Una valiosa autocritica de Esteban Valenti
La nota y nuestro comentario posterior
Aparatos y frustraciones
Esteban Valenti / 21.05.2012
Los aparatos políticos en casi todas sus variantes nos producen mucho más rechazo que la política en un sentido abstracto y general.
Son sus formas de funcionamiento, sus normas, reglamentos, que siempre implican limitaciones, sus pirámides jerárquicas y sobre todo cierto grado de mezquindad organizada lo que nos aleja de las estructuras. Es un proceso extendido a nivel mundial.
Superada o aplastada por los hechos, la visión de que existe una amalgama indisoluble entre cualquier proyecto liberador, cualquier utopía humanista de justicia social y los aparatos políticos, nos quedan los andamios.
Esa troica inseparable del socialismo científico, la dictadura del proletariado y el centralismo democrático, hoy no tiene sustento teórico. No quiere decir que no queden reductos.
Esa visión integral e inseparable corresponde a una cosmovisión total del destino de la historia de la civilización humana, de un rumbo inexorable de las sociedades.
Objetivo e instrumento se funden porque en cierta medida el medio, el instrumento, el partido presupone un adelanto, un avance hacia esa sociedad, contiene los gérmenes del socialismo científico. Es por ello que tocar cualquiera de los factores, de los pilares de esa construcción pone en discusión el conjunto.
Comenzando por la dictadura del proletariado, como factor nuevo y exclusivo del socialismo científico, del comunismo y siguiendo por el partido.
En esa visión había obviamente factores ideológicos, políticos y humanos.
Cuando se emprende la gran aventura, se construye colectivamente el relato de la liberación de la humanidad de la explotación y la injusticia y el fin de la lucha de clase surge la necesidad de un tipo de fraternidad, de relaciones humanas dentro del partido muy fuertes. No me refiero solo a los partidos comunistas, sino a todas las organizaciones que han incorporado con sus variantes ese mega relato totalizador.
Esas eran certezas universales y ahora lo que está fracasando es el relato global mercantilista, su optimismo ficticio como sucedáneo de los grandes relatos históricos y ello ha determinado un crecimiento exponencial de las fugas para afrontar las angustias. El consumo sin freno como construcción de la felicidad se complementa y hasta se sustituye con las drogas, el alcohol, los fármacos, las compulsiones para la felicidad obligatoria, individual, intransferible.
Los consumos materiales y virtuales. Y no estamos vacunados tampoco contra eso.
Las cosas han cambiado en el relato global.
El proyecto básico del socialismo científico encarnado en el sistema socialista y en particular en la URSS se cayó estrepitosamente, inesperadamente para tirios y troyanos y sobre todo para los comunistas. Las explicaciones son muchas y pueden ser muchas más, pero lo cierto es que no solo se afectó el poder estatal, sino la mística, la épica de ese camino y las organizaciones que le dieron soporte.
Basta ver el mapa político del mundo, en especial de la cuna de las ideas del socialismo científico, Europa. Y sobre todo otear los estados de ánimo y las tendencias culturales.
Esta nueva situación llamada por algunos el fin de la guerra fría, cuando en realidad esa era solo una condición estatal y militar, tuvo un enorme impacto en la política mundial. Liberadas las tensiones bipolares que permitían explicar todo y el contrario de todo en ambos campos opuestos, en aras del gran conflicto global, las cosas flotan o se hunden por sí mismas. Incluyendo el capitalismo triunfante e indiscutible que se debate en una crisis sin fin.
A nivel micro, a cada uno de nosotros, de los que tenemos en nuestras mochilas de vida años de recorrido por esas rutas, se nos vino encima la aridez de la realidad, la dificultad extrema para construir individualmente o en pequeños grupos de afinidad, relatos mínimos que nos llenen la vida, construir aventuras vitales. Y el síntoma más claro de todo eso ha sido el lento deterioro de las organizaciones, de las tensiones humanas y políticas que las sostienen y la emergencia de los pequeños intereses personales, de las mezquindades y sobre todo del repliegue generalizado.
El Frente Amplio fue un gran sucedáneo un enorme red que contenía la diáspora más amplia y nos dio un lugar para avanzar juntos con objetivos políticos claros y sin muchas exigencias orgánicas. Era una marea organizada que emergía cuando era necesario, mientras, las estructuras, los andamios comenzaron a oxidarse. Como siempre sucede, la herrumbre comenzó por arriba y se fue extendiendo.
Se vaciaron, envejecieron, perdieron su vitalidad.
El herrumbre compromete articulaciones fundamentales. La relación con el gobierno de izquierda, las formas de protagonismo y de cumplir las funciones diferentes no solo desde el ángulo del poder sino del protagonismo ciudadano.
La relación con el conjunto de la sociedad, con sus organizaciones, con el mundo de las ideas y de la cultura. Y por último la articulación entre las propias fuerzas que lo integran.
Cualquiera que conozca un mínimo de la vida actual de la izquierda uruguaya, sabe perfectamente de las corrientes, tensiones, personalismos, mezquindades que nos invaden a todos. Nos hemos acostumbrado lentamente y colectivamente a esta realidad. ¿Hacia dónde vamos?
La desconfianza, los recelos, las pequeñas chacras, los amigos por encima de los compañeros, el recurso a las conspiraciones y las zancadillas no se dan sólo en la cúspide, se expanden, crecen, se multiplican y se disfrazan de lucha legítima por las posiciones, por la correlación de fuerzas. Que siempre existieron.
