El pasado 8 de marzo las mujeres nos hicimos sentir en todo el mundo. En más de 45 países y 200 ciudades nos movilizamos por nuestros derechos, contra la violencia machista y los femicidios. Por primera vez, hubo un llamado al paro internacional de mujeres, demostrando la imperiosa necesidad de hacer de esta lucha algo a escala mundial, pues la opresión y explotación de la mujer no conoce fronteras.
En este marco, fue que en nuestro país realizamos una histórica y conmovedora movilización de 300 mil personas. Con las mujeres al frente, y acompañadas por una gran presencia de varones, hicimos escuchar nuestros reclamos, nuestra rabia, nuestra indignación por la situación que vivimos principalmente las mujeres trabajadoras, las pobres, las desempleadas. Somos las que sufrimos con mayor crudeza la explotación, la precariedad laboral, la violencia física y psicológica, el acoso en nuestros trabajos, en nuestra casa y en la calle. A las que el desempleo golpea de forma más dura, como les sucedió a las 900 obreras de FRIPUR, la gran mayoría de ellas jefas de familia que fueron dejadas en la calle.
La histórica movilización que realizamos el 8 de marzo es producto de esa situación que vivimos todos los días, desde hace generaciones, y que ya no estamos dispuestas a aceptar en forma pasiva y en silencio. Esta jornada internacional, y la inmensa movilización en Montevideo (con réplicas en varias ciudades del interior del país) marcan un punto de inflexión en la lucha de las mujeres. No solo fue la más concurrida (hasta ahora eran marchas importantes de algunas miles de mujeres), sino una de las más importantes en la historia de nuestro país, comparable con las 400 mil personas movilizadas a la salida de la dictadura en aquel histórico “Río de Libertad”.
A esto se le suma que la dirección del PIT-CNT (que nunca había convocado un paro para esta fecha), debió hacerlo ante la presión de la lucha de las mujeres, e incluso algunos sindicatos como FENAPES decidieron parar todo el día. Sin dudas, un gran triunfo de las mujeres trabajadoras.
Aplaudimos y saludamos esta gran movilización que mostró de forma categórica que las mujeres trabajadoras, las estudiantes, las jubiladas, están dispuestas a luchar por sus derechos y contra la violencia machista. Es de esta manera, con organización desde abajo y movilización que podremos lograr nuestros reclamos, como históricamente lo hemos hecho con cada derecho. ¡Nunca nos regalaron nada!
¡Profundicemos y démosle continuidad a esta lucha!
¡Abajo la política económica del gobierno que golpea especialmente a la mujer trabajadora!
Desde Izquierda Socialista de los Trabajadores, llamamos a seguir en las calles, para darle continuidad a esta pelea y para que no quede únicamente en una movilización aislada. También sostenemos que hay que exigirle a la dirección del PIT-CNT que convoque un paro de 24hs, contra los recortes en el gasto social y contra la política económica del gobierno del Frente Amplio que contrario a su discurso, favorece a los que más tienen mientras nos pone pautas de rebaja salarial, nos recorta el presupuesto público y no garantiza la estabilidad laboral de las obreras de Fripur, de Fanapel, y de todas las empresas que están despidiendo. Esta política económica del FA (apoyada por blancos, colorados, el partido independiente y Novick, más allá de las confrontaciones para la TV), golpea especialmente a las mujeres trabajadoras. Este paro que exigimos a la dirección del PIT-CNT, debe ir acompañado de asambleas y movilización, junto a todos los colectivos de mujeres, y todas las organizaciones que apoyen esta lucha.
Debemos convocar asambleas en los sindicatos, centros de estudiantes y en los barrios, donde participemos todas las mujeres junto a nuestros compañeros varones para unificar las luchas y colocar nuestras reivindicaciones como mujeres trabajadoras como parte central de esos reclamos: necesitamos guarderías, comedores, lavaderos públicos, socializando de esta forma el trabajo doméstico al que actualmente estamos sometidas las trabajadoras y las pobres. Necesitamos luchar para terminar con la desigualdad salarial, que la patronal y el Estado utilizan para tenernos como mano de obra barata.
Necesitamos de forma urgente, que la atención psicológica, legal y de contención funcionen las 24 horas del día en dependencias del MIDES y de las intendencias, donde se pueda acudir todos los días de la semana, con el personal adecuado, con varios centros por barrios a los que las mujeres puedan acudir de forma rápida y cercana. Estos lugares deben brindar viviendas dignas donde las mujeres violentadas puedan quedarse, además de ofrecer salidas laborales para comenzar a revertir su situación.
