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En Cuba la esperanza se desvanece

Por Osmel Ramírez Álvarez   / HAVANA TIMES —22/8/16

 Tras veinte meses del anuncio simultáneo del deshielo de las relaciones entre Cuba y EUA por ambos presidentes, nada significativo ha cambiado. Podemos recordar las expresiones de júbilo de nuestro pueblo, en las calles, entrevistados por TELESUR o la TV cubana. No había otro tema de conversación y la expectativa era muy alta.

Previamente se había promulgado una nueva y más amplia Ley para las inversiones extranjeras; se “vendía” una flagrante carpeta de inversiones en las ferias comerciales y se avizoraban, como complemento imprescindible, grandes decisiones legales sobre el crecimiento y las normativas del sector privado en el Congreso del Partido y la conceptualización del modelo económico. Todo parecía indicar el inicio de una irreversible línea de acción hacia el desarrollo económico, preludio de aperturas mayores en el futuro.

¡Tremendo chasco! Casi dos años y el escenario es deprimente. La nueva era que parecía renacer tras los históricos sucesos bilaterales quedó en los sueños nuevamente. Se notó un impulso inicial por parte de Raúl, pero luego de la visita de Obama y sus oportunas palabras al pueblo cubano, cundió el pánico.

Aquella lapidaria reflexión de Fidel paralizó a Raúl y con él toda posibilidad de que dentro del propio sistema se comenzaran a movilizar las fuerzas productivas y la economía diera sus primeros pasos hacia un desarrollo sólido.

Vino un tímido Congreso, que más que una oda al cambio positivo resultó una alabanza a la vieja política de la guerra fría; vino la conceptualización del modelo social cubano y ni con una tomografía le podemos detectar lo nuevo. Parece que jamás han cometido ningún error ni nada ha caducado, porque luce como una réplica de cualquier documento extremista de los 80.

Ya en el noticiero no hablan del Mariel como hace meses atrás y la famosa carpeta de inversiones parece que se olvidó. El plan de desarrollo hasta el 2030 es una quimera con el país nadando en un bote que hace aguas desde siempre, pero que no admite ni reposición ni reparación. Los avances conceptuales y legales con respecto al sector privado, en la conceptualización, son espejismos, pequeñeces abstractas que solo potenciarán más corrupción y clientelismo.

Como han resaltado varios especialistas, incluso aquí mismo en Havana Times, el gobierno cubano ha desaprovechado una gran oportunidad de dar pasos firmes hacia el mejoramiento de nuestra economía. Desmontar el bloqueo interno, abrir más oportunidades al sector privado nacional, no solo al externo. Crear un marco legal urgente que proteja a los emprendedores, máxime si en el pasado la Revolución despojó a miles de propietarios de sus bienes logrados con años de sacrificios.

Esa misma política de mediatizar el empleo a través de una empresa empleadora que se roba el 90% del valor real del salario que pagan los inversionistas extranjeros, es un descaro. Y ya ha comenzado a traer problemas, porque si no pagas no es fácil exigir calidad o evitar el robo. El extranjero paga un buen salario, pero tiene empleados mal pagados, es una paradoja entre muchas que vemos a diario.

El resultado es esta nueva crisis, ilógica dentro de nuestra economía. Especialmente con la energía, en momentos en que cuesta menos el petróleo y no somos un país exportador de ese rubro para vernos afectados directamente. Está más relacionado con la “falta de leche en la teta de turno” que con una situación real que lo justifique en nuestro patio.

Empresas con el 50% del combustible sin que se les haya bajado oficialmente el plan de producción; el transporte público diezmado porque funciona con combustible robado y “la lucha” se ha puesto difícil; ahorro forzoso de electricidad, climatización apagada en pleno verano sofocante y calles oscuras en las noches. Las cosas que bajaron de precio casi ni se ven en las tiendas, la mayoría desaparecieron y quedaron en el plano de la politiquería.

Diez años de gobierno lleva Raúl y nada de nada; no se ve resultado positivo en algo tangible y ya era hora de que se notara si en verdad fuésemos por el camino correcto. “Sin prisa pero sin pausa” es su lema, pero por muy poca que sea su prisa ya era hora de que hubiese llegado a algún lado. ¡Son diez años, no diez meses! Con razón la gente se lanza a esas aventuras suicidas por las selvas y los mares, expuestos a todo por salir de aquí.

Obama quiso ayudarnos a que entendiéramos la solución de nuestros problemas como un asunto que parte de ser nuestro, de que rescatemos nuestro protagonismo soberano. Todo parece indicar que causó más efecto en el gobierno que en nuestro pueblo, que era el destinatario de su mensaje. Poco hemos hecho los cubanos desde entonces por tomar las riendas de nuestros asuntos, sin embargo, muy significativo ha sido el cambio de actitud del gobierno, que luce retraído, mucho más enquistado y receloso que en los días previos a la visita.

Ahorita hace dos años de aquel acontecimiento que despertó esperanzas. Los años para nosotros los cubanos pasan y pasan y es como si tuviésemos esas vidas largas de los tiempos bíblicos, como Matusalén. Diez años y nada; dos años y nada; 56 años y nada. Son vidas enteras que se pierden en la miseria, en la espera de tiempos mejores.

En nuestra desesperación, cansados de que solo se nos ofrezca “resistencia”, nos asimos a cualquier tabla de salvación. El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y EUA, la visita de Obama y la apariencia de un cambio económico serio, nos hizo soñar nuevamente con el fin de la agonía. Pero una vez más se cumplió con lo que ya se ha vuelto tradición en Cuba: la esperanza se desvanece.