Un hombre no es un hombre
si no se encuentra entre otros hombres,
si no comparte un sueño,
si no es capaz de extender su mano
y encontrar
en la mano de un perfecto desconocido,
la mano de su hermano.
Creo en la resistencia
en la lucha
en una mañana fraterno.
En abrir el alma,
el corazón
y las tripas
para dar abrigo
a quienes lo necesitan.
Aún sigo creyendo
en mi familia extendida,
en el sueño colectivo
y sé que la llama
que otros me legaron
no morirá conmigo.
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EL SAPAYO