Envíopostaporteñ@ 1674

Colombia: El Plebiscito, La Paz y la Derrota

Ahora hasta la IZQUIERDITA nos quiere hacer creer que todo se circunscribe al SI de Santos y el NO de Uribe, desconociendo los miles de matices del SI y del NO y la ABSTENCIÓN. Una manera de evadir el debate interno que nos señala la profunda crisis ideológica y política en que se encuentra esta izquierda 

LACM

El Plebiscito, La Paz y la Derrota

GearóidÓLoingsigh

04/10/2016

Sin lugar a dudas, la victoria del No en el plebiscito del 2 de octubre fue una sorpresa para muchos, incluso los de la campaña por el No.  Representa una derrota múltiple, por un lado, Santos fue derrotado en las urnas, el Acuerdo Final fue derrotado y las FARC también. La derrota no es la misma en cada caso.

Santos perdió su intento electoralista de ligar la suerte del plebiscito al futuro de su candidato presidencial Humberto de La Calle.  El Acuerdo fue derrotado sin siquiera formar parte del debate real y por supuesto fueron derrotadas las FARC, parte del No claramente votó expresando su rechazo a la organización.  También hubo otra derrota, el deseo de los colombianos de vivir en paz.  Aunque la verdad es que esa última derrotase veía venir de todas formas, pues el Acuerdo propone terminar la balacera con las FARC y no tanto conseguir la Paz.

¿Cómo llegamos a este punto?

El voto No, es la consecuencia de una serie de actos, acuerdos y connivencias del gobierno, las FARC, la izquierda legal y las ONG.

El primero de esos fue la adopción del modelo irlandés de un proceso a puerta cerrada cuyo contenido y discusiones fueron un secreto y el pueblo no tenía ni voz ni voto, no tenían ningún derecho de saber ni opinar.  Los llamados expertos pensaban que eso era mejor Vicenç Fisas de la Escuela de Cultura de Paz de Barcelona dijo "Sería terrible que tuvieran que hacer un comunicado diario, como en el Caguán o en Cuba, con el ELN, entre el 2005 y 2007. A los medios hay que pedirles paciencia" /1

 Exagera, en los casos citados, no emitieron comunicados diarios, y en este proceso, tampoco se quedaron callados, pero la idea fundamental era: hagámoslo a espaldas del pueblo, exigía paciencia del pueblo no de la prensa.

El pueblo no participó, no obstante algunos foros (donde asisten y escuchan más que nada) y el envío a la Habana de miles de propuestas.  Nadie sabe qué pasó con las propuestas que les llegaron.  Las organizaciones que llegaron a Cuba, opinaron pero no saben qué pasó con sus opiniones, el debate era entre dos, el Estado y las FARC.  Después de cuatro años de decirle a la gente que no tienen derecho a participar sino solo a figurar, aunque es inesperado, lo que ocurrió en el plebiscito no es tan extraño.

En el debate, la campaña de exparamilitares, paramilitares, narcotraficantes, terratenientes, grandes empresas, representados por el Centro Democrático de Colombia, mintió una y otra vez.  Pero la verdad es que el Sí también mintió.  La izquierda hablaba de reforma agraria cuando el Acuerdo lo descarta y el documento de las FARC presentado en su Conferencia X lo reconoce /2

 Habrá impunidad para los militares y los empresarios a quienes equiparan a los rebeldes de las FARC (en sí un insulto grave, el rebelde es opositor altruista, los militares, criminales del Estado y los empresarios, criminales en busca de su propio beneficio).  Estos y muchos más temas no formaron parte del debate por una sencilla razón.

La izquierda colombiana hizo una alianza con el gobierno de Juan Manuel Santos en nombre de la paz, no sólo cuando pidieron votar por él en la segunda ronda en 2014, sino en el marco de las discusiones sobre la paz.  Aceptó que el pueblo no tuviese ni voz ni voto y cuando comenzaron a publicar los borradores de los acuerdos, no dijeron nada sobre el vergonzoso contenido. 

Se callaron en nombre de la pazLa izquierda legal, del Polo, y las ONG, con algunas excepciones, no es un mundo poblado por idiotas sino tiene mucha gente inteligente, capaz, analítica y hasta algunos con consciencia.  Empero, no dijeron nada sobre los vacíos de los acuerdos.  Nunca  abrieron ese debate.   La izquierda aceptó que es mejor no discutir y confiaban en el cansancio de la guerra para ganar un plebiscito.

