Rolando Astarita [Blog]
En la nota anterior decíamos que las empresas multinacionales son un motor fundamental de la globalización, y que en todos lados presionan por la libertad de comercio y del movimiento de capitales. Agregábamos que estas corporaciones gigantescas “necesitan que el planeta se conforme como un campo de maniobra en el que se despliegue a plenitud la explotación global del trabajo, aprovechando los bajos salarios y otras condiciones favorables para el capital”
En Valor, mercado mundial y globalización escribimos, en el mismo sentido, que las corporaciones más concentradas buscan que “el planeta se conforme como un campo de maniobra en el que se despliegue a plenitud la dialéctica de los capitales en proceso de valorización. Para esto reclaman seguridad jurídica, desmantelar toda traba al movimiento trans-fronteras de los capitales y el desplazamiento de todo gobierno que se interponga en sus objetivos” (p. 358). En definitiva, se trata de garantizar “los derechos universales del capital”. Un objetivo que determina, en lo fundamental, la política de las instituciones internacionales (FMI, BM, BIS, OMC, OCDE, Consejo de Seguridad), de las alianzas militares –la OTAN en primer lugar- y de los gobiernos de las grandes potencias. Las tensiones y contradicciones entre los Estados (o gobiernos) y sus corporaciones se desarrollan dentro de este marco.
Parece claro entonces que la base de este impulso son las grandes unidades del capital. Estas son el resultado histórico de los procesos que Marx llamó de concentración y centralización del capital (véase El Capital, cap. 23, t. 1). La concentración hace referencia a la reinversión de plusvalía por parte de los capitales individuales, con el fin de ampliar la escala de la producción. La centralización alude a las fusiones o compras de empresas. Pero además, incesantemente los capitales son impulsados a avanzar en la concentración y centralización, so pena de perder la batalla en la lucha competitiva. Por eso, al tiempo que aumenta el poder de los capitales, se intensifican las guerras de precios –las hemos visto últimamente en el acero, petróleo, petroquímica, teléfonos celulares, líneas aéreas, paneles solares, transporte marítimo, entre otras actividades- y los fenómenos de sobreacumulación y sobrecapacidad productiva, que caracterizan a la economía mundial en los últimos años. En esta nota presentamos algunos datos que muestran el grado que alcanza hoy la concentración del capital.
La concentración del capital globalizado en cifras
Una medida de la concentración del capital nos la proporcionan los rankings elaborados por Fortune. De conjunto, en 2016, las 500 mayores empresas de Fortune Global tuvieron ingresos por 27,7 billones de dólares; beneficios por 1,5 billones; y emplearon a 67 millones de personas. Las empresas estadounidenses dominan la lista, con 132; sigue China con 109 y Japón con 51. Dado que este ranking se elabora en base a los ingresos, el primer lugar lo ocupa Walmart, con 485.000 millones de dólares. Esto es más que el PBI de Polonia o Bélgica; y más que el PBI de otros 164 países. Agreguemos que Wal-Mart ocupa unos 2,3 millones de personas.
Otra medida de la fuerza de las corporaciones concentradas es la aplicada para confeccionar la lista Forbes Global 2000, que las ordena en base a un índice ponderado de ingresos, beneficios, activos y valor de mercado. La lista 2017 tiene empresas de 58 países que de conjunto reciben ingresos por 35,3 billones de dólares, obtienen beneficios por 2,5 billones, poseen 169,1 billones en activos y un valor combinado de mercado de 48,8 billones (todas las cifras corresponden a 2016). Las empresas estadounidenses son las más numerosas, 565, seguidas por China y Hong Kong, con 263. Transcribimos las 25 primeras de la Forbes Global 2000; las cifras están presentadas en miles de millones de dólares: