Cinzia Arruzza- 10 diciembre 2016 - LINKS, Revista Internacional de Renovación Socialista, original de International Viewpoint
Escuchando los medios de comunicación, se podría pensar que los resultados del referéndum italiano de ayer eran otra victoria más del populismo de derecha contra la democracia. La situación sin embargo, es mucho más compleja que esto, y la victoria del NO es algo que vale la pena celebrar, por la democracia y defensa de los derechos sociales.
La reforma constitucional propuesta por el gobierno de Matteo Renzi fue políticamente ilegítima en el método y antidemocrática en su contenido. El Parlamento actual fue electo con una ley electoral declarada inconstitucional por la Corte. Por otra parte, el gobierno de Renzi fue creado después que logró copar el Partido Demócrata (PD), marginando su izquierda y la anterior mayoría organizando en secreto en el parlamento un voto de rechazo contra del candidato presidencial Romano Prodi propuesto por la dirección del PD.
Y al final, Renzi adoptó el mismo estilo del anterior primer ministro caído en desgracia Silvio Berlusconi impulsando una la reforma constitucional para no tener que acabar en un amplio consenso en todo el arco parlamentario, y en vez de eso usar trucos institucionales para bloquear el debate parlamentario, al punto que la oposición decidió no participar en la votación de la reforma, en señal de protesta. En cuanto al contenido, esta reforma fue el último de una larga serie de intentos de revisar la Constitución buscando un poder ejecutivo fuerte en detrimento de la representación democrática.
El pueblo italiano ya había rechazado el intento previo de Berlusconi en 2006, cuando el gobierno de centro-derecha trató de lograr una reforma constitucional presidencialista. Este objetivo tiene una historia mucho más vieja, comenzó en la época de la posguerra. La constitución de 1948 fue el resultado de un compromiso entre les tres fuerzas principales de la resistencia antifascista: los democristianos, Partido Comunista Italiano, y el Partido de Acción liberal-socialista.
Sin embargo, un sector de la clase política italiana nunca ha aceptado las libertades democráticas y los principios igualitarios propugnados por la Constitución de 1948. Esta historia de ataques a la Constitución continuó en las últimas décadas del siglo XX con varios intentos de cambiar la constitución y con reformas cada vez más antidemocráticas de la ley electoral aprobada por el Parlamento con el apoyo de las fuerzas de centro-izquierda.
Con el fin de explicar el resultado de este referéndum, que tuvo una masiva participación del 67% y el NO ganó con casi el 60%, hay que mirar en la convergencia de múltiples factores. Fuerzas de todo el espectro político se opusieron a la reforma por diferentes razones. En la izquierda, la medida fue cuestionada por la CGIL, el sindicato más grande del país; por el ala izquierda del Partido Demócrata, entre ellos el anterior secretario general; por la Asociación Nacional de partisanos italianos (ANPI); por el conjunto de la izquierda radical, incluyendo sindicatos de izquierda, coaliciones sociales, organismos estudiantiles, las diversas redes de ocupas; y por un número de prominentes expertos en derecho constitucional de izquierda como Gustavo Zagrebelsky. Los argumentos iban desde la defensa de la representación democrática y la soberanía popular contra el principio de la gobernabilidad, a la oposición al proyecto político neoliberal agresivo de Renzi, del que la reforma constitucional es sólo una parte.
En la derecha, se opuso de manera oportunista a la reforma la xenófoba Liga Norte, el partido nacionalista de derecha Fratelli d'Italia, fuerzas neofascistas tales como Casa Pound y Forza Nuova, y - a regañadientes - Berlusconi. La razón para el tronco de la derecha es bastante clara: como Renzi personalizó mucho el voto a la reforma constitucional y ató el destino de su gobierno al resultado de la consulta, la desorganizada y fragmentada derecha vio allí una oportunidad para deshacerse del gobierno e iniciar un proceso que les permita reagruparse y volver a ser un competidor.
Por último, el Movimiento 5 Estrellas, una colcha de retazos populista con posiciones muy contradictorias, se resistió a la reforma constitucional desde el principio a través del debate parlamentario, protestando a cada paso contra la violación de las reglas más básicas por el gobierno. Sus razones combinan tanto la defensa de las reglas de la democracia parlamentaria como la ambición de desplazar al PD como principal partido de Italia.
La derrota impresionante del proyecto de Renzi probablemente haya comenzado un período de confusión e inestabilidad. Los liberales tienen miedo que así sea, pero, sin embargo, se les escapa el punto.