La diferencia es que antes existían basadas en un sustento ideológico y político y con límites que respetábamos o superábamos no seamos cándidos y desmemoriados en base a una fuerte componente ideológica y una épica de la lucha, y ahora el poder y sus lisonjas nos saturan los poros del cuerpo y del alma.
El poder saturó a tal nivel los poros del socialismo real que lo inmovilizó y le quitó toda capacidad de reaccionar ante su propio desastre, ante la acumulación de tensiones que lo hicieron explotar. Violenta e internamente.
La elaboración política, teórica, la ideología e incluso la épica de la revolución no fueron remedio o vacuna suficiente. Es que el poder no se equilibra solo con el apetito o el hambre feroz por conservarlo, sus patologías sólo se combaten con democracia, con la permanente y atenta mirada hacia el protagonismo de la gente, de los compañeros no como invocación litúrgica, sino como respeto absoluto y total a sus mecanismos de expresión.
Alguien puede creer que la izquierda uruguaya construyó un sistema de reaseguros, de líderes capaces de sacarla de los aprietos y de mantenerla en la cima, el problema es que la cima se hace cada día más difusa y comenzamos a confundirnos con ella, cuando en realidad nuestra función histórica es cuestionarla y cambiarla.
El mundo ha cambiado, es más inseguro, más inestable y sobre todo mucho más injusto que antes. Los millones de desocupados que ahora tienen prensa porque son del norte crecen, lo mismo que los pobres que son más y más pobres, pero arriba el festival sigue igual. Las firmas que venden los productos de súper lujo no tienen retracción en las ventas, incluso aumentan el valor de sus acciones...y los ejecutivos banqueros responsables de muchos desastres siguen prendidos de sus prebendas y sus premios.
Ferrari aumentó el año pasado sus ventas un 16% en medio de la peor crisis del mundo desarrollado desde el 30. Y todavía no paró.
Pasamos de una gran guerra fría a decenas de guerras pequeñas y calientes que arrasan las naciones, las libertades y los derechos humanos.
¿Hay motivos para seguir luchando, construyendo una épica de la liberación, de un socialismo humanista y democrático?
¿Es deseable una sociedad en la que los proyectos colectivos se desmonten, se fragmenten, entreguen sus banderas y crezcan las reacciones básicas y más elementales?
Asumiendo que sufrimos muchas frustraciones también es cierto que la izquierda uruguaya en medio de los vientos huracanados supo conducir su nave a buenos puertos, a resultados, a conquistas que le cambiaron la vida a mucha gente, aunque estemos lejos de los sueños de redención total.
Pero lo hicimos y valió la pena. Y lo hicimos porque había organización, participación, ideas y acciones y la seguimos necesitando. Como el pan...y las rosas.
Como decía Julio Cortázar Un hombre es el uso que haga de su libertad. Hemos conquistado esa libertad, más plena que antes, depende de nosotros como la usemos.
Lo que está claro es que al pasado no volveremos, y que la peor de las frustraciones en tratar de mantenerlo e pié atrapado por los aparatos. Sólo nos puede salvar la audacia, el sentido crítico y la mirada hacia las nuevas tendencias que hagan avanzar organizadamente el progreso, la libertad, las grandes causas sociales.
El socialismo o como se llame algo alternativo y diferente a este desastre global.
NUESTRO COMENTARIO:
Para nosotros militantes de base, a Esteban siempre lo conocimos como un camarada del aparato. A nivel de Partido y a nivel de empresa.
Esto que hoy escribe nos parece una profunda y valiosa autocrítica.
Insuficiente en la medida que pensamos que ideológicamente aún no ha llegado a una reflexión válida.
Don Carlos Quijano, gustaba decir que siempre se vuelve a Marx.
Valenti confirma a Marx, toda la estructura política, social, religiosa, etc. etc. está hecha a imagen y semejanza del aparato productivo
. Es este aparato productivo alimentado por una tasa de ganancia que cada vez se achica más, lo que está en crisis.
Sería absurdo pensar que ese aparato productivo pueda manejarse por la vía de plebiscitos o de asambleas democráticas.
Es lo que Marx llama la dirección o la dictadura burguesa de la sociedad, y a la que contrapone la dirección o la dictadura del proletariado en el camino a la liberación frente a las crisis insolubles del sistema. Azaroso camino, en el que los Estados fueron constituyéndose como las empresas más poderosas hasta el advenimiento de la revolución neo-liberal en que los complejos empresariales multinacionales superaron largamente las fronteras de los Estados.
En el camino los partidos que accedieron al gobierno, transformaron a este, al gobierno, en Partido. El centralismo democrático ha sido un instrumento más que de Partido, de Estado. Esteban reniega de la segundo, pero se aferra a lo primero.
Hablar de despojarse de los aparatos sin iniciar la transformación del aparato productivo parece una utopía digna de las mejores fantasías.
El capitalismo está llegando a sus límites, la sociedad necesita derrotar la predominancia de este modo de producción, necesita reformas que lo ayuden a morir en paz.
- La crisis va a tener un desenlace muy rápido, en un sentido u en otro. Superada positivamente se iniciará un largo proceso de construcción en que convivirán distintas formas de organización, algo de lo que genialmente vislumbraba Lenin en el tan mal leído libro “El Estado y la Revolución”.-
Jorge Aniceto Molinari
Montevideo, 23 de mayo de 2012.