Envíopostaporteñ@ 1798

Ahora Que Se Vende En Farmacias No Vayas Más A La Boca, Que Esa Te Está Haciendo Mal

Estimado  lector, si esta nota te fastidia lo entiendo, a mí me fastidió escribirla pero hay veces que no hay remedio.

En PostaPorteña (PP) 1785, 25/6, se publicó algo que envié al cumplirse 80 años de la DESAPARICIÓN de Andrés Nin, revolucionario español dirigente del Partido Obrero de Unificación Marxista. Desaparición: secuestro, tortura, asesinato, ocultamiento del cuerpo, falsificación de los hechos y calumnia de la víctima. Fue obra del estalinismo en España al modo del terrorismo de estado que aquí nos toco. Lo que mandé era una breve referencia de unas pocas líneas, y un artículo escrito por Andrés Nin poco antes de su muerte, "Los problemas de la revolución española"

Esto despertó las iras de Ricardo, ver  PP 1.796

"Como otros marxistas leninistas (estalinistas/trotskistas) Fernando Moyano parece especializarse en deformar la historia...  se parte de que Nin fue un “desaparecido” ... amordazando críticas... que sus contemporáneos hacían a dicho sujeto..."

Nin, según Ricardo (que pone "desaparecido" entre comillas), "aparenta" ser revolucionario pero es todo lo contrario, un"agente del poder capitalista ruso... por lo que leemos (él lee) entre líneas". Aunque fue salvajemente asesinado por los agentes soviéticos.

Yo también soy así de contrarrevolucionario, como se ve en los"innumerables textos que Fernando Moyano o la revista Alfaguara siguen cocinando y publicando desde hace años...  que llevó a Fernando Moyano a invitar al “marxista” Katz que hoy defiende la represión terrorista del régimen en Venezuela"

Ricardo le da demasiada importancia a mi modesta actividad contrarrevolucionaria, que tan dañina no puede ser porque tanta capacidad de acción no tengo. Esa atención privilegiada sobre la de otros agentes viene de lejos, vean lo que decían hace casi un año él y su grupo de seguidores, PP 1648.

?"Porque ese Moyano es un rompebolas que no aporta nada... Se dedica a la mezcla, a entreverar todo...   como si lo hubiesen mandado desde el Ministerio...  Moyano ¿es tan boludo o se hace? Además, usa un método muy perverso... todo ese nefasto papel contra el proletariado... de nuevo campeando y vivito y coleando, gracias a su abogado Moyano".

Como comprenderás a partir de esto, lector, no voy a contestar nada que diga Ricardo ni ahora ni en el futuro. Pero no puedo dejar tirado a Andrés Nin. Con lo que mandé pensé que alcanzaba, ahora pienso que no.

Como todos los seres de la especie humana Nin cometió errores. Como pocos, fue formando su pensamiento sobre la marcha y cumplió un papel fundamental. Le tocaron condiciones muy difíciles, a la clase obrera española, a todas las corrientes revolucionarias, al Partido Obrero de Unificación Marxista, y a Nin. Tuvieron apenas dos años antes de ser salvaje y alevosamente reprimidos, aunque fueron perseguidos y marginados desde el primer día. En ese escaso tiempo pasaron de apenas 5000 militantes a 100 mil, gracias a su trabajo político revolucionario en el seno de la clase obrera. Dentro del partido la corriente de Nin era muy minoritaria, apenas la décima parte, y el resto estaba políticamente mucho más atrasado. Todo eso era producto de la debilidad histórica de las corrientes revolucionarias por la enorme confusión de ideas, hacía apenas 20 años de la Revolución de Octubre y la naturaleza política del estalinismo no era fácilmente comprendida fuera de Rusia. Aun así Nin pasó a ser el principal dirigente y portavoz del POUM, en parte porque el líder de la otra fracción quedó atrapado en la zona franquista, pero también por su enorme capacidad política.

El POUM a su vez, aunque en acelerado desarrollo, era muy minoritario entre las masas revolucionarias españolas, todo eso en una situación política muy complicada y adversa para la revolución. En 1937 una insurrección improvisada y espontánea contra el gobierno republicano de Cataluña, obligó al POUM asumir responsabilidades más allá de sus fuerzas; por supuesto que las asumieron, pero la insurrección fue derrotada. Allí se desencadenó la campaña criminal.