¿Quienes votaron No?

Nada más saber el resultado, comenzaron a señalar que las ciudades votaron No y el campo Sí, las víctimas Sí y las no víctimas No. 

Sin embargo, la situación es mucho más compleja y no se puede reducir a crudos argumentos como ese.  Es cierto que Antioquia es el departamento que mayor impacto tuvo a favor del No.  Pero cuando miramos a municipios rurales, como Segovia, escenario de la masacre de 1988 cuando el Partido Liberal (donde militaba Uribe en ese entonces) dio la orden a los paramilitares y militares y masacraron a 43 personas por haber votado por la UP y en contra de los liberales vemos otra realidad.  En 1996, el capitán Cañas dirigió un grupo paramilitar que masacró a 13 personas en dos barrios del pueblo.  En 1997 los paras y los militares mataron a 250 personas, muchos de ellas defensores de derechos humanos.  En 1998, el ELN atacó el oleoducto y el incendio posterior, no intencional, incineró a 84 personas en Machuca, Segovia.  Luego en 2001, los paras mataron a siete personas en ese mismo lugar, por nombrar solo unos hechos.  No hay duda, el municipio tiene sus víctimas, ha vivido la guerra como ningún otro, pero votó claramente por el No.  Sin embargo, solo votaron 19% de la población.

En Bojayá lugar donde más de cien personas murieron en un ataque de las FARC contra los paramilitares atrincherados en el pueblo, 96% votaron Sí.  Parece ser contundente, y se utilizó como prueba de esa división rural/urbana víctima/ no víctima.  Pero apenas 30,37% de los votantes inscritos salieron a votar en ese municipio.  Segovia y Bojayá son pruebas de algo que los medios, la izquierda, el Estado y las ONG no quieren reconocer, es que las razones por el No son más complejas y la abstención derrotó a todos, ninguno de ellos pudo motivar a la gente a votar.  Casi 63% de la población no salió a votar y en los municipios más afectados por la violencia la abstención ascendió a cifras entre el 70% y 80% /3

Todo eso es el resultado de un proceso a las espaldas de la gente. Que Uribe aprovechó la ignorancia de la gente, metió temas de miedo, apeló a un catolicismo reaccionario logrando meter hasta los derechos de los LGBTI en el debate, pues sí.  Pero lo hizo ante una izquierda que en alianza con el Estado decidió que era mejor pedir a unos ignorantes votar que educar, debatir y discutir.

El vacío de ignorancia es una creación del mismo proceso, es un requisito del proceso.  Los que votaron Sí tampoco lo hicieron pensando en el contenido.  Algunos creían que habría reforma agraria, justicia, verdad etc.  Pero realmente votaron por estar cansados de la guerra.  Y ahora que Uribe entra a negociar  “cambios” volverán a votar que sí, independientemente del contenido de los cambios.

Constituyente

Las FARC pidieron una Constituyente desde muy temprano en el proceso pero aceptaron sin más la respuesta negativa del Estado.  También lo aceptó la izquierda y las ONG, pues estas últimas, como buitres, van donde la plata y no había plata en seguir peleando por una Constituyente.  Sin embargo, ahora se revive la idea.  Una Constituyente no se puede hacer a las carreras, pero es la única posibilidad de dar vida a ese deseo de vivir en paz y a la vez construir un escenario para luchar contra la impunidad, las empresas mineras, las leyes de despojo entre otras cosas.  Pero para hacer eso, el Polo, tiene que romper su alianza con el Estado, la derecha ha dicho que no está dispuesta a una paz a cualquier precio, así la izquierda también tiene que decir “paz sí, pero no a cualquier precio”, es decir todo lo contrario de los cuatro años que llevan de rodillas con el autoengaño de que un proceso de paz solucionaría todo.  Cuando uno pide poco está garantizado que le van a dar menos

1/ El Tiempo (29/09/2012) Entrevista con Vincenç Fisas www.eltiempo.com

2/Véase www.las2orillas.co¿Que discutieron las FARC en sesión cerrada durante los 7 días de la X Conferencia?

