Rolando Astarita [Blog]
Venezuela, 22 de junio, la Guardia Nacional dispara con una escopeta a David Valenillas, desde la base militar de La Carlota, Caracas. Valenillas, de 22 años y estudiante de Enfermería, murió a causa de los tres impactos que recibió en el pecho. Con este, son 76 los muertos desde que comenzaron las protestas hace 83 días.
La foto es la expresión concreta de lo que están pidiendo, o alentando, destacados intelectuales de izquierda: que el gobierno de Maduro amplíe y profundice la represión.
En palabras de Atilio Borón: “la única actitud sensata y racional que le resta al gobierno del presidente Nicolás Maduro es proceder a la enérgica defensa del orden institucional vigente y movilizar sin dilaciones al conjunto de sus fuerzas armadas para aplastar la contrarrevolución y restaurar la normalidad de la vida social”. Es lo que defienden también, de hecho, los intelectuales que dijeron, y siguen diciendo, que la mayoría de las víctimas pertenecen a las filas del chavismo.
La idea central de esta gente es que el proyecto “socialista” (aunque se trate de la estafa intelectual y política llamada “socialismo siglo XXI”), deberá imponerse a cualquier costo. ¿Que el 70% o más de la población está en contra? ¿Que si se llama a elecciones el chavismo perdería Maduro? Pues no importa, ya que a la iluminada vanguardia “socialista” le asiste la razón histórica, y esto es lo único que vale. ¿Que el socialismo es una construcción consciente de los trabajadores? ¿Que la liberación social será obra de los trabajadores mismos? Tonterías liberales, propias de la ideología imperialista y de la derecha. Hay que “defender el proyecto de liberación”, así sea sobre montañas de cadáveres
Por supuesto, cualquier parecido con los argumentos con que los stalinistas defendían los campos de concentración y la eliminación masiva de opositores en la URSS, no es casualidad. Varía la escala del problema, pero la concepción de fondo permanece. Permanencia que se explicita en el apoyo de los partidos Comunistas, y de tantos ex-PC, a la represión que se está desarrollando hoy en Venezuela. Permanencia que también se manifiesta en la más completa ausencia de la clase obrera, como clase, frente a esta crisis. Ausencia que constituye el legado más gravoso del régimen chavista, incluso de sus años dorados (esto es, de abundante renta petrolera).
La concepción que defiendo es, por supuesto, la opuesta. Afirmo que no hay socialismo posible (cualquiera sea la forma de este “socialismo”) si se lo quiere imponer desde arriba y contra la voluntad de las masas. El socialismo debe ser construcción voluntaria y consciente de la mayoría. Tal vez nadie haya expresado mejor este programa que Rosa Luxemburgo en el siguiente pasaje:
“La revolución socialista es la primera que no podrá triunfar si no es salvaguardando el interés de la gran mayoría de los trabajadores.
La masa del proletariado está llamada a fijar conscientemente tanto el objetivo como la orientación de la revolución, y además, paso a paso y por su propia actividad, debe hacer entrar el socialismo en la vida cotidiana.
La esencia de la sociedad socialista reside en que la masa laboriosa deja de ser una masa a la que haya que gobernar para que empiece ella misma a protagonizar la vida política y económica en su totalidad, orientándola en virtud de una determinación consciente y libre” (¿Qué quiere la Liga Espartaquista?)
En cualquier caso, con esto puede quedar en claro que entre las concepciones de Atilio Borón, James Petras, Claudio Katz y demás amigos y defensores del gobierno de Maduro, y lo que defiendo, no hay síntesis posible. Las diferencias no son solo políticas, sino ideológicas
El guerrillero, la CIDH y los juicios militares a civiles
Rafael Uzcátegui Correo delo Caroní - viernes, 23 Junio 2017
El caso Petruzzi es importante para América Latina y ahora especialmente para Venezuela, porque generó la jurisprudencia sobre el uso de los tribunales militares para enjuiciar a los civiles
En 1993, cuando Alberto Fujimori tenía tres años en el poder y uno de haber dado un autogolpe de Estado que disolvía el Congreso, fueron detenidas en Perú un grupo de personas acusadas de formar parte del Movimiento Revolucionario Tupac Amarú (MRTA). Entre ellos se encontraba Jaime Francisco Sebastián Castillo Petruzzi, conocido como Torito, un chileno veterano de la lucha armada internacionalista. A comienzos de los años 80 combatió en la guerra civil salvadoreña, tras lo cual pasó a Nicaragua para enfrentar a la Contra, antes de irse a Perú a formar parte del MRTA.
