Roland Denis | Viernes, 01/07/2016 | APORREA
"Oía a una mujer decirle a una amiga: coño este día no me ha servido para nada. No he vendido zapatos, nadie me compro telas, ni culo he podido vender. A mí me quedan dos cosas o me suicido o me meto a mafiosa"
No estamos hablando con pena o dolor del hambre, como diría Kropotkin, nos referimos a la lucha por el pan, nos referimos en qué medida el hambre es la condición de toda explotación. Por ello su existencia es fundamental a la conservación de la desigual humana. Dirá este maestro del anarquismo en su obra sobre la conquista del pan: "…
Toda la ciencia de adquirir riquezas está en eso: encontrar cierto número de hambrientos, pagarles tres pesetas y hacerles producir diez; amontonar así una fortuna y acrecentarla en seguida por algún gran golpe de mano con ayuda del Estado…" El hambre en sí es quizás uno de los fenómenos más comunes de la existencia humana, tomemos en cuenta que la necesidad de alimento sólo la cubren en su totalidad una tercera parte de la población humana, el resto vive el hambre en cualquiera de sus modalidades, ya sea como ahorro disciplinado (no comer más que una vez al día un alimento sustancioso ya que no hay para más), como decisión asceta (el que hace del hambre una ceremonia) o como desesperación ante la progresiva ausencia de alimentos que resuelva el equilibrio vitamínico y proteínico necesario a la vida humana (aquí sí llegamos al límite entre el hambre y la muerte que se reproduce a diario)
El hambre en ese sentido es casi que una amiga desde donde millares de seres logran en gran parte resolverse con políticas propias a la existencia y cultura de cada pueblo, y la otra parte muere o se deshace por ausencia de políticas y estrategias ante ella, precisamente porque son pueblos a quienes les han roto todos sus mecanismo de resistencia, autoorganización y apropiación de riquezas concretas.
Por ello, exaltar, denunciar o incluso ignorarla como aquí se hace, el hambre desde la esfera del poder-Estado, es un típico juego de afirmaciones o silencios donde lo importante no es lo que se dice o se calla: ejemplo en un gobierno de izquierda, al menos típico:
"la culpa del hambre del pueblo la tienen los burgueses, el capitalismo, el imperialismo, nosotros haremos justicia y la resolveremos"(algo que le cabría perfectamente a Nicolás Maduro o Chávez en un buen momento), o en un gobierno de derecha: "el hambre es una responsabilidad de cada quien por no aprovechar sus oportunidades, la tarea del gobierno es darlas" (seguro que un tipo como Macri en Argentina o un Rajoy en España o el gobierno que parece por venir en Venezuela necesitan pronunciar esto mil veces de una manera u otra). En todo caso sea culpa del sistema o del individuo (cosa que es bastante necio discutirlo ya que uno como otro configuran un mismo nudo genealógico: no hay sistema capitalista sin individuo y viceversa), detrás del reconocimiento del hambre por parte del poder, hay un hecho oculto que jamás se dirá y es que el hambre a la final es una necesidad del dominio, de la acumulación que viene siendo lo mismo. El hambre es siempre una política no un resultado de hechos estructurales propios del capitalismo o de inconsistencias propias del individuo.
El hambre como tragedia ancestral de los pobres, existe solo desde que se logra naturalizar la relación entre gobernantes y gobernados, esclavistas y esclavos, entre amos y siervos, jefes y trabajadores, y ha sido utilizada de acuerdo a la conveniencia o no de cada una de estas situaciones históricas y modelos de dominio. Antes de ello, solo existió por razones de cambios climatológicos radicales en determinadas regiones del mundo, sobrepoblación o mala utilización de los recursos y suelos que se utilizaban colectivamente, pero nunca por razones políticas.