3/ Las cifras de la votación están disponibles en www.registraduria.gov.co

 

Saludos,  y una corrección frente a la UP

Efectivamente en el 1985 las FARC abre la posibilidad de una solución negociada con el gobierno, Las FARC propone el surgimiento de un partido político al que llamaron UNIÓN PATRIÓTICA, partido que aglutinó mucha población, entre ellos intelectuales, académicos, sindicalistas, estudiantes, campesinos y amas de casa, toda la población excluida y que creía que era posible hacer cambios bajo las condiciones de la clase dominante, sin embargo a los 36 días de creada la UP, asesinaron al primer líder campesino miembro de la UP, así inicia la respuesta demencial de la clase dominante, el hoy jefe negociador de las FARC llegó a congresista de Colombia como miembro de la UP.

En 1989 la clase en el poder utiliza a los miembros del Partido Comunista para convencer a Marulanda que se sumara a la Asamblea Nacional Constituyente negociada con el M-19, aprovechando esta visita y con la complicidad de los camaradas de PCC creyeron que Marulanda se descuidaría y bombardearon Casa Verde, lugar del famoso teléfono rojo entre el líder de las FARC y el presidente de Colombia, este hecho hizo que las FARC rompiera relaciones con el PCC y llamara a sus cuadros a devolverse al monte porque no le podía garantizar la vida  en las ciudades y determinan no seguir en la UP, los cuadros directivos de la UP continúan en la política, aislados de las FARC, pero el entonces VICEPRESIDENTE acuño la frase que: LA UP era el brazo político de las FARC y con eso se justificó el genocidio contra la UP, los muertos de la UP no eran guerrilleros de las FARC fueron un grupo de "izquierdistas" que no imaginaron que la clase gobernante realizara un genocidio contra este grupo. 

Los Candidatos presidenciales asesinados fueron: Jaime Pardo Leal, un abogado que se había desempeñado como Juez de la República y fundador del sindicado de empleados judiciales ASONAL JUDICIAL, el otro candidato asesinado fue un profesor universitario llamado BERNARDO JARAMILLO, quien decía que no era de izquierda que era un demócrata y que no lo asesinaría porque no era de izquierda.  No murió ningún guerrillero en éste Genocidio.  Asesinaron civiles que creían que se podía hacer política.  Ninguno de los muertos tenía un arma en sus manos ni jamás la había empuñado. 

Después de la muerte de Jaime Pardo Leal,  el camaleón sindicalista ANGELINO GARZÓN (Vicepresidente de Santos) asume como Presidente del Partido, renuncia por miedo, asume el otro traidor sindicalista GARZÓN, quien juraba y gritaba que él no era de izquierda, aún así lo amenazan y renuncia, asume como presidente la maestra de escuela AIDA ABELLA, hoy presidente aún.  Con este recuento les quiero expresar que no es cierto que hayan muerto guerrilleros en el genocidio contra la UP.  El pre candidato a presidencia que propuso las FARC fue BRAULIO HERRERA a quien devolvieron para el monte porque lo podía matar, la historia de Braulio es triste, después se la contaré.  GENOCIDIO FUE CONTRA CIVILES SIN ARMAS Y QUE JAMÁS EMPUÑARON UN ARMA. 

Gracias por la atención.

D Nelma Forero Sánchez

 

Colombia: sorpresas, paradojas y lecciones

Nueva Sociedad

Por Juan Duchesne-Winter

Octubre 2016 nuso.org

A la guerra en Colombia se le acabó el combustible. Pero luego del triunfo del No, el uribismo quiere montarse en el carro de paz que Santos puso en marcha, lo que abre un escenario de incertidumbre y retrocesos conservadores.

El plebiscito colombiano, en el que ganó sorpresivamente el repudio al acuerdo de paz, ha actuado como una piedra de cuarzo en la que se traslucen múltiples posicionamientos del espectro político dentro y fuera del país. En Colombia, dichos posicionamientos añaden paradojas a la sorpresa: inmediatamente después de la derrota del voto afirmativo, apuntan a la irreversibilidad del proceso de paz. Pero primero echemos un vistazo desde afuera.

