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Mapa de un Engaño

El lado Oculto de la Trama Tupamara

 Libro de Álvaro Diez de Medina

Capítulo IV

EL EQUILIBRISTA

El regreso de Héctor al Palleja fue singularmente sombrío. Aquello era, sin asomo de duda, el fin, repetía para sí, mientras era conducido al "barracón". Al día siguiente, sin embargo, su situación empeoraría.

En un rápido aparte, Calcagno le comentó que los detenidos  que habían comenzado a hacer su ingreso al cuartel ese mismo día habían revelado en los interrogatorios que la sedición ya culpaba a Amodio por la caída del local llamado "cárcel del pueblo"

¿Cómo se había difundido el rumor, en apenas horas?

Héctor no se mostró, sin embargo, inquieto. El tiempo iría aclarando la situación.Esa noche, por tanto, durmió sin zozobras en el "barracón".

Al mediodía siguiente, sin embargo, Calcagno lo mandó llamar a fin de informarle que sería trasladado de inmediato al dormitorio que él mismo empleaba en el batallón: los interrogatorios habían revelado que la dirección sediciosa había, además, condenado a muerte a Héctor.

Amodio intentó disuadir a Calcagno: la de su traslado era una decisión que consideraba exagerada, y salir del -barracón" no podría sino interpretarse como una confirmación de su supuesto rol de entregador. Pero Calcagno se mostró inflexible, y el traslado se ejecutó ese mismo día 29 de mayo

***

Las siguientes jornadas se revelaron inciertas, apenas aliviadas por el hecho de que se autorizaran las visitas de su padre al cuartel.

Ese respiro sería interrumpido a primera hora del 15 de junio, cuando Amodio fuera trasladado a la oficina del comandante del cuerpo, Tte. Cnel. Legnani, quien le informó que Wassen, llegado al cuartel Palleja desde la sede del Batallón de Infantería Blindado  No. 13, había solicitado autorización para reunirse con Héctor.

Wassen, de cuya importancia en la organización sediciosa no tuvieran las Fuerzas Armadas noticia hasta su papel en el allanamiento de la "cárcel del pueblo", fue de inmediato conducido al escritorio de Legnani, quien permaneció en el mismo mientras intercambiaba comentarios con Amodio.

Su mensaje era claro. Basado en la amistad que habían forjado en la acción subversiva, un Wassen en aparente buen estado físico,  parco, quería advertirle a Amodio que, pese a haber informado ya que él había sido quien revelara a las autoridades la ubicación de la llamada "cárcel del pueblo" ("asumí la mía", expresó), la realidad es que los sediciosos del exterior habían tomado la decisión de hacer de Amodio la "cabeza de turco" de esa operación, condenándolo a muerte.

¿A quién informó Wassen lo realmente ocurrido en Juan Paullier? ¿Quién, a su vez, le informó de las consecuencias?

¿Había vuelto, tras el operativo en la calle Juan Paullier, a su celda del Batallón 13, o había permanecido en el Palleja desde entonces?

Héctor nunca tuvo oportunidad de formularle estas preguntas; este fue de inmediato conducido fuera del escritorio, y los detenidos no se verían nunca más.

Amodio permaneció atónito en medio del escritorio de Legnani. Una nueva incertidumbre comenzaba a apremiarle, y la voz de Legnani se le hacía incontrolablemente lejana.

Le hablaba de la estancia de Wassen en el Florida, donde ya se le apreciara como algo más que un activista de a pie.

De una idea que había arrojado sobre sus interrogadores, en el sentido de tejer una tregua entre las Fuerzas Armadas y la sedición.

La palabra "tregua" devolvió a Amodio a la realidad, y no pudo contener el sarcasmo.

La que Legnani concebía como una formidable amenaza no era sino una brasa extinguida, por lo que la "tregua" que imaginaba había llegado pasmosamente tarde. Legnani lo miró con indisimulable desconfianza. Lo atizó a preguntas. Lo desafió a probar sus dichos.

Finalmente, le hizo una propuesta; si colaboraba con él, en forma reservada y dándole elementos con los que negociar la tregua que Wassen había propuesto, él a su vez intercedería ante su superior, el Gral. Cristi, a fin de aliviar la situación procesal del prisionero.

¿Era aquella invitación similar a la que le formularan Calcagno y Méndez? , fue la duda que de inmediato planteó Amodio.

Sorprendido, Legnani le demostró no estar al tanto de lo que le estaba hablando. "No", le contestó, "pero tener dos padrinos es mejor que tener uno solo, ¿no?"  "Por ahora, Ud. es el único", replicó Héctor, no sin amargura.

***

Ese mediodía, Héctor recibiría la inesperada visita de Calcagno y de Méndez. Estaban irritados: el comandante los había confrontado con los comentarios de Amodio, sobre los que no había recibido noticia alguna de parte de sus subordinados, y estos se habían visto en la situación de negarlo todo.

