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Los jacobinos negros. El proceso de Independencia Haitiana (1789/ 1820)

Rolando Bel

CUARTA Y ÚLTIMA PARTE

La construcción de dos experiencias políticas y

económicas (1806- 1820)

Henri Christophe, un antiguo esclavo y soldado de las luchas contra los franceses, estableció en el norte el Estado de Haití, territorio que en el año 1811 se transformaría en el Reino de Haití, al tiempo que se proclamaba rey con el nombre de Henri I. En el sur en cambio, se desarrollaba una experiencia política de carácter republicano con la presidencia de otro militar proveniente de las luchas de la independencia anticolonial, el mulato Alexander Pètion. Pero las diferencias entre el reino norteño de Haití, gobernado por un rey y una nobleza mayoritariamente negra y la república sureña de las élites mulatas no sólo se fundamentaban en el régimen político; también desde lo socioeconómico es evidente la construcción de sistemas diferentes.

En el primer caso, el régimen de Christophe intentó reconstruir el modelo de economía de plantación latifundista de productos exportables, con ciertas continuidades con respecto al sistema de Dessalines pero también con algunas diferencias. La visión de Cristophe era más compleja, al menos en un par de aspectos. Para empezar, concebía a la sociedad a construir con una mayor cantidad de sectores sociales: una nobleza y oficialidad militar (propietarios de haciendas), otro estrato conformado por soldados (podían poseer propiedades pero más pequeñas), comerciantes y artesanos (desarrollaban oficios y actividades en forma libre), y agricultores (la mano de obra forzada de las haciendas). El monarca expropió y recuperó tierras y haciendas que en unidades de grandes extensiones le fueron otorgadas a una casta de nobleza que se conformó a partir de jefes y oficiales militares, en su mayoría negros aunque se encontraban entre ellos algunos mulatos, que le eran afines.

Si bien compartía la idea de Dessalines de construir un sistema de producción latifundista de productos exportables, Henri Christophe se diferenciaba del primero al poseer un espíritu más modernizador, por lo que consideraba prioritario implementar las siguientes medidas: actualizar la infraestructura productiva existente, por ejemplo, reconstruyendo y mejorando los sistemas de transporte y comunicación; diversificando la producción de productos exportables (además del azúcar aumentar la producción de café y de maderas preciosas como la caoba) y realizar otras innovaciones como fomentar el cultivo de cereales para alimentación y el uso del arado.

En lo social, se reimplantó un régimen forzado de trabajo sobre los agricultores o campesinos, inclusive más duro que los anteriores, como se expresa en el Código Rural de 1812, con una jornada laboral extendida de 11 a 13 hs, con la obligación de permanecer en la plantación y una división interna del trabajo, tan rígida como rigurosa. A eso se le sumaba la obligación del campesinado de participar, ciertos días en la semana, de la construcción de grandes obras públicas como fortificaciones, caminos e inclusive de la ciudadela de La Ferriêre y el palacio de Sans Souci. El control sobre la productividad y disciplina de la mano de obra estaba a cargo de Inspectores de Agricultura, en su mayoría militares que pertenecían a la casta dominante.

Desde la perspectiva económica, el modelo económico implementado fue exitoso, aumentó la producción agropecuaria en general, se mejoró y modernizó la infraestructura básica y el Estado comenzó a enriquecer sus arcas. El análisis desde una perspectiva social es muy diferente, ya que los campesinos eran conscientes de que trabajaban más tiempo que antes, con un régimen más brutal y seguían percibiendo sólo la cuarta parte de lo producido.

Los campesinos disconformes, o bien huían hacia las montañas donde se dedicaban al cultivo de víveres (alimentos) o cruzaban hacia el territorio republicano. Si bien al final del gobierno el monarca implementó la distribución de tierras en los estamentos medios del ejército y soldados afines al gobierno (Decreto del 16/07/1819), copiando la metodología del vecino gobierno republicano, estas reformas llegaron muy tarde. En 1820 se derrumbaría el Reino del Norte, ante una rebelión militar, en cuya base estaban los campesinos pero también funcionarios del régimen. El decepcionado Henri Christophe se suicidó.

El modelo económico-social implementado por el republicano Alexander Pètion tuvo una evolución diferente. El régimen presentaba inicialmente el ejercicio de una división de poderes, donde las medidas a implementar debían ser consensuadas entre el presidente y el Senado. Este último, muchas veces fue la herramienta de la oligarquía mulata para recuperar sus tierras, inclusive con la oposición manifiesta de Pètion. Un claro ejemplo, es una ley de abril del 1807 donde se intenta regimentar las relaciones agrarias e impedir el desarrollo de minifundios, ya que se prohibía la venta de tierras no menores a 10 carreaux.

