El problema de quienes enarbolan la consigna liberación contra dependencia es que se imaginan que los países pueden liberarse sin caer en otro bloque imperialista. Ello se debe a que entienden mal lo que es el imperialismo.
No son los países los imperialistas, sino las burguesías y particularmente la coalición de varias burguesías de diferentes sectores y países. El imperialismo está arraigado en el capital mismo.
Conceptualmente la cosa la veo así: es el capital que es valor valorizándose que es imperialista y no los países.
Concretamente cada átomo de valor busca más valor, para eso está dispuesto a todo, a oprimir, matar, torturar… En ese proceso se requiere FUERZA, cuanto más fuerza mejor, para explotar y extraer más plusvalía de los explotados. El capital va así concentrándose contra los proletarios y contra los competidores y en ese proceso de constitución en fuerza conformando fuerzas represivas, milicias, Estados, potencias imperialistas…
Ese es el proceso de formación del imperialismo generalizado. El imperialismo no es otra cosa que la estructuración internacional del capitalismo como potencia y como conjunto de potencias rivales. Esa es la realidad de todas las opresiones Estatales y guerras imperialistas. Por eso es tan utópico como imbécil querer independizarse del imperialismo y seguir en el capitalismo.
Es ridículo pretender existir en el medio de este mundo capitalista, como país que no sea dependiente, que sea libre.
Más todavía, los países no son más que uno de los niveles de esa estructuración del capital en fuerza (Estado) de opresión nacional e imperial. Cualquiera sea la dimensión de un país, siempre existen fuerzas estatales o paraestatales para reprimir y asegurarse la explotación y también para imponer tal o cual interés fraccional (sobre la tierra, las materias primas, los mercados…). A cualquier nivel reaparece el imperialismo que no es por lo tanto sólo una cuestión de grandes potencias, sino que es esencial en cada átomo del capital.
Las milicias privadas son ya un nivel, luego mafias o las fuerzas parapoliciales o policiales de una región, luego las fuerzas de gendarmería nacional y a un nivel mayor, los ejércitos, las coaliciones y los bloques de ejércitos.
Hablamos de fuerzas militares sólo porque es adonde se ve mejor la función del Estado y el imperialismo, pero esto es evidentemente aplicable a todos los otros aparatos del Estado: agencias de noticias, servicios de inteligencia, educación, iglesias y sectas religiosas, prensa y televisión, poderes legislativos y judiciales, administraciones nacionales o comunales, sistemas de salud… Todos esos aparatos constituyen elementos fundamentales de la estructuración imperialista del capital, tanto en el control de la fuerza de trabajo explotada como en el de la lucha interfracciones por materias primas y mercados.
Por eso hasta el más chiquito de los Estados se coaliga con otros para la lucha de todos contra todos en este mundo de inter “dependencia” generalizado. Si fuéramos más estrictos, debiéramos sustituir eso de, Estados chicos o con poca potencia, por otra formulación más pertinente.
En la práctica, no hay Estados chiquitos, sino agencias locales, más o menos potentes, del Estado mundial del capital. Lo mismo puede agregarse de los países o Estados imperialistas. Son en realidad concentraciones y centralizaciones del capital armado. De ahí que las funciones clásicas de las potencias imperialistas puedan ser tercerizadas fácilmente o en general subdividirlas para que la hagan otras agencias del Estado mundial, o fuerzas locales e internacionales de mercenarios, como sucede por ejemplo con las invasiones a Libia o a Haití, para citar dos ejemplos notables y terriblemente siniestros.
Por eso la consigna de liberación nacional no puede ser más que impotente o cómplice de una nueva coalición imperialista. ¡Piénsese en la propia independencia de los países de América! Por eso no existe ni existirán nunca países que liquidarán la dependencia y serán liberados y la consigna correspondiente no sirve más que para mantener la confusión.
Sin ir más lejos miren la actualidad económico social de Vietnam, Camboya, Laos… que la izquierda burguesa consideraba países liberados.
Marx decía en alguna parte frente a los sindicalistas que había que abandonar las consignas reaccionarias como “salarios dignos” y sustituirla por la consigna revolucionaria de “abolición del trabajo asalariado”.
Retomemos su ejemplo y llamemos a sustituir la consigna confusa y en última instancia reaccionaria de “liberación o dependencia” por la de “destrucción del capitalismo mundial”.