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Otra planta de celulosa, otra confirmación de la fuerza de la razón gubernamental

Por Andrés Núñez Leites

leites.webnode.es/

17/7/16

Ningún periodista le pregunta al presidente Vázquez acerca de los impactos ambientales de la tercera mega-planta de celulosa que se instalará en Uruguay, a pesar del hecho sencillo de ser la tercera en un territorio pequeño y de proyectarse su instalación en un río interior. Y a pesar también que nuestra sociedad se ha visto conmocionada por la constatación del alto grado de contaminación del agua (ya no) potable que el Estado provee a los ciudadanos para la vida diaria. Sobran evidencias acerca de la eutrofización de las aguas superficiales uruguayas por la acción de los emprendimientos industriales y sobre todo el cultivo extensivo de soja transgénica, pero nadie pregunta si esta nueva planta de celulosa agravará la situación.

El silencio cómplice del periodismo proviene de dos fuentes. Por un lado la identificación natural con el poder. Este fenómeno extendido fue brillantemente ilustrado en los experimentos que Milgram realizara hace más medio siglo en EEUU: allí, un grupo de personas sin rasgos psicopatológicos es convencido de aplicar, en un experimento simulado, descargas eléctricas sobre un aprendiz sujeto de pruebas cada vez que éste se equivocaba en una serie de palabras que debía memorizar. Desconociendo aquellas personas que se trataba de una simulación, es decir, suponiendo que la descarga eléctrica era real y reales los gritos de dolor del actor aprendiz, continuaban en 9/10 casos con el protocolo experimental hasta la aparente pérdida de conciencia o muerte del aprendiz, bajo la influencia de un actor que representaba a un científico y encarnaba la autoridad de la ciencia, asumía la responsabilidad por lo ocurrido y manipulaba al verdadero sujeto de pruebas, el ciudadano que descargaba corriente en otro humano, para hacerle ver que si se detenía afectaría a un experimento destinado a un bien mayor, el progreso de las técnicas pedagógicas para los niños de Norteamérica.

Todos estos elementos se hacen presentes en el caso del vasallaje uruguayo frente al gobierno que vehiculiza los intereses de las corporaciones internacionales de la celulosa: asunción de la responsabilidad por parte de la autoridad estatal, imposición de un relato neo-desarrollista en el cual las grandes industrias extractivas permitirían generar recursos para repartir socialmente, elaboración de datos de aparente neutralidad científica acerca del carácter no contaminante de estos emprendimientos, presión e incluso estigmatización de la disidencia que se opone a este Fiat lux progresista en nombre del medio ambiente.

Por otro lado, los periodistas han visto el funcionamiento de la aplanadora política del gobierno en los medios de comunicación, que se maneja a través del control del flujo de publicidad estatal (imprescindible para la sustentabilidad económica de los medios) cuando no de la censura directa, como en el caso de medios comunitarios como La Kandela y programas como La Hora Verde, expulsado recientemente de la radio universitaria. Siempre con alguna justificación ad hoc, por supuesto.

La razón gubernamental es un gigante con pies de barro. Gigante porque se sustenta en el poderío del aparato estatal y de la influencia económica y política de las corporaciones de la celulosa. Gigante porque ha logrado calar en el sentido común de la población, merced al agenciamiento entre el poder político y los dispositivos mediáticos, articulados ambos en torno a la misma fuente de financiación corporativa. Pero los pies de barro están en el nivel de análisis técnico, precisamente aquél de menos llegada mediática y comprensión general.

Ninguno de los parámetros en los cuales la evaluación que hace DINAMA de la performance de las mega-plantas de celulosa en Uruguay son inobjetables, no sólo porque son cuestionables los niveles máximos de polución permitidos, sino porque en el análisis de los mismos no se tiene en cuenta el efecto acumulativo (1)

Los episodios de envenenamiento del agua por cianobacterias, por ejemplo, son un buen ejemplo de acumulación de efectos contaminantes de la polución de las actividades agrícolas, particularmente el cultivo extensivo de soja, que se realiza dentro de los parámetros de utilización de agroquímicos en los volúmenes permitidos por el Estado. Es decir, que el análisis técnico diga que una empresa cumple con tal o cual estándar, en muchos casos quiere decir que el estándar es demasiado generoso con el agente contaminante. En el caso de las plantas de celulosa, el volcado al río de material orgánico con alta demanda de oxígeno, órgano-halogenados (dioxinas, furanos, etc.), y metales pesados (arsénico, plomo, mercurio, cromo, etc.), además de las emisiones aéreas de partículas pequeñas (10PM y 2.5PM) tienen un efecto acumulativo innegable tanto en el suelo como en el agua y en las cadenas tróficas que nos incluyen a los humanos.

Pero hay otro nivel de análisis político y psico-social que resulta preocupante de esta nueva avanzada del capital corporativo contaminante en Uruguay: nuestra baja autoestima como comunidad que comparte un espacio vital.

La vergonzante e infantil admiración por los países noreuropeos y el intento secular de remedar su proceso de desarrollo económico ha reducido a la imaginación política de nuestra sociedad al nivel de una neo-colonia que implora ser conquistada por el capital europeo, que con tal o cual proyecto de extracción de materias primas traerá el "savoir faire" y la riqueza que tanto necesitamos.

Quizás la izquierda uruguaya fue portadora, a nivel del discurso, del último intento de construcción de un proceso de desarrollo endógeno, con cooperación internacional, pero confiado a nuestras propias fuerzas. La apertura irrestricta del país a la depredación generada por las industrias sucias que el "Primer Mundo", gracias al soporte financiero de los organismos como el BM, traslada activamente hacia países donde los menores salarios y menores garantías ambientales ofrecen una oportunidad única de maximización de ganancias (blindadas por tratados y contratos de inversión en los que el Estado cede su soberanía a tribunales del BM)(2), son también el indicador de una izquierda envejecida espiritualmente.

¿Habrá oportunidad para ideas jóvenes como la del decrecimiento y la reorganización reticular o descentralizada el territorio y el poder?

¿Habrá oportunidad para la emergencia de una economía de escala humana o tendremos que conformarnos con ser el depositario de la basura industrial que otros ya no quieren en las márgenes de sus ríos?



(1) Matta, Jorge - "Descripción de los contaminantes emitidos por la planta de celulosa de BOTNIA en Fray Bentos" http://www.ecoportal.net/Temas-Especiales/Contaminacion/Descripcion_de_los_contaminantes_emitidos_por_la_planta_de_celulosa_de_Botnia_en_Fray_Bentos

(2) Summers, Lawrence - Memo interno del vicepresidente del BM escrito en 1991 http://www.whirledbank.org/ourwords/summers.html