Frepasocristinismo a los tumbos
Aunque de manera parcial y distorsionada, el 13 de septiembre explotó el malestar en la profundidad de un conjunto social amorfo pero ya en movimiento.
Un sordo disgusto que atraviesa a todas las clases, en este segundo acto se expresó a través de las clases medias. El primero lo protagonizó la CGT, con un acto en Plaza de Mayo el 27 de junio y luego con la asunción formal del secretario general, Hugo Moyano, en el estadio de Huracán.
Ahora es otro sector social el que sale a la palestra.
Multitudes se agolparon en las principales ciudades del país para rechazar, sin programa ni consignas, a la presidente Cristina Fernández.
Fueron convocadas por las denominadas redes sociales, sin participación explícita de partidos ni de medios de comunicación comerciales. Cálculos interesados afirman que en estas manifestaciones participaron un millón de personas. Si ese número se reduce al 50%, es todavía una potente expresión de rechazo.
Al menos la mitad de los manifestantes eran jóvenes.
Dígase lo que se diga con apelación a las socorridas redes sociales, por detrás de esa movilización estuvieron partidos y estructuras que responden al gran capital y el imperialismo.
Es presumible que el éxito inicial alentará una ofensiva, por el momento sin carriles definidos.
Ahora bien: si en la subjetividad de los participantes la movilización fue contra la Presidente, objetivamente y con prescindencia de la consciencia de los marchistas, fue una rebelión contra el ajuste.
Es perfectamente coherente con la naturaleza social y política de esa franja social la idea de que es posible un capitalismo liberal en constante desarrollo y con crecientes y venturosas posibilidades para el consumo, el despilfarro y, como yapa, la movilidad social
Convenientemente anestesiada por teóricos y analistas burgueses, pero sobre todo por los así llamados «progresistas», estos sectores desconocen la gravitación de la crisis estructural del capitalismo mundial, la naturaleza crecientemente dependiente de la economía argentina y la inexorable consecuencia de un crisis colosal en el horizonte internacional y local
Como sea, el hecho es que el gobierno avanza desde noviembre último en la aplicación zigzagueante y extremadamente torpe de un ajuste y, tras haber recibido un violento revés del ala más consolidada y representativa del sindicalismo, sufre ahora un inesperado cachetazo de las clases medias.
Disparada en el elenco gobernante
Después de haber recuperado la iniciativa política perdida desde comienzos de año y hasta julio pasado, el gobierno vuelve a cederla a manos de un enemigo organizativamente difuso pero socialmente inequívoco.
La pausa política abierta en el accionar de la CGT -sea por inseguridad de su conducción respecto de los pasos a dar, por imposibilidad de conducir a sus aliados o por compromisos con sectores de la burguesía- contribuyó a que el segundo paso quedara políticamente en manos de la derecha liberal, que no obstante no puede reclamar públicamente esa victoria.
Nada más distante que una amenaza golpista
En cambio, la escalada de la derecha acelera la fragmentación del conjunto oficialista a nivel nacional y agrava, de aquí en más con este rasgo distintivo, una crisis política de la cual Cristina Fernández difícilmente podrá salir, cuando faltan tres años para la culminación regular de su mandato.
Las relaciones de fuerza se desplazaron varios grados a favor del gran capital
Se verá en las próximas semanas si esto es contrarrestado, sea desde el gobierno o, con su perspectiva, desde la CGT.
Dividido en fracciones irreconciliables y atrapado por los tentáculos de una economía carente de equilibrio y sustentabilidad, ahora el gobierno afronta un desafío mayúsculo, cuya derivación y desenlace está por verse, puesto que la crisis política detonada en el primer semestre tiene ahora otro componente social y político, mientras por debajo el cuadro económico se deterioró significativamente para las mayorías.
De aquí en más la lucha interburguesa se dará de manera despiadada entre gobierno, CGT, PJ y liberalismo de ultraderecha (agente directo del gran capital y el imperialismo estadounidense), con Binner y su Frente Amplio Progresista –FAP- como rueda de auxilio, acelerando la degradación en todos los órdenes de la vida pública.
