En los últimos tiempos sucedieron acontecimientos que, si bien pasaron relativamente desapercibidos, señalan a nuestro entender las características centrales de la política en el futuro inmediato
En ediciones de nuestra anterior publicación y por medios digitales venimos señalando los efectos y la profundidad de la crisis económica, que tienen como centro la profundización del carácter dependiente de nuestro país en las últimas décadas, es por eso que si bien afecta y no se puede estar ajeno a la crisis internacional hay elementos de la estructura económica local que determinan el límite del crecimiento y el freno de la economía.
La profundización del perfil exportador de productos primarios, como lo demuestra el reciente acuerdo con Monsanto-Cargill[i], y la dependencia del mercado externo se sostienen fundamentalmente sobre el precio la fuerza de trabajo, la baja productividad de la industria local con excepción de algunas ramas como la agroindustria, hace que para poder competir en el plano internacional la ayuda estatal sea imprescindible y esta ayuda tuvo dos patas fundamentales, salarios baratos y altos índices de precarización laboral y transferencias de una parte de la plusvalía de los sectores mas “fuertes” del capital mediante retenciones a las exportaciones.
En este aspecto es necesario remarcar que el destino de esa parte de la ganancia extraída compulsivamente por Estado al “campo”, son los subsidios a otros sectores del capital, no a los trabajadores
Este proceso de sostenimiento de determinadas empresas estuvo y está acompañado de un creciente deterioro salarial, producto de una inflación anual en los últimos años superior al 20%[ii], esto es una forma innegable de devaluación gradual y deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores, más allá de que lo nieguen los publicistas oficiales[iii], este contexto es la base de la ruptura del pacto social de los primeros años del Kirchnerismo, la decisión política del gobierno de no frenar la inflación, es decir no tocar a las empresas que determinan los precios y que son los grandes ganadores del modelo, “Las tres cuartas partes de las principales doscientas firmas son de origen extranjero
Dentro de las cuales Telecom factura 35.789 pesos por minuto; General Motors 23.148 pesos por minuto y la Barrica, 12 mil pesos cada sesenta segundos.
En el caso de la General Motors, es parte de uno de los sectores que han obtenido ganancias records en los últimos años”[iv] y el consecuente crecimiento de las luchas de los trabajadores contra el ajuste.
Ante las perspectivas de mayor conflictividad social el gobierno ha optado por la construcción de herramientas que le permitan sostener la gobernabilidad, en un posible marco de agudización de la lucha de clases, una de estas herramientas es la pendiente constitución de un espacio político propio, no ha logrado en los últimos diez años, que le permita sostenerse y disputar electoralmente con las otras opciones (hasta ahora inexistentes) de la clase dominante, este armado político tendría como epicentro a La Cámpora y estaría conformado por el arco de organizaciones políticas y sindicales fieles, lanzado en el último acto en el estadio de Vélez, bajo la consigna “unido y organizados”.
Aunque puede presentarse, al igual que la transversalidad, como una renovación de la política no excluye a los caudillos y barones del PJ[v].
El objetivo de esta construcción es, como señalamos más arriba, sostenerse como los únicos garantes de la ganancia del capital, esa es la razón de la reciente disputa con Scioli que hasta ahora es el único que le hace sombra a Cristina Fernández en las encuestas, esa es también la causa del fomento de una nueva reelección o la propuesta de bajar la edad para sufragar a los dieciséis años.
La otra pata es la escalada represiva, que el relato oficial todavía esconde pero que está tomando dimensiones peligrosas para el movimiento popular
El primer paso de esta política que creciente control social fue la militarización del conurbano y las provincias en las que se dieron los conflictos sociales más importantes de los últimos años, no solo la provincia de Buenos Aires está plagada de gendarmes, desde el conflicto de los “dragones” la empresa Pan American Energy, construyó dentro de sus instalaciones cuarteles y viviendas para la presencia permanente de gendarmería.
