En esta oportunidad doy mi opinión acerca del papel que algunas de las mujeres que conocí jugaron en el MLN. De otras, me refiero a ellas por las referencias recogidas. Doy por supuesto que mi opinión es subjetiva, pese al esfuerzo para evitarlo. Pero mi intención es participar en esta especie de revisionismo histórico que posta portenia está permitiendo y que quizás nos conduzca a poner las cosas en su sitio. Pese a mi subjetivismo he tratado de guardar el máximo respeto hacia todas mis excompañeras. A otras muchas no he conocido y no pude obtener información acerca de ellas. Invito a otros a que lo hagan.
Elena Torres
La sociedad uruguaya era, cuando el grupo Tupamaros comenzó a actuar, tremendamente machista. Pese a que los Tupamaros manifestaran en algunos de sus documentos internos estar a la búsqueda de una sociedad más justa, no pudieron, tanto hombres como mujeres, escapar a esa realidad. Sin embargo, el número de mujeres era bastante amplio, teniendo en cuenta el tipo de lucha que se preveía como la fundamental: la lucha armada. Si bien desde los inicios la participación de las mujeres en las actividades de los grupos no difería de las de los hombres, variaba fundamentalmente en la participación en las acciones. Me refiero a la participación directa, ya que en los demás aspectos –estudio y planificación- su participación era muy importante. No será hasta octubre de 1965 en que una mujer participará en la ejecución de una acción de propaganda armada de Tupamaros: un atentado con explosivos contra el domicilio del general Mario Aguerrondo y la mujer fue Alicia Rey Morales, por entonces conocida como “Carmela”. Fue sin duda un hecho anecdótico, dada la escasa significación del acto en sí.
Por otra parte, un número significativo de mujeres, ya desde los inicios plantearon inquietudes acerca de la fundamentación política de la existencia del grupo Tupamaros. Entre ellas cabe citar a Elsa Garreiro “ La Gallega”, Edith Moraes y la misma Alicia Rey. Sus planteos no eran de discrepancias profundas, sino que tenían más que ver con las contradicciones que en la práctica se daban sobre el papel que las mujeres debían desempeñar. El primer incidente realmente serio surgió en los primeros meses de 1966 y tuvo como base la ruptura de relaciones sentimentales entre dos militantes, con el agravante de que uno de ellos, Tabaré Rivero era miembro de la Dirección de Tupamaros. El componente femenino fue Elsa Garreiro, la que debió sufrir la violencia machista en su doble vertiente: como mujer y como militante. Elsa La Gallega que tiempo después se marcha a la Argentina, ahí se casa con Raimundo Villaflor, importante dirigente del Peronismo de Base; ambos fueron secuestrados el 4 de agosto de 1979. Él fue asesinado a los tres días y ella sigue desaparecida. Durante su cautiverio en la ESMA, Elsa salió una vez para visitar a sus hijas en su casa de Avellaneda. La escoltó el represor Ricardo Cavallo.
En el caso de Edith Moraes sus discrepancias aparentemente fueron de mayor calado y la llevaron, junto con su pareja de entonces, Heraclio Rodríguez, a abandonar el grupo Tupamaros e incursionar muy brevemente en el MUSP. Desencantados volvieron al grupo Tupamaros y a partir de diciembre de 1966 serán de los primeros clandestinos del recién nacido MLN. Quizás esa vuelta al redil tupamaro haya sido la causa por la que Edith Moraes fue rebajando de forma paulatina sus diferencias con la dirección del MLN y se convirtió a partir de 1967 en una militante pasiva, lo que la fue desdibujando de manera paulatina.
Distinta fue la trayectoria de Alicia Rey. Con una formación ideológica muy superior a las citadas anteriormente, tenía una mayor integración en el ámbito universitario, por su doble condición de estudiante avanzada de derecho y por su condición de secretaria del entonces rector, Mario Casinoni. Alicia Rey, además, pudo y supo asumir la clandestinidad en mejores condiciones que otros militantes, tanto hombres como mujeres, debido a su extracción social. Hija de modestos trabajadores textiles de Juan Lacaze, era la hermana menor de media docena de hermanos y había realizado sus estudios mediante becas. Establecida en una modesta pensión cercana a la Universidad se integró a las Juventudes Socialistas en las que destacó por su gran capacidad. Allí conoció a Raúl Sendic, siendo éste quien finalmente recomendara su captación para Tupamaros. Desde octubre de 1966 mantuvo una relación de pareja con Amodio Pérez, quien desde ya se perfilaba como uno de los pilares del movimiento en ciernes, junto con Jorge Manera, Julio Marenales, Eleuterio Fernández y el mismo Sendic.