Petruzzi era señalado de secuestrar empresarios para liberarlos por dinero para comprar armamento para la lucha armada, incluyendo a David Ballón, que fue encontrado muerto, con signos de tortura y 40 kilos menos de peso en febrero de 1993. Petruzzi y otras cuatro personas de nacionalidad chilena fueron procesados por el Estado peruano por un tribunal sin rostro perteneciente a la justicia militar y condenados, de manera exprés, a cadena perpetua por el cargo de ser autores del delito de traición a la patria.
Sus abogados recurrieron a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que el 30 de mayo de 1999 ordenó al Estado peruano derogar las leyes de excepción que sirvieron de marco a la ley antiterrorista Fujimori-Montesinos y efectuar un nuevo juicio a Castillo Petruzzi, teniendo que respetarse el debido proceso y el derecho a defensa. No obstante, el Gobierno peruano se negó a acatar el fallo de la CIDH. Tuvo que esperarse que un nuevo gobierno, con Valentín Paniagua, decidiera reincorporarse a la CIDH y acatar el fallo del organismo. Finalmente, en 2003, Petruzzi fue condenado a 23 años de prisión; salió en libertad en octubre de 2016.
El caso Petruzzi es importante para América Latina y ahora especialmente para Venezuela, porque generó la jurisprudencia sobre el uso de los tribunales militares para enjuiciar a los civiles
En la sentencia de la CIDH, conocida como Caso Castillo Petruzzi y otros vs Perú, del 30 de mayo de 1999, esta instancia argumenta: “Si bien a nivel internacional la intervención de tribunales militares no se ha considerado violatoria del derecho a un juicio justo, lo cierto es que ‘ha surgido un consenso internacional, no sólo sobre la necesidad de restringir[la] en todo lo posible, sino [además de] prohibir el ejercicio de jurisdicción militar sobre civiles, y especialmente en situaciones de emergencia’”.
Seguidamente establece: “el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas se ha pronunciado sobre el juzgamiento de civiles por parte de tribunales militares o especiales en el sentido de que ello ‘podría presentar graves problemas en lo que respecta a la administración equitativa, imparcial e independiente de la justicia’ y ‘la aplicación de la jurisdicción militar a civiles contradice la garantía del juez natural establecida en los artículos 8 y 25 de la Convención Americana”
En su argumentación, la CIDH añade: “la coincidencia en las Fuerzas Armadas de las funciones de lucha antiterrorista y desempeño jurisdiccional propio del Poder Judicial, ‘[pone] en serias dudas la imparcialidad de los tribunales militares, que serían juez y parte en los procesos”. Sobre la subordinación propia de las Fuerzas Armadas indicó: “En la práctica, los jueces militares siguen estando subordinados a sus superiores y deben respetar la jerarquía militar establecida. Por estas razones, dichos tribunales no ‘ofrece[n] garantías de imparcialidad e independencia para los civiles, toda vez que los jueces militares actúan bajo una lógica militar y de acuerdo a sus principios”.
En su fallo, la CIDH especificó: “la Corte entiende que los tribunales militares que han juzgado a las supuestas víctimas por los delitos de traición a la patria no satisfacen los requerimientos inherentes a las garantías de independencia e imparcialidad establecidas por el artículo 8.1 de la Convención Americana, como elementos esenciales del debido proceso legal”
El caso Petruzzi sentó el precedente que los civiles no deben ser juzgados por tribunales militares ni siquiera en la circunstancia de haber cometido los llamados delitos militares. Esta decisión fue usada como referente por muchas organizaciones que refutaban las sentencias dictadas en la región por tribunales militares a personas que habían participado en la insurgencia armada. Esta noción era, entre otras, las que tenían los constituyentistas venezolanos en el año 1999 cuando dejaron asentados en la nueva Carta Magna que los civiles debían ser juzgados por sus jueces naturales (artículo 261)
Tarek William Saab se coloca de espalda a los estándares internacionales de derechos humanos cuando justifica el uso de los tribunales militares contra civiles. Según lo expresó el primero de junio y citando al Código Orgánico de Justicia Militar, “la jurisdicción militar comprende las infracciones militares cometidas por funcionarios de la Fuerza Armada Nacional o civiles, y señala que los delitos como ataque al centinela, a instalaciones militares o rebelión, los cuales son los que se les están imputando a las personas presentadas en tribunales militares, están sancionados por esta ley”. Maduro es tan Fujimori que además de mantener al país fuera de las competencias de la CIDH, usa los tribunales militares contra los civiles que disienten de su gobierno
El marxismo no tiene soluciones mágicas
Rolando Astarita [Blog]
A raíz de las notas sobre Venezuela, algún lector ha preguntado, en la sección Comentarios, cuál es la alternativa, “por la positiva”, que propongo, ya que no basta con la crítica, con la negación.