El desalojo del corte en la Panamericana el 30 de agosto pasado, bajo el mando del coronel Berni es una muestra más de lo que prepara el gobierno para los reclamos populares, este hecho además de la violencia que implica la represión estuvo cargado de simbolismos, en el día del detenido desaparecido los manifestantes fueron llevados a Campo de mayo, además de la irregularidad del procedimiento para la legalidad del régimen, lo significativo es la demostración de fuerza y el uso de un ex campo de concentración, en el que todavía hay cuerpos de detenidos desaparecidos enterrados allí durante la última dictadura.[vi]
A este accionar se suma la conformación del Vatayon militante, organismo del kirchnerismo en las cárceles, este se hizo público por el escándalo que suscitó la salida de presos para actos oficiales pero más allá de estos hechos que en el fondo son anecdóticos, lo peligroso de esto para los trabajadores, es la utilización de patotas para reprimir la protesta social como la que asesinó al compañero, militante del Partido Obrero, Mariano Ferreyra
No es la primera vez en la historia que la clase dominante recurre a este tipo de herramientas para disciplinar al movimiento de masas y el oficialismo tiene una experiencia importante en este aspecto, recordemos a la UCEP en la ciudad de Buenos Aires o el intento del ex presidente Néstor Kirchner de organizar formalmente a las barras bravas con las Hinchadas Unidas Argentinas
Esta nueva avanzada del oficialismo, dista mucho de ser, como lo quieren presentar, una política de reinserción de los presos, que para ser tal debería apuntar en principio a terminar con la tortura y asesinatos en las cárceles.
Con la profundización de la crisis los campos se van delimitando con mayor claridad y se presenta también en forma más urgente la necesidad de unir a todas las organizaciones de los trabajadores y el pueblo, que mantienen la independencia del Estado, para construir una sólida pared ante la represión y el ajuste
Tenemos una enorme experiencia de organización y de luchas que desde los 90 fueron dejando como saldo las dignísimas organizaciones y activistas que siguen sosteniendo las banderas por las que cayeron los 30.0000 desaparecidos, es hora de que mostremos que también tenemos la madurez política para enfrentar las tareas que nos exige la etapa, forjar la más amplia unidad social y política para enfrentar las medidas antipopulares, pero fundamentalmente para construir el camino hacia la solución definitiva para el sufrimiento de nuestro pueblo, hacia el socialismo, después cinco décadas conserva absoluta vigencia aquella reflexión del Che “si fuéramos capaces de unirnos, que hermoso y que cercano sería el futuro”.
[i] Clarín 25/08/2012
[ii] El Cronista Comercial 31/08/2012
[iii] “Proyecto político” Alfredo Zaiat, Página 02/09/2012
[iv] Fabiana Arencibia: Contrastes deuda y modelo 07/ 2012
[v] Nicolás Lantos; En búsqueda de una estructura Página12 02/09/2012
[vi] Plaza de mayo.com
FRENTE DE ACCIÓN REVOLUCIONARIA
Capitalismo Popular: UNA VARIANTE SALVAJE DEL MODELO
Por Juan Grabois, abogado y fundador del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) para www.agendaoculta.net 10/9/12
El capitalismo popular es el relleno sanitario dónde el capitalismo arroja a los pobres del siglo XXI: Es la válvula de escape del sobrante social en el “espontáneo” capitalismo popular, un mercado residual que se sustenta solo sobre la base de la flexibilización laboral y en la coerción parainstitucional.
Hace unos días, un amigo me acercó un artículo de Mario Vargas Llosa titulada “El Orden Espontáneo”, cuya lectura recomiendo (http://elpais.com/diario/2011/12/31/opinion/1325286011_850215.html).
El autor realiza una pintoresca descripción del barrio limeño de Gamarra, reivindicando las relaciones mercantiles “espontáneas” que se desarrollan en esa suerte de Salada peruana.
El ensayo es una apología sorprendentemente explícita de las bondades de una economía informal des-regulada y una defensa cerrada de lo que él mismo denomina “capitalismo popular”.
En la tradición del economista peruano Hernando del Soto, Vargas Llosa cree encontrar cierta base proletaria para el liberalismo latinoamericano y está entusiasmadísimo con la legitimidad moral que los “emprendedores pobres” le dan a su ideario antiestatista.
