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CAMPAÑA POR UNA NUEVA CONSTITUCIÓN

 

¿Los ciudadanos queremos seguir viviendo “de resultados”

o queremos “procesar resultados”?

 

Propuesta ante una “Torre de Babel” que nos preocupa. -Parte 3.-

Ya vimos en nuestras anteriores editoriales que nos hemos referido al marco constitucional de nuestro país y hemos marcado los ejes fundamentales del tema.

a)      Ninguna Constitución tomó en cuenta los principios emanados durante el período de la Banda Oriental gobernada por Artigas entre los años 1811 a 1819 y plasmados en las “Instrucciones del año XIII” como proyecto constitucional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, ni tampoco tuvieron en cuenta el “Reglamento para la distribución de tierras” del año 1815.

b)      Todas las Constituciones han sido ideadas con prescindencia del ciudadano, es decir, sólo se le ha llamado para aprobarla o no aprobarla;

c)      Todas las “reformas” han sido verdaderos maquillajes que otorgaron pequeños beneficios a la población, y afirmaron el poder de quienes se atribuyen o dicen ser los representantes del pueblo. El saldo fue siempre positivo para quienes propusieron los maquillajes y no tanto para los ciudadanos.

d)     Democracia es “el pueblo” que interviene en las acciones de gobierno, y no sólo partidos políticos en el poder,  aunque éstos sean necesarios en democracia, pero no como una élite privilegiada, sino como representantes, servidores de la sociedad.

e)      Todos hablamos de democracia, pero al no definirla conceptualmente, queda identificada como democracia en un término abstracto, como un modo ideal que no se lleva a la práctica.

JUSTICIA EN DEMOCRACIA

Como legos en materia de justicia, parecería un atrevimiento hablar de ella; pero, como ciudadanos estamos habilitados a expresar nuestra opinión.

El propio Estado de Derecho en democracia, nos habilita a expresarnos.

Amén de los hechos que a diario podemos observar y preguntarnos por qué esto sí y esto otro no; por qué unos tienen más privilegios que otros; por qué si usted roba una gallina va preso y otros que roban millones no van; por qué unos gozan de inmunidad y otros no; entre otros hechos, preguntas éstas que el común de nuestra gente se hace en la calle.

Si bien importan, dejemos las preguntas y vayamos al hueso para saber dónde está el problema del por qué una cosa y el por qué de la otra en nuestra justicia, cuando en nuestra Constitución, en el artículo 8 reza “todas las personas son iguales ante la ley, no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos o las virtudes”, y por lo tanto no debería haber inmunidad ni presidencial, ni parlamentaria, ni diplomática, es decir de ningún tipo y es esto sólo lo que daría garantías al ciudadano de a pie.

Ciertas explicaciones a nuestras interrogantes, podemos encontrarlas en José Enrique Rodríguez Torres, jurista brasilero y presidente de la Asociación de Jueces para la Democracia, quien señala que “el Poder Judicial en los países latinoamericanos presenta vestigios de las dictaduras militares, que nuestros gobiernos democráticos no lograron aúnsuperar”, y “mientras no se produzca una democratización plena del Poder Judicial, no será posible que exista una verdadera democratización social” (1)

A estas afirmaciones súmele lo que dice el doctor en derecho y maestro en ciencias penales, Rubens Casara que “en el imaginario de nuestra sociedad el Poder Judicial ocupa un lugar de relieve, aunque también ambiguo.

Por un lado se deposita en él una expectativa, capaz de hacer bien las cosas como guardianes de la democracia y de los derechos y por otro lado la sociedad, se ve inmediatamente frustrada debido al fracaso de la justicia” (2)

El poder Judicial como verdadero servicio público, y los jueces como servidores públicos, tienen que romper definitivamente con los paradigmas tradicionales de la justicia y entregarse a la defensa de los derechos humanos para que también los excluidos y oprimidos del poder económico y político, puedan confiar en la justicia.

 Bien comenta, nuestro desaparecido jurista Sarthou: “si bien los jueces actúan con independencia, el régimen de designación conspira contra esa base esencial de imparcialidad y objetividad en el funcionamiento del Poder Judicial. Los miembros de la Suprema Corte, que deberían ser un colectivo, son designados por un órgano político, como lo es la Asamblea General…

Debería por lo tanto suprimirse la intervención de los órganos políticos en la designación o en la venia y en el ascenso.

El Poder Judicial tiene que tener autonomía” (3); es decir es necesario que se asegure la independencia de los jueces del poder político, para que de esa manera se le puedan asegurar garantías, no ya a los jueces, sino al pueblo soberano. Y para que haya una independencia efectiva y real se necesita que exista un control social.

Muchos son los ejemplos que nos golpean, como los casos recientes en PLUNA, en Montes del Plata, en la Hidrovía, en el dragado del canal Martín García con la actuación del embajador Bustillo, eso para no remontarnos mucho tiempo atrás, pero no olvidamos lo que pasó con los Casinos en la época de la Intendencia de Arana…

Ahora bien, en este proceso de consolidación del Estado de Derecho, el órgano judicial debe y tiene que cumplir un papel de vital importancia, pues asume la responsabilidad de consolidar y fortalecer el Estado Constitucional de Derecho y el régimen democrático, racionalizando el ejercicio del poder político y no el poder político al de la justicia.

Ahora bien, no es posible un cambio de esta realidad sin una conciencia formada en los movimientos sociales, sin la toma de conciencia de dicha necesidad y sin un esmero en conseguirlo, dejando toda acción y decisión sólo en manos de nuestra élite política.

Este cambio implica la propia reconfiguración del estado, y para ello, como propone el colectivo de Punto a Punto, no es posible sin el cambio de nuestra Constitución burguesa por una NUEVA CONSTITUCIÓN, que implique el cambio del modelo de las democracias representativas, para construir con el control popular, la democracia de verdad, terminando con esta herencia histórica (4)

Para terminar nos hacemos eco de las palabras de Fernando Pessoa: “hay un tiempo para abandonar las ropas usadas que conservan la forma de nuestro cuerpo y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares.

Es tiempo de travesía, y si no osamos emprenderla quedaremos para siempre al margen de nosotros mismos” (5) dicho de otra manera esto sólo puede lograrse con una efectiva participación ciudadana.

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*1, 2 y 5) Ver Justicia y Democracia en Nueva América. La Revista de la Patria Grande, nº 133, enero-marzo 2012;

3) Texto extraído de un documento de Sarthou publicado por Comcosur, 3 de junio del 2012, bajo el título “Diez medidas de cambio estructural de la democracia representativa en nuestro subdesarrollo latinoamericano”;

4) Ver nuestro trabajo publicado, bajo el mismo título en Posta Porteña n. 814.-

Colectivo de la Revista Punto a Punto

Gracias por tomar en cuenta nuestras notas y darles cabida en Posta Porteña.

Un abrazo