Con todo, el problema para el elenco gobernante no será ya la oposición burguesa, sino la agudización de la fragmentación de su propia tropa: dificultada al extremo la perspectiva de re reelección, sin candidato seguro a la vista, las tendencias centrífugas se agudizarán.
Un dato clave condiciona esa puja: la jornada del 13/9 no sólo arrebata nuevamente la iniciativa política al gobierno, sino que inviabiliza los alegados planes de reforma constitucional para la re reelección de Fernández
Con esto, más la propuesta del voto a los 16 años y el voto para todos los extranjeros el Poder Ejecutivo había acollarado al conjunto de la oposición burguesa a un debate en el que llevaba todas las de ganar, mientras la CGT dejaba diluir momentáneamente la primacía obtenida con el portazo de Moyano.
Esa fugaz etapa ha terminado.
Soledad, confusión, parálisis
Atontado por el sopapo el gobierno se mostró desflecado, con declaraciones contradictorias, en las que destacaron el pavor mostrado por Daniel Scioli y Aníbal Fernández, la jerigonza enajenada del jefe de gabinete y un llamado atribuido a la Presidente: hacer un gran acto para recuperar la Plaza de Mayo el 27 de octubre, aniversario de la muerte de Néstor Kirchner. Moyano replicó con su propuesta: «el 17 de octubre debe ser nuestro». Tres semanas antes la CGT se reunirá en Córdoba para definir y hacer público un programa de acción: «los 21 puntos».
Que el gobierno se tome un plazo de un mes y medio para responder en la puja por el control de la calle indica perplejidad, falta de estrategia y absoluta ausencia de conducción política efectiva en el oficialismo.
El cambio de fecha como símbolo, tiene otro significado: dar al peronismo por muerto y reemplazarlo por la estructura organizativa de la Cámpora auxiliada por el movimiento Evita, sobre las bases teóricas del ETERNAUTA
Dolorosa transfiguración de la militancia en funcionariado, de la historia en historieta...
Ya no sólo en el terreno de las decisiones económicas el frepasocristinismo va a los tumbos. En el elenco gobernante el kirchnerismo ha sido relegado o directamente desplazado.
El caso saliente es el del ministro de Planificación Julio De Vido, compañero de desgracia de su colega de Trabajo, Carlos Tomada (ambos artífices de la cooptación por corrupción de toda una franja de sindicalismo antes combativo).
El curso seguido por el ex ministro jefe de gabinete Alberto Fernández y el del propio Hugo Moyano muestra el camino por el cual está siendo empujado el equipo original de Kirchner, el cual vive como espaldarazo la jornada del 13/9.
El frepasocristinismo es una operación socialdemócrata propia de arribistas chapuceros provenientes de la Alianza. Estrategas del disparate como el jefe de gabinete, más algún oscuro asesor y otros componentes de la primera línea oficial asistieron, como vaca mirando al tren, al desgranamiento y la fuga de una posible base social y política para su gobierno en apenas 11 meses.
El valor de ese equipo de naturaleza pequeño-burguesa, arribista, inmoral y con veleidades socialdemócratas que tiene como referencia al renunciante ex vicepresidente Carlos Álvarez queda revelado por un simple dato: en nueve años de gobierno, ni Kirchner ni Fernández realizaron una reunión de gabinete
No es un gobierno. Mucho menos un partido.
Tal como lo aseveramos nueve años atrás, es una camarilla advenediza que accedió a la sede del gobierno en medio de la más completa desagregación del poder burgués en 2001 y se ha mantenido allí precisamente porque el capital no tiene cómo reemplazarlo y la clase obrera mucho menos.
Pero detrás del vaciamiento intelectual y político es otro el factor que hace de un elenco hasta ahora exitoso un bando de incompetentes: la crisis económica estructural, las insostenibles deformaciones de eso que a falta de otra calificación denominan «modelo», los impactos múltiples aunque distorsionados y amortiguados del proceso revolucionario en América Latina y el comienzo, todavía vacilante y confuso, de la reactivación política en el conjunto social.
«Modelo» en picada
Desde la asunción del segundo mandato en diciembre pasado, con el 54% de los votos y una valoración positiva del 70%, la confianza en la Presidente no dejó de caer, como registramos en la edición anterior de Eslabón.
