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REVOLUCIÓN Y POLÍTICA

Boris Kagarlitsky– Rabkor.ru – 26/07/2016 - http://rabkor.ru/culture/books/2017/07/26/revolution-and-politics/


Este es el comentario de B.Kagarlitsy a un libro recientemente publicado en Rusia sobre la Revolución de Octubre, como un aporte más a la necesaria discusión de los “Cien Años”. Aunque dicho libro no está accesible para nosotros, la obra previa de ese autor puede descargarse (en inglés) desde Torrent. La nota de Kagarlitsky también proporciona una visión sobre el estado de la revisión histórica en la Rusia actual sobre ese evento histórico, y varios elementos para su comprensión.- FM


 

?A. Shubin. El comienzo del país de los sovi?ets. Revolución. Octubre de 1917 - Marzo de 1918. San Petersburgo. - M: Peter, 2017..

Un nuevo libro de Aleksander Shubin "El comienzo del país de los soviets” es una continuación de su obra anterior "La gran revolución rusa, de febrero a oc?t?ubre de 1917". De hecho, se trata de un ambicioso proyecto de gran alcance del autor, que lo ha llevado a escribir una historia en varios volúmenes de los acontecimientos revolucionarios. Se espera que cuando se concluya el proyecto ?se ?hará una nueva edición, que pondrá todo lo producido en la serie en un solo libro que asumirá su carácter de épica

Escribir una nueva historia de la revolución de 1917 es de hecho necesario. Los actos conmemorativos organizados tanto por las autoridades oficiales como por las diversas organizaciones de izquierda, han demostrado lo mucho que necesitamos un estudio de este tipo. Por un lado, existe una verdadera avalancha de libros de diferente calidad y diversa orientación ideológica, dedicados a a la revolución, pero por otro lado, ese flujo está dominado por las obras de periodismo en lugar de obras de historiadores profesionales. Los partidarios de diversos partidos políticos y fuerzas todavía están tratando, utilizando los acontecimientos de hace un siglo, de ajustar cuentas entre sí, lo que demuestra que el proceso iniciado en la insurrección de 1917, todavía está muy lejos de haber quedado atrás.

Al mismo tiempo, los historiadores profesionales prefieren limitarse a investigaciones específicas,?yendo a todos los detalles, sobre algunos eventos secundarios, biografías o episodios concretos. Resulta que, a pesar de la enorme cantidad de nuevos materiales e incluso en lotes, incluyendo los que antes estaban prohibidos, no henos avanzado mucho en la comprensión y el estudio de la historia revolucionaria desde la época soviética. Al mismo tiempo, con las publicaciones de la época soviética no es posible tener una imagen completa de los eventos 1917-1922. Y no sólo porque el enfoque soviético era abiertamente sesgado, no sólo por poner de relieve el papel siempre crucial de los bolcheviques y el menosprecio de los otros participantes en los eventos, incluyendo los trabajadores y campesinos del antiguo Imperio ruso, sino también porque muchos de los problemas no son sólo son vistos hoy en forma diferentes,  siino que ocurren en forma diferente

La ciencia histórica soviética ha tratado de presentar el proceso revolucionario como completamente consistente, predeterminado de antemano, como una la locomotora "ya lista" del partido bolchevique siguiendo consistentemente una ?vía ?tendida de "estación" en "estación", venciendo la resistencia del enemigo que trataba de impedir su avance. Pero además se enfatiza el genio de V. I. Lenin como que ya sabe todo de antemano y siempre tiene la razón. Es claro que este enfoque no sólo es injusto para los compañeros de Lenin - Trotsky, Bujarin, Sverdlov y Stalin, cuyo papel en el proceso se ignora o reduce para convertirlos en la "sombra" del líder, sino también injusto para el propio Lenin que tenía que tomar decisiones muy difíciles y dolorosas en condiciones de incertidumbre.