Ya se produjeron los necesarios rasgamientos de vestiduras y los innumerables lamentos por parte de la coalición del Sí y de la comunidad internacional. Ya hubo vítores de la oposición en Venezuela y Cuba, cuyos gobiernos coadyuvaron al proceso de paz. Muchos venezolanos y cubanos de la oposición identificaron al movimiento de paz colombiano con una conspiración «castrochavista» de hippies y gays, algo en lo que coincidieron con el discurso del movimiento del No, un bloque de uribistas y de religiosos muy homogéneo en su conservadurismo.

Resulta particularmente triste que mientras en Venezuela Nicolás Maduro tilda a todos sus opositores de «burgueses fascistas» –en una obvia distorsión de la realidad–, muchos de los opositores venezolanos, cuando miran a Colombia, aplican el mismo rasero reduccionista y tildan a todos los pacifistas de «castrochavistas», igualito como llama Uribe a todos sus opositores.

Estos posicionamientos resultan aleccionadores. Otros observadores internacionales, entre los que de destacaron algunos de Argentina, criticaron la intensa reacción frente a los resultados expresada por quienes respaldaron el Sí. Les advirtieron que respetaran el voto democrático, que no redujeran el voto por el No a un simple apoyo a la guerra y que no se refirieran a los votantes del No con tono de superioridad moral. Curiosamente, es a quienes han apostado por la paz y por la consulta democrática a quienes estos críticos les ofrecen lecciones de democracia y equidad cuando manifiestan honda preocupación con los resultados. La frustración y aprehensión de quienes participaban en la coalición que promovía el proceso de paz es entendible.

Tomemos en cuenta el contexto concreto. El movimiento del No es dirigido por políticos que históricamente han utilizado la guerra para aumentar su poder. Son aquellos a los que los especialistas han definido como los «señores de la guerra». Ese mismo movimiento (agrupado en torno del partido Centro Democrático dirigido por Álvaro Uribe) que denuncia que el acuerdo de paz sentaría a guerrilleros en el Congreso y les otorgaría impunidad todavía tiene sentados en el mismo Congreso a individuos estrechamente ligados al paramilitarismo, al narcotráfico y a la usurpación ilegal de tierras, amparados precisamente en la impunidad. Ciertamente, es motivo de enorme preocupación que ese sector haya ganado un plebiscito con una campaña belicista colmada de posicionamientos muy conservadores, como la «defensa» de tonos homofóbicos y misóginos de la familia tradicional que se coló de contrabando en la campaña del No.

Pese al resultado nefasto del plebiscito y paradójicamente por obra del mismo, se producen giros interesantes. Surgen indicios de que el cese al fuego, la otorgación de inmunidad y el proceso de desarme ya son irreversibles. En las últimas horas los bandos se han comportado de tal manera que se suman al camino hacia la paz.

El momentum de las negociaciones y del propio proceso plebiscitario en sí mismo ha generado un rodaje indetenible. Como afirmó el jefe de las negociaciones, Humberto de la Calle, independientemente del resultado plebiscitario, la paz se está abriendo un espacio en Colombia. Mientras, el analista Javier Duque Daza nos advierte que «antes de celebrarse el plebiscito, Uribe y sus allegados bombardearon los medios con el coro de que ‘el plebiscito es injusto, tramposo e irrespetuoso’. Estos atributos perversos desaparecieron con su triunfo y se sienten legitimados para ‘cambiar el rumbo’ a las negociaciones».

Uribe pide ahora sumarse a una reanudación de negociaciones en representación de la voluntad expresada electoralmente. Habla de buscar unidos un pacto nacional. Pide amnistía general a guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). En un mensaje no muy velado a sus huestes paramilitares en la noche de la victoria electoral, pidió que se proteja a las FARC y que se mantenga el cese de hostilidades. Francisco «Pachito» Santos, quien fuera vicepresidente de Uribe, actúa como el «loquito» del movimiento del No

Con su habitual dedicación al lanzamiento de consignas para ver como son recibidas en la opinión pública, declaró que el movimiento del No acepta el 80% de los acuerdos y solo quiere discutir cambios en el 20% restante. Es que ahora Uribe quiere montarse en el carro de paz que Santos puso en marcha. Es su chance de reinstalarse en la iniciativa política nacional. Los votos lo avalan y lo inducen a transmutar su señorío de la guerra en un señorío de la paz, pues le dan la oportunidad de convertir en política de convocatoria nacional una política belicista que solo le venía redituando como política sectaria y que ya le rindió el máximo posible.

