En esta nota publicamos algunos de los materiales y documentos sobre el terror bolchevique que reunieron en el exilio militantes socialistas-revolucionarios de Rusia. Esta es la segunda parte del texto aparecido en la nota anterior. Recuerdo al lector que el mismo fuera sacado clandestinamente desde la Prisión interior de la Vecheka Lubianka, MOSCÚ en junio de 1921 y fue firmado por “Un testigo ocular”
El interrogatorio
A la caída de la tarde, se produce una cierta animación dentro de la monotonía de la jornada carcelaria. Las puertas de entrada golpean, las llaves rechinan en las cerraduras de las celdas, los detenidos van y vienen. Es el aparato de instrucción chequista que emprende su trabajo nocturno.
Por otra parte, el detenido no sabe nunca adónde se le conduce: si hacia la libertad o al «sótano»; si al verdugo, al juez de instrucción o a la estación del ferrocarril. Se entera del punto final del viaje una vez llegado a su destino.
...Toda una serie de estancias, atravesadas por tabiques, pasillos estrechos, penetrados por el silencio de la noche, sólo la luz eléctrica que filtran los intersticios y el tecleo lejano de las máquinas de escribir testimonian el trabajo intenso de los policías soviéticos siempre vigilantes.
A cualquier «recién llegado» inexperto, todo esto debe hacerle necesariamente el efecto de un misterioso y terrible laberinto donde, detrás de cada puerta, le espían hombres revólver en mano, o donde una muerte atroz le espera impaciente.
En ese estado de ánimo, el detenido es introducido en el «despacho del juez de instrucción», y... empieza el interrogatorio.
Ya he tenido ocasión de observar que la época «romántica» de la Vecheka terminó hace tiempo y que, en la actualidad, ya no se oyen pistoletazos en la oficina del juez. Se ha producido una separación estricta de las funciones, derechos y obligaciones chequistas. Actualmente, al verdugo chequista ya no se le ocurrirá ir a sentarse en el sillón del juez chequista, ni a éste ir a «trabajar» al sótano. A cada uno su sitio... y su retribución.
La verdad es que, en el curso de los interrogatorios, se utilizan todos los medios, incluyendo la provocación, las falsas acusaciones, las proposiciones infames y las amenazas directas. En efecto, en determinado momento, y como por azar, el revólver aparece sobre la mesa, pero... ya no dispara. Forma parte, por decirlo de algún modo, del marco en que se desenvuelve el interrogatorio, y al que no se debe tomar demasiado en serio. Conviene aquí hacer notar que incluso el aparato de instrucción ha dado lugar a un reparto estricto de funciones. A cada categoría de «crímenes» corresponde un aparato de instrumentación, un juez de instrucción «especializado» a la cabeza de todo el proceso, con una falange de auxiliares a su alrededor. Especuladores, comunistas concusionarios, guardias «blancos», socialistas-revolucionarios, mencheviques, etc., todos tienen sus propios «patronos», especializados en ese ramo del «trabajo».
Se presta, por supuesto, la mayor atención a los socia- listas. Aquí, se movilizan «las mejores fuerzas chequistas», y el «trabajo» se hace de un modo «científico».
En la oficina del magistrado respectivo, las paredes aparecen adornadas con diagramas y esquemas minuciosamente trazados, que recuerdan el plan del sistema solar en el que el lugar central del sol corresponde al «líder» del Partido, rodeado, a distintos intervalos, por los «planetas» de dimensiones desiguales, con sus respectivos «satélites» técnicos.
Cuando comparece un socialista detenido por primera vez, se empieza por precisar el lugar que ocupa en el «sistema solar». Si se confirma que se trata de un «planeta», o de un «satélite» todavía desconocido, la investigación tiende sobre todo a establecer sus «dimensiones» y su situación en el «espacio»
Para abordar todo este trabajo «astronómico», los jueces de instrucción no tienen, en general, más que sus propios recursos, puesto que los socialistas conservan desde los viejos tiempos la mala costumbre de la «simulación» y la sombría «insociabilidad»... Pero, por otra parte, cuando las investigaciones de los «especialistas» se ven coronadas por el éxito, el cartograma del Partido se ve solemnemente decorado con un nuevo y pequeño círculo significativo en cuyo interior aparece el nombre de un «planeta» recientemente descubierto.
Si los casos de derecho común llegan finalmente a un resultado concreto y el detenido acaba bajo la jurisdicción del tribunal, o en un campo de concentración, o en los sótanos del verdugo, los «casos» de los socialistas casi nunca terminan en algo concreto. Se trata de un «privilegio» especial de los socialistas. Ningún juicio. Ninguna acusación fiscal. Ningún trámite de detención. Casi ninguna ejecución.
