El asalto a Ceuta revela una estrategia geopolítica marroquí y la pérdida de soberanía española en el Mediterráneo occidental
Hipérbola Janus 12 agosto, 2026 (primera parte)
El pasado 30-31 de julio nos asaltó la noticia de que un tumulto de súbditos del reino de Marruecos, integrado por unas cifras que oscilan entre las 50.000 y 100.000 personas /1, asaltaron, sin resistencia alguna una de nuestras fronteras ubicadas en el sur de España, en Ceuta, y con Melilla, la otra ciudad autónoma española ubicada en el norte de África, viéndose afectada en menor medida. Ambas ciudades, como cualquier persona mínimamente versada en historia conoce, afirman su españolidad en un hecho indudable e irrefutable desde hace más de 500 años, cuando el país alauita no existía ni remotamente, dado que se creó en 1956, hace escasamente 70 años.
A continuación entraremos en los detalles que trazan ese itinerario histórico y que hacen a las dos plazas españolas norteafricanas tan españolas como Barcelona, Toledo o Huelva, por citar tres capitales de provincia de muy diversa ubicación geográfica.
Este asalto, que presumiblemente forma parte de la geoestrategia marroquí, urdida dentro de una planificación más amplia —con Estados Unidos e Israel a la sombra— pretendía «probar» a las autoridades españolas bajo el camuflaje de una eventual «crisis migratoria». Además sabemos que todos los flujos «migratorios» que proceden del sur son coordinados y promovidos por Marruecos /2, con sus propios súbditos, que componen el grupo más numeroso de extranjeros en España —donde, por cierto, protagonizan toda suerte de hechos luctuosos /3 (no hay más que leer la prensa de sucesos y las estadísticas disponibles /4)— y componen el grupo más numeroso de población carcelaria de origen extranjero /5Todo ello además de la sospecha y la difusión de información por parte de determinados medios de la idea de que hay bajas tasas de cotización y son los principales beneficiarios de ayudas públicas /6Tampoco podemos ignorar las imágenes de estos días, entre aquellos que retornaron a Marruecos y eran recibidos literalmente a palos por sus propias autoridades /7, en una muestra inequívoca del poco respeto que Marruecos tiene por su propia población.
También podríamos añadir la absurda y demencial situación de nuestras leyes frente a los denominados MENAs, acrónimo de «Menores extranjeros no acompañados», que establece que cada vez que supuestos menores —y aunque lo sean— cruzan las fronteras de nuestro país, inmediatamente los servicios públicos y autoridades españolas, y en consecuencia quienes pagamos impuestos, asumimos automáticamente la responsabilidad, todo ello justificado con absurdos argumentos humanitarios, de mantenerlos y alojarlos de manera totalmente gratuita /8, en lugar de devolverlos a sus países de origen con sus progenitores, algo que también debiera hacerse con los adultos.
Y esto no termina aquí. Marruecos, además de utilizar a sus ciudadanos como quintacolumnistas de su estrategia agresiva y beligerante contra España, también goza de acuerdos comerciales de liberalización que legitiman una competencia desleal y actúan de manera dañina sobre los productos agrarios del campo español /9Y las consecuencias se hacen sentir con la entrada de productos marroquíes, mediocres y sin las garantías sanitarias pertinentes que sí se exigen a los agricultores españoles y europeos, con aranceles reducidos y, como ya señalamos, con la total ausencia de garantías fitosanitarias. Recientemente hemos visto en prensa noticias que aludían a productos oriundos de susodicho país contaminados por hepatitis /10, porque usualmente utilizan las aguas fecales para el uso agrícola.
La crítica debe hacerse extensiva, claro está, a las políticas de la UE y los gobiernos demoliberales que la integran, que no han dejado de destruir la soberanía de sus pueblos en una materia tan sensible como es el tema agroalimentario, al no proteger los productos locales y la producción de los países miembros /11 Normas y leyes promovidas por los parlamentarios de la UE y los burócratas antieuropeos de Bruselas, han condenado al mundo rural a la desaparición con los crecientes marcos regulatorios en diferentes materias (medioambientales, laborales, burocráticos etc.), incapaces de competir con productos procedentes tanto de Marruecos como de otros países fuera de la UE, que ignoran activamente todas las regulaciones y que producen a menor coste y con todo tipo de ventajas respecto a los productores nacionales europeos.