Ante un rendimiento decreciente de la política belicista, la derecha ya se ha ido decantando por otros caballitos de batalla, temas históricos del conservadurismo, relativos a la ley y el orden, los derechos de terratenientes y patronos, la explotación irrestricta de los recursos minerales y la lucha contra las drogas. A ellos se les suman aspectos de la agenda neoliberal, la defensa de la familia y la religión, algo en que han desplegado una actividad inusitada. Basta citar como un ejemplo estelar el estribillo de que el «castrochavismo» quiere convertir a toda Colombia en gay, uno de esos cuentos pintorescos del discurso posmoderno de derechas que han resultado más efectivos.

Por otro lado, las FARC abandonarán la guerra. No les darán el gusto de proseguir la guerra a los belicistas porque, simplemente, no tienen condiciones para hacerlo. Las FARC se autoliquidaron políticamente hace décadas, cuando montaron la logística criminosa del secuestro y la tributación del narcotráfico. Con su actuación militarista, sanguinaria y autoritaria, cayeron en su propia emboscada, de tal manera que toda la pericia militar, la militancia tenaz y el apoyo incondicional de reductos territoriales no les han valido de mucho. Ahora son completamente incapaces de alcanzar la iniciativa estratégica en el plano político-militar. En las declaraciones más recientes han asegurado que mantienen el cese definitivo del fuego y siguen firmes en los acuerdos pese a la derrota del plebiscito, la que consideran como una suspensión política pero no como la invalidación jurídica de un proceso de paz que ya es irreversible

El proceso está, de hecho, refrendado por el marco jurídico nacional e internacional y se puede reanudar en el nuevo escenario político brindado por el resultado plebiscitario inesperado. Además, el líder guerrillero Rodrigo Londoño –alias «Timochenko»– y su equipo ya pidieron perdón a las víctimas y fueron perdonados. No pueden causar más víctimas. Lo único que los devolvería a la guerra sería una violación de los acuerdos que garantizan que los guerrilleros no serán apresados y liquidados física o políticamente, es decir, un atentado a su supervivencia personal y política.

No solo las FARC están comprometidas con las víctimas. También lo está el país. Los representantes de las víctimas acudieron a La Habana y, tras ello, desarrollaron una campaña activa, emotiva y elocuente por el Sí. Hubo reuniones que ya son históricas entre las víctimas y las FARC. Fueron encuentros de arrepentimiento y perdón muy profundos y conmovedores. Como dice la antropóloga Constanza Ussa, las víctimas le dieron una lección al país. Esta no se reflejó inmediatamente en el plebiscito, pero su impacto es indeleble. Esa lección representa, por conexión histórica directa, a las víctimas del paramilitarismo.

Uribe levantó la estructura paramilitar y después se jactó de haberla desmovilizado, en unas negociaciones de paz celebradas con su propia gente sin que mediara plebiscito alguno y con total impunidad. Algunos jefes paramilitares fueron entregados a la justicia estadounidense en virtud de acusaciones relacionadas con la ley antidroga de ese país, pero no por motivo de sus crímenes de lesa humanidad cometidos en Colombia

El paramilitarismo se destacó por sus atrocidades (secuestros, torturas, violaciones, mutilaciones, descuartizamientos con motosierras, asesinatos en masa) y su número de víctimas fatales es varias decenas de veces mayor que el de las FARC. También se incluyen las víctimas del Ejército, cuya más repulsiva atrocidad fue cazar en sus casas y en las calles a miles de jóvenes desprevenidos e inocentes de toda actividad subversiva, para asesinarlos y reportarlos como bajas de guerrilleros: los infames «falsos positivos». Además, el Ejército y la Policía nacional fueron cómplices de muchas matanzas cometidas por los paramilitares creados por Uribe.

Todo el arco político ha coincidido en que podrían producirse nuevas rondas de negociación que incluirán a los más diversos sectores sociales y políticos del país: a víctimas y victimarios, a la Presidencia, a los partidos de la coalición del Sí (Partido de la Unidad, Partido Liberal, Polo Democrático y otros), al partido de Uribe, a las FARC y a representantes de las comunidades indígenas y afrodescendientes. El gobernador de Nariño, Camilo Romero, ha convocado a los departamentos que fueron escenarios principales de la guerra y en la mayoría de los cuales ganó el voto por el Sí (como Cauca, Putumayo, Nariño, Chocó, Guaviare, Vaupés, entre otros) a formar un eje de la paz para exigir la continuidad del proceso. Las retaguardias de las FARC y los puntos de concentración para efectuar la entrega de armas están mayormente en departamentos que votaron por la paz.

