William R. Polk
[Esta extensa nota, la primera de dos de este especialista ex-asesor de Kennedy, puede ayudar, si al final terminamos en el horno, a entender por qué pasó. Un análisis, pero también puede ser leída como una autocrítica]
Los Estados Unidos y Corea del Norte están al borde de las hostilidades que, si se iniciaran, conducirían casi con toda seguridad a un intercambio nuclear. Este es el juicio expresado por la mayoría de los observadores competentes. Difieren sobre las causas de este enfrentamiento y sobre el tamaño, el alcance y el impacto de las armas que serían disparadas, pero nadie puede dudar que incluso un intercambio nuclear "limitado" tuviera efectos horripilantes en gran parte del mundo incluyendo Norteamérica.
Entonces, ¿cómo llegamos a este punto, qué estamos haciendo ahora y qué se podría hacer para evitar lo que casi seguramente serían las consecuencias desastrosas de incluso una guerra nuclear "limitada"?
Los medios de comunicación están repletos de relatos de los últimos pronunciamientos y eventos, pero tanto en mi experiencia personal en lo más cercano que hemos llegado a un desastre nuclear, la Crisis de Misiles de Cuba, como de estudiar muchos otros "puntos inflamables", he aprendido que el fracaso en apreciar el trasfondo y la secuencia de los acontecimientos hace que uno sea incapaz de comprender el presente, y por lo tanto es capaz de acciones de autodestrucción. Con esta advertencia en mente voy a contar en la Parte 1 cómo nosotros y los coreanos llegamos a donde estamos. Luego, en la Parte 2, hablaré de cómo podríamos ir a la guerra, qué significaría eso y qué podemos hacer para mantenernos vivos.
Durante la mayor parte de su historia, Corea consideró a China como su maestra. Tomó prestado del confucianismo chino, su concepto de la ley, sus cánones de arte y su método de escritura. Por esto, en general pagó tributo al emperador chino.
Con Japón, las relaciones eran diferentes. Armado con la entonces arma de destrucción masiva, el mosquete, Japón invadió Corea en 1592 y la ocupó con más de un cuarto de millón de soldados. Los coreanos, armados sólo con arcos y flechas, fueron forzados a la sumisión. Pero debido a acontecimientos internos en Japón y particularmente a la decisión de abandonar las armas, los japoneses se retiraron en menos de una década y dejaron a Corea por su cuenta.
Nominalmente unificada bajo un solo reino, la sociedad coreana ya estaba dividida entre el Puk-in o "pueblo del Norte" y el Nam-in o "pueblo del Sur". No está clara la importancia de esta división en la política práctica, pero aparentemente desempeñó un papel en frustrar los intentos de reforma y en mantener al país aislado de influencias externas. También debilitó el país y facilitó la segunda intrusión de los japoneses. En busca de mineral de hierro para su naciente industria, "abrieron" el país en 1876. Tras las huellas de los japoneses, los estadounidenses establecieron relaciones diplomáticas con la corte coreana en 1882.
Los misioneros norteamericanos, la mayoría de los cuales tenían el doble carácter de comerciantes, siguieron bajo esa bandera. El cristianismo a menudo apareció en forma de comercio. Los mercaderes misioneros vivían separados de los coreanos en ciudades segregadas de estilo americano, como lo habían hecho los británicos en la India a principios de siglo. Rara vez se reunían con los nativos excepto para comerciar. A diferencia de sus contrapartes en el Medio Oriente, los estadounidenses no se destacaron por "buenas obras". Gastaron más tiempo vendiendo bienes que enseñando inglés, curando cuerpos o "salvando almas". Así que mientras los coreanos admiraban sus mercancías, todos excepto unos pocos siguieron en el camino confuciano.
La protección de China
Fue en China más que en Estados Unidos que los coreanos buscaron protección contra el "sol naciente" japonés. A medida que crecieron y se volvieron más poderosos y comenzaron su expansión exterior, los japoneses se movieron para poner fin a la relación coreana con China. En 1894, los japoneses invadieron Corea, capturaron a su rey e instalaron un gobierno "amistoso". Luego, como una especie de subproducto de su guerra de 1904-1905 con Rusia, los japoneses tomaron el control y, al modo de las políticas de todos los gobiernos occidentales, asumieron "la carga del Hombre Blanco".
Theodore Roosevelt, encontró que era inevitable y beneficioso que Japón convirtiera Corea en una colonia. Durante los siguientes 35 años, los japoneses gobernaron Corea al modo que los británicos gobernaron la India y los franceses Argelia. Si los japoneses eran brutales, como ciertamente eran, y explotadores, también, lo mismo eran las otras potencias coloniales. Y, al igual que otros pueblos coloniales, a medida que gradualmente se volvieron políticamente sensibles, los coreanos comenzaron a reaccionar. Con el tiempo, vieron a los intrusos japoneses no como los portadores de la "carga del hombre blanco", sino como la carga. Algunos coreanos reaccionaron huyendo.
