EL SINDICALISMO DE ANDRÉS NIN (3)
Esto es lo que escribe Nin:
+ Los partidos socialista y comunista, en vez de aprovechar la lección de Octubre impulsando la Alianza obrera, que tan espléndidos resultados había dado en Asturias,
+En el terreno político, deben surgir los órganos de unidad adecuados a las circunstancias. A fines de 1933 aparecieron las Alianzas obreras, destinadas a desempeñar en nuestro país el mismo papel que desempeñaran los soviets en la revolución rusa. Dichas Alianzas demostraron su magníficaeficacia revolucionaria durante la insurrección asturiana de octubre de 1934
Esto es exactamente historia oficial, la historia contrarrevolucionaria. La burguesía socialdemócrata desde Largo Caballero a la prensa oficial de la República siempre trató de hacer creer que las grandes luchas en los años 20 y 30 dependieron de los sindicatos y partidos socialdemócratas (incluyendo la CNT) cuando en realidad NUNCA fue así.
Lo que reivindica Nin aquí es en realidad el sindicalismo y más concretamente la alianza de todo el sindicalismo que la socialdemocracia y en general los partidos estatales, llamaban Alianza Obrera. Por eso Nin reprocha a esos partidos burgueses (que para él son sagradamente “proletarios”) el no constituirse en unidad obrera, en Alianza obrera. Concretamente hace referencia a la unidad de la UGT y la CNT “en la base”, a la unidad formal entre ambos sindicatos (como también a la unidad PS y PC), que efectivamente habían realizado algunas veces en el pasado. En esto Nin sigue funcionando en simbiosis total con “la línea” de los agentes de Moscú, con lo que busca imponer Vittorio Codovila y Palmiro Togliatti que dictaban la política oficial del PCE y mucho más todavía con sus coterráneos leninistas en Cataluña[1]
Si eso no se desarrolló, fue porque la CNT perdía su función histórica aliándose con la UGT, que siempre había sido un sindicato de Estado. En efecto en la medida que la CNT asumía prácticas más sindicalistas se disociaba de los grupos de acción directa y éstos terminaban pasándole por arriba y cuestionando toda esa práctica sindicalista: la unión con la UGT, la ideología sindicalista propiamente dicha de los “trentistas” (Peiró y Pestaña), el colaboracionismo populista y gubernamental. Cada vez que eso sucedía el proletariado desarrollaba estructuras propias “comunistas libertarias” cuya práctica se contraponía siempre al sindicalismo y a la ideología del partidismo sindical (efectivamente una parte importante de la dirección de la CNT quería crear un “partido sindical”)
Ahora bien, esos sindicatos, como en casi todas partes del mundo fueron (¡y son!) estructuras burguesas burocráticas, un tipo de organización y estructuración de la fuerza del trabajo que le sirve a la burguesía y permite una buena gestión del capital y su tasa de ganancia (y explotación). Tanto es así que en muchos países el sindicalismo se fue transformando en una organización oficial del Estado (hasta imponerse como obligatorio en muchos países) y por eso mismo, el proletariado y sus organizaciones más claras fueron rompiendo con esas estructuras y proclamando la necesidad de organizaciones clasistas y finalistas (como la FORA en Argentina que define como objetivo el “comunismo” rompiendo con la FORA camaleónica o sindicalista o los IWW en varios países). Justamente la ruptura con el sindicalismo y el parlamentarismo fue la primera gran causa de ruptura internacional de los grupos revolucionarios que llamaban a organizarse afuera y contra los sindicatos (Partido Comunista Obrero Alemán) tanto contra el sindicalismo oficial de la Internacional “Comunista” (21 condiciones) como de la Internacional misma. Esa posición, que arrastraría a lo mejor del proletariado mundial, se forjaría en ruptura con la posición oficial de Lenin/Trotsky que buscaba la unidad sindical con toda la contrarrevolución, y de la cual surgiría esa putrefacta y reaccionaria Internacional Sindical Roja (¡en realidad estatista!). Justamente es de este nefasto aparato de maniobra del Kremlin que Nin será uno de sus más importantes jefes
En España, el sindicalismo y la ideología de las alianzas obreras eran el fondo de comercio de la socialdemocracia, de los partidos socialistas y comunistas oficiales así como de los “libertarios” más socialdemócratas (Pestaña, Peiro, Marianet,…) que habían adherido a las Internacionales sindicales (tanto a la clásica socialdemócrata como a la Internacional Sindical Roja)
Las luchas históricas del proletariado en España siempre se habían desarrollado con otras estructuras que en los hechos nunca habían tenido mucho que ver con esos sindicatos. Esas luchas habían tenido como estructuras la vieja resistencia del comunal, los pequeños grupos de afinidad anarquistas o anarquistas comunistas,así como comités específicos formados en grandes centros industriales en donde, proletarios de procedencia muy diversa, eran centralizados por el capital (La Canadiense, mineros asturianos, obreros de la construcción de Madrid, etc.). Fueron en estos centros urbanos o mineros que el proletariado agrícola se hacía fuerte para enfrentar al capital y el Estado. Sus formas de acción se basaban en la acción directa, en acciones armadas contra los centros de poder local, en la coordinación de insurrecciones en pueblos y ciudades que proclamaban el comunismo libertario al mismo tiempo que atacaban violentamente a las fuerzas del orden republicano
Diversas investigaciones recientes han probado (contra la historia oficial), que todas las grandes luchas durante la Segunda República (y antes), habían sido desarrolladas al margen de los partidos políticos y los sindicatos y que la mayoría de ellas estaban centradas en la resistencia histórica del proletariado agrícola que se seguía basando en la histórica resistencia a la expropiación del comunal en las ciudades y pueblos de toda España. Las grandes huelgas, así como los movimientos insurreccionales locales que pautan todos los años 30 no son nunca organizadas por los sindicatos o “alianzas obreras” sino por estructuras creadas afuera y en contra de esos aparatos, ligados al poder republicano, que era la fuerza represiva decisiva.