Ante estas resistencias terratenientes y también por la presión de la clase popular campesina, el presidente Pètion disolvió al Congreso y estableció una dictadura reformista. A fines de 1809 comenzó la distribución de tierras pertenecientes al patrimonio nacional en pequeñas parcelas. En dos decretos (30/12/1809 y 22/10/1811) se estableció la entrega de tierras a militares, medida que a la vez aseguraba la lealtad de las tropas a su gobierno. La extensión de la parcela estaba de acuerdo al grado, por ejemplo los coroneles obtenían una plantación grande de café o azúcar, los jefes 35 carreaux, los tenientes 25 y los soldados parcelas menores a 5 carreaux. También se incluyó en el reparto a administradores, funcionarios estatales y a algunos campesinos.

En otra medida importante, modificó los porcentajes en el reparto de la producción agrícola: mientras el estado, el propietario y el arrendatario se quedaban con la mitad de lo producido, los trabajadores campesinos, quienes debían recibir las herramientas del propietario, lograban la mitad de la producción. Además, se implantó el acortamiento de la jornada laboral, la protección de las trabajadoras embarazadas, etc. El Estado cumplió la función de regulador de la economía, auxiliaba a los campesinos en épocas de malas cosechas o calamidades naturales y, además compraba los excedentes de café y azúcar para sostener el precio, lo que generó un crecimiento de la deuda estatal y desfinanciamiento de la hacienda pública.

Si bien algunas de las medidas implementadas por el presidente fueron de un intenso reformismo, tanto que algunos autores hablan de la primera reforma agraria realizada en América, la política del caudillo mulato apuntaba a construir una nación campesina de ciudadanos libres aunque de economía capitalista. En síntesis, un sistema económico-social donde pudieran convivir la gran propiedad latifundista (plantaciones orientadas a la exportación) con la pequeña y mediana propiedad (en algunos casos para exportación pero también orientada a la producción alimentaria local); aunque sin alterar la dinámica capitalista de la producción agropecuaria.

Por eso, si bien las medidas buscaban diversificar la producción y uso de la tierra, tampoco quería eliminar o disminuir la mano de obra de las plantaciones; en la práctica, los pequeños campesinos y jornaleros rurales, fueron los sectores sociales menos beneficiados en estas distribuciones de tierras.

Esta experiencia tuvo sus límites, ya que no logró reactivar a una escala competitiva la producción azucarera. En parte debido a la competencia de Cuba y de las Antillas holandesas, pero también a la resistencia campesina. Ya que los cultivadores se orientaron mayormente hacia la producción de la agricultura de subsistencia o de mercado interno, resistiendo tanto la producción de cultivos exportables como el trabajo en las haciendas.

El sistema laboral implementado por el gobierno republicano evidenció que cuando no existían castigos físicos ni coacción sobre los campesinos, los mismos abandonaban las haciendas y se orientaban hacia la agricultura de alimentos básicos o desarrollaban experiencias alternativas como la comunidad de Grande Anse. Como bien señala Moya Pons, “mientras Pètion había creado un campesinado libre y propietario pero había debilitado al Estado, Christophe había enriquecido al Estado pero las masas habían quedado sujetas al peonaje”.

Joachim Benoit sostiene que el impacto social de estas medidas de distribución de tierras para la clase campesina fue limitado, tanto en la república de Pètion como en el reino de Christophe, ya que las dos terceras partes de los cultivadores no accedieron a ninguna forma de propiedad. En los relatos de viajeros de época se apuntaba que predominaba el sistema de colono aparcero, aunque con mejores beneficios para los que producían café que los especializados en la caña de azúcar.

Queda por analizar el experimento cimarrón que aconteció en las montañas de Grande Anse. El mismo surgió cuando un grupo de trabajadores agrícolas de la parroquia de Jèrémie encabezados por Goman, huyeron de las haciendas en época de Dessalines, y al poco tiempo construyeron una comunidad de producción agrícola y diversificada, de carácter anti-excedentaria.

Si bien el enclave cimarrón fue hostigado por los terratenientes mulatos vecinos, pudieron sobrevivir hasta 1820 debido a la resistencia de los piquets, guerrilleros armados con viejos fusiles de chispa, a los que el gobierno republicano optó por aislar en lugar de intentar su eliminación.