Héctor atajó de inmediato aquel malestar: le Informó a Méndez que estaba dispuesto a aceptar su oferta de colaboración, poniendo orden en las tareas de coordinación que claramente nadie estaba llevando a cabo.

A cambio de ello pretendía tres cosas: un salvoconducto similar al que, le habían asegurado, obtuviera Píriz Budes; la posibilidad de salir del país rápidamente y con algo de dinero; el auxilio de su "compañera", a la que no identificó, pero que, les aseguró, era irremplazable para la misma tarea, habida cuenta de su papel en el movimiento sedicioso.

"Lo tengo que consultar", resumió Méndez, antes de retirarse.

Así lo hizo, y dos días después Amodio tendría su respuesta, de boca del capitán Calcagno: se le concedería la procurada reunión con su "compañera", el salvoconducto y la salida del país, aunque nada de dinero.

Fue entonces que Calcagno, quien tenía a la distanciada esposa de Héctor, Teresa Marchisio, por la "compañera" cuya suerte se negociara, supo, de boca de Amodio, que se trataba en realidad de Alicia Rey Morales, detenida en la Cárcel Central de la Jefatura de Policía de Montevideo, en la calle San José, esq. Yí.

"Qué gol nos clavaste!", bromeó Calcagno al conocer esta noticia.

La compañera sentimental de Amodio era la muy visible sediciosa Alicia Rey Morales, (a) La Negra, La Flaca, Mercedes o, simplemente, La compañera de Silva y se hallaba entonces, como Héctor, en medio del peor trance de su vida.

Producida la huida de presos del Penal de Punta Carretas en setiembre de 1971, Amodio Pérez y Rey Morales habían sido alojados por la sedición en el dormitorio de un pequeño apartamento ubicado en la calle Nicaragua.

A poco de llegados allí, en una mañana de fines de setiembre o comienzos de octubre de 1971, /26 y mientras viajaba en una motoneta Vespa junto con su propietario, un sedicioso cuyo alias era Danilo, Alicia había sido embestida por una furgoneta que impactara directamente sobre la parte inferior de su pierna derecha, dejándola en el piso con dos fracturas expuestas: su tibia se había quebrado en dos partes, una a la altura del tobillo y otra de la rodilla.» 27/

Sin posibilidad de ir a un hospital, Danilo detuvo un automóvil a fin de solicitar auxilio y, en un descuido de su conductor, huyó en él con Alicia de la escena del accidente.

Ambos habían ingresado a pie al apartamento de la calle Nicaragua, donde Alicia debió soportar, por más de ocho horas y con la ayuda de apenas unos analgésicos, un intenso padecimiento, mientras aguardaba a que Danilo regresara con una camioneta que la llevaría a uno de los locales que la sedición empleara como clínica/28

Alicia abandonó el edificio de la calle Nicaragua a pie, su pierna envuelta en un improvisado cabestrillo hecho con rieles de una cortina. Dificultosamente ingresada al local médico, un amplio "berretín" ubicado en la calle Constitución, lo hizo con el auxilio de Arturo Dubra, Julio Marenales y el mismo Amodio.

 Allí un  medico enderezo, sin más y sin anestesia, los huesos rotos, y la enyesó desde la pelvis al tobillo. Alicia y Héctor permanecieron en aquel "berretín" durante algo más de un mes, hasta que se trasladaron a otro local, ubicado en las cercanías del Hospital Piñeyro del Campo

***

En mayo de 1972, Héctor y Alicia habían buscado cobertura en un local que funcionaba en la casa de una "periférica" conocida como La Gorda Teresa, ubicada en la calle Manuel Haedo 3089, esq. Francisco Llambí, en el barrio de Villa Dolores: compartían la residencia con Wolf, José Mujica (a) Facundo o Ulpiano, el electricista Carlos Rodríguez Ducos (a) Sergio,/29 Y la dueña de casa y su hija, Graciela o Gracia Amalia Dri Da Silva» (a) Susana /30

Producidos los homicidios de la escolta del comandante en jefe del Ejército el 18 de mayo, al día siguiente una unidad de los Fusileros Navales de la Armada Nacional cerró el cerco sobre la vivienda, obligando a sus integrantes (con excepción de La Gorda Teresa) a huir en estampida por el alcantarillado, con el que se había establecido una conexión, dejando tras de sí el dinero del que disponían. "En casa de Teresa no había ni un triste revólver", aseguró en una entrevista radial Amodio.

Atardecía ya, en medio de la abundante lluvia. Amodio era el único integrante de aquel grupo que tenía una vaga noción del camino a recorrer en medio del dédalo de caños, anchos algunos al punto de contar con veredas, estrechos otros al punto de obligar a los sediciosos a reptar en las aguas servidas, entre heces.