En países como los europeos, después de la segunda guerra y el Plan McCarthy, por décadas se vivió sin hambre en el más puro capitalismo porque necesitaban de un pueblo educado y comido que le sirva de mano de obra cualificada al capital. Hoy en día, diversificados mundialmente los nichos de producción, globalizada la economía en una economía-mundo, descentralizados hacia donde la fuerza de trabajo vale mucho menos, los gobiernos europeos necesitan del hambre en sus países para producir por un lado las psicosis racistas que dividen los pueblos, y por otro lado, imponer condiciones de existencia social y laboral cada vez más regresivas, que ante el miedo al progresivo deterioro material que viven las sociedades, se terminan aceptando, y donde las protestas generalizadas, al ser sólo eso, grandes protestas sin derivaciones políticas claras, quedan neutralizadas.
El hambre es entonces una política, un juego de circunstancias siempre en manos de quienes detentan el poder-Estado, el poder-capital, y no la resultante mecánica de un sistema o un mal modelo de gobierno
La llamada "marginalidad" en la cuarta república que arropaba mayorías (tan denunciada por la izquierda de entonces pero por lo general desde una perspectiva moralista y doliente, es decir inútil) era fundamental al sistema clientelar de partidos que se creó y la economía rentista que filtraba hacia arriba una pequeño pedazo de ella y la llevaba a los lugares del trabajador privilegiado o las clases medias; al "marginal" se le compraba desde sus necesidades básicas y se le vendía una ilusión; era la "mayoría" adeco-copeyana. El síntoma del hambre era entonces un hecho, una calamidad y por encima de todo una política.
Cuando esta política dejó de funcionar y se despreció, no se calcularon los índices de hambre que el dominio de estos seres podía crear sin necesidad de llegar a la catástrofe, su utilidad se revirtió contra ellos mismos. Jugando a una obediente alternativa neoliberal por partes de las élites al mando, el sistema se vino abajo y el "marginal" empezó a tomar consciencia de sí; son las primeras luces del 27 de febrero.
Eso de hecho era una reflexión común al inicio de la revolución bolivariana (cuando era la rebelión de un pueblo en lucha), estando conscientes que en cualquier momento las viejas oligarquías y estamentos políticos iban a utilizar sus mecanismos monopólicos de distribución y comercialización de alimentos para imponer sus intereses, como en efecto se hizo desde finales del 2001 y el 2002-03, es decir, a cualquier precio iban a "reimponer el hambre", pero esta vez como política y estrategia conspirativa. A partir de allí se convierte en urgencia la necesidad de reapropiarse del "orden alimentario" inmediato, sumar soberanía en ese orden, donde la correlación de fuerzas era absolutamente desfavorable al pobre.
Dos políticas surgen a partir de entonces que luego fueron dividiendo no solo la esfera alimentaria sino en general todo lo que suponía el ¿qué hacer? ante las diversas iniciativas que se producían todos los días en el ejercicio directo del protagonismo popular (la toma de la tierra, la fábrica, los servicios públicos, etc.)
La situación era un síntoma muy claro de lo que era el conflicto interno dentro del proceso revolucionario entre los años 2003 y 2006. Por un lado, de acuerdo a la necesidad de control sobre la distribución y producción de alimentos, comienza una política desenfrenada por crear instrumentos de Estado que rompan el orden monopólico alimentario.
Aparece toda la política que luego se concreta en la línea Mercal, Pdval, Bicentenarios, Corporación agrícola. Agro-Venezuela, Agropatria, etc., iba a jugar ese rol. Y por otro un movimiento urbano y campesino hasta esos años con la suficiente autonomía como para construir una estrategia propia, iba luchando por obtener el mayor cúmulo de fuerza como para proponerse garantizar el alimento colectivo y las líneas de distribución y comercialización directas.
La capacidad de esta última ya estaba probada en el paro petrolero, cuando en las semanas más críticas de Diciembre 2002 en Caracas pudimos probar que la relación y comercialización directa pueblo a pueblo con el gran racimo de pequeños propietarios, sin la intermediación monopólica y el papel del Estado como agente de facilitación a esta relación directa, era capaz de alimentar no menos de la tercera parte de la ciudad.