Las causas están en la irrupción de la realidad económica luego del año electoral y la respuesta oficial frente a la crisis: ajuste según la inexorable exigencia del capital.
Para enmascarar la crudeza del giro, completamente contrario a lo proclamado durante la campaña proselitista, se lo denominó, en diciembre último, «sintonía fina».
Pero eso fue una fugaz invención semántica que apenas si confundió a unos pocos siempre dispuestos a dejarse confundir.
Desde entonces la economía se frenó, se perdieron 300 mil puestos de trabajo, la inflación se mantuvo en el 2% mensual (aunque los precios de la canasta familiar llegaron al 4% mensual, es decir, un aproximado del 50% anual).
Se equivoca quien crea que el calamitoso desempeño de la Cámpora en las elecciones universitarias (cayó del 22,6% en 2011 al 7,1% este año en Medicina de la UBA, para poner sólo un ejemplo), es un detalle menor.
Hay allí un signo irrefutable del curso social del gobierno.
El clima social reinante, oportunamente representado por el portazo de Moyano, impidió dos objetivos clave: limitar las paritarias al 18% como exigió Fernández en su discurso ante la UIA en 2011 y eliminar gradual y selectivamente subsidios a electricidad, gas y transporte.
Sin fuerza política para imponerlo, el plan de ajuste se aplicó a los tumbos.
En todo caso, la perspectiva de perder parte importante del ingreso en aquellos aumentos quedó en la sociedad como espada de Damocles.
El elenco ejecutivo comenzó a correr detrás de la crisis.
Para sostener los subsidios pese al déficit fiscal, se apeló a la emisión de papel moneda, algo así como echar bencina al incendio de la inflación.
Por coincidencia, el desastre ferroviario (51 muertos y 700 heridos) y la revelación del caso Ciccone pusieron la corrupción oficial en el centro del interés público. La expropiación del 51% de YPF, a justo título celebrada pese a los móviles que la determinaron, lejos de resolver el autoabastecimiento reveló sus causas, también asociadas a la corrupción y la entrega, al tiempo que los combustibles subían de precio a ritmo alocado.
El déficit del sector externo fue atacado por dos vías: freno a las importaciones y restricciones en el mercado de cambios.
Lo primero provocó choques duros con Brasil.
Lo segundo, acabó prohibiendo la compra de dólares en una escalada absurda de medidas improvisadas e inconsistentes. Esta medida produjo una devaluación del 50% del peso en relación con el dólar. Y en esa misma proporción, sin demora, aumentaron los precios básicos del consumo familiar, duplicando la inflación general.
Yerra quien crea que la imposibilidad de comprar dólares afecta a pocos y exclusivamente burgueses. La dolarización de la compra y venta de inmuebles de cualquier valor, extiende el problema a todo quien quiera o deba efectuar tal tipo de operación.
Pero la inflación desenfrenada, que supera en por lo menos 15 puntos las tasas bancarias para plazos fijos, licúa cualquier excedente de quien tenga una mínima capacidad de ahorro, siquiera se trate del equivalente a 50 dólares por mes.
La penosa experiencia inflacionaria del país ha creado reflejos condicionados en trabajadores que por nivel salarial o conducta personal pueden ahorrar cifras que para los de arriba pueden parecer ridículas, pero que para los de abajo no lo son.
Así, el universo afectado por las sucesivas medidas de restricción cambiaria se extiende a buena parte de los asalariados. Sin contar a aquellos provenientes de países limítrofes, que como parte fundamental de su conducta de vida acostumbran mandar a sus familiares entre 50 y 300 dólares mensuales. Después, muy lejos en cuanto a número y peso social, vienen los viajeros al exterior, frustrados y humillados por las ridículas exigencias de la AFIP y su titular, que no pudo ocultar que tiene una mansión en Punta del Este.
Como en todos los demás casos, las medidas improvisadas de urgencia para frenar la fuga de divisas nada tienen que ver con una estrategia; mucho menos con un plan racional de defensa nacional frente al saqueo sistemático vía mercado cambiario.
Para comenzar, durante los cuatro primeros años de Fernández se fugaron 100 mil millones de dólares.