Nin fue ilegalmente detenido por fuerzas parapoliciales estalinistas bajo órdenes directas de agentes soviéticos que actuaban en forma paralela a las gubernamentales, con total autonomía. Para obtener una falsa confesión que incriminase a sus compañeros y justificar así la represión, fue salvajemente torturado. No confesó. Estaba tan destrozado que no podían presentarlo, entonces lo mataron, lo desaparecieron, e inventaron la calumnia de que había huido a la Alemania nazi. Estos hechos son absolutamente indiscutibles, están claramente documentados por las más diversas fuentes. Esta es la persona a quien la llaman "agente del capitalismo ruso".

Aquí y ahora, todos los años recordamos a nuestros desaparecidos. Había entre ellos miembros del PCU, PS, MLN, PVP, GAU, PCR, FAU, OPR, MAPU, MAC, AMS, fracciones de estas organizaciones, desprendimientos, militantes sueltos, no militantes, de todo un poco. Podemos y debemos criticar muchas cosas que hicieron, y criticar aquel proceso político en su totalidad, pero hay que hacerlo con respeto y fundamento.

La crítica es necesaria, la estrechez mental no es necesaria. ¡Ojalá hubiésemos tenido un Andrés Nin!  No por no "amordazar las criticas" a nuestros desaparecidos, los amordazaremos a ellos. Lo primero que se necesita es apertura mental. Si hay algo más tonto que el dogmatismo de las ideas es el dogmatismo de ninguna idea.

El método de juzgar y condenar por lo que se "lee entre líneas" es copiado del estalinismo, que a su vez lo copió de la Inquisición. El método de acusar a Nin de "agente del capitalismo ruso" es también una copia a espejo -más ridícula todavía dadas las circunstancias- de la acusación estalinista de que era "agente del capitalismo Alemán". La diferencia con Torquemada es que Ricardo no puede mandar a nadie a la hoguera; así que dejémoslo ahí.

La revista Alfaguara hace varios años que no se "cocina" más. Pero en su momento organizamos varios seminarios internacionales, y vinieron compañeros de varias tendencias, en varias oportunidades, Katz y muchos otros, de América Latina incluyendo Cuba, de EEUU, de Francia, de Rusia (uno de ellos el brasileño Mario Maestri, del cual acabamos de enviar una contribución), y los volvimos a traer en años más recientes cada vez que pudimos. No nos pusimos a adivinar qué posición tendrían sobre el chavismo cuando esa experiencia histórica colapsase, tampoco importaba entrar en esa estupidez.

Una vez trajimos al británico Alan Freeman, lo acompañé a la radio y lo presenté como "economista marxista", Freeman me corrigió enseguida: "Yo no me defino a mi mismo como marxista sino como estudiante de Marx, porque creo que todavía tenemos muchas cosas para aprender de Marx"

No tengo la capacidad intelectual de Freeman pero me gustaría considerarme también estudiante de Marx, y estudiante de muchos otros continuadores, diferentes y contradictorios entre sí. Le agradezco a Ricardo haberme señalado la interesante obra de Anton Pannekoek, crítico de Lenin. ¡También estudiante de Andrés Nin, carajo!

Quiero decir algo sobre el título que usé para esta nota. Hay un fenómeno político curioso al que llamo los "revolucionarios reaccionarios". Compañeros militantes de intención revolucionaria, muchas veces valiosos, pero que no pueden dejar atrás en algunos aspectos un pensamiento, una actitud, una práctica, cerradamente reaccionaria, atávica, acendradamente prejuiciosa. Cuando hace unos años se planteó el tema de la despenalización efectiva de la marihuana, vimos un ejemplo. (Aclaro por las dudas que yo no fumo nada)

Ahora, que comienzan a verse los resultados en los hechos, deberían abrir sus mentes. Uno de los cucos que agitaron fue el interés de Soros en la despenalización, y que vendrían multinacionales a lucrar con la adicción.

Los hechos muestran hoy que ni las cadenas de farmacias se animaron, al menos hasta ahora, Las que hicieron algún mango fueron unas pobres y semi asfixiadas farmacias de barrio, 16 en todo el país. En un par de días que les fue muy bien, vendieron un promedio de 600 dólares cada una, con una ganancia bruta de tal vez unos 150 dólares. ¡Ese en el lucro capitalista de la legalización!