Todo ello debe ser enmarcado simultáneamente con el debilitamiento de poder y trascendencia del Estado-nación, cuya pérdida de soberanía en nombre de órganos transnacionales nos ha llevado a ser un apéndice más dentro de una organización satélite de los intereses anglosionistas en el mundo.
Recordemos además que precisamente Marruecos se ha convertido en un actor geopolítico preferente para Estados Unidos e Israel /12, y hay una evidente voluntad de convertir al país norteafricano en una potencia regional. Buena prueba de ello la tenemos en los recientes acuerdos en materia de armamento y logística con Israel, o el reconocimiento de Estados Unidos, bajo la administración de Trump /13, de las reclamaciones territoriales marroquíes sobre el Sahara Occidental.
Como decíamos, el propio uso de la «presión migratoria» como arma geopolítica, hace que el régimen de 1978 que la España actual tiene la desgracia de padecer desde hace casi cinco décadas, se vea comprometido en materia de seguridad, comercio e inmigración. Una España como la actual, sin soberanía efectiva, y asediada por sus enemigos sempiternos, entre los cuales se encuentra la propia antiEspaña. Se trata de un fenómeno secular que podríamos remontar a tiempos medievales, dentro del propio proceso de Reconquista, y que se deja entrever en su continuidad hoy día a través de un complejo entramado de poderes subsidiarios de intereses extranjeros que operan dentro del propio régimen. Unos poderes que alimentan al enemigo, porque no olvidemos que incluso existen políticos del régimen al servicio de Marruecos, que actúan consciente y deliberadamente en contra de los intereses del pueblo español. Y no se trata solamente de Pedro Sánchez, que al fin y al cabo no es más que un peón mediocre y con un ego desproporcionado, un simple arribista que actúa con impunidad ante la quiebra de una ficticia «legalidad constitucional», que en el fondo siempre fue un mero reclamo para disimular una pretendida legitimidad que nunca existió, ni tan siquiera en origen.
Con lo cual, el tema de la agresión de Marruecos a la integridad territorial española es parte de un contexto más amplio, que es necesario tomar en cuenta, y donde hay factores geopolíticos y estratégicos que trascienden el conflicto que se libra entre ambos Estados, dada la concurrencia de terceras potencias, como son EEUU e Israel, que concretaremos en sucesivos apartados.
Ceuta y Melilla, una españolidad irrenunciable
Fuentes interesadas, especialmente desde el mundo anglosajón, que tratan de erosionar y debilitar los fundamentos de la soberanía y la integridad de España, primero como imperio y posteriormente como nación soberana, han tendido a presentar a Ceuta y Melilla como restos del imperio colonial español en África — y esto con el enorme agravio para España y el cinismo que supone frente al caso de Gibraltar. Desde una perspectiva histórica este argumento no es ya solo difícil de sostener, sino imposible, dado que la historia de ambas ciudades permanece ligada al mundo hispánico desde etapas muy tempranas, muy anteriores al nacimiento de Marruecos como nación moderna, con lo cual no se le pueden aplicar de manera retrospectiva y a voluntad las categorías políticas del siglo XX, cuando hablamos de una realidad que nos remite a la Edad Media y Moderna, en un escenario completamente diferente.
Ya a finales del siglo III d. C. el Reino visigodo de Toledo luchó por el dominio y control de las plazas norteafricanas de Tánger y Ceuta contra el Imperio Romano de Oriente, contra Bizancio. A la muerte del rey Witiza en 710 y con la elección del nuevo sucesor Roderico (Don Rodrigo) se desencadenó una crisis sucesoria que marcaría el principio del fin del reino toledano. Una de estas facciones, la del difunto Witiza, creyó que encontraría la clave para imponerse a la facción rival reclamando la ayuda del pujante imperio musulmán de los Omeyas, que ya había conquistado territorios norteafricanos y se proyectaba sobre la Hispania de la época. Utilizando como enlace al pérfido Don Julián, que en aquel entonces era gobernador de Ceuta, recurrieron a Tarik, a quien facilitaron el paso por el estrecho para acceder a la península con la primera expedición de reconocimiento de Tarik. Hacemos notar que ya en aquel entonces Ceuta formaba parte del conjunto de territorios hispánicos, conectada a los mismos procesos históricos que el resto del orbe peninsular. Y de hecho, formando parte del hecho fatídico que produjo la caída del reino visigodo y el advenimiento de la invasión sarracena de España.