Tras las medidas restrictivas, el drenaje continuó: vía bonos dolarizados, continúan saliendo miles de millones a los que nadie pone freno.
Las atolondradas medidas para impedir el vaciamiento de reservas no constituyen, ni por lejos, un sistema de control de cambios.
Afectan cien veces más a pequeños y medianos burgueses -y a los asalariados con mínima capacidad de ahorro- pero mantienen intacto el sistema de entrada y salida de divisas para los grandes capitales.
Otro tanto ocurre con la expropiación a Repsol, que pese a los esfuerzos de PDVSA no redundaron ni redundarán en soberanía sobre los recursos energéticos y mucho menos resolverán el autoabastecimiento, que al exigir compras al exterior por más de 10 mil millones de dólares este año, están en la base de las desesperadas medidas cambiarias.
Gobierno y PJ: todos contra todos
Tras la ruptura con la CGT, las medidas económicas y el giro actoral de la Presidente en lo que va del año se enajenó a las clases medias. Eso quedó confirmado con la «rebelión pequebú» del 13/9.
Es una simplificación limitar la movilización nacional opositora al ámbito de las clases medias.
De todos modos, el impacto ha sido tremendo para conducciones políticas y analistas convencidos de la desaparición estructural de la clase obrera. Sinuoso por hábito y condición, el PJ que antes de esto barajaba tres candidatos (De la Sota, Scioli y Massa), en la noche misma del jueves 13 comprendió que su margen de maniobra se había escurrido.
La Sra. Fernández y su brigada seudo progresista del FREPASO, ya no son siquiera un puente frágil para llegar a 2015 con perspectivas de mantener cuotas de poder.
El desconcierto llega a tal punto que algunos de quienes días antes habían celebrado desde el oficialismo el «día del Montonero» (no hay límites para la desvergüenza), se apresuraron a declarar su comprensión por la demanda masiva «aunque no la compartamos completamente», según dijeron sin pudor.
Capítulo aparte merece el otro progresismo oficialista: vástagos múltiples del PC, reciclados como representantes autoproclamados de las clases medias, a la vista de la desaparición del piso bajo sus pies optaron por la reclusión y el silencio.
Retumbó más sin embargo el silencio de la «CGT Balcarce»: restan dos semanas para el congreso en el que deben designar un secretario general. No hay candidato disponible. El agente del 601 y principal aliado sindical de Cristina Fernández, además secretario general de la UOCRA, Gerardo Martínez, confesó en la mañana del día siguiente que «había conversaciones con Moyano para lograr la unidad de la CGT».
Gestos de Chávez, estrategia opuesta
En su desesperado intento por recuperar la iniciativa, desde comienzos de año la corte oficial apeló a diferentes recursos. Por un lado, poner en primer lugar la reforma de la Constitución y la reelección en 2015.
Por otro, remedar algunos rasgos típicos del gobierno de Hugo Chávez.
Está a la vista del más miope: copia de forma y no de contenido.
Además, muy mala copia. Un ejemplo resume todo: las cadenas de radio y televisión, empleadas por Chávez para explicar medidas revolucionarias de ataque al capital y al imperialismo, en un constante trabajo de educación y politización de las masas, fueron adoptadas por Fernández para realizar un show cotidiano de irritante altanería pequeño burguesa, para decir nada, loar su propio gobierno, llorar su dolorosa pérdida, incurrir en groserías y gestos chabacanos y hasta insultar a extraños y propios, en un espectáculo deplorable que aceleró el malestar del conjunto social.
La gestualidad y el lenguaje de la Presidente asombraron primero y asustaron después, incluso a sus propios partidarios.
En cuestión de semanas el desgaste inicial se transformó en estrepitoso derrumbe.
Claro que esos alardes de chabacanería y solipsismo no fueron la causa dominante del deterioro oficial plasmado en la masividad de la protesta del 13/9, aunque no sería inteligente minimizar sus efectos en el vuelco de franjas significativas de la opinión pública.
Paradojas de un poder sin cimientos
Sin la estructura sindical, sin las clases medias, con la partidocracia burguesa y reformista frontalmente en contra, sin el grueso del PJ y con sus principales señores feudales pasándose a la vereda de enfrente ¿en que se apoya el gobierno, cómo puede efectivamente gobernar?
