Envíopostaporteñ@ 1646

Tropezando Con La Misma Piedra

No por poca participación en el debate, dejo de leer atentamente a Posta. Critico lo que no comparto y aplaudo en la coincidencia. Pero respeto a todos.

Últimamente, entre otras notas, me llamaron la atención las que exponían la inutilidad de las fórmulas ideológicas más o menos revolucionarias, pero sin renunciar en su mente y conciencia a ellas, y la crítica y autocrítica a los uruguayos en general. Abono en favor de ambas posiciones.

He vivido bastante con mi formación cristiana para no ser materialista en términos filosóficos, pero aferrado como pudiese a los llamados valores sociales y a la agonizante moral pública. Estuve entre los que repudiaron la vieja política tradicionalista del acomodo, esencialmente la del partido que más hizo para convertirnos, durante casi ciento sesenta años en el poder, 93 de ellos ininterrumpidamente, en los enanos de un lindo jardín. Es el partido de la adjetivación uruguayo/a desde fines del siglo diecinueve. Es el mismo partido, colorado - batllista, que está hoy en vías de extinción como tal, pero que ha resurgido con fuerza como FA, una especie de partido colorado sumando escorias del mal llamado partido nacional y migajas de una seudo izquierda

Como expresión política de poder, es la respuesta a la voluntad mayoritaria de una población decrépita, de cerebro hueco o lleno de bosta, que neciamente no admite un sano examen crítico de lo que se hizo y de lo que se hace y de lo que realmente somos. La suma de vicios que caracterizan la despreciable condición de uruguayez nos lleva a la ceguera política, a la insensatez de aferrarnos a lo que la demagogia, la mentira y el entreguismo nos venden.

Revuelvo en nuestro pasado reciente y vivo la uruguayez que puso dos veces al ampuloso y falso Julio, al demagogo sionista Tabaré, al chanta de Pepe. Todos ellos entreguistas.

Seguimos ignorando el pasado. Es como negarnos a aprender de la experiencia, la que nos permite separar la basura del material noble y pisar firme hacia un futuro, hoy, para nada halagüeño. Advenedizos de cuanta fauna política nos gobierna, sólo buscamos el rédito personal, ansiamos ser los nuevos "exitosos".

Se ha creado una nueva clase, la de los bacanes con cargos e ingresos de canastas "gerenciales". Viejos amigos ´míos carpinteros, albañiles y alambradores jubilados con aporte propio en cuarenta años, reciben $12.000 mensuales.

Se ha puesto el Estado al servicio del Partido conformando una imbatible máquina electoral. Trescientos mil funcionarios públicos para pudrir el presupuesto público y hacernos más víctimas de un sistema que, lejos de ser una límpida democracia, es una dictadura de la buro-tecnocracia que todo enlentece o traba o arruina.

 ¡Cuánta experiencia personal lamentable podría comentar! Sobre todo con la administración municipal, las empresas públicas y nuestra insana justicia.

Se deja morir a diez mil pequeños y medianos productores rurales, para facilitar el ingreso del capital externo con las facilidades que todos conocemos. Los dos latifundios más grandes son extranjeros. Incluso, con participación accionaria del estado finlandés.

Abrazados todos, frenteamplistas, colorados, nacionalistas, etc. en elogios y bienvenidas a la inminente nueva pastera, cuyos titulares recorren en helicóptero los sitios que más le convengan a sus intereses, como si fueran los dueños del país o como si el gobierno considerase la inversión siendo de interés público, expropiable. Ni el presidente sabe dónde ni cuándo.

No se aprendió de la experiencia anterior en Fray Bentos o Conchillas. Los habitantes de los pueblos de la zona del lago de Rincón del Bonete salen a la calle con pancartas en servil recibimiento. En eso están los uruguayos. Unimos nuestro quejido de mendigos al lamento de los políticos que nos hablan de ser un país chiquito, de las asimetrías, del cliché de los tres millones, con desprecio del diez por ciento más que somos.

Mantenemos en el nomenclátor el homenaje perpetuo de traidores, asesinos, ladrones, genocidas. Es una manera de mantener vivo un pasado de infamias en cuyo juicio no vale el "pretexto del contexto" histórico. Es también apología del delito. Vaya en descargo de nuestro pueblo su pavorosa ignorancia en la materia.

Así tenemos a Don F., Don V., Don P., etc. No duden señores, que los crápulas de las últimas décadas quienes, gracias a don pueblo, fueron ungidos con el óleo santo presidencial, tendrán su nombre, busto o estatua, en algún lugar público. No miremos lo que sucede en otros países. Seamos honestos y soberanos como para poder observar nuestra ruindad en nuestros personales espejos, nuestras conciencias.