracaso de los “planes maravillosos” y ocultaba que el cambio de estrategia que llevó al enfrentamiento frontal con las FF.AA. había sido un desastre.
Se puso así la primera piedra de los pedestales en que cada uno de los mencionados se fue subiendo, aupado por quienes guardaron silencio. Algunos ya se han caído, pero otros todavía permanecen de pie, aunque cada día su tambaleo sea más notorio.
Aparecieron luego los que dieron soporte ideológico a la mentira, buceando entre los dichos de los antiguos revolucionarios, lo que constituyó otra forma de sacarle el culo a la jeringa o de ocultar que la base del fracaso estuvo en el abandono del proyecto colectivo inicial para emprender, sobre la base del trabajo y el esfuerzo de otros, el asalto final, liderado por quienes se arrogaron la legitimidad de emprenderlo.
Muy pocos tuvieron en cuenta que el chivo expiatorio señalado había contribuido tanto o más que sus acusadores al desarrollo del proyecto colectivo que fue el MLN, que en todo momento valoró lo colectivo –la Orga- por sobre todas las cosas y que hasta el último momento intentó dar la batalla interna para corregir el rumbo.
Tampoco tuvieron en cuenta que antes de su detención ya habían sido detenidos varios dirigentes en activo que esos sí contribuyeron al desmantelamiento de las ya escasas estructuras, tal como luego ha sido reconocido a posteriori.
Dice Tato López que las causas del “garrón” fueron determinadas por la aureola épica que lo precedía, que inciden en las circunstancias en que se quiebra frente al enemigo, -esto sin ningún entrecomillado indulgente- que luego fundamentaré.
Aún a riesgo de repetirme, tengo que recordar que acepté que la muerte de quienes habían compartido conmigo tantas horas de militancia común en aras del proyecto colectivo, Jorge Candán Grajales, Armando Blanco Katras y Gabriel Schroeder Orozco, me influyeron de forma enorme, no solo por lo que significaban en sí mismas, sino porque eran la confirmación del deterioro organizativo que traslucían las medidas supuestamente reorganizadoras adoptadas el 16 de marzo de 1972 por quienes creían que reorganizar era cambiar las cosas de lugar y ponerles otro nombre.
Fue precisamente entre el 14 de abril y mi detención en mayo de 1972 el período en el que traté de superar el quiebre producido, tal como quedó establecido en la nota que a pedido de Marenales redacté para el Ejecutivo a principios de mayo y como la historia real ha demostrado, estaba cargada de razones, tal como el Negro Mansilla me reconociera años antes.
Hoy todos sabemos que fue una batalla inútil, porque mi destino en el MLN ya estaba decidido de antemano, a tal punto que el mismo Sendic estuvo tanteando la posibilidad de dejarme fuera de la lista de la fuga de abril, pese a haber sido yo el responsable y organizador de la misma.
El intento de suicidio fue la muestra de que el quiebre no estaba superado, y puestos a hacer conjeturas, de no haber mediado el teniente Colombo, médico del Florida, quizás hoy lejos de haber figurado hasta hoy como el más traidor de todos los traidores, ocuparía un lugar privilegiado en la historia y mi nombre, lejos de haber soportado el estigma de la traición, sería tan venerado como otros.
Tengo que precisar que no me quebraron “los enemigos” sino mis excompañeros, con el mantenimiento de la falsa acusación y la condena consiguiente. Todo lo demás ya está dicho con anterioridad, por lo que a las postas anteriores los remito.
Solo transcribo el párrafo que Tato López rescata en su nota: "Claro que reconozco que colaboré “con el enemigo”. Pero c.e.r. olvida que lo hice, en los términos que reconozco en Palabra de Amodio, después que Nepo, ya perdonado por su “equivocación”, al decir de Marenales, me comunicara que yo era el cabeza de turco.
Era entonces mi enemigo el que me sacó del barracón para evitarme la boleta decretada por quienes sabían que la acusación era falsa o fueron quienes me acusaron a sabiendas de la falsedad? That is the question, please."