El debate como en muchas otras esferas: la comunicación, la industria, termina por una doble política de parte de la contrarrevolución interna. Se impone el Estado burocrático-corporativo, se compran a los movimientos y líderes de base, y se despliega una política alimentaria absolutamente absurda, que en definitiva sirvió para enriquecer una banda diminuta de importadores, e incluso a los grandes mecanismos de distribución monopólica que le vendían a estos estratos corporativos de la "soberanía alimentaria" manejada por esta casta corrupta. Silos, fábricas, centros de procesamiento alimentario, le fueron expropiados a la clase trabajadora, mientras las grandes expropiaciones de tierra quedaron en manos de los amigos del ministro de tierras, expropiando de la tierra al campesinado que se mostraba como un pueblo en lucha.
La política de comunas aparece al final del camino cuando todo parece desvanecerse, ya que mientras hubo dólares esta distribución alimentaria por encima, sin que nadie sepa de donde vino una caraota, provocó e incrementó un desastre productivo, que Chávez quiso superar con la política comunal pero sin destrozar este aparataje de saboteo general a la revolución agrícola y alimentaria. Nuevamente esa ambivalencia lo llevó a la derrota propia.
Como vemos en este período crucial, se define un destino alimentario en base a una política no de liberación sino de control burocrático e instrumental a la descomunal acumulación de capital que lograron estas castas corruptas alrededor del control alimentario y del hambre. Lo que era perfectamente posible lograr generando y estimulando todos los mecanismos autogestionarios y de producción y distribución directa, en pocos años lo destrozaron.
Hoy vuelve el hambre no solo porque le quitaron de las manos en una operación bárbara de desfalco y saqueo a la clase obrera, veinte veces el valor de su trabajo, sino porque le aplastaron todos los mecanismos de resistencia y producción en este aspecto capital que supone el alimento de un pueblo. El hambre de hoy, que ya es peor a los años ochenta y noventa neoliberales, constituyó desde un primer momento una política de control de conciencias y quiebre de las resistencias auto gobernantes del pueblo. Es triste pero a la vez siempre estimulante para no perder la última esperanza, ver hoy a innumerables núcleos de organización de base, emulando a Chávez o no, buscar desesperados aquellos mecanismos de producción y distribución directa que aplastaron en su momento; algo nos darán de comer. El poder del pueblo, así exista en una ínfima proporción para los que presagiaba el inicio revolucionario, exista a la final y aunque sea tarde siempre detecta cuál es el único camino de liberación real.
Los hechos que vienen sucediendo de saqueos y desbordes sociales producto de la desesperación que no solo toca el alimento sino en general toda la existencia física de la población, contienen una enorme posibilidad de trascendencia más allá de hechos en sí de la desesperación. Falta acotar a ellos dos elementos claves. Primero, su punto de conciencia por supuesto cosa que no está claro para nada. Consciencia que debe traducirse para crear capacidad de redistribución del producto expropiado y por otro lado capacidad para acompañar la necesidad de apropiación con redes de producción que recompongan la posibilidad de que existamos como pueblo. Y por otro lado capacidad para neutralizar las fuerzas represivas que ya sea en el acto represivo frente a la iniciativa popular cual sea, o destruyendo cuanta red de resistencia y sobrevivencia se arma, robando apropiándose e incluso desapareciendo personas hacen todo lo posible porque no exista una alternativa al hambre que no la controlan. El hambre por ello sigue siendo una política y no solo una consecuencia.
Frente a este gobierno basura, porque de verdad no tiene otro nombre,y no quiero acotar más argumentos y razones de las ya dadas para ello, estemos claros, que poco a poco, más allá de posicionamientos políticos e ideológicos, la necesidad va pariendo elementos para incendiar el basurero. Los tiempos que vienen van a ser calamitosos a la mayoría trabajadora, incluso segmentos profesionales que ya no saben cómo sobrevivir; no es poca cosa acabar veinte veces con el salario y al mismo tiempo multiplicar más de veinte veces los precios de lo necesario; aplicación bárbara del más puro capitalismo. Hasta para el más miserable politiquero sería demasiado vergonzoso. Lo único que resuelve en este caso, y no me refiero a la diatriba de la política decadente liberal, es una contundente política desde abajo que sepa hacer de el hambre y su necesidad una estrategia de quiebre a las políticas del hambre emanadas por el basurero gobernante y gran propietario… honor por siempre a esa consigna del Toto, maracucho original y originante: ¡en mi hambre hambre mando yo!...suerte
Roland Denis
FALSEDADES HISTÓRICAS COMO DISCURSO
José R. López Padrino
30/6/16 Ruptura .info
La manipulación y la falsificación de la historia no es algo nuevo, constituye una práctica vieja y deleznable que ha sido utilizada por los regímenes autoritarios como herramienta de dominación.
