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¿Stalingrado o no?

 

Resulta cada vez más claro que la disyuntiva que se le presenta al imperialismo yanqui en Siria es si marcha hacia su Stalingrado o no: Rusia ha estado reculando ante los avances imperialistas en sus zonas de influencia, primero, y sobre sus propias fronteras después, desde Europa Oriental al Medio Oriente, de Afganistán al Norte y Centro de África, pero en Siria los rusos, aparentemente, han decidido a establecer su Stalingrado, si es que no capitulan una vez más; por otro lado, hay que ver si los yanquis habrán de maniobrar para zafarse.

Hilary Clinton ahora acusa a Rusia de proveer helicópteros artillados a Siria, vieja táctica del imperio para aislar a regímenes que le son hostiles mientras que por otro lado alienta a Khatar y Arabia Saudita a financiar a los rebeldes cipayos y, al mismo tiempo, condicionar a Rusia o China según sea el caso.

Hasta ahora los rusos han mantenido su posición en Siria porque ven las implicancias de su caída que llevaría a un avance mucho más rápido del imperialismo sobre Irán y África y aún sobre Paquistán, del que el Secretario de Guerra de los Estados Unidos, León Panetta, declaró que "ya estamos perdiendo la paciencia con Paquistán”.

Por su parte China ahora enfrenta además la reubicación gradual de la flota naval del imperio hacia su mar continental; el espacio para recular se va acercando a la muralla.

Para los corifeos de izquierda del imperialismo que aplaudieron el bombardeo a Khadafy y celebraron la "revolución" de los giles que se abrazaban a los militares en Tahrir, junto con Hilary Clinton y John McCain, el llamado del Consejo Nacional Sirio y el Ejército Sirio de Liberación a la intervención militar del imperio no tendría resonancia porque los elementos puestos en el mismo por el imperialismo serían minoría; lo mismo decían en Libia.

De  alguna manera esta izquierda le adjudica al imperialismo la facultad de respetar las decisiones de la mayoría pero, en cuanto al Consejo o el ejército cipayo, el llamado se hizo reiteradamente por lo que, excepto la izquierda miope, nadie ve contradicciones además, en los momentos definitorios, el imperialismo impondrá su fórmula por la fuerza, a menos que los rusos lo hagan con su Stalingrado.

Asad ,al igual que Ben Alí, Mubarak, y aún Khadafy, con diferentes matices, no son gobiernos que merecen apoyo alguno; aunque hay que marcar las diferencias entre Ben Alí-Mubarak y Khadafy-Asad, mientras los dos primeros representaban claramente los intereses del imperialismo, Khadafy y Asad han tenido  serias confrontaciones con el mismo, aunque a veces colaboraran también.

En Túnez y Egipto el imperialismo maniobró para colocarse al tope del proceso reformista y así renovar su dominio; en Libia y Siria ha llevado una política de tierra arrasada para lograr así el mismo objetivo y, al mismo tiempo, hacer retroceder a Rusia y China aún mas; por esta razón es mayor la probabilidad de que en Siria el imperialismo haya arribado a un nuevo Stalingrado.

El triunfo de la rebelión proimperialista en Siria no solo significaría otro golpe para Rusia, China e Irán que, al igual que en Libia, donde bandas de forajidos armados aterrorizan a la población, imponen sus venganzas, extorsiones, limpieza étnica, etc.; la vida para las minorías étnicas de Siria sería imposible bajo un régimen de los fanáticos islamistas y proimperialistas y, como en Libia, la economía estaría en manos de las corporaciones imperialistas.

La derrota del imperialismo  yanqui y sus agentes no solo no puede separarse de la lucha por la revolución socialista sino que adquiere un carácter predominante en este momento.