La necesidad de una gran obra de historia, escrita en el ámbito de la investigación histórica seria, se siente con fuerza pese a todo tipo de nuevos materiales que entraron en circulación sobre los eventos o episodios específicos de 1917. Esta enorme riqueza tiene que ser ordenada y sistematizada. Pero, sobre todo, la sociedad moderna está en extrema necesidad de comprensión de los principales acontecimientos históricos, cuyas consecuencias determinan nuestras vidas y nuestro pensamiento en este día.

Podemos decir que el trabajo de Shubin es un paso en esta dirección. Otro tema es cómo este paso pueda llevarnos más cerca de la meta establecida con claridad por el propio autor.

Esto que decimos, por supuesto, no es sobre el análisis de las fortalezas y debilidades del estudio publicado. Dejemos esta discusión a los historiadores profesionales, que sin duda reprocharán al autor que abusa de citas de memoria y no muy a menudo direccion?a a los archivos. Y por añadidura, lo importante no es la forma completa en que los eventos individuales son analizados en detalle. Esto es más bien acerca de la comprensión de la esencia, la dinámica y las contradicciones del proceso revolucionario.

Shubin escribe principalmente sobre la historia política, en la que las cuestiones más interesantes son sobre cómo los líderes individuales - Lenin, Chernov, Kerenski, Trotsky, Kamenev y Bujarin –?toman sus decisiones y  cuáles eran las alternativas a que se enfrentaron. El objetivo principal del autor se centra en dos puntos nodales: el intento de crear un gobierno socialista homogénea y discusión de la paz de Brest. [Con Alemania en 1918 poniendo fin a la guerra iniciada en 1914]

El libro trae los argumentos detallados en que difieren no sólo los bolcheviques, sino también en  filas de otros partidos, especialmente los eseristas y mencheviques, un capítulo muy interesante sobre el establecimiento del poder soviético en Asia Central, así como el análisis del papel desempeñado por la Rada Central [gobierno contrarrevolucionario de Ucrana] en un resultado desfavorable en las negociaciones de Brest a principios de 1918. Según el historiador los "lugares clave" sobre ?para el destino del mundo, "no era tanto de Brest como Petrogrado y Kiev". La  política de la Rada Central partía de su necesidad de las bayonetas alemanas para protegerse no sólo de los bolcheviques de Petrogrado, sino también de sus propios conciudadanos que exigían la transformación social más radical en Ucrania; eso predetermina no sólo una conspiración separada de Kiev con Berlín y Viena, sino también el comportamiento agresivo de los alemanes hacia el resto de Rusia, que a su vez ha generado una crisis interna en el régimen soviético, la escisión entre los bolcheviques y los eserista de izquierda, que se acerca a una guerra civil a gran escala que puede  destruir los gérmenes de las instituciones democráticas en Rusia.

Un punto importante, que llama la atención constantemente a Shubin, es que los principales oponentes de los bolcheviques en 1917 y principios de 1918 eran también de izquierda. Como resultado de ello, surge la pregunta, ¿por qué todas estas personas progresistas y agradables de repente se convirtieron en enemigos políticos y estaban literalmente en los lados de las barricadas?

Comparando los programas propuestos por los partidos, el historiador encuentra una considerable similitud que le da razones para creer que el "gobierno socialista homogéneo" defendido por Kámenev en otoño [ruso] de 1917, daría la "oportunidad no garantizada a Rusia de evitar una grave guerra civil e ir hacia una modernización efectiva con una orientación social y política democrática". Aunque el autor evita respuestas simples,  de la evaluación del texto emerge bastante  claramente la conclusión de que la principal, si no la única razón de esta situación fue la voluntad de poder de los bolcheviques y su renuencia a compartir posiciones clave con los partidos más moderados. Un ejemplo típico de tal intransigencia, cree él, fue la reticencia de Lenin y Trotsky a renunciar en aras a la formación de una coalición de izquierda, que estaría dispuesta a reconocer las decisiones del II Congreso de los Soviets.