Las trágicas experiencias del nazismo alemán y del fascismo italiano del siglo pasado así lo demostraron. Mediante complicadas estrategias de propaganda, esas filosofías manipuladas cometieron crímenes aberrantes.
Los milicos bolivarianos consecuentes con el ADN totalitario de sus progenitores ideológicos del siglo XX han institucionalizadoel engaño y la adulteración de la historia en su empeño desesperado porque la misma diga lo que les conviene. La pretensión de reescribir la historia Patria con falacias históricas y barbaridades ideológicas fue iniciada por el insepulto comandante eterno y continuada por esta caterva de hijos bastardos y uniformados de la “robolución”
Recientemente el multisoleado dePadrino López en su obstinación por ocultar la verdad histórica afirmó en medio de evasiones, silencios, y desinformaciones: “la fuerza armada nacional bolivariana es una organización eminentemente popular, forjada al fragor de las luchas libertarias valientemente lideradas por los próceres de la gesta emancipadora”
Este es un claro ejemplo de esa historia retorcida propia de los proyectos totalitarios. La Fuerza Armada Nacional (FAN) no fue forjada al calor de ningún prócer de la independencia, sino mediante decreto del General Cipriano Castro (5/07/1903).
Años más tarde se inició la formación académica de suoficialidad bajo la dictadura del General Juan Vicente Gómez con la puesta en funcionamiento de la Escuela Militar (5/07/1910). Con ello se buscaba centralizar en el Estado el monopolio de la fuerza y eliminar la creciente presencia de las montoneras de caudillos regionales en el ámbito nacional. Al margen de las mentiras históricas del narcogeneralato (“portadores del glorioso uniforme heredado de los libertadores y libertadoras”), la fundación de la FAN se realizó durante los regímenes dictatoriales y reaccionarios de Castro y de Gómez. Su origen no es de impronta libertaria, sino represora
El chafarote de Padrino López en su práctica Goebbleliana insiste en un falaz origen épico y patriota de la FAN a fin de justificar su respaldo a las políticas opresoras y medidas totalitarias de su comandante en jefe, el iletrado de Maduro.
Manipula vergonzosamente el pasado a fin de justificar la humillación, la tortura y las ejecuciones extrajudiciales, la sistemática represión y militarización de la sociedad y la acción de grupos armados ilegales oficialistas. Este ex alumno de la Escuela de las Américas, devenido en “revolucionario y socialista” frente a las críticas formuladas a la institución que comanda amenaza a parlamentarios y periodistas con aplicar el Código de Justicia Militar: “Incurrirá en la pena de tres a ocho años de prisión el que en alguna forma injurie, ofenda o menosprecie a las fuerzas armadas nacionales o algunas de sus unidades” y remata afirmando“la institución se reserva el derecho a ejercer las acciones penales que correspondan en el marco del estado de derecho, a fin de preservar su honorabilidad”
Los venezolanos nos preguntamosde cual honorabilidad habla este gorila multisoleado, cuando en las filas de la institución que comanda pululan corruptos, narcotraficantes, y torturadores
Padrino López y su logia fachobolivariana no toleran la disidencia, no entienden el juego democrático. Invocan a un supuesto pasado libertario para imponer la doctrina del enemigo interno, entiéndase disidencia política, a la cual satanizan y descalifican (antipatriotas). Concepto maniqueo que implica el descubrimiento, inmovilización y eliminación del “agresor interno” mediante el poder de las armas. Es el sustento moral y legal que justifica la eliminación del contrario (fuerzas malignas) en cumplimiento del sagrado deber de defender a la Patria.