En la coyuntura, tiene dos puntos de sustentación principales: la inmensa masa de marginalizados y núcleos advenedizos del capital.
Volveremos sobre este punto.
Antes, corresponde insistir en que el gobierno continúa contando, como desde su inicio en 2003, con un factor circunstancialmente decisivo a su favor: la completa ausencia de alternativa política tanto para la clase obrera como para la burguesía, lo cual se traduce en un efecto paradojal: tanto el proletariado con empleo formal como el gran capital local y extranjero, reconocen en el elenco gobernante la única instancia de sostenimiento del statu quo.
Pero es precisamente ese tan anhelado statu quo el que estalló por los aires cuando desde fines del año pasado se inició el plan de ajuste y las consecuentes respuestas sociales y políticas, que ahora se hicieron ver en la «marea pequebú».
Hemos repetido desde hace años que este gobierno no puede mantenerse mediante la represión.
Quienes en 2004 veían «una escalada represiva», están ahora cavilando sobre la oportunidad de que Proyecto Sur, el salvavidas perforado al que se aferraron, se sume al FAP. Con todo, la fragmentación política del poder y el conflicto social se agrava y continuará agravándose.
En lugar de afrontar la «escalada represiva» que tan ligeramente anunciaron, se integraron con notable docilidad a la putrefacta institucionalidad burguesa, aunque sea en sus escalones más bajos.
Otros que siguieron aquella misma caracterización -acaso porque el izquierdismo es la fascinación de los vacilantes- optaron por tomar prudente distancia de todo riesgo, hasta refugiarse en el rincón apacible de los desertores.
Pero esos son detalles menores.
Importa caracterizar la nueva situación y, sobre todo, prever los caminos por los que discurrirá.
Hoy, 8 años después de la histérica alarma de «escalada represiva», reafirmamos que éste no es un gobierno para reprimir.
Es un recurso de las clases dominantes para transitar del desastre de 2001 hacia la recomposición del poder burgués formal.
En efecto, hoy «volvieron todos». Pero no se recompuso la institucionalidad burguesa. Por el contrario, ésta degeneró hasta el punto visible en las contorsiones presidenciales, la calidad de sus ministros y el avasallamiento de todas las instancias republicanas, con el gesto a veces amargo pero siempre aquiescente de la oposición burguesa y reformista.
Cuando llegue -y llegará, inexorablemente- el punto en la confrontación social en que para las clases dominantes se haga imprescindible el recurso de la violencia, en todo caso este elenco dará curso a brotes hoy visibles de protofascismo, pero el gobierno dejará el escenario, sea el recurso que sea el que emplee para hacerlo.
En todo caso, la condición de frepasistas llevaría a presumir un ignominioso mutis por el foro, según los antecedentes de Álvarez, su principal figura y la posterior defección de la Alianza.
Por otro lado, descartamos sin rodeos la posibilidad de que el actual equipo gobernante, con cualquier cambio cosmético que pudiera tener, se disponga a salir de la encrucijada nacional y su inevitable agravamiento por la única vía que consideramos posible sin un inmenso costo social: la de la revolución, la transición anticapitalista y la franca oposición con el imperialismo.
De manera que en un horizonte hoy imposible de medir en fechas, Argentina asistirá a la degradación sistemática de todas las instituciones, comenzando por el Poder Ejecutivo y los partidos de oposición burguesa.
Como hasta ahora, pero mucho más, el gobierno dará golpes a izquierda y derecha con los ojos tapados, como en el juego de la piñata
No estamos haciendo previsiones: el mismo día en que por la noche el país asistiría asombrado a la «marea pequebú», en la tarde el ministro De Vido se reunía en Caracas con la directiva de PDVSA y recitaba con su prosa K el versículo de la integración latinoamericana, pese a que horas antes, por la mañana del mismo día, el viceministro de Seguridad, Sergio Berni, teniente coronel en actividad, con pública filiación carapintada e integrante del equipo de Kirchner desde los tiempos de la gobernación en Santa Cruz, explicaba la inseguridad que asedia a la ciudadanía por la presencia de inmigrantes latinoamericanos («colombianos, bolivianos, paraguayos y peruanos», especificó) y se lamentaba porque las leyes argentinas «impiden deportarlos».