Sencillamente se les mantiene en prisión, reducido a la impotencia, en nombre de «la seguridad de la República», «hasta el fin de la guerra civil»
Por otra parte, a partir del momento en que un socialista determinado es fijado en el cartograma, la investigación que le concierne ha dado fin. Y el propio detenido, de acuerdo con la «conclusión» del juez de instrucción y con la «decisión» de la Oficina de la Vecheka, queda instalado en una de las prisiones de Moscú.
En ocasiones, a los rigores de invierno, sucede de manera súbita una «primavera» de corta duración, y algunos «satélites» recobran una libertad provisional. ¡En cuanto a los «planetas», se les mantiene firmemente en prisión por cualquier «tiempo» que haga!
El último eslabón
El presente estudio quedaría incompleto si yo no dijera algunas palabras, conscientemente breves y rápidas, sobre el vástago más horrible del golpe de Estado de octubre, nutrido en los centros de tortura chequistas con la sangre de muchos millares de vidas humanas.
Después de haber vivido los cuatro últimos años de nuestra existencia, hemos perdido la costumbre de estremecernos ante la palabra «terror», y el número de sus víctimas acaba por entrar en nuestra conciencia de manera completamente mecánica.
El terror todavía no ha desaparecido de la vida de nuestro país, pero también él ha adoptado «formas organizadas». Se ha ocultado detrás de decenas de expedientes, de resoluciones, de veredictos, de condenas.
El sótano de las ejecuciones aún no ha sido destruido. El verdugo no ha sido destituido, sino que permanece retirado y espera pacientemente el «mandato» que acompaña a la pena de muerte.Tras lo cual, se pone tranquilamente manos a la obra: todas las formalidades han sido cumplidas.
Entonces conduce a su víctima al sótano y la mata de un pistoletazo en la nuca.
Es decir, de un tiro de Colt, pues se trata de un revólver de grueso calibre. El tiro es en la nuca, porque un impacto de este tipo hace estallar la cabeza, por lo que la identificación de la víctima resulta imposible.
Cumplida la ejecución, el cuerpo es confiado al «administrador encargado del registro de cadáveres», el cual dispone del mismo. Nuevo «mandato», nuevos «ejecutores», y el círculo de las «operaciones» chequistas se cierra.
Después de ordenar todos los documentos justificativos y de llevarse el despojos de su víctima, el verdugo descansa.
En las dependencias superiores, lejos del sótano y en espera de un nuevo mandato, se entrega a todas las dulzuras de la existencia, las cuales le son donadas generosamente a cambio de su pesado y difícil trabajo. Es necesario creer que, efectivamente, es un trabajo difícil, pues ni los propios verdugos chequistas resisten siempre. Se vuelven locos.
El que desaparece es inmediatamente reemplazado por un nuevo ejecutor de altas misiones. El funcionamiento del aparato represivo no para un solo instante.
Otro apellido figura en «los mandatos». Otra mano blande el revólver. A esto se limita toda la diferencia... Así son los centros de tortura comunistas. Lo que sor- prende sobre todo en la obra de la Checa, es la mezcla de barniz exterior recién adquirido, con un abismo de ignominia y de cinismo que nada ha podido superar hasta el momento.?Aquí no se habla de publicidad, de imparcialidad o de piedad humana, ni siquiera se piensa en ello, puesto que toda la «seguridad» comunista, según la idea de sus fundadores, no ha sido y no será jamás otra cosa que un órgano de represaliasejercidas contra los «enemigos de clase» del Partido bolchevique. Aquí, los métodos de represión no son ni «morales», ni «amorales», pues todo lo que fortifica y protege el dominio de este partido es bueno y moral.
Se trata solamente «de no hacer demasiado ruido», de trabajar «limpiamente»; la Vecheka posee a la perfección ese «secreto».
Y si alguna delegación de la Internacional comunista, ávida de instruirse, visitara las «instituciones» de la Vecheka, se vería agradablemente sorprendida por los diagramas «científicos» exhibidos en las oficinas de los jueces de instrucción, así como por la serenidad ejemplar que reina en la «Prisión interior» y por los demás detalles que dan fe de las costumbres utilizadas en la Vecheka. Ni gritos, ni violencia, ni sangre, nada que pueda recordar las pretendidas «atrocidades de los bolcheviques» inventadas por los «contrarrevolucionarios» y los «social- traidores».
Luego, la delegación regresaría a su país, moralmente satisfecha y firmemente decidida a proclamar por todas partes en Europa que la Rusia soviética es el país de la del «régimen humanitario» y de la «justicia».
En el silencio sepulcral de la «Prisión interior», no habría nadie para deslizar al oído de esos nobles extranjeros que allí mismo, entre aquellas paredes, están encarcelados viejos socialistas curtidos, que prefieren la muerte a ese «régimen humanitario» y que sostienen atroces huelgas de hambre de dieciséis días, bajo las miradas impasibles de jefes comunistas que ya han visto demasiadas escenas como ésta...
Junio 1921. Moscú, Lubianka, Prisión interior de la Vecheka.
Un testigo ocular.