A 9 meses de gobierno macrista, se profundiza la crisis económica, social y también política. En la agenda pública está instalada la competencia o no del gobierno de Cambiemos para pilotear en la tormenta. La imposibilidad por parte del ejecutivo de poder mostrar un mínimo avance en alguno de todos los problemas de la economía, y los cuatro retrocesos en el porcentaje de aumento del gas, sin que aún se haya establecido el valor de la tarifa, ponen en duda su capacidad para gestionar en medio de una de las más profundas crisis de los últimos tiempos.
Cada mes que pasa empeoran todos los índices económicos: en julio la industria cayó un 7,9 %, la peor caída en 12 años; la desocupación subió al 9,3 %; las inversiones tuvieron un retroceso del 9,6 % y la recesión se sostiene en el 1,5%. Esta situación no se puede explicar sin la crisis mundial y con ella la desaceleración del crecimiento Chino, la reducción del precio de la soja, y la menor entrada de dólares con los que se subsidiaba a la deficitaria industria local; también la recesión económica de Brasil derrumbó las exportaciones de los productos argentinos, con una caída del 23 por ciento interanual a julio del corriente.
El nuevo gobierno prometió que pagándole a los buitres, devaluando y aumentando las tarifas llegarían las inversiones a la producción, se reactivaría la economía, se generarían más puestos de trabajo, y así nos encaminaríamos a la pobreza “cero”. Sin embargo, difícil que alguien invierta si no puede vender lo que produce.
En este contexto Macri descarga la crisis sobre el pueblo pobre y la clase obrera; las consecuencias son los más de 200.000 despidos, aumento de la pobreza y el empeoramiento en las condiciones de vida de la inmensa mayoría del pueblo trabajador.
Sin embargo, lo hecho hasta ahora por el gobierno no alcanza para satisfacer la demanda del capital. El ejecutivo se encuentra entrampado entre las exigencias de las distintas fracciones de la burguesía: Rattazzi (presidente de FIAT) pide un dólar a $18, pero “si le hace caso no puede evitar que el alza del dólar, como ocurrió históricamente, se traslade a precios y aumente la inflación. Si le hace caso a la UIA, que también se queja con los acuerdos con China, se queda sin el financiamiento del gigante asiático para las obras de infraestructura. Si quiere dejar contento a Pagani o a Roca y proteger el mercado interno, tiene que reabrir paritarias y aumentar salarios, que es lo que, por otro lado, le exigen que baje. Si baja el déficit de un plumazo, como a coro le reclaman, la actividad económica se estanca definitivamente y no tiene una protesta sino miles en cada rincón del país” (Tiempo Argentino, 4 de septiembre).
Los distintos intereses del establishment, se expresan al interior del gabinete en la disputa entre Prat Gay quien pretende que baje la tasa de interés en pesos, y Sturzenegger sosteniendo las tasas altas para mantener el dólar planchado.
Este es el contexto que venimos señalando, en el que las políticas de ajuste no dan el resultado esperado y el macrismo no tiene un plan B para salir de la crisis, ni posibilidades inmediatas de hacerlo. Esta situación viene generando un desgaste del gobierno, donde no solo cae la imagen positiva, sino que “es la primera vez en estos meses turbulentos que Macri le transmite a los suyos cualquier sensación menos tranquilidad” (Teneumbaum, El Cronista 30/08).
La oposición patronal y la burocracia sindical como parte del ajuste
Para llevar adelante el ajuste, el gobierno de cambiemos cuenta con la complicidad de los gobernadores e intendentes, independientemente del partido al que pertenezca. Es decir, de toda la oposición patronal: el Frente Renovador, el PJ y el FPV, con quienes además, aprobaron en el congreso el pago a los buitres, la ley de blanqueo entre otros acuerdos.
El presidente arregló con la CGT la devolución de parte de los fondos de las obras sociales a cambio de garantizar la paz social e impulsó acuerdos con los gobernadores de todas las provincias por el "reintegro" de los fondos de coparticipación, a cambio de garantizar la gobernabilidad.
La Marcha Federal impulsada por los movimientos sociales y sindicatos kirchneristas, el FPV, con intendentes como el de Avellaneda (Ferraresi) que pagan salarios por debajo del mínimo vital y móvil, y con sectores empresariales, pretende dar respuesta al descontento social por el ajuste, pero no para frenarlo si no para capitalizar políticamente con la apuesta a las elecciones legislativas del año que viene.
Las tareas de los revolucionarios
El ajuste viene incrementando los niveles de bronca y descontento. Por eso está en la agenda el problema de la gobernabilidad y ya se habla acerca de que hará el gobierno para “garantizar la paz social en diciembre” (Perfil 27/08).
Por otro lado, producto de la bronca y de la pelea del pueblo, el macrismo no pudo avanzar con el ajuste todo lo que pretendía. La fuerte lucha de los trabajadores viene impidiendo que se aplique el tarifazo en el gas.
En este contexto, por un lado es necesario que los sectores clasistas intervengamos con acciones concretas que brinden un espacio de participación a todos los trabajadores que estén dispuestos a luchar. Pero esa lucha tiene que ser desde una clara independencia de clase. Eso implica que las peleas por reivindicaciones concretas deben estar direccionadas con una perspectiva clasista, sin quedar a la cola de los sectores socialdemócratas que siempre terminan acumulando para una u otra fracción burguesa.
La lucha por la reapertura de las paritarias, contra el tarifazo y el ajuste, y la profundización de las medidas de fuerza con paros, piquetes y ocupaciones, es fundamental propiciarla impulsando espacios de base donde se debata y delibere acerca de las demandas a reclamar, pero sobre todo, las organizaciones revolucionarias, debemos impulsar la reflexión acerca de las causas de nuestras necesidades, que no es otra que el capitalismo y el Estado como herramienta de la burguesía. Por eso, ante la profundización de la crisis, la única salida es desarrollar la lucha política por la construcción de una nueva sociedad, sin explotadores ni explotados, es decir, luchar por la toma del poder y la Revolución Socialista.
FRENTE DE ACCIÓN REVOLUCIONARIA