El gobierno progresista tiene un funcionario que propugna la ley de Residencia impuesta por los conservadores a principios del siglo XX para deportar anarquistas, socialistas y comunistas. Y nadie en el gobierno le llama la atención.
Hay más todavía: grupos de desocupados sostenidos hasta ahora por el gobierno con los llamados «planes trabajar», protestaron días antes cortando el acceso Norte a la Capital Federal.
Después de enviar a la gendarmería pertrechada como para combatir a los gurkas, Berni arribó al lugar en helicóptero y, tras disolver violentamente el piquete y apresar a un número de manifestantes, los llevó con modales clásicos de su estirpe a Campo de Mayo, símbolo de la peor represión en los años de dictadura.
La ministra de Seguridad es Nilda Garré. Prominente figura del FREPASO y ex alta funcionaria de la Alianza. Renuncia ella, renuncia su segundo, o el gobierno admite que no controla siquiera sus primeras líneas ejecutivas.
Eso, sin embargo, es lo de menos. El verdadero problema está en que como prolongación ineludible de su pertenencia al G-20, Fernández avanza por el camino de las imposiciones estadounidense en el terreno militar para América Latina. No fue Clarín, ni La Nación, que denunció el hecho de mayor relevancia estratégica mediante el cual el gobierno se denuncia en toda su falsedad y endeblez.
Fue Página 12, sobre cuya condición no vale la pena gastar una línea, quien publicó el 9 de septiembre lo siguiente: «tres especialistas estadounidenses en Seguridad Nacional, Guerra no Convencional y Operaciones de Información dictarán un curso para el personal del Ministerio de Defensa sobre ‘Lineamientos Estratégicos’.
El curso forma parte del Programa Expandido de Educación y Entrenamiento Militar dirigido a países en los cuales ‘el programa de entrenamiento militar provoque mucha susceptibilidad’ (...) Las avanzadas estadounidenses intentan traspasar esa frontera (entre Defensa y Seguridad), como ya ocurre en México, Centroamérica y Colombia. Los tres instructores integran el Centro de Relaciones Civiles-Militares de la Escuela Naval de Posgrado, con sede en Monterrey, California. Ese organismo fue creado en 1994 para reorientar a las Fuerzas Armadas de las nuevas democracias hacia las misiones que Estados Unidos les asigna en la posguerra fría.
Otra escaramuza tendrá lugar entre el 7 y el 10 de octubre durante la Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas que se realizará en el hotel CONRAD de Punta del Este, Uruguay
Uno de los ejes temáticos será ‘el análisis de los conceptos de Seguridad y Defensa con un criterio amplio e integral’.
Esto es lo contrario de lo que hace Hugo Chávez en Venezuela... ¿o no?
Política y economía
Desde esa realidad, es claro que a Fernández y su elenco le resultará mucho más difícil controlar las bases arriba mencionadas sobre las que se apoya. Un día antes del 13/9 Fernández anunció un aumento del 25,9% (equivalente a $70 mensuales) en el subsidio a menores de 18 años.
Con esto, además de reconocer que el índice oficial de inflación anual (9%) es una patraña ofensiva, cede ante la exigencia de la CGT, que además levanta cuestiones claves como la eliminación de límites para las asignaciones familiares y del impuesto al salario bajo la forma de impuesto a la ganancia.
Es una gota en el mar. Sea que se lo mire por el lado del beneficiario, que recibe $2,33 más por día, sea que se lo mida por el impacto en la demanda agregada.
No obstante, gobierno y oposición coinciden en que la urgencia económica cederá el año que viene y dará espacio a unos y otros para disputarse el poder.
Ya anuncian el fin de la recesión En efecto, el descontrolado aumento en el precio internacional de la soja (demostrativo de otro problema, aún mayor, que no trataremos aquí), impacta sobre la economía local y afloja el nudo del déficit externo sobre el cuello oficial.
Medios oficiales y opositores (Clarín a la vanguardia), agregan que la recuperación de Brasil será el complemento para aventar la recesión que este año dejará al PIB más cerca de cero que de 1%.