Informalmente, ya se escuchan posiciones que afirman la posibilidad de crear un corredor de desmovilización, desarme y reintegración de los guerrilleros a la sociedad en la zona de paz delineada por esas jurisdicciones. El primer paso para el desarme ya se dio definitivamente: es el silenciamiento de las armas. De ahí en adelante, es cuestión de métodos y garantías. A esta guerra se le acabó el combustible. El proceso iniciado por Santos ha conseguido arrastrar a todos. Es probable que sea producto de astucias azarosas y paradójicas de una razón histórica sin sujeto rector, compuesta de ambiciones, despistes, errores, excesos y perfidias, pero también de generosidad, bondad y lucidez. Así se han desmovilizado las pasiones más violentas. De ahora en más habrá debates furibundos, tendenciosos, antagónicos, de buena y mala fe. Pero serán debates. Ojalá nunca más sean balas.

El SI y el NO, ¿y ahora qué?

Libardo Sánchez Gómez

Del blog el viajero 4/10/16

Lo que ocurrió en Colombia fue asunto de locos, personajes del mundo entero asistieron a la  firma definitiva de los acuerdos entre FARC  y Gobierno, sin pensar que  de definitivo no tenían nada. Lo lógico era que el show se reservase para después que el pueblo los refrendase. De todas maneras,  el  NO triunfador era algo que nadie esperaba ni siquiera los ganadores,   y menos  que el pueblo le diera la espalda al plebiscito.En el fondo quienes triunfaron, aún, no saben que ganaron.

La abstención se explica fácilmente porque casi nadie leyó los acuerdos, ya que  no existe la cultura de la lectura, y quienes lo leyeron encontraron que la normatividad vigente va en contravía de lo acordado, por ejemplo, a la democratización de la tenencia de la tierra el Régimen contestó  recientemente haciendo aprobar la Ley ZIDRES, que estimula la concentración de ésta. Así que  no había una real motivación,   en las 297 páginas de los Acuerdos FARC – Gobierno no había una sola medida que alentara al pueblo  víctima de la violencia y demás males propios del sistema socioeconómico. Santos, en su afán de mostrar resultados contundentes referentes al sometimiento de la guerrilla, no permitió la más mínima reforma  socioeconómica para aliviar dura situación,   y las FARC en su afán   pacifista cedieron hasta su espíritu guerrero.

Para tratar de entender lo ocurrido en las urnas hay que analizar por separado las distintas posiciones adoptadas tanto por los triunfadores como por los perdedores y   los abstencionistas. Al NO triunfador pertenecen  los sectores más retrógrados de la sociedad, a la encabeza está el ex presidente Álvaro  Uribe, siniestro, fanático y enfermo mental;  y le secunda  un  primo del presidente Juan Manuel,  Francisco Santos, mejor conocido entre sus seguidores como Pachito, este individuo adolece de serias deficiencias en su cociente intelectual. En el NO  participó una mezcla ecléctica de  población  perteneciente a los más diversos sectores sociales, en primera línea  la oligarquía terrateniente, directamente interesada en que la guerra continúe, pues vive de ella y es la que desplaza, usurpa y acumula la tierra  robada. No obstante, la  gran masa del  NO  es gente perteneciente al pueblo excluido, que carece  de conciencia de clase, con un común denominador: el odio y la irracionalidad,  pero no el odio entre clases sociales  sino odio intraclase.

En cuanto al SI perdedor, también, está nutrido por una variopinta gama de seguidores. Hay que destacar los  que propician  la entrega de la guerrillas conocidos como los “pazólogos”, entre ellos se encuentran intelectuales, académicos y políticos de “izquierda”, que no quieren   llevar a las espaldas el INRI de seguidores de la guerrilla En el SI había políticos como la senadora Claudia López y Antonio Navarro quienes votaron afirmativamente, con el  afán de eliminar “por las buenas” a las FARC de la faz de la tierra.  Desde luego que muchos votantes del SI creyeron que era la manera correcta  de buscar soluciones.