El más conocido entre ellos era Syngman Rhee. Convertido al cristianismo por los misioneros americanos, se fue a Occidente. Después de una carrera tortuosa como exiliado, las autoridades militares estadounidenses al final de la Segunda Guerra Mundial le permitieron convertirse en el primer presidente de Corea del Sur.
Pero la mayoría de los que huyeron de los japoneses encontraron refugios en la Manchuria bajo influencia rusa. El más conocido de estos exiliados "orientales", Kim Il-sung, se convirtió en un guerrillero antijaponés y se unió al Partido Comunista. Al mismo tiempo en qur Syngman Rhee llegó al Sur controlado por Estados Unidos, Kim Il-sung se convirtió en el líder del Norte apoyado por la Unión Soviética. Allí fundó la "Dinastía" de la cual su nieto Kim Jong-un es el líder actual.
Durante los 35 años de ocupación japonesa, nadie en Occidente prestó mucha atención a Syngman Rhee o sus esperanzas para el futuro de Corea, pero el gobierno soviético fue más atento hacia Kim Il-Sung. Mientras las distantes Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos no desempeñaban ningún papel activo, la cercana Unión Soviética, con una larga frontera con el territorio ocupado por los japoneses, debía preocuparse por Corea.
No fue tanto por una estrategia ni por la percepción del peligro, que la política de Occidente (y la aquiescencia soviética con éste) evolucionó. Impulsado en parte por el sentimiento, Estados Unidos forzó un cambio en el tono de las relaciones con el mundo colonial durante la Segunda Guerra Mundial, e impulsados por la necesidad de alinearse con Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia accedieron. Fue la marea de la guerra más que un plan preconcebido lo que sumergió a Corea en el muy disperso y mal definido grupo de naciones "emergentes".
Siguiendo los sueños de Woodrow Wilson, Franklin Roosevelt proclamó que los pueblos coloniales merecían ser libres. Corea se beneficiaría de la gran liberación desde de la Segunda Guerra Mundial. Así fue que el 1 de diciembre de 1943, los Estados Unidos, Gran Bretaña y China (entonces nacionalista) acordaron en la Conferencia de El Cairo aplicar las palabras revolucionarias de la Carta del Atlántico de 1941: "Conscientes de la esclavitud del pueblo de Corea", proclamaron Roosevelt y un renuente Churchill "estamos determinados que a su debido tiempo Corea llegue a ser libre e independiente."
En la conferencia de San Francisco de abril-junio de 1945, donde las Naciones Unidas fueron fundadas, Corea recibió poca atención, pero un vago acuerdo podía visualizarse, en el que Corea se sometería a una administración fiduciaria de cuatro poderes (estadounidense, británico, chino y soviético). Esta política se afirmó más tarde en la Conferencia de Potsdam el 26 de julio de 1945, y fue acordada por la Unión Soviética el 8 de agosto cuando declaró la guerra a Japón. Dos días más tarde, las tropas rusas avanzaron hacia el norte. No fue sino hasta casi un mes después, el 8 de septiembre, que llegaron los primeros contingentes del ejército estadounidense.
La posguerra
En ese punto, la mayoría de los coreanos no podían hacer nada para lograr su propia liberación: los que estaban dentro de Corea estaban en prisión, vivían bajo el terror de que de pronto podían ser arrestados, o colaboraban con los japoneses. Los pocos que habían llegado a los paraísos de Occidente, como Syngman Rhee, encontraron que mientras se les permitía hablar, nadie con poder para ayudarlos escuchaba sus voces. Debían ser liberados pero no ayudados a liberarse. Sólo los pequeños grupos de exiliados coreanos en las zonas controladas por los soviéticos lucharon en realidad contra sus atormentadores japoneses. Así fue que el movimiento guerrillero coreano dirigido por los comunistas comenzó a desempeñar un papel similar al de las insurgencias en Indochina, Filipinas e Indonesia.
Mientras se preparaban para invadir Corea, ni los estadounidenses ni los rusos mostraron ninguna noción de la diferencia entre Puk-in o "pueblo del Norte" y los Nam-in o "pueblo del Sur". Estaban preocupados, al menos inicialmente, por lograr un acuerdo entre ellos como habían hecho en Alemania, por la necesidad de prevenir una colisión entre sus respectivas fuerzas armadas. Sin embargo, los japoneses trataron separadamente las dos zonas que habían sido creadas por esta decisión militar ad hoc.
A medida que avanzaba el ejército soviético, los japoneses se dieron cuenta de que no podían resistir, pero destruyeron la mayor parte de la infraestructura del Norte mientras huían hacia el sur. Al llegar allí, tanto sus soldados como sus funcionarios cooperaron al menos inicialmente con las fuerzas norteamericanas de ocupación. Con acciones divergentes, se adaptaban tanto a los rusos como a los estadounidenses: los rusos estaban decididos a expulsar a los japoneses mientras los estadounidenses ya comenzaban el proceso de perdonarlos. Lo que sucedió en este período confuso configuró gran parte de la forma de Corea hasta nuestros días.