Telenovelas. Puede que la recesión que llevó de 8 a nada el crecimiento del PIB entre 2011 y 2012 se transforme en estancamiento, oscilando en la mejor de las hipótesis entre el 1 y el 2,5% para 2013.
Las divisas extras de la soja se las lleva la importación de petróleo. Brasil no recuperará, ni por lejos, el crecimiento promedio de la década anterior.
De manera que esta economía argentina reprimarizada hasta llegar a niveles desconocidos un siglo atrás, y basada en la venta de autos para un país sin rutas ni combustible y para exportar al vecino al que le cierra el comercio para malamente sostener el intercambio en niveles inferiores a los 5 mil millones de dólares de déficit, no puede en ninguna hipótesis aspirar al crecimiento.
Y esto, antes de introducir en la ecuación el impacto de la crisis mundial del capitalismo.
El gobierno no podrá distraer sumas fabulosas para sostener núcleos de lumpencapitalismo advenedizo, ni para sofrenar el malestar en la burguesía tradicional.
Tampoco podrá soltar descontroladamente la bolsa para comprar punteros del PJ y sostener el apoyo de cientos de miles de marginalizados.
Sus dos bases de sustentación propia tambalean.
La burguesía que lo aceptó como «mal menor», prepara a toda velocidad un recambio, barajando nombres entre Roberto Lavagna, Hermes Binner, Julio Cobos y hasta Ernesto Sanz.
Algo conseguirán, si consiguen lo principal: que la clase obrera no tenga su propia alternativa. En ese punto reside la incógnita mayor del futuro argentino.
Nuestras tareas
En el marco estratégico de construcción de un partido de masas anticapitalista y antiimperialista, los revolucionarios marxistas que bregamos por la recomposición de fuerzas tenemos en el período inmediato por venir dos objetivos específicos en el plano nacional y un tercero, clave, a escala regional:
# Propagandizar y ser parte activa de un plan de lucha
# Avanzar paso a paso hacia un Congreso del Pueblo
# Desde la creación de instancias programática y estratégicamente identificadas con el Alba, plantear como objetivo nacional la incorporación formal del país a la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América.
Desde esta perspectiva, la Unión de Militantes por el Socialismo se dispone a impulsar la unidad en la lucha de la CGT, la CTA no oficialista y toda otra formación sindical de cualquier grado dispuesta a acordar un programa de acción en defensa de la democracia participativa de masas, la soberanía y la independencia nacionales, la auditoría de la deuda externa como condición previa a todo pago ulterior; la conquista de reivindicaciones mínimas como el 82% móvil para los jubilados, el salario mínimo igual al costo real de la canasta familiar, derogación del impuesto a las ganancias para los salarios, la estatización de los recursos naturales y su explotación preservando el ecosistema; el desarrollo de una economía con base y proyección latinoamericana a partir de la incorporación formal y plena al Alba; la ruptura con todos los pactos militares, económicos y políticos firmados con Estados Unidos; la realización con plena participación autogestionaria de las masas de un plan de viviendas para todos; el monopolio del comercio exterior y el control efectivo de cambios.
La defensa frente al imperialismo de las revoluciones en curso en los países del Alba, así como el rechazo a la guerra imperialista en marcha contra Siria e Irán, deberían ser parte inseparable de un programa unificador de los trabajadores, chacareros, estudiantes y el conjunto del pueblo argentino.
Los programas de La Falda y Huerta Grande, aprobados por el movimiento obrero organizado en 1957 y 1962, constituyen la base conceptual para debatir ese programa común. La CGT se reunirá precisamente en Córdoba el 26 de septiembre próximo para aprobar un programa de acción.
Instamos a los participantes en ese encuentro a inspirarse en aquellas páginas gloriosas de nuestro movimiento obrero. Y convocamos a todas las demás organización sociales y políticas a sumarse a la realización de un Plan de Lucha sobre esas bases.
Con base en la caracterización de la coyuntura aquí expresada y en los lineamientos programáticos generales para un Plan de Lucha, llamamos a la militancia revolucionaria, antiimperialista y anticapitalista, a trabajar en instancias comunes para avanzar hacia la realización y consolidación de un Congreso del Pueblo.
Buenos Aires, 16 de septiembre de 2012