Buscaba la senda que los llevara hacia la rambla de Pocitos,/31 y la dificultad de conducir a todo el grupo en este empeño incierto, amén del creciente dolor que sentía Alicia en su desplazamiento, lo llevó a proponer que él y Wolf procuraran una salida a la superficie, dejando al resto del contingente en lo que llamaban una "plaza seca", o "caño seco". Tratarían así de obtener apoyo y un vehículo, que les permitiera volver a por sus compañeros,

Así fue como Wolf y Amodio emergieron de una boca de tormenta en la parada de ómnibus ubicada en la esquina de la calle Juan B. Blanco y Miguel Barreiro/32

Los sediciosos de inmediato abordaron un taxi, arrojando ambos a empellones al taxista unas pocas cuadras más adelante.

Wolf se puso al volante (no Amodio, quien no conocía su destino y aún en esa circunstancia viajó "compartimentado", con la cabeza gacha entre las piernas), conduciendo por una vía alambicada hacia el único lugar en el que procurar auxilio: la casa de Marcelo Estefanell, ubicada en Simón Bolívar y Canelones, también en Pocitos.

La emergencia de Wolf y Amodio de las cloacas había, en tanto, despertado la alarma de los pasajeros que aguardaban el ómnibus en la parada, y la Policía rápidamente ingresó por la misma boca de tormenta en procura de los sediciosos.

Apenas oyeron los agentes policiales las voces de los huidos, abrieron fuego en su dirección, alcanzando una de las balas a Graciela Dri en la espalda.

En ese momento, Rey Morales tomó la decisión de entregarse, de forma de facilitar a los demás su fuga. Así se lo informó rápidamente a sus compañeros, quienes corrieron por uno de los caños en dirección opuesta, mientras ella gritaba en dirección a los policías  “ Soy Alicia Rey ¡! Me rindo ! , actuando así de elemento de distracción/33

notas

26/ Y no, como anota Pablo Brum en Patria para Nadie (Ed. planeta. Montevideo pág. 361),  “un accidente  de motocicleta ese mismo año (1972)”

27/ Algunas versiones incorrectamente refieren al quiebre de una clavícula

28/  La relación este episodio está hecha  en Palabra de Amodio, La otra historia de los  tupamaros, Jorge I. Marius, Edit. de la Plaza  2015. pág. 175. Una columna de opinión publicada en el diario La República el 8 de agosto de 2015 por el integrante del grupo político formado en torno a Eleuterio Fernández y también el  sedicioso Roberto Caballero Pacheco disputa la versión de Amodio, al señalar que este no se encontraba en el apartamento cuando Danilo llegara llevando a Alicia, en tanto alega que Amodio habría intentado convencerle de entregarse a la Policía en razón de ser el propietario de la destruida motoneta que, por lo demás, afirma era una "Isso”: algo que Danilo finalmente optara por no hacer. En tanto Amodio sostiene haber leído que Danilo, cuyo nombre nunca supo, había muerto, el articulista parece sugerir Otra cosa, aunque no lo identifique, ni abunde en detalles, e incluso parezca sugerir ser él mismo el desconocido activista. (Petiso Caballero) Amodio, enfrentado a una fotografía de Caballero tomada en 2015, afirma que no guarda ningún parecido con Danilo.

29/ Quien hallaba enfermo, en tanto Mujica aún convalecía de heridas recibidas en el último arresto

30/ Las rehenas Historia oculta de once presas de la dictadura  Marisa Ruiz, Rafael Sanseviero  Ed., Fin de Siglo, 2012

31/ No por cierto el inverosímil camino que propone  Estefanell en La piel del otro Ed., 2012, pág. 187) y recoge Brum, op. cit., pág. que los hubiera llevado a La Comercial, atravesando gran parte de la ciudad. Amodio, por lo demás, no conocía al momento de su fuga por las cloacas la ubicación del local de La Comercial, que la sedición bautizara como "El Santiso”

32/ Wolf  ha referido que emergió sucio, empapado y maloliente, con una granada en la mano y una pistola en la otra l según recogen Fontana en  La piel del otro (edición citada, pág. 189) y, por extensión, Brum, op cit. pág. 361, pero la realidad es ambos Se hallaban desarmados Estefanell incorrectamente ubica la boca de tormenta en -plena Rambla y Pagola" (Fontana, op. cit., pág. 187)

33/ Estefanell en La piel del otro en afirma  que el resto de los fugados  emergió a la superficie en las  cercanías de  la calle Scosería esq., José Ellauri Mientras entre algunos la rendición de Rey Morales es tenida como un acto de cobardía, el propio Wolf  dejó constancia  “que fue ella la que permitió que los demás huyeran en dirección contraria” La piel del otro ed.  cit. pág. 1911