A comienzos del año 2008 en Punto a Punto n° 65, preocupados por el aumento en las formas de corrupción escribimos un artículo que hoy 21 de agosto del año 2012 mantiene vigencia.
Hoy para el colectivo de Posta Porteña volvemos al tema como una de las fundamentaciones para entender el motivo de una NUEVA CONSTITUCIÓN.
Nuevamente la palabra “corrupción” está en nuestra mesa diaria. Es por ello que nos hacemos eco de este cáncer que aún no ha sido posible extirparlo de nuestra sociedad.
Nuestro país no está entre los peores a nivel latinoamericano, pero tampoco puede jactarse de haberlo eliminado.
Es evidente que no todo acto de corrupción necesariamente produce efectos perjudiciales en la sociedad.
No es lo mismo que un funcionario público pida una pequeña coima para emitir una licencia de conductor o para evitar una multa, donde sólo se perjudica al interesado, que en lo inherente a los niveles dirigenciales, donde la toma de decisiones está influenciada por sobornos y otro tipo de recompensas, destinados a producir un resultado que de otra manera no habría sido posible alcanzar.
La transferencia indebida de fondos públicos a particulares ya es de por sí suficientemente seria. Más grave aún es el impacto surgido de las decisiones de los funcionarios públicos como consecuencia de los actos de soborno.
Ahora bien, la corrupción erosiona la democracia, la vida política, la justicia, la estabilidad y la eficiencia de una sociedad y su capacidad para asegurar el desarrollo de sus miembros y conduce a la ineficiencia económica y a la dilapidación del dinero público, debido a su efecto nocivo, sobre la asignación de recursos, la producción y el consumo, porque el dinero mal habido, no se traduce en inversiones a favor del país; por el contrario se usa en consumo personal ostentoso y se transfiere a cuentas bancarias fuera del país.
No se trata de no condenar la corrupción de menor cuantía (que también aceita la maquinaria, y es la que el público se topa a diario) donde generalmente son las caras visibles de corrupción para el ciudadano común que percibe como impacto directo en su vida, sino prestarle atención y condenar aquella que se da a nivel de la gerencia política, porque sus repercusiones son mucho peores para la sociedad, como ser desvíos de fondos públicos, sobrefacturación y sobornos lisa y llanamente.
El país tiene muchos hechos delictivos que no se han investigado por razones políticas. Cuando un gobierno no permite que se investigue es porque hay razones de dudas. Muchos son los casos que están pendientes de investigación, unos denunciados y otros ocultos: caso Casinos, FRIPUR, Montes del Plata, PLUNA, Hidrovía, Dragado del Canal, Bustillos ex embajador en Argentina, entre otros tantos.
¿Por qué no se investigan estos hechos?
Hasta ahora no se ha encontrado cura a este mal, porque de cómplice está el propio gobierno.
Por ahora nos quedan tres caminos:
a) desenmascarar al corrupto dejándolo al desnudo delante de su corrupción y al corrompido meterlo en la cárcel;
b) el desafío que tienen por delante los responsables políticos es el de terminar de dar vuelta la página de la historia y dejar definitivamente atrás un sistema económico que premia la búsqueda de rentas cuasi-monopólicas, a favor de un sistema que premie la inversión y la producción y que permita participar a todos los miembros de la sociedad de los beneficios de la mayor eficiencia económica; y
c) en caso que no se de ni una ni otra posibilidad, crear una sociedad organizada, capaz de resistir a la corrupción pública del estado.
Por el equipo de dirección de la Revista Punto a Punto y con un agradecimiento mayor saluda Rogelio Snaider, Director