Continúa Tato López: Creo reconocer que el secretismo del aparato es un soporte que contribuyó a validar el propio HAP con antelación, y terminó convirtiéndolo-como el mismo lo define - "en el chivo expiatorio"- de otras claudicaciones que han tenido consecuencias mucho más graves en la historia de la mentira, que aquella que quisieron endosarle a él, sus perpetradores.
El secretismo al que se hace referencia no es más que el respeto a las normas de funcionamiento que nos habíamos dado. Hoy sabemos que pocos las cumplimos. Cuando renuncié al comando general de Montevideo para no hacerme responsable solidario de las barrabasadas en ciernes, no fui consciente de que era una forma de “salvar” mi responsabilidad personal, pero que no me eximía de mi responsabilidad ante el colectivo, toda vez que el colectivo ignoraba, por las mismas condiciones de funcionamiento por mí defendidas, quién era responsable de una cosa y de las otras.
¿Fue un error entonces? ¿Debí arriesgar la ruptura de la Organización dando a conocer mi posición? ¿Habría evitado que Fernández Huidobro y Sendic impusieran sus planes maravillosos pero impracticables? Todavía tengo mis dudas.
Continúa Tato López: sin perjuicio del peso que tienen sus relatos para dejar expuestas las miserias y manipulaciones que ya suponíamos muchos, es indulgente consigo mismo, el peso místico que tenía HAP, producto de la cultura épica predominante en aquel imaginario colectivo de entonces, pesaba de manera importante, en el Nepo y el Mojarra, "pollos de su gallinero”, el relevo del mejor linaje de la columna 15, podía influenciar su actitud en tonificarlos terminar de quebrarlos irremisiblemente.
Creo que Tato López entiende que debí “tonificar” espiritualmente a Nepo y a Héctor… ¿cómo? ¿Oponiéndome a que se entregara la cárcel y así propiciar otra matanza inútil?
¿Y por qué calificarlos a ellos como pollos de mi gallinero y no decir que también lo fueron muchos otros que hoy ocupan un sitial privilegiado dentro del nomenclátor de los héroes verdaderos? Creo que son cuestiones a las que hay que responder.
Dice Tato López que HAP plantea cierta lógica irreductible, ante la jurisprudencia “escrita y no escrita" de la nomenclatura en las miserias del Florida, cree reconocer que hizo lo que podía salvarlo a sí mismo y a su compañera, pues la consigna era salvarse.
Nunca he dicho que la consigna fuera salvarse. Yo entendí que el MLN no me había dejado otra que intentarlo –era boleta de mis propios compañeros- y salvar a mi compañera, que se había entregado para salvar a quienes no vacilaron en dejarla abandonada, librada a su suerte y para recibir como agradecimiento la misma acusación de la traición. Si encomiable fue la actitud del Gorila Ramos, ¿qué se puede decir de la de la Negra Alicia Rey?
Por último, la referencia que se hace a Sendic creo que encierra parte de la mentira histórica. Raúl, desde el primigenio Leonardo hasta el Rufo de la última época del MLN contribuyó de manera especial a la creación de la debacle y fue partícipe fundamental en la leyenda negra elaborada contra mí, de la que, según me han dicho, acabó arrepintiéndose. Hay varios personajes que podrían dar fe de ello. Ir preguntando.
No confundir huir hacia adelante con la firmeza en las convicciones. El MLN estaba destruido ya en junio de 1972, cuando el Rufo Sendic se hizo corresponsable de una contrapropuesta inútil para descartar la rendición incondicional que le planteó su socio Fernández Huidobro y que quizás sea el único acierto en el haber del “mariscal de las derrotas”.
Pero este es otro tema, que también entra en el ámbito de la épica que se ha construido para beneficio de unos cuantos y que se arrastra hasta estos días. Mientras, el tiempo pasa y los testigos, ley de vida, van desapareciendo.
Como se dice en España, queda mucha tela por cortar.
Las reivindicaciones que busco son de tipo moral. Y aunque alguien pueda pensar que aspiro a poco, estos diálogos a través de la posta tienen, para mí, ese valor.