El presidente Alexander Pètion falleció en 1818 y el general Jean Pierre Boyer fue electo presidente de la república. Ante el suicidio de Henri I, reconquistó el norte del país en 1820 y posteriormente ocupó la parte española en 1822, consolidando la república y unificando la isla hasta 1844.

En pocos años, hacia 1826, la república haitiana obtuvo el reconocimiento de Francia a cambio de 150 millones de francos-oro y el levantamiento del bloqueo económico con el pago de la elevada suma antes referida. Casi simultáneamente, el gobierno de Boyer publicó un Código Agrario donde se volvieron a establecer dispositivos coercitivos para disciplinar a las masas campesinas buscando aumentar la productividad de las haciendas agrícolas.

En lo diplomático, la tierra de los jacobinos negros permaneció aislada por bastante tiempo. El Vaticano la reconoció después de sesenta años de la independencia, y Estados Unidos lo hizo tardíamente, durante la presidencia de Abraham Lincoln. Recién en 1870 se acreditó un diplomático venezolano en la república de Haití, la primera representación diplomática de América Latina.

Consecuencias de la Revolución

Susan Buck-Morss propone una interesante hipótesis donde argumenta que la abolición de la esclavitud en la colonia de Saint-Domingue no fue solamente una consecuencia de las ideas o de las acciones revolucionarias acontecidas en la metrópolis francesa, sino que los propios esclavos tomaron en sus propias manos la lucha por la libertad, no a través de reclamos, sino de una revuelta violenta y organizada.

Haití fue la segunda colonia americana en independizarse, después de los Estados Unidos. Se la considera, asimismo, la primera república negra del mundo y una de las pocas rebeliones de esclavos culminada con éxito.

El sistema de trabajo esclavo, base de la economía de plantación, productora de azúcar, añil y otros productos para el mercado externa, fue abolido y nunca más reimplantado en toda la isla, aunque los sistemas de trabajo de la post-independencia por lo general se inclinaron a imponer sistemas de servidumbre forzada, con una rígida división del trabajo y control militar de la mano de obra. Los blancos, con muy pocas excepciones, fueron exterminados o expulsados del país por lo que éste quedó habitado y gobernado por negros y mulatos.

La economía de las plantaciones, sin su sustento en la esclavitud, cayó bruscamente (a pesar de diversos intentos de reactivarla mediante trabajos forzados remunerados) siendo sustituida mayormente por una economía de subsistencia, algunos autores hablan de economía campesina reconstituida al estilo africano.

La nación haitiana sufrió un largo período de aislamiento internacional promovido, fundamentalmente, por las potencias europeas y los Estados Unidos que no admitían la existencia de una nación gobernada por ex-esclavos, lo que implicaba una amenaza para sus propios sistemas esclavistas. Además, la Revolución Haitiana tuvo consecuencias en toda la zona del Caribe, con un gran impacto en el sistema esclavista predominante en la región antillana.

Hacia la tercera década del Siglo XIX los ingleses y holandeses abolieron la esclavitud en sus colonias, los franceses lo harían una década después.

Las consecuencias internas de la Revolución Haitiana son bastante complejas de evaluar. Mientras que para Joachim Benoit el caso evidencia cómo pudo sustentarse y construirse un proyecto de Estado- nación, ya que a pesar de una profunda división entre dos clases sociales con intereses opuestos, la aristocracia (mulata y negra) y el campesinado, ambas estaban determinadas a mantener la independencia nacional. Para Tadeusz Lepkowski, nos encontramos en una sociedad en transición y transformación en varios planos: de una población con predominio de esclavos a otra de campesinos libres, de africanos de tribus diversas a una sociedad nacional haitiana, de un modelo de producción de monocultivo latifundista a otro más diversificado, y principalmente de un sistema de trabajo coactivo o forzado (esclavitud, servidumbre) a otras formas de explotación más encubierta y flexible de la mano de obra campesina.

Para finalizar, consideramos adecuada una reflexión de Eduardo Grüner, quién considera que todavía no se ha justipreciado debidamente el impacto de la revolución haitiana en el continente americano pero tampoco en el europeo, ya que fue la revolución haitiana la que obligó a Robespierre a abolir la esclavitud en 1794, después de tres años de sangrienta lucha y dos centenas de miles de muertos.

Es decir: fue la Revolución Haitiana la que obligó a la Revolución Francesa a ser consecuente con sus propios principios de libertad universal.