CPA Ferrere, la prestigiosa consultora en la que trabajó durante años el actual ministro Gabriel Oddone, advirtió que Uruguay crecerá apenas 1% en 2026 y consideró “matemáticamente” imposible alcanzar el 1,6% previsto por el gobierno.
Correo de los viernes 14 ago 2026
La prestigiosa consultora CPA Ferrere proyecta para este año un crecimiento de apenas 1%,muy por debajo del 1,6% previsto por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). Alfonso Capurro, socio de la firma, fue terminante al evaluar las estimaciones oficiales: “Matemáticamente, no tenemos chance” de alcanzar esa expansión.
La advertencia adquiere una significación especial porque CPA Ferrere fue durante años la consultora en la que trabajó el economista Gabriel Oddone, hasta que dejó la actividad privada para asumir como ministro de Economía y Finanzas. Es decir, no se trata de una voz ajena a la trayectoria profesional del actual titular del MEF, sino de la prestigiosa firma de la cual formó parte antes de incorporarse al gobierno.
Según informó el diario El País, Capurro realizó estas consideraciones durante el evento Retail 2026, donde presentó un panorama poco alentador sobre la evolución de la economía uruguaya y, particularmente, sobre la posibilidad de que se cumplan las proyecciones oficiales.
La economía creció 1,8% en 2025, pero comenzó este año con un desempeño mucho más débil. Durante el primer trimestre, la expansión interanual fue de solamente 0,9%. A ello se suma el deterioro registrado por el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE), que cayó 1,3% en abril y acumuló una contracción de 0,1% entre enero y mayo. Estos datos anticipan, según CPA Ferrere, una disminución desestacionalizada del PIB de alrededor de 1% durante el segundo trimestre.
Una parte importante de esta desaceleración se explica por factores climáticos. Las sequías y las inundaciones afectaron especialmente al sector primario, que sufrió una caída de 3,7% durante los primeros cuatro meses del año. La sequía perjudicó particularmente a los cultivos de verano y terminó repercutiendo sobre el conjunto de la actividad económica.
En este escenario, el consumo privado aparece como el principal sostén de la demanda. La venta de vehículos, los bienes durables y las compras realizadas mediante el régimen de franquicias contribuyeron a mantener cierto dinamismo. También pudo existir un adelanto de compras de vehículos eléctricos ante los cambios previstos en el Impuesto Específico Interno (Imesi). En sentido contrario, Capurro observó una leve retracción de las compras por internet luego de la aplicación del IVA a las adquisiciones efectuadas en el exterior, con excepción de las procedentes de Estados Unidos.
“El consumo ayuda. Lo que no ayuda es la inversión”, resumió el economista. Esa debilidad inversora constituye uno de los problemas centrales, porque limita la capacidad del país para sostener una expansión más vigorosa y duradera.
El comportamiento del mercado laboral, sin embargo, ha sido mejor de lo que inicialmente podía esperarse. La consultora tenía dudas acerca de cuánto tiempo sería posible sostener simultáneamente el consumo y el empleo, pero los datos muestran una relativa estabilidad. De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística, entre enero y junio se crearon unos 10.000 puestos de trabajo. Si ese ritmo se mantiene, Uruguay podría terminar el año con aproximadamente 20.000 empleos adicionales.
Capurro advirtió, no obstante, que la ronda de negociación colectiva prevista para 2027 introduce una nueva fuente de incertidumbre para el mercado de trabajo.
En materia de precios, CPA Ferrere estima que la inflación cerrará este año en 4,7% y se ubicará cerca de 5% durante el primer trimestre de 2027, por encima de la meta de 4,5% fijada por el Banco Central del Uruguay. Estas proyecciones suponen que la autoridad monetaria endurecerá su política para contener las presiones inflacionarias.
La consultora espera que el Banco Central eleve la Tasa de Política Monetaria, actualmente situada en 5,75%, hasta un rango de entre 6,25% y 6,5%. La medida implicaría revertir parcialmente el proceso de reducción de tasas y reconocería que las presiones sobre los precios podrían ser mayores de las previstas.
A más largo plazo, CPA Ferrere estima que el PIB uruguayo medido en dólares podría alcanzar los US$100.000 millones en 2028, equivalente a un producto por habitante cercano a los US$30.000. Esa cifra, sin embargo, no elimina las dificultades inmediatas ni garantiza por sí sola un crecimiento sólido en términos reales.
El contexto internacional tampoco ofrece demasiadas facilidades. Capurro sostuvo que la Reserva Federal de Estados Unidos dispone de poco margen para continuar bajando las tasas de interés. Además, cuestionó lo que definió como “manejos monetarios poco transparentes” y un “quiebre institucional” en ese país, factores que agregan incertidumbre a una economía pequeña y abierta como la uruguaya.
El diagnóstico fiscal fue todavía más severo. Con un déficit global de 3,7% del PIB en los 12 meses cerrados a junio, Capurro calificó la situación de Uruguay como “complicada”. El programa oficial para estabilizar y reducir la deuda descansa sobre tres pilares: un crecimiento promedio de 2,4% anual, una recaudación adicional superior a US$750 millones mediante el Impuesto Mínimo Global y mejoras en la eficiencia de la Dirección General Impositiva, y la ausencia de aumentos del gasto en las próximas rendiciones de cuentas.
Para CPA Ferrere, ese programa difícilmente podrá cumplirse. La propia proyección de crecimiento del gobierno ya aparece comprometida y resulta “muy poco probable” que las rendiciones de cuentas restantes no incluyan gastos adicionales. A ello se suma la fragilidad parlamentaria del oficialismo: al carecer de mayoría en la Cámara de Representantes, el Frente Amplio deberá negociar apoyos —particularmente con Cabildo Abierto— para aprobar sus iniciativas presupuestales, algo que Capurro consideró especialmente difícil.
La consultora también recogió la advertencia del Consejo Fiscal Autónomo: la mejora prevista del déficit depende en buena medida de innovaciones tributarias y aumentos de eficiencia recaudatoria cuyos resultados son inciertos, se concentrarían hacia el final del período y quedarían condicionados por un margen de acción cada vez menor y por el propio ciclo político.
La exposición de Capurro dibuja, en definitiva, una economía que conserva algunos elementos de resistencia en el consumo y el empleo, pero que enfrenta una combinación preocupante de bajo crecimiento, inversión insuficiente, presiones inflacionarias y estrechez fiscal. Que este diagnóstico provenga de CPA Ferrere, la prestigiosa consultora en la que Gabriel Oddone desarrolló buena parte de su carrera antes de convertirse en ministro, vuelve todavía más significativa la distancia entre las previsiones oficiales y las estimaciones privadas. Si, como sostiene Capurro, alcanzar el 1,6% es matemáticamente imposible, el problema ya no consiste solamente en una discrepancia técnica: también obliga al gobierno a explicar sobre qué bases mantiene una proyección que la realidad parece haber dejado atrás.