A 71 años de la aniquilación del nazi-fascismo, se reeditan las viejas prácticas goebbelianas de la mentira y la falsificación de la historia desde el poder a manos de la logia fachobolivariana. Padrino López y sus hordas uniformadas, invocando un pasado perversamente retorcido, pretenden justificar sus posiciones fanáticas y extremas que los ha conllevado a la comisión de hechos abominables violatorios de los más elementales derechos humanos.
El fracaso del chavismo lo pagan los pobres
La escasez que jaquea al país y golpea más fuerte en los barrios humildes obliga a hacer largas colas en busca de comestibles y medicamentos, mientras los revendedores lucran con la necesidad popular
Mori Ponsowy
PARA LA NACIÓN/ Martes 14 de junio de 2016
Caracas.- Leche en polvo. Dentífrico. Jabón. Papel higiénico. Eso fue lo que mi mejor amiga me encargó cuando le dije que viajaría a Venezuela.
Otro amigo me pidió champú e hilo dental. "¿No puedes esperar a que la situación esté un poco más tranquila para viajar?", preguntó mi padre. Le dije que no. Me habían invitado a presentar allá mis dos últimos libros y la fecha estaba pautada. Al día siguiente de que acepté ir, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, propuso aplicar a Venezuela la Carta Democrática Interamericana. Nicolás Maduro rechazó la medida inmediatamente: "Métase su Carta Democrática donde le quepa", dijo, y acto seguido llamó a una "rebelión nacional".
A pesar de que viví allá más de la mitad de mi vida, hacía ocho años que no visitaba Caracas. Encontré la ciudad tan hermosa como siempre. Muchos caraqueños se quejan de que ahora está más sucia, pero no noté diferencia con la época, anterior al chavismo, cuando viví allí. Visualmente, las diferencias más evidentes son dos: ha desaparecido el tránsito que antes hacía intransitables las autopistas y las principales arterias de la ciudad para dejar lugar a otras colas, no ya de automóviles, sino de personas. No hay tránsito porque en el país con mayores reservas de petróleo del mundo la administración pública trabaja apenas dos mediodías a la semana para ahorrar electricidad y porque cada automóvil que se avería es uno más que deja de circular, pues no se consiguen repuestos. Como contrapunto, las colas humanas empiezan a formarse desde antes del amanecer frente a todas las panaderías, farmacias y supermercados, sin importar de qué zona de la ciudad se trate. Son colas desordenadas de dos, tres y hasta cuatro cuadras, formadas por personas que empiezan a llegar a las cinco de la mañana con la esperanza de ser las primeras en entrar y poder adquirir, a precio regulado, productos de primera necesidad.
Había visto tantas fotografías de las colas en los medios de comunicación que al principio no me sorprendieron. Fue sólo dos días después de haber llegado cuando, al pasar frente a una de ellas en un barrio de clase media, me di cuenta de que quienes formaban la fila parecían personas provenientes de barriadas más humildes. Pensé que podía ser una casualidad, pero en el siguiente mercado y en la siguiente panadería noté lo mismo. Al inicio y a la retaguardia de cada cola había un militar con un fusil.
Teóricamente están ahí para mantener el orden, pero es vox populi que los uniformados son un engranaje más del mecanismo que impide que quienes llegan de madrugada sean los primeros en entrar. Los militares que vigilan la cola son los mismos que -a cambio de dinero o favores- dejan pasar antes a los revendedores que lucran con este macabro sistema de distribución de alimentos.
La abundancia de personas que van desde barrios muy humildes a hacer colas en los mercados situados en zonas de clase media es fácil de entender. El desabastecimiento generalizado hace necesario salir a buscar comida por todas partes, pero quienes tienen tiempo y están más necesitados de comprar los productos regulados son los más pobres: quienes no tienen empleo, quienes tienen familias numerosas y pocos ingresos, quienes no pueden pagar los productos a los precios a los que los venden los revendedores.
También personas de clase media venida a menos, como oficinistas, plomeros, albañiles, pintores, tienen que dejar sus lugares de trabajo para ver si encuentran algo en supermercados o farmacias. Se quejan amargamente porque deben dedicar gran parte de su tiempo a hacer colas. Las empleadas domésticas -que necesitan su entrada diaria desesperadamente para sobrevivir- muchas veces no pueden ir a trabajar porque pasan el día haciendo cola. Otros deciden evitar los madrugones y comer sólo lo que se consigue con facilidad. "Yo ya no me preocupo por encontrar harina, pan o azúcar", me dijo Carmen, una mujer que trabaja por horas. "En mi casa comemos mandioca y frijoles."