De esta forma podremos comenzar a responder en serio a esta emergencia que vivimos las mujeres, y no como sucede actualmente, donde la dependencia económica y los obstáculos que tenemos las mujeres, nos restringe a cada paso. Por otra parte, las denuncias deben ser tomadas directamente por los juzgados de familia, y no por la policía, una de las instituciones más corruptas y machistas en la que las mujeres solo encuentran más resistencias, obstáculos y violencia (recordemos que una gran parte de los hombres violentos provienen de las filas policiales).
Para todo esto, es necesario destinar un presupuesto acorde a la emergencia que vivimos las mujeres, donde el año pasado 29 fueron asesinadas según cifras oficiales, y donde se recibieron más de 30mil denuncias por violencia doméstica.
El gobierno del Frente Amplio, que realiza bonitos discursos sobre la igualdad, ha tomado el camino opuesto y realiza acciones que van a contramano de ese discurso: paga la deuda externa a los buitres que nos saquean, exonera de impuestos a las grandes patronales (que luego nos despiden!), mientras recorta el gasto social, privatiza mediante PPP la salud y la educación pública (nuevamente, afectando de forma particular a las mujeres trabajadoras) dejando un escasísimo presupuesto para combatir la violencia machista.
Pero dinero para atender esta emergencia hay: deben salir de impuestos progresivos al capital y del no pago de la deuda externa. Estas medidas solo los lograremos con una gran lucha organizada desde abajo, a la cual desde IST te invitamos a sumarte. ¡Profundicemos la pelea hasta conquistar nuestros derechos!! Exijamos presupuesto urgente para combatir la violencia machista!
Esta histórica movilización colocó como ninguna en primer plano, en cada rincón del país, el problema de la opresión y explotación que sufrimos las mujeres trabajadoras. Ahora tenemos la gran tarea de continuar esta importantísima batalla que tenemos por delante, y para la cual hemos demostrado sobrada capacidad para salir a luchar.
IST - zquierda Socialista de los Trabajadores
Las mujeres rurales también reclamaron lo suyo: autonomía física, económica y política, y soberanía alimentaria
Hace años que dormita, no duerme, y antes de que suene el despertador a las 5.00, ella ya está en pie. Los días que le toca ayudar en el tambo, se despierta, incluso, antes. Se pone las botas, se ata el pelo, prepara el mate y ve cómo se esclarece el cielo. Hace la leche, despierta a los niños, los ayuda a aprontarse para ir a la escuela y les prepara un pan con dulce. Levanta las gallinas, recoge los huevos. Le da de comer a cuanto bicho hay en la vuelta. Limpia la casa. Arrea las vacas, cuida el cultivo, cosecha las acelgas de la huerta. Dice que es una araña: “El centro de la telaraña es el hogar; después voy y vengo, construyendo, como todas”. Silvia Páez habla de sí misma pero también de las miles de mujeres que viven y trabajan en el campo y que ayer festejaron otro día más de lucha.
Lejos del asfalto y cerquita de los corrales, algunas mujeres rurales se juntaron a tomar mate, colgaron escobas y trapos de piso en las porteras de sus campos, abrazaron árboles con lazos violetas y negros, o fueron hasta el pueblo a repartir pegotines en la manifestación en contra de la violencia de género, o hicieron todo eso y más.
“El que pase por el camino de la casa va a saber que allí hay una mujer que reclama su autonomía física, política y económica”, explicó Páez, floridense, integrante de la Red de Grupos de Mujeres Rurales del Uruguay y de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo-Vía Campesina.
Ellas también están luchando para “deconstruir el sistema patriarcal” que heredaron, en el que “el hombre se considera dueño de todo”, incluso de ellas mismas. “Que en los últimos tiempos no haya habido mujeres asesinadas por sus maridos en el campo, gracias a Dios o a quien sea, como sí ocurre en las ciudades, no quiere decir que nosotras no suframos violencia”, afirmó.
Donde hay más vacas que personas, dice, no se ve tanto golpe, pero sí violencia psicológica y sexual, y se hace más notorio cómo a la violencia machista se le suma la alimentaria: “Las mujeres rurales defendemos la soberanía alimentaria porque consideramos que vamos a ser autónomas cuando podamos elegir con qué y cómo alimentar a nuestras familias. Además, hoy consumimos cosas que no sabemos qué tienen. Desde el punto de vista de la salud, sabemos qué provoca la contaminación. Eso también es perder derechos en nuestra propia tierra”, explicó.