Como puede ver el lector, el ejemplo de “alianza obrera” por excelencia que utiliza el oficialismo (Nin, en total acuerdo con José Díaz secretario general del PC español que en todos los discursos citaba ese mismo ejemplo) es el de Asturias (aunque es lógicamente más evidente que es Nin que está plagiando a José Díaz sin decirlo). Según la historia oficial (en la que se consagra como paladín del sindicalismo triunfante al Lenin español: Largo Caballero) la revolución de octubre en Asturias se la debemos a la alianza del “sindicalismo socialista” con el “sindicalismo anarquista”. En realidad esa fue una fantástica creación ideológica que sirvió para promocionar a esa fracción socialdemócrata (clave del Frente Popular) hacia el poder del Estado. Pero no es más que eso y no resiste al más mínimo análisis histórico que muestra siempre a esa izquierda burguesa y sindicalista frenando el movimiento real y cuando el mismo se desarrolla haciendo todo lo posible por reprimirlo. En Asturias el movimiento social tanto de los mineros, como de los poblados, urbanizaciones y ciudades se desarrolló y estructuró en base a estructuras diferentes y contrapuestas al sindicato. Evidentemente buscaron unificarse y coordinarse pero para eso debieron recurrir no solo a otras estructuraciones locales sino a una estructura coordinativa que intentaron expandir por doquier y que denominaron “UHP” (uníos hermanos proletarios)
Fue esa estructura organizada clandestinamente (y que evidentemente la historia oficial desconoce) en todas partes que las grandes batallas sociales fueron libradas. A pesar de la clandestinidad organizativa UHP fue durante años un saludo y signo de reconocimiento de los proletarios en lucha en todas partes y contaba con estructuras armadas, canciones, banderas, comités territoriales, enlaces regionales… y sus banderas flameaban en los ayuntamientos y otros centros del poder tomados por las decenas de movimientos insurreccionales locales. En la revolución de octubre en Asturias (1934) esa fue la bandera principal que aparecía en los combates y grandes gestas proletarias, lo de la Alianza obrera solo aparecía en los periódicos oficiales, en las noticias para la exportación y luego en la historia oficial. Viejos militantes españoles siempre dicen que para saber si algo es oficial o no, si vale la pena leerlo o, es más de lo mismo que hay que ver la importancia que le dan a los sindicatos: ¡es el Estado el que cuenta la historia en función de los sindicatos!
Por eso Nin podía encerrar su planteo contrarrevolucionario vistiéndolo en lo que oficialmente se suponía en otras partes (¡en Asturias nadie creía eso!) como una táctica sindicalista exitosa, gracias a la “Alianza obrera”. En Barcelona incluso militantes proletarios creyeron ese milagro sindicalista, tanto es así que en el Congreso de Zaragoza los viejos grupos de acción anarquistas radicales (Ascaso, García Olivier, Durruti…) aceptaron de nuevo a los sindicalistas oficialistas de la CNT (Pestaña, Peiro…), que habían expulsado por traidores a punta de revólver unos años antes. Incluso hubo una ola sindicalista y unitarista hacia hacer la alianza obrera con la (abiertamente contra revolucionaria) UGT y en los momentos decisivos se unificaron con ellos en la misma medida en que la CNT se constituía en organismo estatal y represor. Esa ola sindicalista y unitarista que se verifica en el Congreso de Zaragoza fue sin duda un paso decisivo contra la revolución social, que en los hechos fue aislando a la vanguardia proletaria que luchaba “por el todo” y constitutivo del Frente Popular que conduciría al triunfo del Estado y la Guerra
Pero antes de esa fecha, ni en Barcelona, ni en el resto de España el movimiento real del proletariado se dejaba domar por el sindicalismo. El proletariado organizaba la lucha en todo tipo de estructuras clandestinas que declaraban abolido el dinero y proclamaban el comunismo libertario en los pueblos y ciudades de toda España. Y cuando la República se fue sintiendo acorralada por el movimiento insurreccional y empujó al golpe de los Generales para ganar una batalla que ella perdía desde hace tiempo, fueron esas estructuras centralizadas en los comités regionales, de barrio, de fábrica clandestinos todos que se habían armado y preparado al enfrentamiento los que pudieron imponerse enfrentando con la violencia revolucionaria a la violencia contrarrevolucionaria del ejército
