RED LIBERTARIA DEL SUR
7/9/16 facebook
En Uruguay hay más de 1.610.000 hectáreas en mano de 27 multinacionales, según otros datos en realidad esta cifra es mucho mayor. Con la llegada del progresismo en el año 2004, unos de sus argumentos fue “ampliar la matriz productiva”.
Así fue que con recordados discursos, como los del ex presidente Mujica invitando a las multinacionales a invertir con el argumento de que “aquí nadie les va a poner palos en la rueda” Uruguay comenzó el camino a la nueva miseria: La miseria progresista.
Luego de 40 años desde la fundación del Frente Amplio (1971) con un duro discurso anti-imperialista y popular obtienen por las urnas lo que la guerrilla en la década del 60 les negó: El poder.
Dentro de sus postulados estaba por ejemplo, no reconocer la deuda externa generada en la dictadura cívico-militar (1973-84) financiada por EEUU, hoy parten más de 4 millones diarios al FMI.
Se buscaba acabar con los intentos de privatizaciones de las empresas públicas, hoy UTE, ANCAP y otras tantas empresas públicas (Gracias a la Ley de Participación Publico Privada) están enriqueciendo capitales privados.
Se apuntaba a un Sistema de Salud Único y Estatal, hoy se creó el Sistema Integrado de Salud junto al FONASA, así las mutualistas privadas han multiplicado millones con los aportes de los uruguayos, incluso por aquellos que optan por ASSE. El dinero para salud pública, proviene de rentas generales y no de los descuentos que van a las arcas del sector privado donde se encuentran administrativos con salarios que superan 1 millón de pesos. Por lo tanto vaya inclusión la progresista si hablamos de salud.
Entre otras cosas, se mantuvo la Ley de Zonas Francas del 87, la de Promoción y Protección de Inversiones del 98, detenerse aquí y ver los motivos es vital ya que junto a la Ley 18.786 de Participación Publico Privada reestructuraron el latifundio con los monocultivos.
Con el nuevo Uruguay improductivo, los nuevos terratenientes, provenientes de Finlandia o en caso de los sojeros de la República Argentina, se avanzó tal que el progreso llevo al desplazamiento de 50. Mil pequeños productores. Muchos pequeños productores, terminaron absorbidos por los nuevos latifundistas. Dándose la proletarización de pequeños productores y un éxodo rural sin precedentes, el gobierno de turno siguió firme en este tipo de desarrollo anti-sustentable.
Otras de las consecuencias, se profundizó la tala del monte nativo, incluso hasta las orillas del rió Santa Lucia por la actividad sojera. La minería a cielo abierto, otro de los proyectos que el oficialismo busca concretar junto al puerto de aguas profundas, dan la pauta de que en realidad lo que están poniendo a la venta es nuestra soberanía.
Con las primeras papeleras de UPM y Montes del Plata funcionando, con la actividad sojera peleando junto al agro y el turismo los índices más altos del PBI, los resultados para el país no han sido muy alentadores.
En la ciudad se paso de 165.000 personas viviendo en asentamientos a 250.000, los asentamientos irregulares crecieron considerablemente ubicándose cerca de los 560. En Uruguay un 8% de la población vive en asentamientos irregulares.
Con el país productivo, que implicó un extractivismo del casi 40%, el Estado tuvo una lucha paralela con los usurpadores de tierra, con ocupas que en muchos casos regresaron al país por las promesas electorales de vivienda, trabajo y salario digno.
Así fue que comenzaron los desalojos con los aparatos represivos sobre todo en Neptunia y en Marindia. En la capital del país los desalojos no fueron menos si vemos el reciente ocurrido en barrio Guaraní donde 80 niños fueron a parar en la calle. No olvidar que Uruguay cuenta con 250.000 viviendas abandonadas, las suficientes para solucionar gran parte del problema.
Hoy el país tiene más del 11% de desempleo, cerca de un 10% de inflación, la educación no da buenos resultados ya que se prefiere invertir en represión (Hacemos un poco de memoria, veremos enviar la metropolitana a desalojar gurises de 15 años en el CODICEN) y en infraestructura para las multinacionales.
El modelo de los monocultivos, lejos de brindar una solución a la problemática del desempleo con una nueva papelera con capital de Finlandia va a profundizar una crisis ecológica y nos seguirá haciendo creer que la solución está afuera, mientras la solución está en la colectivización de la economía y en modelos sustentables de desarrollo. La empresa UPM promete 8. Mil nuevos empleos con una nueva pastera ubicada sobre el rió Negro, aquí surgen varias interrogantes:
¿Por cuánto tiempo se mantendrán las fuentes de empleo? ¿A qué costo? ¿Cómo se encuentra hoy la tasa de desempleo en Conchillas? ¿En qué han solucionado los monocultivos los problemas emergentes de la sociedad uruguaya?
¿Cuántas pasteras mas son necesarias para bajar el desempleo, para bajar la inflación y el costo de vida?
Dato actual, la canasta básica ronda en los 70 mil pesos y 800.000 uruguayos tienen un salario inferior a 15 mil pesos, sumamos al país productivo las decenas de miles que se encuentran en seguro de paro, los desempleados, los sin vivienda, etc. Evidentemente que con los datos expuestos debería de hablar de inseguridad, pues si, por eso se apuesta a fortalecer los aparatos represivos y colocar cámaras de seguridad en todas partes. Es el resultado del país productivo donde las multinacionales exoneradas de impuestos hacen un basurero del Uruguay y se llevan fortunas gracias a estos izquierdistas postmodernos amantes del progreso.
Cuando el progreso significa poner en venta nuestros recursos naturales.
Cuando se cree progresar a cambio de contaminar nuestro suelo y nuestra agua con agrotóxicos.
Cuando nuestra salud deja de ser importante bajo la lógica del progreso y a cambio de migajas pasajeras.
Cuando un país productivo se inclina de rodillas ante multinacionales como UPM, Montes del Plata y Monsanto.
Cuando los izquierdistas postmodernos no invierten en educación ni en empleos genuinos sino el fortalecer los aparatos represivos a la medida que reestructuran el narcotráfico como la propiedad privada de los grandes terratenientes.
Cuando continúan entregando silenciosamente la soberanía de un pueblo con el pseudoargumento del progreso.
Cuando todo eso sucede decir NO es el mejor homenaje a todos aquellos que cayeron creyendo en una utopía