Por desgracia, la lucha política no es sólo una competencia de programas, sino que – y en las condiciones de una revolución es particularmente importante- es también una confrontación de voluntades. No queda na?da? claro por qué, a cambio de una promesa condicional de aplicar las decisiones del congreso, los bolcheviques que ya estaban en el poder, tuviesen que transferir sus poderes a personas y partidos que habían? estado?en la coalición de gobierno [derrocado?], pero que en seis meses no habían podido llevar a cabo ninguna de las propuestas de su propio programa.

"Gobierno de coalición sin Lenin y Trotsky" era algo imposible, no sólo porque los bolcheviques estaban en el poder, sino también porque en esas figuras junto con sus colaboradores más cercanos se apoyó en 1917 la voluntad revolucionaria contra la resistencia no sólo de los socialistas moderados, sino y una gran parte de su propio partido. Y es así que surge otra pregunta, y no encontramos una respuesta clara en el libro de Shubin. Es sobre el papel de las masas, que una y otra vez demostr?aron no sólo una orientación radical, sino también más capaces de sentir intuitivamente los principales retos y contradicciones de la revolución.

El autoritarismo inevitable de la Revolución de Octubre no se ha generado por errores o coincidencia de circunstancias, sino por la lógica del proceso revolucionario. El hecho es que los problemas básicos y fundamentales, sociales y económicos de la revolución, tanto en la Inglaterra del siglo XVII, en Francia bajo Robespierre, y en Rusia bajo los bolcheviques se resuelven precisamente una dictadura, y eso no por accidente. La dictadura revolucionaria proporcionó exactamente la concentración de fuerzas sociales y la voluntad política, sin la cual el giro histórico y los principales problemas, simplemente no habrían sido resueltos y, por desgracia, es imposible hacerlo de cualquier otro modo.

El reconocimiento de este hecho no es una justificación del autoritarismo, sino la comprensión de la trágica dialéctica de la historia, que a menudo ?no ?nos deja soluciones cómodas y moderadas. Al mismo tiempo, la comprensión de lo inevitable de medidas autoritarias en la ola de la revolución (en teoría reconocido por muchos mencheviques, incluyendo G. V. Plejanov) no elimina la cuestión de la responsabilidad moral de las personas en tomar las decisiones concretas, ni los problemas políticos de las medidas admisibles y necesarias de un autoritarismo "en cierto grado"

La sociedad estaba excitada por un sentido pleno de libertad y de venganza por las injusticias del pasado, por eso mismo no es un aliado de los que aspiran al humanismo y la moderación.

Shubin mismo ilustra esto cuando describe los intentos fallidos del bolchevique Krilenko en evitar  de linchamiento del general Dujonin: mientras Krilenko calmaba con un discurso brillante a multitud delante de vehículo militar [que conducía preso a Dujonin en noviembre de 1917, que estaba en funciones como comandante del ejército cuando se descubrió que estaba en negociadores secretas con los alemanes] otras personas que no habían oído el discurso del dirigente bolchevique entraron al furgón por el toro lado mataron al general [lo mataron a patadas y garrotazos].

En una dictadura es relativamente fácil entrar (a pesar de que hay una gran cantidad de problemas en el caos social y económico, en que ni siquiera los autoritarios logran “cruzar la calle"). Pero de de una dictadura es cada vez más difícil salir, y las estructuras creadas para mantener el poder en circunstancias graves y excepcionales de la revolución, se transformaron en problemas, factor reaccionario cuando los eventos entran en curso diferente, más pacífico.

Tratar de juzgar con retroactividad a los participantes en estos eventos, o darles un "consejo" tardío no tiene mucho sentido. La pregunta que nos enfrenta hoy en día no es ¿cómo podrían las personas en 1917 haber evitado el trágico curso de los acontecimientos? Y ¿podemos evitarlo en el futuro? Cuando el tema de los cambios sociales aparecen de nuevo ante nosotros en pleno crecimiento, hay una probabilidad de tener una respuesta optimista. Y no sólo a partir de la lectura de la historia de la revolución estamos empezando a aprender de los errores del pasado, sino sobre todo porque es gracias a los resultados de esa revolución que ahora estamos ya en condiciones históricas diferentes