Aclarando que por no vivir en Venezuela me abstengo de entrar en cuestiones de táctica política, mi respuesta es, en primer lugar, que la crítica al chavismo y la MUD contiene una afirmación: es necesaria una postura independiente de la clase trabajadora. Es la única salida progresiva para la izquierda
Sostengo que hay que trabajar en esa dirección, aunque no sea de efectividad inmediata. La clave es romper con la lógica binaria de o bien apoyar a Maduro, o bien apoyar a la MUD
Incluso es posible y necesario luchar por reivindicaciones democráticas –libertades, cese de la represión, elecciones- pero programática y estratégicamente hay que defender una alternativa independiente, socialista. Esto es, que tenga como eje acabar con la explotación capitalista, sea privada o del Estado. El socialismo debe marcar una línea divisoria tajante, tanto con respecto al chavismo como con respecto a la MUD (y al resto de las fuerzas burguesas internacionales, desde Washington al Papa, pasando por la OEA) Es la única forma de que la clase obrera pase a tener protagonismo. Y el protagonismo de la clase obrera, como clase, es la clave de cualquier salida progresista a la tragedia que vive hoy Venezuela
Naturalmente, se me dirá que esa independencia política no es realizable en lo inmediato. Reparo que invariablemente da pie a la táctica de los oportunistas de todos los tiempos: “Si la independencia de clase no es realizable ahora, hay que apoyar a la variante burguesa ‘menos mala’” (argumento muy conveniente para no luchar nunca por la independencia de clase).
Frente a esto, me parece apropiado recordar la respuesta que daba Lenin a la objeción oportunista: aunque hoy no podemos “hacer” la consigna, “la predicamos y trabajamos en esa dirección”. No sabemos cuándo y hasta qué punto esa prédica se va a traducir en hechos, pero “lo importante es trabajar en esa línea” (carta a Shliapnikov, 31/10/1914).
Hoy en Venezuela, para crear una tercera fuerza independiente, es necesario trabajar en esa dirección crítica de la que hablaba Lenin. Explicar que el capitalismo de Estado y su aparato burocrático militar no son salida para las masas trabajadoras. Y que con el capitalismo “puro y duro” también continuarán el atraso, la miseria, la explotación del trabajo, y la represión habitual de los “Estados fuertes”
Como es conocido, esta postura no es compartida por la mayor parte de la izquierda. Esta, en su inmensa mayoría, es chavista. Incluso muchos de los que ahora critican a Maduro “por izquierda”, piden volver al legado de Chávez. Como si el legado de Chávez no fuera Maduro. Y muchos otros reclaman que el Estado aplaste a sangre y fuego toda oposición.
Indudablemente, esta postura de la izquierda hace las cosas más difíciles para el socialismo. Pero además, el chavismo ha llevado a la desmoralización y a un callejón sin salida al movimiento de masas. Por datos que me llegan de Venezuela, por lo menos una gran parte de la población incluso repudia todo lo que tenga que ver con el socialismo (al que identifican con el régimen que llevó al desastre actual). En los barrios populares puede no haber simpatía por la MUD (sobre esto tengo información contradictoria), pero tampoco se ve salida en el chavismo. En muchos estallan protestas por las condiciones de vida, aunque no todas se canalizan políticamente (siempre según los datos que me llegan). En algunos sectores sumidos en el hambre y la miseria, parece primar la desmoralización. Gran parte de la juventud estudiantil y las clases medias pueden haber sido ganadas por la MUD
Frente a ese complejo y difícil panorama, alguna gente piensa que el marxismo puede proponer soluciones mágicas, una suerte de “consignas-solución” que permitan saltarse los procesos ideológicos y políticos. En este respecto, una de las insensateces más grandes que leí por estos días es la propuesta de pedirle al gobierno de Maduro que arme a la clase obrera. Estos “tácticos geniales” sueñan con el gobierno de burócratas, milicos y arribistas armando a la clase obrera, para que esta acabe con los burócratas, milicos y arribistas al frente del Estado
Es el utopismo pequeño burgués llevado a su máxima expresión. Se ilusionan con que la tarea histórica del armamento de los explotados sea cumplida por Maduro y su cohorte de milicos, arribistas y corruptos. Por otra parte, ¿no pueden reflexionar aunque sea dos minutos en esa idea central de que “el arma de la crítica debe preceder a la crítica de las armas”?
Antes de tomar las armas hay que estar dispuesto a tomarlas, y saber contra quién dirigirlas y a favor de quién o de qué utilizarlas. Solo a incorregibles oportunistas se les pueden ocurrir estas tonterías. Tonterías que, además, profundizan la desorientación y la desmoralización.
Repito, el marxismo no tiene soluciones mágicas. Pero es necesario presentar un análisis objetivo (o sea, basado en las relaciones de clases, en el estado de conciencia, en las fuerzas productivas) y ayudar desde allí a la recomposición del movimiento obrero y de masas.