Del mismo modo que al proletariado autónomo, triunfante y armado en julio del 36, le habían propuesto someterse al Gobierno y al Estado burgués español y Catalán, todas las organizaciones de izquierda continuaban intentando en el 37 reencuadrarlos en la estructura sindical unitaria UGT/CNT que impulsaban los leninistas como Largo Caballero y Nin. Todo el sindicalismo de Nin obedece a esta necesidad estatal (sin olvidar que como hombre del Estado ruso había hecho lo mismo). En Cataluña lo más difícil había sido lo que ya habían hecho Companys, Largo Caballero, Nin…con la cooptación de algunos dirigentes de la CNT de hacer pasar el Gobierno Republicano como un Mal Menor frente a la “amenaza fascista”. No se puede olvidar que el propio Nin había colaborado abiertamente no solo con la reimposición de ese gobierno, sino con la disolución represiva de las estructuras organizadas afuera y en contra de los sindicatos que el proletariado había ido creando
Nin como hombre de Estadohabía defendido por todos los medios posibles a los sindicatos frente a los grupos armados organizados y a los comités regionales que habían coordinado la insurrección victoriosa. Como jerarca Estatal había reprimido los comités y tratado de restaurar la autoridad estatal. Como denunciamos en esta misma serie A propósito de Andrés Nin
(Nota numero 2) “Como Ministro de Justicia, Nin hizo más fuerte la posición del Gobierno de la Generalidad, para disolver y reprimir los comités locales y todas las formas barriales o comunales de organización autónomas del proletariado” y (Nota número 6) el 9 de octubre de 1936 con la participación Nin y la CNT el Gobierno de la Generalidad de Cataluña… dicta el decreto decisivo de disolución total de los comités locales (proletarios) para sustituirlos por Ayuntamientos Frentepoplulistas
Por lo que ahora solo trata de justificar lo actuado…pero en forma cínica y doble. No podía defender directamente a tal o tal sindicato tal como les había pasado por arriba el movimiento del proletariado (como a los de la UGT) y mucho menos luego de que se hubieran transformado en órganos oficiales del gobierno republicano (tanto los de la UGT como los de la CNT) que desde hacía un año se habían concentrado en dirigir la producción capitalista y organizar el trabajo para el Frente Popular y la guerra[2]. Ahora que los sindicatos eran abiertamente represivos de toda lucha contra el trabajo, el capital y el Estado y, tenían por función, imponer violentamente la colaboración con el Gobierno y la Guerra lo hace haciendo la apología de las “Alianzas obreras” como si estas, en vez de ser el viejo ensopado sindicalista que asquea a los proletarios en lucha, fuera algo propio del movimiento radical que hubiese surgido del movimiento mismo (nueva falsificación)
Resumiendo Nin sigue defendiendo la vieja unidad sindicalista de todos los “socialistas”, “comunistas” y “anarquistas” (y en el fondo la unidad entre los principales partidos del Frente Popular PS, PCE, CNT, catalanistas) con un lenguaje doble, oportunista, presentando a las nefastas “alianzas obreras” como si fuese una innovación del movimiento mismo
¡Cómo si esto pudiese esconder el sol con el dedo, que Nin y el CE del POUM habían contribuido a liquidar todas las estructuras autónomas del proletariado autónomo!
¡Cómo si en ese mismo momento de 1937 Nin y el CE no siguieran haciéndolo oponiéndose a la insurrección proletaria (¡rechazo de la propuesta de Rebull!; represión de los “incontrolados”) en nombre de la lucha unida “antifascista”!
¡Cómo si esta historia del antifascismo no implicase la total liquidación del proletariado como clase autónoma y no fuese la mejor defensa del Frente Popular, del Estado y de la Guerra imperialista!
[1] Los estudios actuales muestran que Stalin desconfiaba mucho de la expresión leninista del PC catalán (Partido Socialista Unificado de Cataluña) justamente por los acuerdos y amistades de este partido dirigido por Comorera, con Nin y “los trotskistas”. También muestran que los agentes de Moscú cuando intentaron alinear totalmente el PSUC en la línea del PCE, la IC y el propio Stalin empujarán a la purga del PSUC obligándolo a romper con todo ese autonomismo y “trotskismo”. El alineamiento total se producirá justamente cuando el PSUC pruebe su obediencia completa a Stalin expulsando a Nin y Largo Caballero de puestos gubernamentales. Pero todas esas historias son para nosotros, contradicciones menores entre leninistas: tanto las que hubieran podido haber entre el PSUC y el PCE/IC, como las rupturas entre personas (Largo Caballero y Nin), que efectivamente llevarán a la purga de todos los leninistas, que no juren fidelidad absoluta a Stalin.
[2] Ver al respecto la resistencia del proletariado al sindicalismo laboral de la UGT y la CNT en “Los obreros contra el trabajo” de Michael Seidman