Ceuta fue conquistada por Portugal en 1415, dentro del proceso de expansión atlántica promovido por el rey Juan I. A comienzos del siglo XV el territorio del Magreb estaba compuesto por un territorio fragmentado bajo diferentes dinastías, y Ceuta se encontraba bajo el poder del Sultanato Benimerín, que durante el siglo XIII arrebató a su vez a los almohades. Aprovechando la inestabilidad y crisis interna, y la lucha entre diferentes facciones en la pugna por el poder, los portugueses tomaron por la fuerza susodicha plaza. No sería hasta el año 1580, con la unificación dinástica de las coronas de Castilla y Portugal bajo el poder de los Austrias, cuando Ceuta pasó a formar parte de la misma unidad política dentro del Imperio Español. Esta unidad pervivió hasta 1640, cuando a raíz de la crisis de la corona española, ya en pleno proceso de decadencia y perdiendo la hegemonía de la que había gozado en las décadas precedentes, vio restaurarse la independencia portuguesa. Pero en este caso Ceuta decidió permanecer fiel a la Corona española de manera voluntaria. Esta decisión quedó jurídicamente reconocida en el Tratado de Lisboa de 1668, que sirvió para el reconocimiento definitivo de la soberanía española sobre la ciudad por parte de Portugal.
Melilla, la otra plaza norteafricana, presenta una evolución histórica muy similar. Fue incorporada al reino de Castilla en 1497, pocos años después de la conclusión de la Reconquista con la incorporación de Granada. La toma de la ciudad, al igual que venía ocurriendo con Ceuta, estaba motivada por razones estratégicas y comerciales, parte de la política mediterránea de los Reyes Católicos para frenar la piratería berberisca y asegurar el normal desarrollo de las actividades comerciales que discurrían por las rutas comerciales a través de la costa africana, y que causaba notables perjuicios en las costas españolas del otro lado del estrecho.
No se trata de interpretaciones, especulaciones o meras elucubraciones, hablamos de datos históricos perfectamente contrastables y consultables en cualquier libro de historia, o por cualquier medio de información en la web mínimamente serios y rigurosos. El dato cronológico reviste una importancia fundamental, porque la presencia española en el norte de África está atestiguada desde hace muchos siglos, y para nada tiene que ver con ningún tipo de proceso de colonización, tal y como modernamente se entiende, y que nos remite a categorías del siglo XIX, y bastante más ligado a los Imperios anglosajón y francés que al español, al que se ha asociado una Leyenda Negra que, afortunadamente, ha sido desmentida y ampliamente rebatida por multitud de historiadores hasta la fecha de hoy —desde Julián Juderías, Elvira Roca Barea o Iván Vélez entre otros muchos—, que nos muestran a una España que se replicó a sí misma en aquellos territorios que conquistaba, al modo de Roma, creando estructuras de civilización y confiriendo la plena ciudadanía española, como sucedió con la América española. Además, en el caso que nos ocupa, el nacimiento del Marruecos moderno es fruto de un estado previo, el del protectorado franco-español que se mantuvo vigente hasta su independencia en 1956. Con lo cual, la legitimidad histórica de las reivindicaciones marroquíes sobre las dos ciudades autónomas es inexistente y carece de fundamento alguno.
Durante los siglos XVI y XVIII, Ceuta sufrió numerosos asedios protagonizados por los sultanes del Magreb, siendo especialmente prolongado el Gran asedio de Ceuta (1694-1727), lo que contribuye a consolidar, por si todavía no fuera suficiente, las pruebas de la existencia de una soberanía española. El Sultán alauita Muley Ismail se propuso hacerse con el control de la plaza tras arrebatarles Tánger a los ingleses, que en aquel entonces ostentaban su control, y Larache y Arcila a los españoles. La ciudad fue bloqueada durante un largo periodo y, sin embargo, fue defendida con éxito por la guarnición española gracias al apoyo logístico proporcionado desde el otro lado del estrecho, incluso durante la Guerra de Sucesión (1701-1713), que desangró a la corona hispánica en una guerra civil internacionalizada.