Estuve una semana en Caracas. Lo suficiente para comprobar el hastío y la desesperación generalizada en las calles. Durante esos días, Maduro anunció que los artículos de la canasta básica ya no se venderían en los supermercados y que, precisamente, para eliminar el acaparamiento, las colas y los sobreprecios, se distribuirían solamente a través de los CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción). El mismo día del anuncio, hubo decenas de protestas en todo el país. "Estamos frente a una sociedad en rebelión y a un Estado incapaz de encauzarla, comprenderla y gobernar adecuadamente", afirma el escritor, ensayista y analista político Joaquín Marta Sosa. "No olvidemos que el chavismo no llegó para gobernar bien y con eficiencia, sino para llevar a cabo una revolución. Al no lograr ni lo uno ni lo otro, el resultado es una situación tan caótica que resulta imposible superarla con el gobierno actual, que, además, se niega de manera numantina a dejar que la ciudadanía se exprese en el muy constitucional referendo revocatorio, propuesto y aprobado por los mismos chavistas en la Constitución vigente."
La profesora universitaria Magali Huggins afirmó que el control de los CLAP presupone el establecimiento de hecho de una especie de "apartheid" alimentario. A simple vista, la medida no sirvió de nada, porque las colas siguen ahí: los revendedores no quieren perder su tajada, los CLAP funcionan a medias y en pocos lugares, y lo poco que tienen para ofrecer es para los amigos del partido, no para todos.
Quienes necesitan comprar a los precios regulados siguen haciendo horas de fila bajo el sol del trópico.
Quienes compran para revender tardan menos porque sobornan o coaccionan a quien corresponda para comprar productos que luego venden hasta cuarenta veces más caros.
"En muchos casos no se trata simplemente de individuos o familias necesitadas, que bajan a la ciudad a procurar alimentos, sino de grupos organizados, muchas veces de naturaleza mafiosa, que buscan acaparar los pocos alimentos existentes a precios regulados, utilizando con frecuencia procedimientos violentos o intimidatorios", señala Héctor Vanolli, ex representante permanente del Centro Carter en Venezuela.
Y agrega: "La idea del supermercado de barrio, destinado a abastecer a los vecinos del lugar, prácticamente ha desaparecido en Venezuela. Todos los sectores están a la caza diaria de alimentos, en los supermercados en que los encuentren. En la base del problema está el quiebre de los sistemas gubernamentales de distribución y abastecimiento alimentario destinados a los sectores populares, como la red Mercal".
A los revendedores se los reconoce por su cara de pocos amigos y porque entran antes y compran más que todos los demás. Se les llama "bachacos", que es el nombre que se da en Venezuela a las hormigas cortadoras. Grandes y voraces, esas hormigas llevan sobre la espalda trozos de hojas y flores que no comerán ellas, sino que servirán para alimentar a la reina. Lo mismo pasa con mucha de la gente que se ve en las colas: llevan comida que enviarán luego a domicilio a la gente de la clase alta, formada tanto por los sectores tradicionalmente pudientes del país como por la nueva aristocracia venezolana vinculada al régimen.
"El empeño chavista en aplicar el modelo político y económico de los gobiernos de tipo autoritario marxista ha provocado la destrucción de la red productiva, un mayor empobrecimiento de las clases populares y esta suerte de comienzo de rebelión popular en busca de la comida desaparecida", afirma Marta Sosa.
Evidentemente, el autodenominado socialismo del siglo XXI no ha revertido, en los 17 años que lleva en el poder, ni la estructura de clases ni la tremenda desigualdad social y económica preexistente. La revolución no ha sido tal. Los ricos no hacen cola, sino que reciben la mercadería en su casa. La clase media ha sido diezmada por una inflación que sólo el año pasado fue del 180,9%, de acuerdo con cifras del BCV. Y, como tantas otras veces, los más pobres siguen siendo los mismos.