Fue la única mujer que estuvo señalada para ser miembro del Ejecutivo, puesto para el que fue vetada por Sendic y Mansilla tras la detención de Amodio en junio de 1970. Sendic la cuestionó por considerarla "la sombra de Amodio" y por Mansilla por haber llorado tras la detención de su compañero. Dos claros ejemplos de machismo.
Otra mujer que tuvo una participación importante, pese a lo aparentemente secundario de su labor fue Violeta Setelich. La participación de Violeta se vio mediatizada por su relación sentimental con Raúl Sendic ya desde 1964, para el que cumplió tareas de enlace y cobertura. En este último aspecto jugó un papel muy importante en los primeros meses de 1967, meses en los que se dedicó a la compra de solares en la zona de los balnearios, los que luego serían "urbanizados" por miembros de UTAA y del propio MLN. Violeta Setelich es un claro ejemplo del papel secundario con el que el MLN en general y las columnas del interior en particular consideraron la militancia femenina. La participación más destacada de Violeta fue en el llamado Simposio de octubre, cuando se discutió la renuncia de Alicia Rey al MLN, basándose, precisamente, en el desprecio que el Ejecutivo dispensaba a la militancia de las mujeres.
Fue Violeta la única mujer que apoyó los planteos de Alicia Rey. Lo contrario de Edith Moraes y María Elia Topolansky, quienes apoyaron los criterios machistas que desde el Ejecutivo propugnaban el mismo Sendic, Manera, Marenales y Fernández Huidobro.
María Elia Topolansky se convirtió en militante clandestina a partir de julio de 1967. Hasta esos momentos había permanecido como integrante de uno de los escasos grupos de militantes que no habían sido identificados como tupamaros por la policía y prestaba apoyo, junto con su grupo, a los clandestinos que ya estaban asentados en la zona de los balnearios de Canelones. Individualista y ambiciosa protagonizó algunos episodios de fraccionalismo, lo que motivó su escasa aceptación por la mayoría de sus compañeros de clandestinidad, lo que acabará por impulsarla a participar de las labores de la microfracción después de Pando y junto con la mayoría de sus integrantes será expulsada en diciembre de 1970.
Su hermana gemela, Lucía, fue la antítesis. Su carácter tímido la llevó a adoptar actitudes de retraimiento en las discusiones de los grupos que integró, no así en las labores de tipo práctico, en los que se volcó sin escatimar esfuerzos. Su conducta retraída hizo que algunos de sus compañeros le adjudicaran el mote de "la Tronka" y así es conocida hasta nuestros días. Perseverante en el trabajo diario ha sido fundamental en el apoyo que su esposo Mujica ha ido recogiendo con el paso del tiempo, ejerciendo tanto el papel moderador como el de impulsor, casi siempre a la sombra. Es la única mujer de la vieja guardia tupamara que ha alcanzado puestos de gobierno. Y esto ha sido así pese a las críticas y sanciones que debió sufrir tras el fin de la dictadura, críticas y sanciones que debió soportar precisamente por ser mujer, ya que muchos hombres, entre ellos el propio Mujica, proporcionaron información para la detención de muchos compañeros.
Aunque de militancia más antigua, Graciela Nelly Jorge Pancera, primera esposa de E. Fernández Huidobro, es el ejemplo más claro de "militante consorte", ya que nunca demostró capacidad para ocupar los puestos de dirección intermedia que se le adjudicaron.
Un ejemplo claro de mujer militante que la historia oficial ha relegado al olvido es Teresa Labrocca. De simple colaboradora del servicio de información de la columna 15 en octubre de 1968, tras su paso a la clandestinidad por el asalto al Casino de Carrasco en noviembre del mismo año, en el que jugó un papel fundamental en la planificación del asalto, será el pilar femenino de los grupos que integró, junto a Olga Barrios, otra injustamente relegada.
Uno de los ejemplos de machismo es la consideración que la historia ha dispensado a Jessi Macchi, una militante sobrevalorada en sus aportes y entrega al MLN, sobrevaloración fundamentada por su belleza física. En la reedición que Clara Aldrighi realizó de su libro La izquierda armada en octubre de 2016, se publica completa la versión parcial conocida en la primera edición, donde Jessi expone detalles que la muestran desde otra óptica más verdadera. Pese a eso, en dicha entrevista ella se adjudica papeles y responsabilidades que no tuvo.