A partir del siglo XIX Ceuta y Melilla dejaron de ser simples plazas fortificadas para convertirse en elementos fundamentales de la política española en el Norte de África. A raíz de la Guerra de África (1859-1860), que estuvo motivada por los continuos incidentes fronterizos alrededor de Ceuta, la victoria española culminó con el Tratado de Wad-Ras (1860), que además de ampliar el perímetro territorial de Ceuta, reconoció la posesión española de Santa Cruz de Mar Pequeña (Ifni), y consolidó jurídicamente la situación de ambas ciudades frente a las pretensiones del Sultanato marroquí.
Con posterioridad, durante las Campañas del Rif y la Guerra del Protectorado, Ceuta y Melilla desempeñaron un papel esencial como bases logísticas, con su puerto militar y sus centros de aprovisionamiento del ejército español. Una serie de operaciones militares fueron desarrolladas conjuntamente por España y Francia para pacificar el Norte de África, la zona del Magreb. Conviene recordar, frente a toda suerte de equívocos, que estas acciones militares resultaron beneficiosas para el decadente Sultanato marroquí, puesto que combatieron a las tribus rebeldes que desafiaban la autoridad de éste último. Hay que destacar que el conflicto, que atravesó momentos dramáticos, como sucedió con las derrotas de Barranco del Lobo (1910) y el Desastre de Annual (1921), donde se produjo una matanza despiadada de españoles tras una serie de errores estratégicos del General Fernández Silvestre, puso en peligro la seguridad de Melilla, cuya resistencia a los ataques de las tropas de Abd El-Krim fue decisivo para evitar un colapso todavía mayor de la posición española. Unos años más tarde, en 1925, tendría lugar el desembarco de Alhucemas, en una de las operaciones anfibias más importantes del siglo XX, y que se organizó mayormente desde Ceuta y Melilla.
Las guerras contra Marruecos ya tenían precedentes en los tiempos de Carlos III (1774-1780) por el ataque y hostigamiento del Sultán Muley Muhamad ben Abdallah sobre Ceuta, Melilla y otros territorios norteafricanos españoles, que culminó con el Tratado de Tánger (1780) que, como las guerras sucesivas con sus correspondientes tratados de paz, terminaron siempre de manera favorable a los intereses españoles.
No tenemos tiempo, ni creemos que haya que incidir demasiado en las campañas de Marruecos durante la época del Protectorado Franco-español. Hay que entender que las dos ciudades autónomas fueron los pilares de la presencia española en el Norte de África durante más de cuatro siglos, desempeñando una función militar, comercial y estratégica que excede por mucho sus limitadas dimensiones territoriales. Su historia está ligada a la defensa del Mediterráneo occidental, a la evolución de la monarquía hispánica, etc. Ambas ciudades permanecieron sometidas durante todo este periodo de tiempo a una presión enorme e incesante por parte de las diferentes dinastías asentadas en el territorio del actual Marruecos.
En época moderna, cuando se define el concepto de ciudadanía dentro de las constituciones liberales, Ceuta y Melilla adquieren la categoría de municipios de población y van abandonando sus antiguas funciones de fortalezas militares y territorios de soberanía. Dejaron de tener gobernadores municipales y desarrollaron instituciones, participando de la uniformización administrativa del resto de territorios españoles. Conviene apuntar también que Ceuta y Melilla no formaron parte del Protectorado Franco-español durante las primeras décadas del pasado siglo XX, y permanecieron excluidas del mismo al ser territorio español preexistente.
De modo que, si bien el Protectorado constituido en 1912 puede ser integrado dentro del fenómeno colonial moderno en colaboración con Francia, en el caso de Ceuta y Melilla podemos hablar de una presencia ininterrumpida de siglos. Esta insistencia viene a colación de las declaraciones de determinados personajes públicos que hablan de «descolonizar» ambas ciudades, ignorando un prolongado legado histórico y una presencia española que precede a la existencia del Marruecos moderno. En ningún caso se mantiene aquí una relación entre metrópoli y colonia, como sí ocurre con territorios donde estadounidenses, franceses o británicos —por citar algunos de los países de donde proceden esas afirmaciones— han practicado un colonialismo brutal hasta nuestros días, manteniendo todos ellos colonias en espacios geográficos muy diversos a nivel mundial. Podemos citar a Puerto Rico en el caso de EEUU, Guyana Francesa, Martinica y una multitud de archipiélagos o Gibraltar, Malvinas y diferentes grupos de islas en diferentes mares en el caso británico. La Carta de la ONU (1945) invocando los «derechos humanos», una ideología de cuño liberal que estas naciones deberían seguir a rajatabla, habla del derecho a la libre determinación y de la violación de derechos fundamentales derivadas de la práctica colonial. Se habla de territorios pendientes de descolonización, y bajo ese estatus, en ningún caso, puede incluirse a Ceuta y Melilla /14 ( continuará)
notas
1. David G. Maciejewski, «Marlaska sube a 72.000 la cifra de migrantes irregulares que entraron a Ceuta y niega la existencia de informes del CNI», El Español, 4/08/2026.