En ese sentido, Páez hizo referencia a la muerte de las cosechas de los productores familiares de La Armonía, en la zona rural del departamento de Canelones, a raíz de la contaminación de aguas por la mala utilización de agrotóxicos; contó que una de las integrantes de la Red es vecina de la zona y perdió 3.000 plantines, y que no es la primera vez que suceden ese tipo de cosas en los campos, donde la mujer rural queda casi a la deriva. Por eso y porque están cansadas de que el gobierno “se llene la boca hablando” y cuando queman las papas no resuelva el problema puntual ni la situación en general, el lunes 6 de marzo se manifestaron frente a la sede de Presidencia de la República. Se aparecieron con una pancarta que tenía dibujada una campesina trabajando con miel y cultivos, y una fumigadora, con una leyenda: “Esto también es violencia”.
“Sirvió para demostrar que de esa forma también se afecta a las mujeres, a las productoras familiares que no usamos ese tipo de procedimiento [con agrotóxicos], que cuidamos muchísimo lo propio, lo ajeno y el medioambiente, y sin embargo quedamos sujetas a la disposición de alguien más. Un hombre”, manifestó.
Uno por dos
“Las compañeras de Salto quieren que se ejerza la igualdad desde todo punto de vista”, dice del otro lado del teléfono María Flores, presidenta del Sindicato Único de Trabajadores de Tambos y Afines, adherido al PIT-CNT, que ayer paró. “Cosechan de la misma manera que los hombres, pero se les paga menos el cajón. Nos tienen que pagar el mismo salario. Lo mismo sucede con las cocineras, que terminan cocinando para un batallón si hay zafra, y se les paga lo mismo que siempre”, agregó. La violencia machista es más explícita aun: “Se le paga y se pone en caja solamente al esposo, pero en el campo trabajan siempre los dos. Como no llegue ese dinero a vos, vas pidiendo un poco de esa plata, que es de los dos”.
Por otro lado, Páez aseguró que “lamentablemente” las mujeres rurales no reconocen la violencia sexual y psicológica como violencia, sino que las tienen “muy naturalizadas”. Contó que, por ejemplo, “el patrón se hace sentir” cuando llega un técnico o algún encuestador, cuando se tienen que hacer los trámites ante el Banco República o el Banco de Previsión Social. “Deja que yo me arreglo con él, anda a preparar el mate o lo que sea. Eso te mandan a hacer, por la herencia machista. Pero nosotras, las que recorremos las praderas, también sabemos cómo se debe cuidar una pradera o un cultivo. Eso sí, cuando se trata de dar datos de los niños, o de qué se come, ahí sí, somos nosotras las que contestamos”.
Respecto de la violencia sexual, dijo que hay muchas mujeres que la sufren pero consideran que es “porque el hombre tiene otras necesidades, entonces es natural”.
“A veces, por la cantidad de trabajo y actividad, por estar en todo, la mujer no tiene o no quiere acceder a una relación, y sin embargo el hombre lo exige. Eso lo manifiestan muchísimas mujeres, y no se dan cuenta de que les están vulnerando sus derechos”, explicó. Páez describió ambas violencias como “la gota que horada la piedra. Van calando de a poco, transformando la personalidad, el carácter y la forma de actuar de las mujeres”. Páez reconoce que ha habido cambios, pero también que “los tiempos sociales son diferentes de los institucionales”, por eso hay que seguir luchando.
Sin excusas
“En el campo se estila mucho el ‘algo habrás hecho’”, aseguró Flores. A eso se le suma que, como el pueblo es chico y el infierno grande, es muy probable que en la comisaría “te encuentres con algún familiar o conocido”, y entonces decidas no hacer la denuncia, “porque la mujer rural es muy del qué dirán, y por vergüenza, porque te dicen que te lo buscaste y que te jodas, te quedas quietita en el molde”. Flores piensa que eso ha de pasar porque el personal policial “no está capacitado” para atender ese tipo de situaciones, pero la directora de la División de Políticas de Género del Ministerio del Interior, July Zabaleta, dejó claro que no, que, muy por el contrario, lo que sucede es que “hay gente que no quiere entender”
No hay excusas: “Pasa que relativizan el problema, no entienden la gravedad de lo que están hablando, en parte también porque esto implica reflexionar sobre las propias prácticas”. Zabaleta explicó que para llegar a comisario se tiene que pasar, además de por la formación básica para recibirse de oficial, por cursos específicos que tratan el tema de la violencia de género. “25.000 policías fueron a capacitaciones sobre violencia de género, con énfasis en violencia doméstica. Cuando imprimimos el decreto de 2010 [sobre la actuación policial ante casos de violencia doméstica], lo hicimos en formato bolsillo y lo repartimos a nivel nacional, seccional por seccional, y se entregó bajo recibo”, agregó. “Las resistencias siguen estando”, enfatizó. No hay excusas.
Angelina De los Santos-la diaria 9/3/17