Vargas Llosa está lejos de ser un “mesianista autoritario” que se limita a manifestar de “manera tajante sus posiciones liberales”, como lo caracterizaron sus pares argentinos con un poco de envidia.
Es, por derecho propio, uno de los grandes de la literatura mundial contemporánea.
Es, además, un sutil analista de las tendencias generales del desarrollo histórico latinoamericano y, en política, un “intelectual orgánico” a la fracción liberal de la burguesía tercermundista. Sus novelas de temática “revolucionaria” (La Historia de Mayta, La Guerra del Fin del Mundo, etc.) no son panfletos reaccionarios sino complejas parábolas que, casi con melancolía y conmiseración, enseñan cómo las pulsiones intensas de justicia social (fanatismo le dice) están fatalmente destinadas a terminar en tragedia, comedia o farsa.
Pese a ello, pocos autores describen con semejante potencia artística los padecimientos de los pobres latinoamericanos y el paisaje de la miseria en la región.
Esta peculiar ubicación suya en el campo cultural hace doblemente interesante el artículo. El autor no solo aborda un tópico bastante oculto en la agenda ideológica; lo hace, además, desde una perspectiva harto provocativa para el pensamiento conservador, asociado a la “derecha” en un reduccionismo que conviene, y mucho, al sostenimiento real del status quo.
Así, en vez de estigmatizar y denunciar indignado el fraude marcario, la evasión impositiva y la competencia desleal, se deshace en elogios frente a esta versión popular y folclórica del más rancio laissez-faire y la reivindica como respuesta ejemplar frente la crisis de la sociedad salarial.
Casi de paso, el influyente intelectual instruye sobre qué debe hacer el Estado ante esos inevitables “pobres que al no encontrar trabajo, tuvieron que inventárselo”: dejarlos que se ordenen espontáneamente, no interferir, no regular, permitir el libre desarrollo, el espíritu emprendedor que dormita en el alma del Pueblo. Este cuadro de prosperidad pericapitalista invisibiliza, sin embargo, algunos aspectos que desde una perspectiva popular no podemos dejar de denunciar:
* Los trabajadores pobres no encuentran empleo en el mercado formal porque el crecimiento de la “masa marginal” es inherente al desarrollo capitalista contemporáneo.
* La clase de trabajo que “se inventan” los pobres se caracteriza por niveles de precariedad que ofenden la dignidad humana.
* Los que prosperan en el capitalismo popular son los que dejaron de ser pobres y ya no “se inventan” el trabajo, sino que le inventan el trabajo a otro. Este tránsito de autoexplotado a explotador implica necesariamente la aplicación de “coerción directa extraeconómica” propia de formas de producción preceptistas como mecanismo principal de extracción del trabajo excedente.
Como sostiene el pensador argentino José Nun -cuya tesis de “masa marginal” pretendo reseñar en un futuro artículo- el capitalismo, en su fase monopolista, crea una superpoblación no funcional a las formas productivas hegemónicas.
Es decir, el desarrollo demográfico de la población queda desacoplado del de los medios de empleo que ofrece el Capital concentrado. Los efectos de este desacople, afirma, no son necesariamente funcionales para el sistema.
En este sentido, Nun tuvo la audacia de enfrentar el hiperfuncionalismo de izquierda afirmando que los marginados de hoy no están plantados deliberadamente por el Capital para maximizar su tasa de ganancia, regular la baja los salarios de la clase obrera o proveer brazos durante los periodos de auge industria. La legión de trabajadores excluidos no constituye hoy el “ejercito industrial de reserva” descripto por Marx en el Capitulo 23 de El Capital.
En criollo, que en el capitalismo, los pobres pobres simplemente sobran y como todo deshecho, si no se lo contiene adecuadamente, estorba. El capitalismo popular es, sin duda, el relleno sanitario dónde el capitalismo arroja a los pobres del siglo XXI.
Siguiendo con la analogía, la existencia de residuos humanos genera una serie de negocios colaterales que el Capital sabe captar rápidamente. Al igual que la gestión de los residuos permite el desarrollo de un sin número de negocios vinculados a la disposición, transporte, tratamiento y reciclado de residuos, la gestión de los residuos humanos también permite el desarrollo de negocios paralelos.