En el transcurso de cinco años, las fuerzas políticas más ligadas a los intereses de la Unión Europea y que ha impulsado una era de impresionantes ataques a los derechos sociales, el gobierno del tecnócrata Mario Monti apoyados por la centro-izquierda, introdujo la obligación de equilibrio presupuestario en la Constitución, obedeciendo los tratados europeos, por lo que incluso las políticas keynesianas de gasto público moderado son inconstitucionales. Ese mismo gobierno también realizó una devastadora reforma del sistema jubilatorio, parte del cual ha sido considerada inconstitucional por la Corte.
Pero fue el gobierno de Renzi el que logró hacer lo que Berlusconi no pudo. Las peores reformas aprobada por su Gobierno incluyen medidas como la Ley del Empleo, que derogó el artículo 18 del Statuto dei Lavoratori que impedía al empleador despedir sin justificación a un trabajador, e introdujo otras formas de precarización del trabajo; también la reforma del sistema de educación pública, reforzado considerablemente la gestión de estilo corporativo de las escuelas, afectando gravemente las condiciones de trabajo de los maestros y el plan de estudios de los estudiantes. En última instancia, la esperanza de Renzi era lograr dos propósitos, la reforma constitucional antidemocrática junto con una nueva ley electoral que hubiese instaurado un sistema de bonificación a la mayoría en la Cámara de Diputados.
Como resultado, el gobierno hubiese logrado el control completo del parlamento incluyendo los tiempos de debate parlamentario sobre las leyes que considerase parte de su programa. Vale la pena pensar en lo que habría ocurrido si hubiese ganado el SÍ. Probablemente habríamos visto un aumento continuo de la extrema derecha populista en Italia, alimentada por un centro-izquierda que ha incesantemente impulsado la austeridad y las políticas neoliberales que han empeorado significativamente las condiciones de vida de la población italiana, afectando especialmente a los más jóvenes, cuyas posibilidades de encontrar un trabajo decente son casi nulas (no por casualidad el 81% de los votantes entre 18 y 34 años votaron por él NO, y el Sí ganó sólo entre los votantes mayores de 53).
Si hubiese ganado, se hubiese lanzado a acabar con un Movimiento 5 Estrellas o el ala derecha, teniendo el poder ejecutivo un poder mucho mayor que el permitido actualmente por la constitución. Para no hablar de los efectos del sistema de bonificación a la mayoría. Renzi habría logrado asegurar una mayoría para la centro-izquierda en las próximas elecciones, lo que luego traería más neoliberalismo y un gobierno más fuerte sin espacio para una oposición efectiva.
La principal motivación detrás del NO fue la oposición al gobierno. Pero a pesar de los motivos divergentes detrás del NO, el resultado del referéndum es una defensa de la democracia y la soberanía popular, desestabilizando al sistema político en una etapa en que la estabilidad sólo significa mayores ataques a las libertades democráticas y los derechos sociales.
Esto abre un espacio político para un posible renacimiento de los movimientos sociales.
El 26 de noviembre, 150.000 mujeres marcharon en Roma contra la violencia masculina con una plataforma radical. Y al día siguiente, miles se reunieron en una asamblea de talleres llamando a la huelga de mujeres para el 8 de marzo, uniendo la lucha contra la violencia con la oposición a la austeridad social, los recortes de servicios de salud, y la precarización del trabajo. Asambleas de las mujeres se están creando en todo el país, en preparación de la acción de marzo. La lucha que tenemos nosotros por delante, por supuesto será difícil, y ya está la derecha intentando sacar provecho de los resultados del referéndum, ocultando el hecho de que incluso una gran parte de los votantes PD votaron contra de la reforma. La respuesta a esto no puede ser el miedo o la opción por el mal menor, eso sólo reforzaría a la derecha.
La respuesta debe ser un retorno a la política de confrontación, a partir de una participación en la huelga de mujeres del 8 de marzo, que está abriendo el camino de la resistencia social.
[Cinzia Arruzza fue dirigente de Sinistra Critica en Italia. Hoy es Profesora Adjunta de Filosofía de la Nueva Escuela de Investigación Social en Nueva York y activista feminista y socialista. Es autora de Relaciones peligrosas: Matrimonios y divorcios de Marxismo y Feminismo
Actualmente se está trabajando en dos proyectos: 1) una monografía sobre la tiranía y el tirano de la República de Platón; 2) un proyecto de investigación sobre el género, el capitalismo, la reproducción social, y la crítica de la economía política de Marx]?