Los rusos parecen haber tenido una política de largo alcance hacia Corea y la fuerza insurgente dirigida por los comunistas que la implementaban, pero fue sólo lentamente y a regañadientes, que los norteamericanos desarrollaron un plan coherente para "su" Corea, y que encontraron nativos que podían implementarlo. Lo que sucedió fue en parte ideológico y en parte circunstancial. Es útil y quizás importante destacar los puntos principales.
El primer punto es que los pasos iníciales de lo que se convirtió en la Guerra Fría ya se estaban dando, y avanzaba rápidamente. Aunque la Conferencia de Yalta incluyó el acuerdo de que Japón se vería obligado a rendirse a todos los aliados, no sólo a los Estados Unidos y China, el Presidente Truman estableció una política estadounidense diferente sin consultar a Stalin.
Envalentonado por el éxito de la prueba de la bomba atómica el 16 de julio de 1945, decidió que Estados Unidos establecería los términos de la guerra del Pacífico unilateralmente. Stalin reaccionó acelerando el ataque de su ejército contra la Corea y Manchuria bajo dominio japonés. Estaba decidido a "definir los hechos sobre el terreno". Así fue que los acontecimientos de julio y agosto de 1945 fijaron las políticas -y las interpretaciones de la guerra- de cada gran potencia. Moldearon la Corea de hoy.
Los argumentos desde entonces se han centrado en las justificaciones para las políticas de cada potencia. Durante muchos años, los estadounidenses han argumentado que fue el atentado con bomba atómica contra Hiroshima y Nagasaki los días 6 y 9 de agosto, y no la amenaza o la realidad de la invasión soviética, lo que obligó a los japoneses a rendirse.
Botín de guerra
En su versión oficial, fue Estados Unidos quien ganó la guerra del Pacífico. Isla por isla desde Guadalcanal, los soldados estadounidenses habían marchado, navegado y volado hacia la isla final, Japón. Desde las islas cercanas y los portaaviones, los aviones estadounidenses bombardearon y quemaron sus ciudades y fábricas. Hiroshima y Nagasaki fueron los últimos golpes en un proceso largo, doloroso y costoso.
Truman sostuvo que los rusos sólo aparecían después de que los japoneses estaban derrotados. Por lo tanto, se sentía justificado -y facultado- para actuar por su cuenta en Japón. Así que cuando el general Douglas MacArthur organizó la ceremonia de rendición el 2 de septiembre, dejó de lado a los rusos. El procedimiento se llevó a cabo en un buque de guerra estadounidense bajo bandera estadounidense. Habría de pasar una década antes de que la URSS terminara formalmente su guerra con Japón.
El segundo punto crucial es lo que estaba sucediendo en la península de Corea. Allí un poderoso ejército ruso estaba presente en el Norte y un ejército estadounidense estaba en control del Sur. Las decisiones de El Cairo, San Francisco y Potsdam estaban tan lejos de Corea como los sentimientos de los estadistas lo estaban de la realidad, los peligros y las oportunidades en la escena. Lo que hicieron los Estados Unidos y la Unión Soviética en el terreno fue crucial para comprender hoy a Corea.
Como los holandeses se proponían hacer en Indonesia, los franceses ya estaban haciendo en Indochina y los estadounidenses en Filipinas, las autoridades militares estadounidenses de Corea dejaron de lado a los líderes nacionalistas (a quienes los japoneses acababan de soltar de prisión) e insistieron en conservar todo el poder bajo su propio gobierno (militar). No sabían casi nada acerca de los coreanos antijaponeses que se constituyeron en la "República Popular" (pero les eran inherentemente sospechosos). En nombre de los Estados Unidos, el general John Hodge rechazó el autoproclamado gobierno nacional y declaró que el gobierno militar era la única autoridad en la zona controlada por Estados Unidos.
Hodge también anunció que "la administración japonesa existente continuaría en su cargo temporalmente para facilitar la ocupación", así como los holandeses en Indonesia continuaron usando las tropas japonesas para controlar al público indonesio. Pero los estadounidenses rápidamente se dieron cuenta de lo impopular que era este arreglo, y en enero de 1946 habían desmantelado el régimen japonés.
En el caos resultante, decenas de grupos con verdaderas pero a menudo vagas diferencias se convirtieron en partidos y comenzaron a exigir un papel en los asuntos coreanos. Este acontecimiento alarmó al gobernador militar estadounidense. El objetivo de Hodge, comprensiblemente, era el orden y la seguridad. Los políticos locales parecían incapaces de ofrecer eso, y en esos años, el gobierno militar estadounidense encarceló a decenas de miles de activistas políticos.
(continuará)