Otra forma de este fenómeno de "revolucionarios reaccionarios" es el que puede entenderse con este proverbio chino: "Jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino"

Hay algunos que están tan seguros de tener la justa que no se detienen a pensar ni dos minutos en lo que están haciendo. Compartir textos de militantes de todas las experiencias revolucionarias, diferentes y contradictorias, para aprender primero y opinar después, darlos a conocer para que todos se formen libremente su propia opinión en el intercambio, es para ellos ser un agente contrarrevolucionario.?

 

"Acusaciones tan absurdas como pérfidas"

ARTHUR KOESTRLER

?Arthur Koestrler forma parte de la pléyade de brillantes intelectuales europeos adherentes al comunismo que se animaron a decir la verdad, cuando ello podía aparejar la persecución y la muerte. Ya había adquirido notoriedad internacional como periodista de una de las cadenas noticiosas más importantes de Alemania, cuando decidió abandonar tan promisoria carrera para ingresar al partido Comunista Alemán, para sumarse a la lucha contra el nazismo en ascenso. En 1936 fue enviado a España como integrante del aparato de la Comintern (Internacional Comunista); apresado por el franquismo y condenado a muerte, salvó su vida gracias a una activa campaña internacional. Ya en libertad da en Londres en 1937, una serie de conferencias sobre la situación en España. A ese período corresponde el presente testimonio extraído de su autobiografía, en momentos en que ya estaba sumido en una profunda crisis de conciencia por la experiencia vivida en la España revolucionaria. Poco tiempo después rompe con el estalinismo, y partir de entonces es activamente difamado como traidor y agente a sueldo del imperialismo por toda la prensa comunista internacional, a lo largo de varias décadas. Su libro más conocido es "El cero y el infinito", novela en que desnuda magistralmente el mecanismo psicológico de las "confesiones" en los procesos de Moscú.

En la época en que yo daba mi serie de conferencias Nin y sus camaradas se hallaban aún en la prisión y todavía no se los había asesinado. Los hombres del POUM habían luchado con gran valor y sacrificio en el frente de Aragón (George Orwell fue herido cuando luchaba como voluntario en filas del POUM), de modo que yo no abrigaba la menor duda de que las acusaciones que les hacían eras tan absurdas como pérfidas. Pero manifestar tal cosa en público significaba para un miembro del Partido Comunista la expulsión y la inevitable consecuencia de verse acusado de agente trotskista de Franco o de la Gestapo. De ahí que las preguntas que la gente me hacía sobre el POUM me colocaran en una situación crítica. La primera vez que interrogaron a ese respecto la pregunta me cogió desprevenido. Ni siquiera se me había ocurrido que alguien pudiera preguntarme sobre tal cosa: entre los comunistas alemanes o franceses habría sido inconcebible. Por un instante me quedé en blanco. Lo correcto en casos similares habría sido responder que toda fracción o grupo que determinaba un cisma en la unidad revolucionaria favorecía a la causa del enemigo, de manera que según esto Nin (Trotsky, o Zinoviev o Radek, según el caso) tenía que ser considerado objetivamente como un agente de Franco (o de Hitler, o del Servicio de Espionaje Británico), en tanto que, subjetivamente los motivos de tales acciones no eran históricamente pertinentes. Esa respuesta formaba parte del catecismo de los comunistas bien adiestrados, y yo lo había usado ad nausseam  en discusiones con otros y conmigo mismo. Pero en aquel momento mi mente permaneció en blanco y no se me ocurrió la respuesta consabida. Luego, sin reflexión consciente, como quien va a zambullirse en el agua, dije lo que realmente pensaba. Manifesté que no aprobaba la política del POUM por un número de razones que estaba dispuesto a explicar, pero que a mi juicio Andrés Nin y sus camaradas habían obrado de buena fe, de manera que llamarlos traidores era estúpido y suponía una profanación de la memoria de sus muertos. Escuchaba el sonido de mi propia voz con curiosidad, como si se tratara de un extraño.

Se produjo un breve y embarazoso silencio.

Arthur Koestrler, Autobiografía, Tomo 5, La escritura invisible.

(Tomado de Alfaguara, Nro.16)