No obstante, así como el principal destino de los residuos son los rellenos sanitarios, la válvula de escape del sobrante social es el “espontáneo” capitalismo popular, esos mercados residuales que no podrían desarrollarse en las condiciones jurídicas vigentes porque se sustenta únicamente sobre la base de la flexibilización laboral y en la coerción para-insticucional.
Cuando Vargas Llosa reivindica admirado el liderazgo de Cucaracha (“uno de los capos indiscutidos de una de las cárceles de Lima durante muchos años”) está reivindicando tácitamente la aplicación de formas para-policiales de coerción. La presencia de Cucaracha en reemplazo del Estado es lo que garantiza que Tiburcio (“que sobrevivió vendiendo chupetes por las calles, y que ahora alquila tiendas y talleres de manufactura en estas calles por dos millones de dólares al mes”) pueda obtener una renta extraordinaria de sus establecimientos, beneficiados de una licencia para-institucional que le permite a su inquilino evadirse de todas las leyes laborales y explotar el trabajo de miles de costureros.
El capitalismo popular es el capitalismo que sólo rinde económicamente si se evade de la ley.
Cucaracha, Tiburcio y su inquilino son el bloque dominante del capitalismo popular pero no el único que existe. Detrás de ellos viven oprimidos miles de costureros, feriantes pobres, subinquilinos, etc. Una masa heterogénea de marginados que viven en la desesperanza, a merced de los héroes vargallosianos. Ellos no aparecen en el artículo del brillante novelista.
Las diferencias al interior de las comunidades pobres, la escarificación de la pobreza, no se le escapan a Vargas Llosas como a un occidental las diferencias entre un chino y otro.
La estratificación de la pobreza es un dispositivo deliberadamente fomentado por los sectores dominantes para “afuncionalizar” a los potenciales del capital.
Es una estrategia, ahora sí, deliberada. La planificación y socialización de las economías populares, aunque no represente un ataque directo para el capital monopolístico, está vedado de la agenda pública porque representaría un antecedente peligroso en la lucha estratégica por una sociedad sin explotados ni explotadores.
Lejos de sorprender, la posición de Vargas Llosa, debe ser ponderada como un claro ejemplo de coherencia ideológica. Lo que debería sorprender e indignar es que, desde el campo popular, demos casi siempre la misma respuesta al problema de la marginación de nuestros hermanos más empobrecidos y ensayemos legitimaciones “progresistas” de su situación de marginalidad.
Todo lo dicho anteriormente delinea un marco estratégico desde donde pensar la organización de los trabajadores de la economía popular y la construcción de unidades productivas solidarias, con el objetivo intermedio de realizar la sociedad sin esclavos ni excluidos.
Solo socializada y planificada, la economía popular puede significar trabajo y dignidad para todos. Desregulada, privatizada y estratificada no es más que una forma degradada, precaria y particularmente salvaje de capitalismo.
La estratificación de nuestras comunidades más pobres se nos aparece como un hecho, como un dato de la realidad que debemos modificar con la lucha paciente de las organizaciones populares.
En ese camino, nunca confundir consecuciones con paradigmas, nunca hacer de la necesidad una virtud, nunca mitificar la explotación familiar, el trabajo infantil, la empresa clandestina, la cooperativa trucha o la autoexplotación.
Porque es esto y no otra cosa lo que quieren Vargas Llosa y su clase de referencia, sentir que el Negro Cucaracha tiene todo bajo control (“me lo han puesto de guardaespaldas y no sé por qué pues en este rincón de La Victoria me siento más seguro que en el barrio donde vivo”) y no necesitan ensuciarse las manos para neutralizar a esa masa humana que el capitalismo deja afuera de la sociedad salarial, del trabajo decente, de los derechos sociales.
Negar la necesidad de realizar concesiones es desastroso para una estrategia de poder popular. Confundir las concesiones con paradigmas es una claudicación.
La economía popular liberalizada, privatizada, desregulada, sin Estado, sin derechos sociales, regida por punteros y “empresarios populares” (sin importar el ropaje que se pongan), no es más que una impostura para legitimar una sociedad dual.