  Las  FARC  en realidad no tenían plan B. Una vez más  la cúpula queda sin brújula, así que “quien no sabe para dónde va cualquier camino  le  servirá”. Cuando las tropas de los distintos Frentes  ya avanzaban hacia los campos de concentración ahora no saben para dónde ir. Se  especulan todo tipo de medidas a seguir en el inmediato futuro.

Quienes quieren la entrega de la guerrilla a como dé lugar  proponen una Constituyente y en el mismo sentido están los que impulsaron la anulación del voto. Lo que no se tiene en cuenta  es  que, de antemano, se sabe que esta  sería dominada, entre otros, por  Álvaro Uribe y el ex procurador quienes mandarían al país entero al Medioevo

Otros dicen que se tramite en el Congreso su aprobación, pero qué clase de Paz podrá eclosionar en este nido de criminalidad. Otros dicen que se renegocie lo acordado y se borre lo poco que se le concedió a la insurgencia, nada de curules y  que vayan derecho a la cárcel a purgar largas penas

Por otra parte el Centro Democrático, quien se siente con toda la autoridad para imponer condiciones,  sostiene que no se trata de negociar ni renegociar ningún acuerdo, pues según sus voceros  en Colombia no hay ninguna guerra civil ni conflicto alguno sino simplemente una agresión por parte de un puñado de “terroristas”; desde esta visión lo correcto es exigirle a los “terroristas” que  se sometan y punto

Estas  dos últimas  propuestas para muchos son algo menos que salidas insensatas, pero dada la debilidad y ganas de entregar  las armas  mostrada por la cúpula negociadora de las  FARC en la Mesa de “sometimiento” no es raro que   terminen aceptando.

Tanto las bases como la cúpula fariana deberán  hacer un examen de conciencia para ver qué pasó, qué está fallando, porqué el pueblo no responde; en una profunda reflexión  estará el que se hundan o por el  contrario  salgan  airosas. En todo caso  las FARC deberían dar un vuelco total e inmediato a la orientación que han venido observando

Pero antes que nada tendrían  que remover o, por lo menos, recomponer la dirección máxima y la cúpula negociadora

Timochenko podrá ser un excelente cardiólogo, pero no tiene el corazón ni el cerebro para dirigir una guerrilla del nivel de las FARC, muestra no estar convencido de la justeza de la guerra ni de las graves causas  que la motivaron y las  profundas transformaciones sociales que se requieren para superarla.Si así fuera no estarían hablando de paz sin que se toquen las viejas estructuras económicas, causantes de la tragedia humana que vive la mayoría de la gente.

Al jefe máximo se le ve más como un abuelo consentidor que un combatiente al frente de hombres de hierro. Y en cuanto a los principales voceros se les nota el cansancio y las ganas de dejar el monte. Esta situación ha sido percibida por el grueso de la base, varios Frentes antes de ir al plebiscito se apartaron de los acuerdos. Se dice que en el momento de escribir esta nota muchos guerrilleros totalmente confundidos  se están replegando hacia sus territorios,preparándose para reiniciar la lucha. No creen en nadie y no tienen por qué hacerlo. Ahora que la iniciativa la tiene Álvaro Uribe tendrán que estar preparados porque en cualquier momento las fuerzas militares van a intentar aniquilarnos, para no tener que renegociar.  

Pero las FARC, con unos voceros renovados, podrán convertir el revés del NO en una oportunidad para sacar adelante lo que por el afán de  complacer al Régimen quedó en el tintero,  las salvedades podrían ser una línea roja que daría seriedad a los negociadores rebeldes.

Exigir la reforma agraria integral, sería un hecho que justificaría el haberse sentado a negociar la salida política al conflicto. Suficiente haberse reconocido como victimarios, algo que nunca debió haberse aceptado, como para ir a la cárcel como vulgares criminales.  Ahora se les quiere pedir  que dejen las armas sin posibilidad alguna, en la práctica,  de hacer política, pues esta votación demostró que, dada la matriz mediática negativa,  nunca llegarían al Congreso. En cuanto a   la Guerrillerada de base mientras se aclara el futuro inmediato tendrá conformar un mando colegiado entre representantes tanto de los Frentes declarados “disidentes” como de los que, previsiblemente, se les sumen

envió NELMA FORERO