2. Juan José Cuéllar, «Un migrante asegura que la Policía marroquí les “ayudó” a cruzar a Ceuta: “Estaba abierto el camino”», laSexta, 31/07/2026.
3. Brais Cedeira, «Los extranjeros cometen el 44,5% de las agresiones sexuales en Cataluña y el 73% de los robos con fuerza, según los Mossos», El Español, 11/05/2026.
4. Jorge Monreal, «Inmigración marroquí en España», Hoja del Lunes, 28/07/2025; Unai Cano, «Los inmigrantes magrebíes perpetran más del 70% de los delitos violentos en el País Vasco pese a representar sólo el 1,7% de la población», La Gaceta de la Iberosfera, 6/05/2026; Daniel Tercero, «Marroquíes y argelinos lideran las listas de nacionalidades de detenidos extranjeros», ABC, 7/12/2025; José Antonio Lavilla, «Radiografía de la delincuencia en Cataluña: dos de cada tres detenidos son extranjeros», La Razón, 24/11/2025; Ana Beltrán, «Los menores extranjeros tienen tasas de delincuencia mucho más elevadas que los españoles, y en especial, los africanos», Delta 13 News, 30/01/2026; Ignacio Segura, «El mapa de la delincuencia de los extranjeros en la Comunidad Valenciana: las diez nacionalidades con más detenidos», El Debate, 23/01/2026; Ángel Moya, «Los extranjeros cometen el 60% de las agresiones sexuales en Cataluña pese a ser el 18% de la población», Okdiario, 11/05/2026; María Curiel, «Los marroquíes son los extranjeros que más violan, sobre todo a españolas: “Se ocultan datos deliberadamente”», El Debate, 11/01/2026.
5. Jorge Herrero, «La nacionalidad extranjera con más reclusos en España: supone casi el 30% del total de presos foráneos encarcelados», ABC, 19/11/2024.
6. «Menos de un 30% de las mujeres marroquíes y sólo un 18,1% de las argelinas cotizaron a la Seguridad Social en España en el último ejercicio», La Gaceta de la Iberosfera, 21/06/2026; «Un informe desvela que el 60% de los inmigrantes en Castilla y León no trabajan», La Gaceta de la Iberosfera, 23/04/2026.; Manu Torralba, «Ayudas, caridad, sanidad universal y transporte gratuito: cómo vivir en España sin cotizar y siendo inmigrante», Vozpópuli, 28/06/2024.
7. Alejandro Lorente, «Duras imágenes: Un policía marroquí golpea fuertemente a un inmigrante que regresaba a su país tras haber cruzado a Ceuta», Antena 3 Noticias, 6/08/2026.
8. Pedro García, «El coste de la atención integral a los menores migrantes se cifra en 4.400 euros al mes», La Razón, 10/07/2024.
9. «Los jóvenes agricultores alertan del avance de la competencia desleal de Marruecos y exigen a cláusulas espejo para salvar el campo español», La Gaceta de la Iberosfera, 14/05/2026.
10. «Alertan de la presencia de hepatitis A en fresas procedentes de Marruecos», El HuffPost, 5/03/2024.
11. FEPEX, «Acuerdo UE-Marruecos: paradigma de la competencia desleal hacia los productores comunitarios de frutas y hortalizas», Revista Alimentaria, 11/12/2025.
12. Óscar Ruiz, «Marruecos presiona en Ceuta mientras Washington e Israel blindan su respaldo a Rabat», Escudo Digital, 1/08/2026.
13. Fede Sáenz, «Marruecos difunde una carta de Trump a Mohamed VI en la que respalda la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental: “Cualquier otra vía es inaceptable”», Infobae, 1/08/2026.
14. Diego Navarro, «Ceuta y Melilla no figuran en la ONU como “colonias” que deban ser “devueltas” a Marruecos», Newtral.es, 31/07/2026.